Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de diciembre de 2025

Agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor

Primero fue Paco, este año hace 10 que el café se nos revolvió aquella mañana de primavera. Y ahora antes de terminar el 25 fue Robe quien se fue con Gilesspie, Zappa, Mercury y Camarón. La válvula de escape de los millenials desde primaria hasta los 40/50. Desde repetir estrofas de Jesucristo sin entender totalmente su significado en las excursiones del colegio, volver a encontrar la canción en la peli de Barrio en SCR, Salir en fiestas, sidra, kalimotxo, JB cola, resacas con Deltoya, líos, viajes, Golfa, besos, Suceden porros, exámenes, biblioteca, lectores mp3 USB, Standby con Budweiser...¿...2002..? Copias de CDs en el coche Pola-Gijón Gijón-Pola llueva nieve o haga sol, gracias Berto Mateos ;) Todas las referencias al viento, al aire, a la llegada de la primavera y el otoño, el amor, la aventura, las banderas, los maderos, follar, muerte, experiencias, alma.

Cada canción me retrae a distintos escenarios, la plaza de toros de Gijón en un verano 2004, casi que puedo ver los autobuses nuevos (de aquella) y el embote de electrónica analógica que estaba preparando para septiembre. Con Conrado y su colega experto en Extremo, devoto de Pedrá, y Noé que de importante abogado pasó a indio, y una piedrita de jacho. Veranos de universidad, la playa de San Lorenzo con sus borrosas farolas por la noche caminando de Cimadevilla a saber donde... veranos de veintitantos. De ese concierto tuve una camiseta por un breve periodo de tiempo hasta que mis padres encontraron cierto desacuerdo con el mensaje escrito en el pecho con letras amarillas a tamaño palmo: PUTA. 

Los exámenes y caminatas a la universidad en Valladolid, los días de kayak... el concierto en San Mateo 2008 con los zoopolesos, TODOS. Primero fue la dulce introducción al caos, que en bucle y muy apropiadamente nombrada engrasó mis tardes en el aulario aquel Junio 2008, al tiempo que nacía Mar, y antes de embarcarme en AEGEE para Rumanía en verano. A partir de ahí el álbum fue conmigo en todos los viajes, embarques, retrasos a partir de 2010 ahora ya sonando en móviles Nokia y Samsung.

Por carreteras nacionales británicas, en 2012 se escuchaba como la realidad que necesito se ha ido detrás de ese culito entre risas rubias, fines de semana explorando la costa de gales, una caja de cambios rota en Bath y muchas tardes en casa haciendo recetas de cocina en el OX266PG. El material defectuoso volvió a aparecer años más tarde para preguntarle al carcelero cuanto queda, aquella semana en la que yo llegaba a casa un lunes de Hungaroring habiendo dormido en Frankfurt con falta de explicaciones y credibilidad. 

Y ahora que ya es tarde lamento los conciertos a los que pude haber ido y no lo hice, ya en Valencia, de nuevo en Asturias, festivales. Imposible no acordarme cuando paró a media canción, que efecto más raro que la iluminación siga cuando la música se detiene, instrumento a instrumento mientras Robe se parte el pecho llamando la atención a golpe de "hey hey hey ya está, ya está bien" para decir que ya estaba bien de tanto cachi volando y tanto cachondeo jajajajaja. Se rompió el molde.

Hoy, después de varios días de lluvia vuelve a salir el sol, y encuentro a otros por la ciudad, en cada semáforo escuchando sus canciones en el coche, en la moto, en la gasolinera. Y pienso "otro como yo". Y pienso "¿cuándo fue la última vez que me vi identificado tan rápidamente en un semejante?"

Gracias Robe.



martes, 6 de febrero de 2024

El vínculo de los pVt0s perdedores

Harto de chistes, prejuicios y comentarios desdeñosos hacia cualquier grupo o individuo, sobre todo cuando se trata de bromas de calidad intelectual cuestionable. Pongamos que hablo de los españoles que visitan México, quienes se creen más astutos que nadie cuando visitan Latinoamérica y se quejan de la lentitud, la suciedad, la forma de conducir, lo peludas que son las mujeres, el feo acento, etc. ¿Suena familiar? Son los mismos españoles que, con resignación y, lamentablemente, a veces con razón, deben soportar comentarios similares de sus vecinos del norte: "ah, maniana, maniana, now mehor sista, ¿si mu-y bien? trancuilo, trancuilo".

Quisiéramos pensar que la gente aprende, que cuando un mexicano viaja a un país árabe recuerda las críticas que ha recibido de los españoles, ¿no es así? Trata a los demás como quieres ser tratado, recuerda cómo te has sentido maltratado y evita repetir comportamientos que tú mismo has sufrido. Sin embargo, la condición humana, con la que nos pintamos la cara, ya sea españoles, norteuropeos o sudamericanos, cuando podemos "dar por culo", no desaprovechamos la oportunidad. Escuchamos los mismos comentarios rancio-despectivos sobre la población árabe: "cuidado, aquí tiran del cordón y explotan", "no mames que las viejas todas tapadas va a ser que aquí si se casan por amor wey", sin molestarnos en cruzar una palabra con nadie, sin dar oportunidad de descubrir y aprender lecciones de estas culturas que nos han sido ocultadas y de las que nos han prevenido con propaganda occidental basura durante años.

Como firme defensor de la libertad de expresión, cualquier juego de palabras puede utilizarse en beneficio de la comedia y la crítica, sí. El caso es que los comentarios son siempre los mismos 3 o 4 - las mentes dan para lo que dan - repetidos una y otra vez, día tras día, para ganarse el favor del jefe, del amigo, del otro viajero extranjero que te acompaña, de otro viajero extranjero que ayer se perdió el chiste, de otro viajero extranjero que ya escuchó el chiste pero que el locutor no recuerda habérselo dicho, y el otro se vuelve a reir igualmente.

Las relaciones entre extranjeros en terceros países también merecen ser analizadas, lo que me lleva al siguiente punto: el vínculo de los perdedores; perdón, de los putos perdedores, los inseguros, los flojos, los que solo saben sentirse fuertes en grupo criticando a otros. Si un inglés o alemán menosprecia a un mexicano en México, oh sorpresa, en Oriente Medio son los mejores amigos porque "no hay donde tomar una maldita birra, me quiero morir, ya no más". Y ya tienen su punto de unión, su nexo, basado en carencias y sentimientos negativos. Sin ni siquiera rozar la superficie a su paso cuando caminan, tan lejos de un nivel de consciencia mínimo donde agradecer la oportunidad de ver cosas que tus semejantes en casa nunca verán, buscar, descubrir y encontrar lo positivo, lo que acerca tu cultura a la cultura del destino, como es el caso de los mexicanos y su amor por la comida picante, por ejemplo, o las palabras españolas latinoamericanas que derivan de palabras árabes.

