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jueves, 18 de diciembre de 2025

Agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor

Primero fue Paco, este año hace 10 que el café se nos revolvió aquella mañana de primavera. Y ahora antes de terminar el 25 fue Robe quien se fue con Gilesspie, Zappa, Mercury y Camarón. La válvula de escape de los millenials desde primaria hasta los 40/50. Desde repetir estrofas de Jesucristo sin entender totalmente su significado en las excursiones del colegio, volver a encontrar la canción en la peli de Barrio en SCR, Salir en fiestas, sidra, kalimotxo, JB cola, resacas con Deltoya, líos, viajes, Golfa, besos, Suceden porros, exámenes, biblioteca, lectores mp3 USB, Standby con Budweiser...¿...2002..? Copias de CDs en el coche Pola-Gijón Gijón-Pola llueva nieve o haga sol, gracias Berto Mateos ;) Todas las referencias al viento, al aire, a la llegada de la primavera y el otoño, el amor, la aventura, las banderas, los maderos, follar, muerte, experiencias, alma.

Cada canción me retrae a distintos escenarios, la plaza de toros de Gijón en un verano 2004, casi que puedo ver los autobuses nuevos (de aquella) y el embote de electrónica analógica que estaba preparando para septiembre. Con Conrado y su colega experto en Extremo, devoto de Pedrá, y Noé que de importante abogado pasó a indio, y una piedrita de jacho. Veranos de universidad, la playa de San Lorenzo con sus borrosas farolas por la noche caminando de Cimadevilla a saber donde... veranos de veintitantos. De ese concierto tuve una camiseta por un breve periodo de tiempo hasta que mis padres encontraron cierto desacuerdo con el mensaje escrito en el pecho con letras amarillas a tamaño palmo: PUTA. 

Los exámenes y caminatas a la universidad en Valladolid, los días de kayak... el concierto en San Mateo 2008 con los zoopolesos, TODOS. Primero fue la dulce introducción al caos, que en bucle y muy apropiadamente nombrada engrasó mis tardes en el aulario aquel Junio 2008, al tiempo que nacía Mar, y antes de embarcarme en AEGEE para Rumanía en verano. A partir de ahí el álbum fue conmigo en todos los viajes, embarques, retrasos a partir de 2010 ahora ya sonando en móviles Nokia y Samsung.

Por carreteras nacionales británicas, en 2012 se escuchaba como la realidad que necesito se ha ido detrás de ese culito entre risas rubias, fines de semana explorando la costa de gales, una caja de cambios rota en Bath y muchas tardes en casa haciendo recetas de cocina en el OX266PG. El material defectuoso volvió a aparecer años más tarde para preguntarle al carcelero cuanto queda, aquella semana en la que yo llegaba a casa un lunes de Hungaroring habiendo dormido en Frankfurt con falta de explicaciones y credibilidad. 

Y ahora que ya es tarde lamento los conciertos a los que pude haber ido y no lo hice, ya en Valencia, de nuevo en Asturias, festivales. Imposible no acordarme cuando paró a media canción, que efecto más raro que la iluminación siga cuando la música se detiene, instrumento a instrumento mientras Robe se parte el pecho llamando la atención a golpe de "hey hey hey ya está, ya está bien" para decir que ya estaba bien de tanto cachi volando y tanto cachondeo jajajajaja. Se rompió el molde.

Hoy, después de varios días de lluvia vuelve a salir el sol, y encuentro a otros por la ciudad, en cada semáforo escuchando sus canciones en el coche, en la moto, en la gasolinera. Y pienso "otro como yo". Y pienso "¿cuándo fue la última vez que me vi identificado tan rápidamente en un semejante?"

Gracias Robe.



jueves, 18 de enero de 2024

All at once

Cerramos 2023, hace ya 15 años que terminamos 2008, cuando todo empezaba, y digo todo empezaba porque fue el año de mi primera exposición internacional a raíz del mal culo que me salió en Valladolid en ese segundo cuatrimestre universitario.

