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jueves, 18 de enero de 2024

All at once

Cerramos 2023, hace ya 15 años que terminamos 2008, cuando todo empezaba, y digo todo empezaba porque fue el año de mi primera exposición internacional a raíz del mal culo que me salió en Valladolid en ese segundo cuatrimestre universitario.

Aquel verano, aquel caluroso y largo verano de 2008 que comenzaba con dos días de resaca de exámenes, sin coche no recuerdo por qué, pero sin coche, tuve que buscarme que hacer en Valladolid visitando el museo de la ciencia y el planetario. Recuerdo que había un Williams Renault F1 de 1995 en el museo, y recuerdo la sesión proyectada en el planetario “La Cruz del Sur”. Mostrando los cielos del hemisferio sur, quizás una introducción para las noches que pasaría observando éstos a uno y otro lado de la cordillera andina años más tarde.

Al día siguiente All At Once de Jack Johnson sonaba en mi Nokia smartphone - aún con botones - justo en el momento que el jefe de estación tocaba el silbato para dar salida al AVE en la recién estrenada línea Valladolid-Madrid. Poco después me encontraba con Andrés y Marcos en el coche bar. No nos veíamos desde hacía meses y nos pusimos a comentar y planear los conciertos que veríamos en Rock in Rio Madrid esa misma noche. Funny enough, 10 años después Beth, una inglesa “bien, muy bien” que conocí en la boda de un compañero de trabajo me invitaba a ir con sus amigas al mismo festival. Out of time!

Aquel año 2008 moldeó mi realidad, viajar, creer que existía la posibilidad de trabajar en las carreras, el trato continuo con extranjeros... por azares de la vida y ganas de salir del tiesto participé en una semana de intercambio con otros estudiantes europeos en Rumania durante 2 semanas. Eso fue agosto, creo. Allí fue donde rompí a pensar en inglés, me di cuenta lavándome los dientes el segundo o tercer día en Iasi, ¡que estaba pensando en inglés!

Dos semanas antes, en Lisboa, de nuevo con amigos asistiendo al Optimun Alive (RATM, Neil Young…) había aprovechado la ocasión para visitar el circuito de Estoril y enterarme “como ser ingeniero de competición”. Algunas indicaciones más o menos acertadas apuntaban a, los entonces novedosos programas master de universidades privadas. Con todas las ganas envié mi inscripción al mejor master de todos, y me rechazaron.

Para demostrar otra vez que intenciones ganan galones, diplomas firmados por señores a los que algunos llaman reyes y títulos-académicos-saca-cuartos que no pasan de ser papeles para envolver chorizos. Sin saberlo, e incluso enfadándome en su día por la negativa respuesta, a día de hoy me doy cuenta que el destino salvó a mi familia de quemar los 14000€ que costaba la matrícula, más la manutención en fucking Mondragón durante 2 años. De buena me libré.

A día de hoy, mirando atrás, parece que todo fue All at once desde ese verano 2008. Parece que fue anoche cuando le contaba a Laurien en aquel bar de Brasov mi plan. Parece que fue ayer el Rock in Río Madrid, Estoril, Rumanía AEGEE, finde año en Leiden AEGEE, verano 2009 en Edinburgh donde mi familia de acogida me preguntaba dónde me veía en 5 años, ¿y que sabía yo? Como mucho donde quería estar; Holanda y dónde estaba enclavado; España, la podrida España de la crisis del 2008. 

Seis meses después, me salva el destino con unas prácticas en Alemania. Y empezaba mi carrera laboral un 4 de enero, llegaba a mi nueva ciudad después de 14 horas de tren – gerne mit DB -, tras haber pasado fin de año en Utrecht. Hice varios transbordos en estaciones germanas espolvoreadas de nieve, recuerdo que Gottingen era una de ellas. Sospecho que ese día me aficioné a los pretzel que acompañaba con el cappuccino en cada estación que hacía cambio de tren. Flipaba con el trajín de las estaciones alemanas. Mi nuevo compañero de piso Markus, y su novia con pelo rubio-blanco cosa que nunca había visto antes, me daban la llave del apartamento en la penúltima parada del último trayecto, en Gotha. Juro que llegué a ese apartamento por indicaciones. Google Maps no existía entonces. Lástima que Markus se fuese a mitad de febrero para hacer unas prácticas en Malaysia, un tío muy de p*t* madre, que no he vuelto a ver. 