Llegué tarde a entender que el camino hacia adelante se basa en los pilares de paz, amor y unidad, pero llegué. Gracias a tod@s aquell@s que me han ayudado a abrir los ojos, gracias al hip hop, a los viajes, a las compañías que frecuento. Tengo banderas que quemar, algunas con barras y estrellas, otras rojigualdas, no por lo que representan para sus incondicionalistas fans, que nadie se ofenda, sino por lo que representaban para mí. Intento corregir mis malos hábitos del pasado en cada oportunidad que tengo y redimirme; yo no soy uno de ellos.

Arderéis en el infierno.

Jeddah, Febrero 2024.



jueves, 18 de enero de 2024

All at once

Cerramos 2023, hace ya 15 años que terminamos 2008, cuando todo empezaba, y digo todo empezaba porque fue el año de mi primera exposición internacional a raíz del mal culo que me salió en Valladolid en ese segundo cuatrimestre universitario.

Aquel verano, aquel caluroso y largo verano de 2008 que comenzaba con dos días de resaca de exámenes, sin coche no recuerdo por qué, pero sin coche, tuve que buscarme que hacer en Valladolid visitando el museo de la ciencia y el planetario. Recuerdo que había un Williams Renault F1 de 1995 en el museo, y recuerdo la sesión proyectada en el planetario “La Cruz del Sur”. Mostrando los cielos del hemisferio sur, quizás una introducción para las noches que pasaría observando éstos a uno y otro lado de la cordillera andina años más tarde.

Al día siguiente All At Once de Jack Johnson sonaba en mi Nokia smartphone - aún con botones - justo en el momento que el jefe de estación tocaba el silbato para dar salida al AVE en la recién estrenada línea Valladolid-Madrid. Poco después me encontraba con Andrés y Marcos en el coche bar. No nos veíamos desde hacía meses y nos pusimos a comentar y planear los conciertos que veríamos en Rock in Rio Madrid esa misma noche. Funny enough, 10 años después Beth, una inglesa “bien, muy bien” que conocí en la boda de un compañero de trabajo me invitaba a ir con sus amigas al mismo festival. Out of time!

Aquel año 2008 moldeó mi realidad, viajar, creer que existía la posibilidad de trabajar en las carreras, el trato continuo con extranjeros... por azares de la vida y ganas de salir del tiesto participé en una semana de intercambio con otros estudiantes europeos en Rumania durante 2 semanas. Eso fue agosto, creo. Allí fue donde rompí a pensar en inglés, me di cuenta lavándome los dientes el segundo o tercer día en Iasi, ¡que estaba pensando en inglés!

Dos semanas antes, en Lisboa, de nuevo con amigos asistiendo al Optimun Alive (RATM, Neil Young…) había aprovechado la ocasión para visitar el circuito de Estoril y enterarme “como ser ingeniero de competición”. Algunas indicaciones más o menos acertadas apuntaban a, los entonces novedosos programas master de universidades privadas. Con todas las ganas envié mi inscripción al mejor master de todos, y me rechazaron.

Para demostrar otra vez que intenciones ganan galones, diplomas firmados por señores a los que algunos llaman reyes y títulos-académicos-saca-cuartos que no pasan de ser papeles para envolver chorizos. Sin saberlo, e incluso enfadándome en su día por la negativa respuesta, a día de hoy me doy cuenta que el destino salvó a mi familia de quemar los 14000€ que costaba la matrícula, más la manutención en fucking Mondragón durante 2 años. De buena me libré.

A día de hoy, mirando atrás, parece que todo fue All at once desde ese verano 2008. Parece que fue anoche cuando le contaba a Laurien en aquel bar de Brasov mi plan. Parece que fue ayer el Rock in Río Madrid, Estoril, Rumanía AEGEE, finde año en Leiden AEGEE, verano 2009 en Edinburgh donde mi familia de acogida me preguntaba dónde me veía en 5 años, ¿y que sabía yo? Como mucho donde quería estar; Holanda y dónde estaba enclavado; España, la podrida España de la crisis del 2008. 

Seis meses después, me salva el destino con unas prácticas en Alemania. Y empezaba mi carrera laboral un 4 de enero, llegaba a mi nueva ciudad después de 14 horas de tren – gerne mit DB -, tras haber pasado fin de año en Utrecht. Hice varios transbordos en estaciones germanas espolvoreadas de nieve, recuerdo que Gottingen era una de ellas. Sospecho que ese día me aficioné a los pretzel que acompañaba con el cappuccino en cada estación que hacía cambio de tren. Flipaba con el trajín de las estaciones alemanas. Mi nuevo compañero de piso Markus, y su novia con pelo rubio-blanco cosa que nunca había visto antes, me daban la llave del apartamento en la penúltima parada del último trayecto, en Gotha. Juro que llegué a ese apartamento por indicaciones. Google Maps no existía entonces. Lástima que Markus se fuese a mitad de febrero para hacer unas prácticas en Malaysia, un tío muy de p*t* madre, que no he vuelto a ver. 

¡Qué primavera fue aquella de 2010! Aún recuerdo el olor de los tilos, las noches en bici, el helado de fresa - que fuera de España sí sabe a fresa y no a yogur de fresa -, el sabor de la mostaza en los bratwurst los días de barbacoa y las conversaciones con mi querido grupo de Stammtisch, con los cuales aún mantengo contacto. Pasado el verano nos vamos a Holanda, ¡y a la primera vivo en Leiden! El lugar que me conquistó hacía dos años. De nuevo, una nueva vida, me apunto a un club de kayak para estudiantes y hago vida con mis compañeros del club, cenando y participando en actividades después de entrenar. También visito Zandvoort regularmente para hacer fotos, Amsterdam cada vez que alguien venía a visitarme, los coffeeshops con otros expats… y antes de aprender Dutch, justo cuando estaba en el sweet spot de mi vida social, a punto del suicidio en el aspecto laboral, ¡viene el destino y me salva de nuevo! Cambio de país a UK. En febrero 2012 estoy en la fábrica de Lola Cars Ltd., luego de vacaciones en Sicilia con una novia holandesa de catálogo, poco a poco empiezo a pisar paddock y pit lane en Paul Ricard, Snetterton, Silverstone, Oulton, Spa… ¡y de repente me encuentro trabajando en las 24 Horas de Le Mans! Por un tiempo la M1-Luton fue la ruta habitual de los fines de semana para ir a Amsterdam, hasta que en 2013 me mudo allí.

En 2014 cuando parecía que mi fantasía de carreras terminaba, la misma semana en la cual me entrevistaban para un puesto de oficina trabajando en homologaciones de vehículos, recuerdo al super boss que me entrevistaba - incluso recuerdo su calva brillante, su nariz puntiaguda y su super traje de rayas, similar al uniforme del personal de vuelo de Iberia en aquellos años -, me vieron tan tan tan tan motivado que me dijeron “piensa que es lo que quieres hacer y me escribes en dos semanas”. Pues bien, justo esa semana se me abrían las puertas del cielo cuando el teléfono sonaba para Formula E. Gracias y 1000 gracias Mr. Arnott, siempre tendré una deuda con usted. Beijing en octubre 2014 fue la primera carrera para todos nosotros, el germen de tantas y tantas historias y el germen de mi vida profesional, de forma más o menos continua en el automovilismo. Desde ahí ya es otra historia, la de la cima y el descenso. 