Aquel verano, aquel caluroso y largo verano de 2008 que comenzaba con dos días de resaca de exámenes, sin coche no recuerdo por qué, pero sin coche, tuve que buscarme que hacer en Valladolid visitando el museo de la ciencia y el planetario. Recuerdo que había un Williams Renault F1 de 1995 en el museo, y recuerdo la sesión proyectada en el planetario “La Cruz del Sur”. Mostrando los cielos del hemisferio sur, quizás una introducción para las noches que pasaría observando éstos a uno y otro lado de la cordillera andina años más tarde.

Al día siguiente All At Once de Jack Johnson sonaba en mi Nokia smartphone - aún con botones - justo en el momento que el jefe de estación tocaba el silbato para dar salida al AVE en la recién estrenada línea Valladolid-Madrid. Poco después me encontraba con Andrés y Marcos en el coche bar. No nos veíamos desde hacía meses y nos pusimos a comentar y planear los conciertos que veríamos en Rock in Rio Madrid esa misma noche. Funny enough, 10 años después Beth, una inglesa “bien, muy bien” que conocí en la boda de un compañero de trabajo me invitaba a ir con sus amigas al mismo festival. Out of time!

Aquel año 2008 moldeó mi realidad, viajar, creer que existía la posibilidad de trabajar en las carreras, el trato continuo con extranjeros... por azares de la vida y ganas de salir del tiesto participé en una semana de intercambio con otros estudiantes europeos en Rumania durante 2 semanas. Eso fue agosto, creo. Allí fue donde rompí a pensar en inglés, me di cuenta lavándome los dientes el segundo o tercer día en Iasi, ¡que estaba pensando en inglés!

Dos semanas antes, en Lisboa, de nuevo con amigos asistiendo al Optimun Alive (RATM, Neil Young…) había aprovechado la ocasión para visitar el circuito de Estoril y enterarme “como ser ingeniero de competición”. Algunas indicaciones más o menos acertadas apuntaban a, los entonces novedosos programas master de universidades privadas. Con todas las ganas envié mi inscripción al mejor master de todos, y me rechazaron.

Para demostrar otra vez que intenciones ganan galones, diplomas firmados por señores a los que algunos llaman reyes y títulos-académicos-saca-cuartos que no pasan de ser papeles para envolver chorizos. Sin saberlo, e incluso enfadándome en su día por la negativa respuesta, a día de hoy me doy cuenta que el destino salvó a mi familia de quemar los 14000€ que costaba la matrícula, más la manutención en fucking Mondragón durante 2 años. De buena me libré.

A día de hoy, mirando atrás, parece que todo fue All at once desde ese verano 2008. Parece que fue anoche cuando le contaba a Laurien en aquel bar de Brasov mi plan. Parece que fue ayer el Rock in Río Madrid, Estoril, Rumanía AEGEE, finde año en Leiden AEGEE, verano 2009 en Edinburgh donde mi familia de acogida me preguntaba dónde me veía en 5 años, ¿y que sabía yo? Como mucho donde quería estar; Holanda y dónde estaba enclavado; España, la podrida España de la crisis del 2008. 

Seis meses después, me salva el destino con unas prácticas en Alemania. Y empezaba mi carrera laboral un 4 de enero, llegaba a mi nueva ciudad después de 14 horas de tren – gerne mit DB -, tras haber pasado fin de año en Utrecht. Hice varios transbordos en estaciones germanas espolvoreadas de nieve, recuerdo que Gottingen era una de ellas. Sospecho que ese día me aficioné a los pretzel que acompañaba con el cappuccino en cada estación que hacía cambio de tren. Flipaba con el trajín de las estaciones alemanas. Mi nuevo compañero de piso Markus, y su novia con pelo rubio-blanco cosa que nunca había visto antes, me daban la llave del apartamento en la penúltima parada del último trayecto, en Gotha. Juro que llegué a ese apartamento por indicaciones. Google Maps no existía entonces. Lástima que Markus se fuese a mitad de febrero para hacer unas prácticas en Malaysia, un tío muy de p*t* madre, que no he vuelto a ver. 