¡Qué primavera fue aquella de 2010! Aún recuerdo el olor de los tilos, las noches en bici, el helado de fresa - que fuera de España sí sabe a fresa y no a yogur de fresa -, el sabor de la mostaza en los bratwurst los días de barbacoa y las conversaciones con mi querido grupo de Stammtisch, con los cuales aún mantengo contacto. Pasado el verano nos vamos a Holanda, ¡y a la primera vivo en Leiden! El lugar que me conquistó hacía dos años. De nuevo, una nueva vida, me apunto a un club de kayak para estudiantes y hago vida con mis compañeros del club, cenando y participando en actividades después de entrenar. También visito Zandvoort regularmente para hacer fotos, Amsterdam cada vez que alguien venía a visitarme, los coffeeshops con otros expats… y antes de aprender Dutch, justo cuando estaba en el sweet spot de mi vida social, a punto del suicidio en el aspecto laboral, ¡viene el destino y me salva de nuevo! Cambio de país a UK. En febrero 2012 estoy en la fábrica de Lola Cars Ltd., luego de vacaciones en Sicilia con una novia holandesa de catálogo, poco a poco empiezo a pisar paddock y pit lane en Paul Ricard, Snetterton, Silverstone, Oulton, Spa… ¡y de repente me encuentro trabajando en las 24 Horas de Le Mans! Por un tiempo la M1-Luton fue la ruta habitual de los fines de semana para ir a Amsterdam, hasta que en 2013 me mudo allí.

En 2014 cuando parecía que mi fantasía de carreras terminaba, la misma semana en la cual me entrevistaban para un puesto de oficina trabajando en homologaciones de vehículos, recuerdo al super boss que me entrevistaba - incluso recuerdo su calva brillante, su nariz puntiaguda y su super traje de rayas, similar al uniforme del personal de vuelo de Iberia en aquellos años -, me vieron tan tan tan tan motivado que me dijeron “piensa que es lo que quieres hacer y me escribes en dos semanas”. Pues bien, justo esa semana se me abrían las puertas del cielo cuando el teléfono sonaba para Formula E. Gracias y 1000 gracias Mr. Arnott, siempre tendré una deuda con usted. Beijing en octubre 2014 fue la primera carrera para todos nosotros, el germen de tantas y tantas historias y el germen de mi vida profesional, de forma más o menos continua en el automovilismo. Desde ahí ya es otra historia, la de la cima y el descenso. 

Los primeros acordes de All at once sonaban hoy en el coche, y pensé All at once for the last 15 years. Tengamos cuidado con lo que deseamos.

Asturias, Enero 2024.

viernes, 7 de abril de 2023

Spoor 5b

 Spoor 5b
 
Aquí estoy a pie de andén, otra vez. Otro testigo de nuestro paso por la vida. Despedidas de amigos, viajes al aeropuerto para recoger familiares, carreras para no llegar tarde al trabajo, encontrar al compañero del curso de Holandés que no había vuelto a ver, esperar por los amigos para irnos de fiesta a Amsterdam mientras sujeto la bolsa del McDonals. Esperas eternas en las frías mañanas de invierno descifrando los titulares del periodico, o esperas eternas en las tardes eternas en verano sin viento, esperas acompañadas al amanecer, sin desayuno, retornos solitarios en la madrugada y entradas triunfantes al medio día. Principios de noches de  cena con velitas, finales de viajes tras dejar el coche de alquiler en el aeropuerto. 
 