Los primeros acordes de All at once sonaban hoy en el coche, y pensé All at once for the last 15 years. Tengamos cuidado con lo que deseamos.

Asturias, Enero 2024.

viernes, 5 de enero de 2024

No te necesito

"No te necesito", así se desenmascaran los que únicamente se arriman a ti por conveniencia puntual. 

Sea ésta una pareja con agujeros que tapar y remendar en los bolsillos - en sentido literal y figurado - , aspiraciones vitales superiores a la posibilidad actual-real devenidas de las obligaciones que conlleva ser la perrita faldera de su BFF; o sea éste un socio pistolero-superviviente-autónomo que "cambia cromos" haciendo, dando, y tomando trabajillos y chapuzas; más tomando que dando.

En ambos casos, cuando empieza a entreverse el ocaso, cuando el sujeto se vuelve esquivo, casi casi al final de la función sale la frase "no te necesito, si es que lo bueno es que no te necesito". Parece que hasta se sorprenden al decirlo. En ese preciso momento sabes que, aunque te hayan devuelto lo prestado, el balance de la empresa siempre tendrá más apuntes en el debe que en el haber. 

A ambos personajes que hoy recuerdo en esta entrada, y a los demás vivos que he tenido la suerte de no habérmelos cruzado (aún) en vida pero se aprovechan de otros, que os den much.. p...



Pd: Feliz Noche de Reyes.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Cloro y Lomo

 

No sé cuándo comenzó el día de hoy, quizás ayer lunes a las 9AM en Abu Dhabi (5AM España). Me pasé el día con Hansel poniéndonos al día en un mall, comiendo, hablando, comprando le pañuelo árabe ¡y porque no encontré la túnica! de postre un Balaklava y un té, después paseo, café, tienda de Lego... gigante, con zona para dejar a los niños mientras los padres hacen compras. ¡Al llegar Hansel dice “I’m bringing my kid so he can play for a while, although the does Duplo!" y pienso "How cool would be playing here". Cantidad inmensa de modelos, ciudad, Star Wars, Technic, mesas con piezas... el sueño del Legófilo.

A las 22 me despido de mi equipo belga, con el que llegamos a liderar la carrera en las primeras dos horas para terminar las Gulf 12 Hours en 15 posición general y cuartos en la clase AM para pilotos amateur, gentleman drivers. Me alegro de haber conocido a Gerard, el indio que nos ayudó con la logística y me decía que yo era un ciudadano global, que estábamos en contacto para hacer negocios, le había gustado. ¡Qué buen tipo! El taxista que me lleva al aeropuerto de Nepal, y planea quedarse dos o tres años más antes de ir a Europa, no quiere volver a Nepal. Voy al aeropuerto para volar AUH - IST. Que ocasión de pedir un turkish cafe y fumarse un cigarrillo viendo los aviones despegar desde la terraza de la terminal, enjaulado. Luego IST - VLC llegando a casa las 11:30. Voy a trabajar a la oficina, termino el report y me reúno para comer con Jesús (socio nave), llego a casa, dejo el coche mal aparcado a propósito para obligarme a hacer la bolsa de la piscina. Sin ninguna gana de ir en ese momento, pero movido por la satisfacción prevista que tan bien me sienta y me da super poderes.

Hago algo de gimnasio, con la camiseta del CABJ que me hicieron pagar a polvos y dolores de cabeza en Buenos Aires hace 8 y 7 años. Hoy más flojo que otra cosa, pero cumplí, me esforcé, no hice la siesta para poder agarrar el jetlag esta noche. Me voy a la piscina. Todo el esfuerzo se recompensa cuando llego y veo 3 calles vacías y agua plaat, de plato. Solo una mujer en la cuarta calle. Hasta me doy cuenta de que estoy sonriendo, me ducho y por supuesto que me tiro de cabeza, sin ni siquiera bajarme las gafas de la emoción jajaja me doy cuenta cuando estoy debajo del agua, menos mal que no las perdí. Desde la ducha había visto un grupo de niños de 50cm de alto vigilados (enrebañados por los monitores). En principio pensé que me iban a joder el agua, pero difícilmente iban a ser peores que los mayores del aqua-gym de las mañanas 9:30 10:30 11:30 con las más horribles canciones de los 1999-2000-01, La madre de José, Bisbal, creo que hasta Chayanne he oído, disgusting.

Como estoy cansado noto que nado más despacio y no me canso tanto. Es como si tuviese que sacarme toda la fuerza para poder nadar sin perder el ritmo por ir acelerado. Que bien aguantar despierto a pesar del cansancio, hacer gimnasio y ahora estar en la piscina. ¿cuánto aguantaré? Todavía noto el agua fría... Me cuesta empezar el tercer largo… Lo completo y descanso. Cuando estoy por empezar mi cuarto largo, que no he podido completar en un solo outing, oigo un chapuzón - con las googlees no se ve bien a los lados - se tira, o la tiran a una niña con un churro flotador. Bien, hasta que va palmeando y llega al medio de la calle, ¿y si pierde el churro? Poco a poco van entrando al agua todos, al final cuando salía quedaban los flojos agarrados a la escalera lloriqueando y mirando con cara de pena mientras me duchaba.

Los 10 o 20 largos que me eché esta tarde... con la gritería de los nanos, a uno de ellos lo vi usando los flotadores que delimitan las calles como si fuera un ábaco y pensé en si ese nano acabaría siendo ingeniero en la ESA como Pedro.

En medio de todos estos pensamientos, serían las 17:35 porque entré al agua a las 17:32, siempre me fijo en la hora. Acabo de darme cuenta que la niña se tiró al agua a las 17:33 porque fue el minuto en el que terminé mi tercer largo. Planeaba hacer cuatros largos en el 17:33. Me acuerdo, al terminar mi tercer largo y llegar al final, lamentar no poder hacer 4 para cumplir con el 17:33, ¡pero el objetivo no era completar 4 largos en ese minuto! El objetivo era recorrer el camino en sí, intentarlo para al no poder hacerlo sorprenderme por la niña que saltaba al agua con el churro, antes de adentrarse al medio de la piscina recuerdo verla girarse y hacerles el gesto con el dedo a los compañeros que se tirasen.

Cuando termino el largo en el que había visto al niño matemático del ábaco, en medio de todos estos pensamientos como decía, cuando la experiencia ya parecía completa, encienden las luces y el griterío aumenta ¡como en un concierto! Y otro largo más, y otro, y una niña que se queja porque el agua está helada, y le dices que de verdad que no lo está. Y otro largo, y recuerdo que llevo semanas queriendo escribir una entrada de blog titulada “Cloro y lomo” describiendo el recuerdo que me causa el olor del cloro en la piel después de la piscina de cuando iba al curso de natación a la hora de comer en el colegio con Pablito, y pepito y el otro y Abel y aquel... Y recuerdo comer bocadillo de lomo adobado de la carnicería del barrio, que cerró años antes de que nos cambiásemos de barrio cuando falleció el marido de la pareja que lo regentaba. Me doy cuenta de lo afortunado que soy de poder haber ido a la piscina de pequeño, y lo afortunados que son los niños que están en el agua conmigo. Y pienso, ¿qué clase de energía en forma de recuerdo o viaje en el tiempo estoy recibiendo de este chapuzón con 40 bebés? ¿WTF?