Ahí se queda Leiden Centraal, con sus luces de Navidad, igual que el primer día que la vi, llegando desde Groningen tras dos transbordos en pueblos que ni siquiera trataré de recordar. Yo he visto como sus vetustos carteles mecánicos eran sustituidos por las modernas pantallas electrónicas, como aparecían y desaparecían comercios de su hall. Igual que yo he visto cambiar Leiden Centraal, la estación también me ha visto cambiar a lo largo de estos meses. Me ha visto partir en distintos viajes, noches de museo, sábados de compras, me ha visto hacer la declaración de la renta en su Starbucks, me ha dado paciencia esperando citas... Me ha visto reunirme con viejos amigos, me ha visto seco, mojado, nevado, triste, alegre, radiante, seguro e inseguro. Y como a mi, a los otros miles de viajeros que pasan cada mañana mirando los relojes de camino a su andén.

Leiden,
Diciembre 2012

jueves, 23 de junio de 2011

Cuando un amigo se va

No se si un nudaco en la garganta de camino a casa, después de la última cerveza es un síntoma de que algo se muere en el alma. Eres peor que una novia cabronazo. Me alegro que finalmente nos hayamos arreglado para despedirnos. Aunque prefiero quedarme con la imagen del viernes soleado en que me iba a Sevilla, cuando estábamos con Paula fumando en el parking, porque el tiempo de hoy es para olvidar.

Claro que la marcha de la gente afecta, aunque hasta hoy las fiestas de despedida, paseos en barco por los canales y demás rituales de guiris - recuerda que aquí somos nosotros - no me habían pegado ese latigazo que no sentía desde hace casi un año. Otra vez maldigo la buena memoria que tengo, para lo que quiero eso sí. Pero es que han sido muchas horas con el vasito de cartón lleno de café en el coffee corner. "Solo" un par de noches de camisa en Leiden. Una mudanza. El vuelo de ida a Copenhague, la cena del Hilton y que Luca no nos haya cortado los huevos aquel fin de semana. Las noticias inverosímiles de Asturias cada mañana. Los viajes en tren evitando al de la grapadora. Contar como cada día el Sol se ponía un minuto más tarde. Los consejos en el club de piragüismo, y mi berrido desgarrador. Las tertulias en el programa de María Teresa Campos. Los croissants de los domingos por la mañana - que había que encargar el sábado por la tarde -, repasando las historias con el género femenino. El cachondeito en aquel training que yo suspendí. Que te pongas serio para hablar. Recomendaciones para aprovechar mi visita a Sevilla. La pegatina de la Novena Escuadrilla de la Armada Española en tu mochila. Es una pena que el plan de la banda de rock haya ido awry, el vocalista prometía ¿eh?




Tomo nota de lo aprendido y de lo que aún me queda. No ir con el puño a to´ meter - hay que aflojar cuando es necesario -, cómo no partirme el peshito, los palanganas de los sevillistas, pararme de vez en cuando a escuchar lo que digo y actuar en consonancia, que el flamenquito también mola, que puedo aprovechar a mi hermana mucho más de lo que lo hago y más cosas que se me quedan en el tintero.

Ya te lo han dicho, "volver Manu, volver". Pero trata de no volver. Ya sabes lo que hay aquí, aunque lo que hay allí no es mucho mejor. A por nuevos destinos, sin miedo; miedo a nada. Espero que encuentres lo que buscas, o algo que no buscas y te satisfaga igualmente.




Ahora disfruta del verano, los amigos, el piragüismo en el Guadalquivir, los mojitos en la Calle Betis, ¡y el Betis en primera! Gracias por la compañía estos meses maestro.

Un abrazo y suerte.

sábado, 9 de octubre de 2010

Último fin de semana de no invierno

Los problemas que tengo con la calefacción de mi apartamento han hecho que conocer y relacionarme con mis vecinos sea más fácil de lo esperado, es decir que casi lo han forzado. El termostato se encuentra en el piso de arriba de la casa donde está mi apartamento, pero que pertenece a otra agencia de alquiler y es otra casa completamente diferente. Eso hizo que durante toda esta semana, tras llamadas contínuas a mi agencia de alquiler para que revisaran la calefacción, haya tenido que entablar relación con mi vecina de arriba. Y ayer de noche, cuando se suponía que el sistema estaba ya funcionando perfectamente salí a la calle para picar en su puerta y hablar.