Vuelvo a sentirme como en la cola de seguridad del aeropuerto de Abu Dhabi cuando al ver una mochila abandonada en la cola pienso si sería una bomba, y si de repente todos los que estábamos allí, el indio raro con cara y pestañas de Jack Sparrow con su madre en silla de ruedas, el paki con el sombrero de ensaimada, el negro y el indio senior consultores o ingenieros, la rusa de rosa con oros y uñas a la que solo Dios puede juzgar, las familias europeas, la pareja de estudiantes franceses, los grupos de chinos, más pakis… ¡Qué mezcla que somos carajo! Mira como la señora china vieja le da la risa al verse en la cámara de la barrera del pasaporte como a mi, y al negro gigante de al lado también ¡Qué mezcla somos! Y la música sigue y me siento como en el Rey León con todos los animales caminando hacia la salida del sol… con la música de fondo es como si… ¿y si ya estuviésemos en la cola hacia el cielo? ¿Espera, espera, y si ya estuviésemos en el cielo? ¿Hace cuanto que no pienso así? ¿He podido pensar así alguna vez? ¿Alguna vez antes llegué a alcanzar este estado de paz interior y satisfacción? Sin estrés, sin prisas, sin tener que estar, ni ser, todo bien, en su sitio, resolviendo, ajustando las velas.

Y que mejor plan puedes tener para un martes 12 de diciembre, teniendo la nevera llena y algo en la cuenta, que ir a la piscina con un amigo de 50cm, con el que poder jugar a los Lego también.

 

2023-12-12

Abu Dhabi - Istanbul - València

viernes, 17 de noviembre de 2023

Mujer de rojo sobre fondo de cerezo

En la consulta del doctor Torres, no hay día que el tiempo de espera sea menor de cuarenta minutos (ya va más de una hora en lo que reviso este texto). Las revistas de la mesa poco pueden hacer por curar mi impaciencia, aún menos por la impuntualidad del centro médico. Ante la impaciencia lo mejor es relajarse, mirar alrededor y encontrar el elemento, persona u objeto que nos distraiga y nos haga pensar, recordar o reír.

Mientras esperaba, salía una pareja de los servicios que se encuentran frente a la sala de espera. Ambos mayores, (muy) mayores, pero enteros, respetables, elegantes, ella elegantísima. Durante su primera incursión en la sala pude notar como se detuvo el tiempo. Ciertamente para mi, y pienso que también para otros presentes. En un principio no llegué a entender el por qué ni el cómo, pero detallé varios pares de ojos fijando su mirada en la pareja. En silencio, no solo en silencio, sino que parecía que el silencio se espesaba a cada minuto que pasaba y cada paso que daban alejándose de nosotros que manteníamos ese leve gesto de sorpresa en las cejas, como esperando a ver qué más dicen, a ver qué pasa, a ver dónde van, yo quiero seguir viendo a estas dos personas por lo extraordinario de su presencia.

El alargado bastón blanco y las gafas de alta protección solar que ella llevaba en la mano, rápidamente descubrían cierto grado de ceguera. Sus ojos sin embargo seguían teniendo fuego, viéndose vivos y penetrantes cuando miraban al infinito. El pelo gris corto, gris oscuro, color mercurio, con buen corte, cuidado, arreglado, sus pendientes a juego con la vestimenta, discretos, los zapatos con ligero tacón, falda, medias y una característica chaqueta roja.

Él con su bastón de madera, vestimenta de otoño-invierno, pantalones de pana, jersey de lana y chaleco. Él también tenía gafas, de pasta regulares. Además, más allá de su apariencia, era la manera en la que interactuaban entre ellos y se movían en el espacio común que compartían con nosotros. Era como si estuviesen solos en el mundo, con decisión, diría incluso que con coraje, aún sin haberlo demostrado, un coraje que se siente pero no se ve, con altas dosis de tranquilidad, la tranquilidad de quien tiene la vida resulta con balance positivo. Difícil no imaginárselos totalmente satisfechos en las próximas fiestas de navidad con sus hijos, nietos y demás familia.

Eventualmente se perdieron entre el trajín de la sala de espera, en dirección a otros pasillos de consultas, para más tarde volver a aparecer. En esta segunda ocasión percibí que era ella la voz cantante, cuando le decía a su acompañante "ahora vas tú al baño, yo te espero aquí, llévame a la silla". Ella le indicaba a él que hacer, a dónde iban, quien esperaba a quien y en dónde. No eran grandes planes de viajes y aventuras - supongo que esos ya se han cumplido con nota - simplemente supervivencia diaria octogenaria cumpliendo con las citas y obligaciones de la vida urbana. Un equipo, haciendo lo mejor que puede con lo que tiene.

Fue en este momento, cuando ella lo esperaba a él, sentada tres asientos a mi derecha en la última silla antes de la pared revestida de madera de cerezo donde creo haber detallado un lunar en la mejilla izquierda.

Al tiempo que mis protagonistas se iban del centro, un nuevo paciente se sentó a mi lado comentando la edad de ellos. Lo curioso es que únicamente se los había cruzado a su entrada, y sin embargo llegó a darse cuenta de su presencia en tan breve periodo de tiempo. Confirmando que esa pareja tiene algo que no solo yo noté. Casi de inmediato, mi nuevo compañero de sala de espera me confesó la suya (83).

- ¿Y tú? ¿40? 

- Casi...

- Un chaval.

- Eso me recuerdo cada día.

miércoles, 19 de abril de 2023

Farinaccia


 

Como buen costumbrista que es uno, sigo llevándome algo aprendido de los encuentros casuales, inesperados, pero planeados, con amigos y conocidos en lugares no tan habituales. Sólo me falta recuperar pasarlo a papel y dejar registro de ello.

Ciertamente hay gente con mucho jugo, de la cual aprender, no como referentes ni maestros, ni mucho menos que ellos quieran serlo, sino como meros individuos o exploradores, partícipes de la vida, con una mentalidad, situación e ideales similares a los propios.

Maurizio ha sido desde que lo conocí en 2018 una de estas personas. Es de agradecer encontrar estos “bros”, que pasaron por donde tu pasaste, entendimiento pleno ahorrando explicaciones complejas de situaciones cotidianas molestas que a todos nos afectan… Un buen espejo donde mirarse, donde intercambiar notas de experiencias pasadas y presentes, preocupaciones presentes y futuras, y ver como nuestros iguales resolverían tal o cual circunstancia.

Antes de mandar a la mierda las redes sociales, recuerdo ver asiduamente las fotos y videos de los hongos y hierbas culinarias que Maurizio cultiva en su casa, para sacrificarlas en la cocina. La sangre italiana le hace poner ganas y estilo en la cocina, siempre con algo en mente que probar.

Vaya por delante que no tengo desprecio por la gente atrapada en trabajos por cuenta ajena, lamentablemente la vida es así para la gran mayoría, y ya puede uno considerarse con suerte teniendo un trabajo, sea este mejor o peor.

Confieso, eso sí, que tampoco tengo demasiado aprecio por la gente que no llega a contemplar y planificar el modo de complementar ese trabajo por cuenta ajena en un proyecto personal, así sea un ansiado y lejano sueño de meterse en un negocio propio, por muy difícil de materializar que sea de primeras. Y no hay que cegarse con resultados, pero si hay que ser constante con los esfuerzos y premiar las actitudes para avanzar a pasitos, de poco a poco, ya sea en planificación o ejecución, cada cosa a su debido tiempo, no hay prisa. Se puede cambiar de proyecto las veces que haga falta, lo que hace falta tener, y no tantos tienen, es la motivación, las ganas, la inquietud y la esperanza por progresar y acercarse a ser un individuo sin dependencias directas, ni presiones, ni coacciones de nadie por un cuenco de arroz al que unos llaman nómina y otro sueldo.

Nos pusimos al día, aunque la falta de sueño al final de la semana me dejó el cerebro frito, conduciendo por la ruta de la costa desde Sonoma a San Francisco. Después de cenar con Ale, su mujer, en su apartamento, Maurizio me mostró una de sus ocupaciones, hobbies, proyectos: la farinaccia. Un polvo que elabora el mismo a partir de distintas clases de setas y hongos deshidratados, perfecto para condimentar y saborizar comidas.

-        ¡Epa, que guay! – Dice el subconsciente del que ha tratado de cultivar albahaca, perejil y cilantro, los tres con igual suerte y seco destino.

Me gustó la idea, yo había utilizado setas deshidratadas hace años para una pasta penne con berenjena y queso feta (nos vamos a Marzo 2013 UK). Alguna vez me tiro unas setitas de esas porque el sabor que le dan al plato es otra historia completamente diferente a las setas de plástico del supermercado.

Pero sin quedarnos en la farinaccia, durante el confinamiento Maurizio se hizo su propia mesa de cocina, con tablas de 6 cm de grosor, ruedas, cajón(es?), ranuras para los cuchillos… “y si man, algo tenía que hacer, aprovechando que la dueña del apartamento nos comparte su tallercito donde tiene herramientas”.

Al día siguiente, brunchando en una terraza volvimos a hablar sobre la farinaccia, no en detalle del producto en sí, sino de la función que el proyecto farinaccia tiene para él:

-        Por ahora se lo doy a amigos, como la muestra que te llevas tú, para que me vayan diciendo que les parece y como usan. Lo suyo sería ponerme un carrito los fines de semana en ferias o en zonas con afluencia de público y vender ahí.

Las leyes que en USA regulan la venta ambulante y la ocupación de espacios públicos o privados para puestos de venta callejeros y foodtrucks es infinitamente más amigable, liberal y menos restrictiva que lo que estila en la vieja Europa. No puedo dejar de hacer un comentario a la apestosa España donde el estado te mete mano al bolso antes de prestar ni la primera ayuda en tu emprendimiento. Luego políticos, economistas y tertulianos se rascan la cabeza “España no crece, España no crece”. El puto estado comería a Dios por una pata, y aún se quedaría con hambre. Hasta aquí el comentario anarco-liberal de la entrada.

-        De hecho, el próximo finde quizás vaya a pasar el día con Ale a la playa que visitamos ayer, y allí montemos una mesita o un puestito de algún modo para vender varias mezclas, creo que sería un buen spot, y ya pensábamos ir a pasar el sábado a esa zona de todos modos. Así que hago lo que puedo con lo que tengo.

Tras oírle, sabía que esa frase se quedaría conmigo un tiempo, para reforzar con ella esa actitud con la que uno ha nacido, o le ha crecido en algún momento sin saber muy bien cómo, la actitud de maximizar las oportunidades que tenemos, mirando siempre adelante.

Otro referente, como los mellis y Poche tuneando motos en Buenos Aires, o Facu escribiendo sus libros, Alberto el italiano con su start-up de asistencia psicológica online, Edu con lo que sea que haga con blockchain, Luca con su pizzería en Ghana, Mel con sus casos de oficio en los juzgados, Jose el argentino con su tallercito de soldadura para hacer parrillas, Jesús con sus maderas, armarios, cocinas y proyectos a la carta. 

¡Que guapo ver que sí se puede! ¡Si se pueden tener hobbies productivos que terminen convirtiéndose en una actividad!


viernes, 7 de abril de 2023

Spoor 5b

 Spoor 5b
 
Aquí estoy a pie de andén, otra vez. Otro testigo de nuestro paso por la vida. Despedidas de amigos, viajes al aeropuerto para recoger familiares, carreras para no llegar tarde al trabajo, encontrar al compañero del curso de Holandés que no había vuelto a ver, esperar por los amigos para irnos de fiesta a Amsterdam mientras sujeto la bolsa del McDonals. Esperas eternas en las frías mañanas de invierno descifrando los titulares del periodico, o esperas eternas en las tardes eternas en verano sin viento, esperas acompañadas al amanecer, sin desayuno, retornos solitarios en la madrugada y entradas triunfantes al medio día. Principios de noches de  cena con velitas, finales de viajes tras dejar el coche de alquiler en el aeropuerto. 
 
Ahí se queda Leiden Centraal, con sus luces de Navidad, igual que el primer día que la vi, llegando desde Groningen tras dos transbordos en pueblos que ni siquiera trataré de recordar. Yo he visto como sus vetustos carteles mecánicos eran sustituidos por las modernas pantallas electrónicas, como aparecían y desaparecían comercios de su hall. Igual que yo he visto cambiar Leiden Centraal, la estación también me ha visto cambiar a lo largo de estos meses. Me ha visto partir en distintos viajes, noches de museo, sábados de compras, me ha visto hacer la declaración de la renta en su Starbucks, me ha dado paciencia esperando citas... Me ha visto reunirme con viejos amigos, me ha visto seco, mojado, nevado, triste, alegre, radiante, seguro e inseguro. Y como a mi, a los otros miles de viajeros que pasan cada mañana mirando los relojes de camino a su andén.