En el momento que llamé a la puerta 5a (yo vivo en el número 5), aparece en el número 7 mi otro vecino, un músico de 57 años de edad que habla inglés a la perfección y me insiste en que si necesito algo no dude en pedírselo. Éste, cuando nos oye hablar a mi vecina y a mi sobre la calefacción se mete en la conversación, y en menos de cinco minutos estamos sentados en su salón hablando y tomando unas cervezas.


Típica conversación que empieza por de dónde venía yo, que lo iba a pasar mal con el frío,que si me gustaba Holanda... y luego entramos con las comparaciones de países. Y es aquí donde el hombre del número 7 declara que el no encuentra ningún problema con la meteorología de Holanda, y que no tienen mal tiempo, sino que algunos días tienen malas nubes. Fue entonces cuando yo les dije que a pesar de disfrutar de menos días de sol que los españoles, ellos realmente aprovechan esos días, como en Alemania cuando al más mínimo rayo de Sol, la gente se tira a la calle para correr, andar en bici, hacer barbacóas, sentarse en las terrazas, pasear con el perro y los niños por los bosques y rutas que hay alrededor de cualquier pequeña ciudad. Es algo que en España no hacemos, o no hacemos tanto.


Es curioso que tras esa conversación, esta mañana el día amanece con un cielo azul blanquecino y un Sol de otoño que a penas te deja ver según en que dirección camines (o pedalees). Un día perfecto para probar que esto que digo es cierto, en un paseo de una hora por la ciudad me encuentro una familia que decide sacar la mesa a la calle para comer fuera, un hombre leyendo el periódico en una silla a la puerta de su casa, y más de una decena de estudiantes estudiando también en la calle, terrazas abarrotadas aunque haya que ponerse un jersey o abrigo fino. Por supuesto parques y áreas infantiles hasta arriba de niños, pero eso también ocurre en España.


Una vez más se demuestra que las cosas toman valor cuando escaséan.

sábado, 2 de octubre de 2010

Don Martin

Debe haber algún español o hispano en el vecindario, es lo primero que pensé cuando ayer por la noche vi que una de las redes Wi-Fi que recibía mi portatil se llamaba así.


Había comprado un módem USB de Vodafone, que no terminaba de conectar. Mañana tengo que ir a la tienda a ver si me lo ponen en funcionamiento.


Esta tarde llegué a casa y tenía que conectarme a internet si o si. ¿Qué iba a hacer sino en casa desde la siete de la tarde hasta que me durmiese aparte de mirar el catálogo de IKEA para elegir que comprar mañana?


Al final le eché un par y fui a llamar a mi vecino de enfrente para pedirle compartir su conexión de internet. Mira que hasta me daba vergüenza preguntarlo, y cuando por fin lo suelto, después de preguntar donde estában los contenedores de la basura y dos chorradas más, veo que el vecino se queda como trabado, tartamudea... Le digo que si no quiere, lo entiendo perfectamente. Y me comenta que la red que el utiliza no es suya, sino que el también la tiene re-contratada con otro vecino, que vive en el primer piso del edificio contíguo. Me indica a que botón llamar, solo llamar, porque el interfono no es un interfono, solo suena un timbre en la casa a la que se llama y el dueño o quien viva allí se asoma a la ventana para ver quien es.

Cuando llamo veo que en la etiqueta del timbre el nombre es Maartin. Ya se cuál es la red a la que voy a conectarme. Llamo, y un señor mayor se asoma en el primer piso y me pregunta que quiero. Quería hablar de su conexión de internet. Un momento, ahora bajo.

Un minuto más tarde el señor Maartin aparece por la puerta. Un hombre altísimo, con el pelo completamente canoso y ojos azules. Le explico mi situación, solo voy a estar en este apartamento dos meses (o eso espero), y mi modem USB no funciona, ¿podría conectarme a su red? Dice, con voz de fumador, que no hay problema siempre y cuando la señal llegue adecuadamente a mi casa. Me dice que antes de las ocho de la tarde se pasa por mi casa porque está esperando una llamada importante.