Leiden,
Diciembre 2012

lunes, 16 de abril de 2018

Calle Armenia

“Pero vos caminá y dejá que la vida te lleve” dijo con seguridad terminando de secarse el pelo, no recuerdo si con una toalla o con el secador. A continuación, el segundero del reloj que compartía pared con varios cuadros en aquel salón se detenía. No pude no verlo y mi cara de asombro debió de extrañarle. “¿Qué te pasa?” dijo al bajar la toalla sobre sus hombros. Ahora si recuerdo que era una toalla, era yo quien había usado el secador antes. A veces la ausencia de respuesta es en sí una respuesta para el interlocutor. Mi respuesta es cerrar los ojos, extraerme del apartamento y sentir el vértigo al tiempo que la ventana en la que me apoyo se va haciendo cada vez más pequeña, alejándose y añadiéndose a su resplandor el de otras ventanas vecinas, y rápidamente las ventanas de los demás bloques, las luces de bares y coches de la calle Armenia, mezclándose unas con otras, haciéndose todas ellas una masa brillante y más tarde difusa al atravesar la tibia capa de nubes que habían descargado una torrencial lluvia de verano.

Unos seis meses después volvía a ser verano. Posiblemente el último viernes de un Agosto no planeado. Con arena en los pies y de forma casual terminamos en primera fila ante un cuarteto flamenco. Al principio agradable, más que agradable después e hipnotizador dos temas más tarde cuando una estrofa, una sucesión de palabras, de las cuales mi propio ego está convencido no tenían ningún significado especial para las personas que nos rodeaban.

domingo, 11 de octubre de 2015

Un pueblo tranquilo

El pueblo donde nunca pasa nada. El mayor problema del día puede ser que el periódico esté ocupado cuando llego a la cafetería. ¿Existe la vida sin preocupaciones?

Los abuelitos descansan a la sombra en los bancos del parque, que en algunos rincones aún huele a primavera a pesar de que el calendario dicta ya el final del verano. Se citan cada mañana, con sus bastones y sombreros, para hablar los unos con los otros. De qué, lo desconozco. Llevan años viéndose y supongo que contándose las mismas cosas. El silencio se rompe de vez en cuando por el sonido del agua de la fuente o por el paso de algún coche. Las doce campanadas del reloj del ayuntamiento abren la veda del vermú.

Un compañero del colegio, que no había visto desde hace al menos diez años, me cuenta que está de vacaciones. Hoy no tiene más ocupación que ir a buscar a Lidia, su hija de cuatro años, a la salida del colegio.

A veces me creo que podría vivir en un pueblo tranquilo, sin prisas, sin preocupaciones y sin agobios, sabiendo dónde encontrar todo lo que necesito. Aunque a ratos necesitaría salir de la asfixiante quietud para tomar aire más allá. En última instancia preferimos la emoción y el desastre al aburrimiento y la seguridad.

Septiembre 2013

miércoles, 7 de octubre de 2015

Cuarto de baño

Una vez me contó cómo la mañana en que utilizó mi ducha por primera vez, pensó como sería si pudiese utilizar esa misma ducha durante todos los días de su vida. Rodeado de un pequeño cáos de botes de champús, geles, cremas exfoliantes y aceites hidratantes, algunos de ellos vacíos desde hacía tiempo. Hubiera dejado su vida confinada en ese metro cuadrado de pequeños azulejitos, circulares, azules y encharcados. Antes de terminar su primera ducha en mi ducha, con gel y champú ajenos, de esos que te extrañan durante todo el día al olerte a ti misma, ya añoraba no poder poseer un trocito de mi espacio vital, de mi apartamento, de mi vida. 

Era un soleado día de finales de Septiembre, en el que le despedí a la puerta de casa, ataviada todavía con mi albornoz y bebiendo a pequeños sorbitos mi taza de té. Él se dirigía al trabajo con una sonrisa de estúpido atontado, no sé si por tener que seguir una, para él, anormal ruta en el transporte público, o por los millones de pensamientos que orbitaban en su cabeza. Aún con una mal disimulada cara de sueño y la misma camisa con la que me encontró el día anterior, aunque hoy más arrugada, seguía estando para comérselo; pensé al verle desaparecer por las escaleras.

Ese invierno empezamos a quedar, y el cuarto de baño se convirtió en lugar de paso obligado al llegar a casa para entrar en calor. A veces el calor era tal que terminábamos sobre la lavadora los polvos que se empezaban en la ducha enjabonándonos inocentemente, como aquella vez justo antes de que mi compañera de piso llegase a casa. Aún recordábamos aquella vez.

Sin lugar a dudas los mejores recuerdos que guardo de mi cuarto de baño son nuestras duchas juntos. Cuando él me enjabonaba y me lavaba el pelo, antes de que yo hiciese lo propio con su cuerpo. Guerras de agua, fría y caliente, tupés y bigotes de espuma, apretones contra las frías paredes azulejadas, besos húmedos en la nuca, masajes de pelo, piel de carne de gallina, abrazos escurridizos, miradas infinitas dentro de otra mirada, y orgasmos que nublaban la mente por segundos. Poco después mi cuarto de baño se convirtió en nuestro cuarto de baño. Y una vez me contó que su primera semana en su nuevo cuarto de baño, al verano siguiente, fue feliz como nunca antes lo había sido. Ninguno de los dos tenía trabajo, pero fuimos felices desayunando en nuestro pequeño balcón las mañanas soleadas.

Todo eso fue antes de que la luz y el calor se fuesen del cuarto de baño, dejando paso a grises y tristes días de invierno en los que una no quiere salir de la ducha. Fue antes de que el frío de la noche se colase por el hueco que siempre había estado en el viejo y apolillado marco de la ventana, pero que él había obviado. En las peores noches el frío se colaba hasta el dormitorio, a través de la frágil puerta del cuarto de baño. Lo sé porque al despertarme por las noches le decía "cariño estás frío" tapándole el brazo que le solía gustar dejar por fuera de la cama. 

Nunca me lo dijo, pero fue entonces cuando comenzó a añorar otros cuartos de baño, con más luz, más cálidos y alegres, que ni siquiera había llegado a conocer, pero se podía imaginar. Cada mañana al cerrar los ojos bajo la ducha y oír llover se preguntaba qué había cambiado en estos pocos años para atreverse a dejar atrás nuestro cuarto de baño, el mismo del que nunca habría querido salir aquella mañana. Quizás fue la cesta de la ropa que ahora parecía estar siempre llena, recordando periódicamente las obligaciones de las tareas diarias. O a lo mejor la toalla que yacía en el polvoriento suelo. Siempre se caía del mismo gancho de la pared de donde también colgaba, sin haberse movido desde hacía más de un año, mi albornoz. Para él el brillo brillaba por su ausencia. Pelos de su barba contaminaban el lavabo y manchas de pasta de dientes hacían difícil distinguir el reflejo de una misma en el cromado del grifo.

Espero que ahora, cada vez que abra el grifo de una ducha de hotel, ajena e impersonal, apelando más a las mañanas soleadas que a los días grises, recuerde cuánto le gustaba nuestro cuarto de baño.

lunes, 5 de octubre de 2015

Oviedo en una tarde de otoño

La estación de autobuses, que hasta ahora siempre había calificado como "la nueva estación", cada vez está más gastada. Sólo al recordar la antigua estación, incrustada en los bajos de unos feos edificios de los años sesenta, el adjetivo "nueva" vuelve a tu mente. 

La gente termina su día tomando los autobuses de regreso a casa. Hombres de traje, una adolescente que habla nerviosa al teléfono mientras masca chicle y algunas señoras mayores que llevan bolsas de la compra nutren el espectro humano de la dársena 16.

Saliendo de la ciudad me fijo en un comercio de saldo, de esos qué venden cosas que se romperán enseguida, o regalos que ni se piden ni se quieren, hechos por puro trámite, comprados en el último minuto "porque algo hay que comprar" y que irán directamente a la basura. "Comprar, usar y tirar" se nos queda demasiado largo para engullir la producción de basura plastificada venida de China. 

Al lado, un viejo bar, el Mesón Valdés. Me pregunto como logra sobrevivir en el año 2015. En una de las principales calles de la ciudad, vemos a la derecha la entrada al centro comercial. Una señora está sentada pacientemente en uno de los bancos exteriores, bien abrigada con una chaqueta de invierno. Al pasar por la churrería de la esquina, la churrera, de pie, inmóvil, sin nada que vender ni freír a estas horas, luce su impoluto traje blanco, mirando al infinito de esa calle que debe conocer mejor que el salón de su casa.

Poco después cruzamos los semáforos donde hace dos o tres años un indecente mató a tres familiares en un taxi una noche de fiesta regada con alcohol. En la siguiente esquina la chica tras el mostrador de la tienda de cartuchos de impresora, no muestra tanto entusiasmo como la rotulación de sus lunas - 60% más barato! - , lo único que quiere es salir de ese asqueroso establecimiento en el que lleva encerrada desde las nueve de la mañana. En la pared del siguiente local, que no ha sido ocupado, destaca una pintada que llama al movimiento obrero. Dos señoras que caminan por la acera pasan ante la pintada sin inmutarse. La segunda mira los zapatos de la primera cuando esta se aleja al caminar más deprisa que ella. ¿Qué pensará de esos zapatos? ¿Son iguales que los que ella tiene? ¿Le gustan? ¿Se gusta pensando que los suyos son mejores o más caros? 

El autobús se detiene para recoger gente en el mismo punto donde ya hace años la compañera de clase del instituto que me gustaba casi me atropelló, con su nuevo BMW blanco. En el café D´Cora la camarera y la única cliente del local charlan, sin ninguna prisa, sentadas en la barra. ¿De qué? ¿De las notas de los niños? ¿De los problemas para llegar a fin de mes? Veinte metros más adelante, un cabrio negro indica con un brillante intermitente LED que su conductor se dirige al centro esta tarde.

Saliendo de la ciudad me despido de la misma caseta que lleva décadas sobre una de las naves de la Fábrica de Armas, imperecedera al paso del tiempo. Un cristal roto, señalizado con una cinta roja y blanca es la única diferencia de la que puedo dar cuenta desde la última vez que la vi ahí arriba, casi colgando sobre la carretera y vigilando continuamente San Julián de los Prados.

martes, 12 de abril de 2011

Mamá: "¿Estás comiendo bien?"

Con el día tan estupendo que hizo ayer, me dio por salir a correr aunque sin mucha gana. Aguanté no más de quince minutos, cuando normalmente puedo correr casi una hora. No se que pasó, tuve que parar en seco y volver caminando a casa. ¿Tendrá algo que ver el que solo haya comido un wrap de pollo comprado en una gasolinera? Ya en casa, ducha y cena, ¿cena? Frigorífico con dos cervezas, un Reb Bull, dos limones, mantequilla, queso, mermelada, mostaza y leche. A ver el congelador... ¡Premio! Un tupperware con pasta bolognesa me saca del apuro porque son las ocho, el supermercado está cerrado y aunque estuviese abierto las ganas que tengo de cocinar tienden a cero por la izquierda.

Por fin un día consigo meterme en la cama antes de medianoche, ¿y total para qué? Hasta las tres sin dormir, vueltas en la cama, un ligero dolor de cabeza como un zumbido y malestar general sin saber de que quejarme, sin molestias o dolores concretas en ninguna parte del cuerpo. ¿Qué pasa? ¿Cuánto hace que no como algo "con chicha"? Ah si, ya me acuerdo, fue el jueves. El viernes la comida en el trabajo era especialmente mala y cené en un Pizza Hut, el fin de semana en Bélgica me lo pasé a base de sándwiches, chocolate, galletas y fruta; y ayer lunes el triste wrap de pollo.

Durmiéndome a las tres a ver quien se despierta a las siete... Así que hoy a trabajar con la hora pegada al culo, sin desayunar más que un Pan au Chocolat y un zumito de naranja (pero natural eh). La comida de hoy en el trabajo merecía la pena, algo que no ocurre muy a menudo. ¿Os podéis creer que media hora después de comer una minúscula pechuga de pollo con puré de verduras y patatas desaparece el malestar? Me apetece levantarme, tontear con compañeros, hacer bromas, hablar... Y vengo a casa con una clara convicción: pegarme una cena de esas que te echan para atrás al terminar. ¡Así acaban de caer dos filetes de ternera, al queso (amago de) Cabrales con patatas fritas y me siento de p*** madre!




Reconozco que esta sensación no es nueva y ya ocurrió el año pasado, por estas mismas fechas además. Tropiezo varias veces en la misma piedra, sí. En aquella ocasión Bea ejerció de madre - amiga y me dio el toque para que volviese a mi vida organizada, cocinando, comiendo decentemente y no perdiendo los papeles para aprovechar las horas de luz. Aunque peor fue aquel domingo de barbacoa, también en Alemania, cuando me di cuenta de que llevaba sin beber un vaso de agua desde el jueves.

Pero es que llega la primavera y no quieres parar en casa, necesitas días de 28 horas, el lunes tienes tal cosa, el martes quedas con fulano, el miércoles juegas al fútbol, llegas tarde y compras cualquier basura en la estación, el jueves no tienes tiempo para cocinar y malcenas porque hay que hacer la colada y planchar. 

No es hasta que te vas de casa cuando te das cuenta de la programación completamente organizada y natural que tus padres (generalmente las madres) tienen en casa para que no nos de el bajonazo a todos porque tenemos la semana ocupada. Cuando esteis fuera y vuestro padre o madre os pregunten si estáis comiendo bien, no penséis que es pregunta comodín como las conversaciones del tiempo en el ascensor; es una pregunta de peso.

Pd: a veces hay tantas cosas que hacer que se me olvida mamá :)

sábado, 22 de enero de 2011

Frases compartidas

Hasta esta semana no me había dado cuenta de cuanto me hacen disfrutar las frases compartidas con los amigos, fruto del tiempo y las experiencias en común. Hablo de frases sueltas, sacadas de una excursión del instituto, de una noche de copas, de una clase de auto escuela o de unas prácticas en la universidad, que carecen de sentido para los demás excepto para los que estaban presentes en ese momento que será recordado durante años. 

¿Por qué no tomar esos comentarios como un indicador de amistad? Muestran un vínculo especial con las personas que conocen el origen de lo que dices y el mensaje que hay detrás de esas palabras. En la mayoría de los casos, para los demás receptores el mensaje esta fuera de contexto o no tiene un significado especial. Tanto es así que no merece la pena intentar explicarlo de forma racional porque no tiene ninguna gracia.