Entre tanto aprovecho para ir a hacer la compra, y antes de las ocho Maartin golpea mi ventana - no, yo no tengo timbre. Cuando ve mi bicicleta en el pasillo de entrada me dice que le gusta, y yo le respondo que quiero pintarla para cambiarle el color. Ya dentro de casa nos vamos a mi portátil, seleccionamos su red, la señal es alta, metemos el código y ¡ya estoy conectado!

Después, una conversación larga, de esas que parece que no van a durar nada y te quedas de pie. De todos modos tampoco tengo sillas ni nada en lo que sentarse a excepción de mi colchón en el suelo. El señor Maartin había estado trabajando de gerente de una cadena hotelera toda su vida. Es holandés, pero dejó el país cuando tenía 20 años para ir a trabajar a Suiza. Luego volvió a Holanda a trabajar dos años, y después a Portugal (Lisboa, Madeira y Azores). Con la revolución portuguesa se tuvo que marchar "forzado", para aprovechar el portugués que sabía se fue a Brasil. En este momento le ofrezco una cerveza que rechaza porque desde que hacer tres años su médico le dijo que era diabético y no bebe alcohol. Tres años atrás la hubiese aceptado gustosamente, decía.


Después de Brasil, se movió a Aruba hasta que por algún problema que no quiso explicar, fue arrestado, estuvo en prisión y perdió su permiso de trabajo allí. Yo sabía que entre las Antillas Neerlandesas y los Países Bajos no hay problemas de papeleo, porque a efectos es el mismo país, es decir que todos los ciudadanos son iguales y pueden trabajar tanto en las Antillas como en los Países Bajos. El me contaba que la gente que le hizo la puñeta eran white dutch, como él y por tanto con la misma documentación. El caso es que hasta hace cuatro años no pudo volver a las Antillas por este problema. Tras Aruba se fue a Hispanoamérica; Perú, Chile, Paraguay, Guatemala, Panamá. Cada vez que volaba desde Holanda a uno de esos países su vuelo solía tener escala en las Antillas, mientras todo el pasaje salía del avión mientras repostaba, el tenía que quedarse en la terminal del aeropuerto vigilado por guardas de seguridad. El motivo por el cual su red se llamaba Don Martin es que cuando estaba en todos esos países la gente no pronunciaba bien su nombre Maartin, y lo llamaban Don Martín. A su vuelta a los Países Bajos, pensó que sería fácil encontrar trabajo a la edad de 57 años, con toda la experiencia que tenía y hablando seis idiomas. Hizo varias entrevistas, y siempre le dijeron que lo llamarían... Los últimos años había estado trabajando para una organización de voluntariado que le permitía seguir viajando que es lo que le gustaba, aunque no recibía un sueldo real. Hasta que cierto día, ya cumplidos los 70 años la organización tuvo que prescindir de sus servicios porque ya no podía trabajar a esa edad.

Después de este repaso a su vida me pregunta si yo toco algún instrumento musical. Cuando le digo que no, me dice que es una pena porque entre el guitarrista que vive a mi lado, el pianista que vive encima de éste, el vecino de enfrente que toca la batería, y la chica que vive encima suyo que es violinista profesional; podríamos montar una orquesta.

Al final me pide solo 10€ por engancharme a su conexión durante estos dos meses, ya caminando hacia la puerta para salir a la calle se queja de haber estado con la calefacción y el agua caliente estropeados desde hace un año. Justo antes de irse me vuelve a repetir que le gusta mi bicicleta, y que hago bien guardándola dentro de casa.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Desde la ventana...

Tenía muy buenos recuerdos de Leiden, y tras solo un ratito paseando y buscando un sitio para cenar lo que veo me gusta aún más de lo que esperaba. Ahora solo me falta encontrar una habitación para vivir.
Vista a Beestenmarkt desde el hotel.