Si pienso en mi gente de Pola la lista es interminable; "hacer lo que quiérais", "bolas de turrón", "no, no ye dificil pero hay que mirar pa ello", "analizame la situación", "Babar", "pijadines pa picar", "¡tira el bote guaje!", "el botón debajo de la mesa" y la lista se extiende... "abrazo de Playmobil".


Las historias con los compañeros de Peritos no son pocas y de ahí vienen unas cuantas citas; "Totalmente confirmado", "configure el autómata Gordaliza", "Cesar&Nico4ever", "Buenaaaaaaaaaas", "Haces F2, ayuda de Windows", "de cuclillas", "el amable", "Enviar el curriculum a la NASA", "tremendamente fácil", "otra de sidra y unas patatas Pumarín", "correto".


También algunas del tiempo que pase en Valladolid; "la bobedilla", "¡Loco!, que estas muy loco", "el lagarto Juancho", "¿Unas bravas?", "¿Cómo lo véis?", "Cuatro pepinos", "la mirada serena de Nely".

Como no, de Jena también hay un puñado; "Sehr, sehr gut!", "Bustabieren, bitte", "Ya no caben mas mensajes", "el jabulani", "cara de perrillo chico", "Me quedan dos semanas", "¡Se cae el estadio!".

Al conocer gente nueva, tras unas semanas, ya hay frases y conversaciones que se quedan en tu memoria y son o seguramente serán usadas de forma recurrente en lo sucesivo. ¿Os acordáis vosotros de alguna frase más?

sábado, 18 de diciembre de 2010

Postales de Navidad

El primer recuerdo que tengo de las postales de Navidad, cuando era un niño, es el de mi madre escribiendo a sus familiares y amigos más lejanos, con los que no tenía contacto muy a menudo. Ya de aquella me parecía un gesto bonito, pero con lo vago que soy se me hacía pesado pensar en escribir diez o doce postales.

Este año cenando con una amiga, que me hizo pensar un poco más de lo que estoy acostumbrado y ampliar las miras, entre copa y copa de vino tuvimos una conversación sobre los cambios a lo largo de la vida, - me gusta dar vueltas una y otra vez sobre este tema, sí - sobre cómo la gente entre y sale de las vidas de otros, a veces sin tiempo a decirles lo importante que fue su presencia o lo agradecido que estas de haberlos conocido. ¿No es una pena? ¿Por qué para decir algo malo rara vez nos callamos pero sin embargo nos cuesta transmitir sentimientos positivos? ¿Vergüenza? No hay que ser un valiente para mostrar los sentimientos y ya somos mayorcitos para poner la vergüenza como excusa.

Hace unas semanas, cuando en el supermercado encontré postales de Navidad no dude ni un segundo en ponerlas en mi bolsa. Declaro abiertamente que hace dos o tres años cuando estaba en España no se me habría ocurrido escribir nada porque la gente a la que tenia que escribir estaba a tiro de piedra. Y es más, muy probablemente hubiese hecho algún comentario molesto - gracioso hacia cualquier persona que enviase postales de Navidad. Con el tiempo aprendes a no escupir hacia arriba.

Te sientas con tus sellos, tus postales, tus sobres, tu bolígrafo y empiezas a escribir con la intención de hacerle saber a esas personas lo importantes que son, recordar buenos momentos compartidos, dar una palmadita en la espalda en sentido figurado; también aclaras tus ideas sobre esa gente.


Cuando escribes a tus amigos y familiares está claro que escribes cosas que sabes de esa gente, quiero decir que no vas a descubrir una cualidad especial de esa persona mientras escribes. Sin embargo pensar como plasmar lo que piensas en el papel hace que te des cuenta de las cosas que sabes de esa persona sin ser completamente consciente.

Al escribir las ideas toman más fuerza de la que tienen cuando flotan en tu mente mezcladas con otras cien cosas que te tienen ocupado cada día. Reconozco que se han quedado un par de postales por enviar, por uno u otro motivo; no sabes la dirección, se hace tarde para enviarlas...

En el otro extremo hay gente a la que conscientemente quieres escribirle, crees que debes escribirles, pero llegado el momento la mente se queda muda. No hay nada que decir, podría ser que el concepto que tienes de esa gente esta sobre dimensionado, antiguos compañeros de clase, amigos que con el tiempo se quedan en conocidos o amigos de amigos.

Todos pasamos de la centena de "amigos" en Facebook, ¿realmente alguno de nosotros tiene más de cien amigos?

De cualquier modo, Feliz Navidad a todos :)

lunes, 25 de octubre de 2010

Cambios

No me considero una persona que se adapte rápido a los cambios, aunque cuando consigo asentarme y tomar confianza me siento como en casa y no extraño casi nada. Todos los cambios que he tenido me han costado mas o menos, el paso del colegio al instituto, del instituto a la universidad, de una universidad a otra, de la universidad al trabajo, de un trabajo a otro... En cada uno de esos cambios estaba convencido de que el siguiente destino no sería tan bueno como el lugar que dejaba atrás, y en cada uno de esos cambios me equivoqué. Aunque ese sentimiento ha ido perdiendo fuerza después de cada cambio, al darte cuenta de que no es cierto.

Ahora que ya has cambiado varias veces, sabes que los principios no son fáciles, y tan solo el ser consciente de que lo que esta por venir será mejor que todo lo que has visto y vivido hasta ese momento te ayuda a seguir adelante. Ya no hay agobios al empezar de cero, no cuesta nada hablar con gente nueva, sabes lo que viene a continuación, solo hay que ser paciente y darle tiempo.

Da pena dejar un entorno que te resulta familiar y cálido y que conoces como la palma de tu mano. Pero hay algo que te empuja a moverte, no tiene sentido demorar la marcha porque ese entorno es cambiante, no solo tu te vas, tus amigos también lo harán antes o después y eso hace que los entornos en los que has vivido cada una de tus etapas no se puedan guardar en una cajita y volver a utilizarlos cuando quieras.

Al ser cada nueva experiencia mejor que la anterior te sientes en cierto modo culpable, como si estuvieses traicionando a la gente con la que has compartido épocas pasadas. Esos amigos y compañeros te han dado muchisimos buenos momentos, de esos que cuentas a gente que no estaba presente y para ellos no tiene gracia ninguna. Ya sean anécdotas de fiesta, en un exámen, en un viaje o simplemente tomando un café. Esos momentos, que se quedan "para siempre grabados en tu retina", que se cuentan una y otra vez en cada uno de los breves reencuentros que tenéis.

Hasta ahora cada cambio ha sido a mejor, pero supongo que llegará un límite, en un momento dado el siguiente cambio te llevara a un estado menos bueno. Seguir cambiando y conociendo gente lo asimilo a una partida de black jack, y estar rozando el 21 (curioso número) me hace pensar en plantarme. ¿Esa decisión depende de nosotros?