¡Qué primavera fue aquella de 2010! Aún recuerdo el olor de los tilos, las noches en bici, el helado de fresa - que fuera de España sí sabe a fresa y no a yogur de fresa -, el sabor de la mostaza en los bratwurst los días de barbacoa y las conversaciones con mi querido grupo de Stammtisch, con los cuales aún mantengo contacto. Pasado el verano nos vamos a Holanda, ¡y a la primera vivo en Leiden! El lugar que me conquistó hacía dos años. De nuevo, una nueva vida, me apunto a un club de kayak para estudiantes y hago vida con mis compañeros del club, cenando y participando en actividades después de entrenar. También visito Zandvoort regularmente para hacer fotos, Amsterdam cada vez que alguien venía a visitarme, los coffeeshops con otros expats… y antes de aprender Dutch, justo cuando estaba en el sweet spot de mi vida social, a punto del suicidio en el aspecto laboral, ¡viene el destino y me salva de nuevo! Cambio de país a UK. En febrero 2012 estoy en la fábrica de Lola Cars Ltd., luego de vacaciones en Sicilia con una novia holandesa de catálogo, poco a poco empiezo a pisar paddock y pit lane en Paul Ricard, Snetterton, Silverstone, Oulton, Spa… ¡y de repente me encuentro trabajando en las 24 Horas de Le Mans! Por un tiempo la M1-Luton fue la ruta habitual de los fines de semana para ir a Amsterdam, hasta que en 2013 me mudo allí.

En 2014 cuando parecía que mi fantasía de carreras terminaba, la misma semana en la cual me entrevistaban para un puesto de oficina trabajando en homologaciones de vehículos, recuerdo al super boss que me entrevistaba - incluso recuerdo su calva brillante, su nariz puntiaguda y su super traje de rayas, similar al uniforme del personal de vuelo de Iberia en aquellos años -, me vieron tan tan tan tan motivado que me dijeron “piensa que es lo que quieres hacer y me escribes en dos semanas”. Pues bien, justo esa semana se me abrían las puertas del cielo cuando el teléfono sonaba para Formula E. Gracias y 1000 gracias Mr. Arnott, siempre tendré una deuda con usted. Beijing en octubre 2014 fue la primera carrera para todos nosotros, el germen de tantas y tantas historias y el germen de mi vida profesional, de forma más o menos continua en el automovilismo. Desde ahí ya es otra historia, la de la cima y el descenso. 

Los primeros acordes de All at once sonaban hoy en el coche, y pensé All at once for the last 15 years. Tengamos cuidado con lo que deseamos.

Asturias, Enero 2024.

martes, 9 de enero de 2024

¿¡Pero qué cojones hacé un gallego en el Triángulo de Bernal!?

 


Acababa de enterarme de la muerte de David Bowie. Y aquí estoy, otra vez, en la frescura artificial del aire acondicionado, fumando en esta habitación de hotel. ¿Hotel Castelar esta vez? No, no, no... Castelar fue el primero, el del ascensor... No puedo evitar sonreír de la maravillosa nostalgia que me invade al recordar aquel ascensor. No logro recordar el nombre del hotel, pero ahí estaba yo, cuestionándome la dirección de mi vida, mientras esa mujer que se hace llamar mi puta hablaba en serio, ¡y vaya sobre qué cosas!

Qué placer... sentir la moqueta bajo mis pies descalzos tras la ducha, el aroma de la barra de jabón Dove impregnando el aire de la habitación, siempre y cuando el aroma a sexo condensado lo permita. Eso sí que era perder la cabeza follando, papá. Por la ventana, el zumbido constante del aire acondicionado, con una térmica de 35º C. Incluso el agua de la piscina estaba caliente esta mañana.

Buenos Aires, Enero de 2016.


Supongo que seguirá con su vida, sus cuadros y pinturas, su arquitectura, su supuesta experiencia como higienista dental y con el tal Sebas, manteniendo esa extraña relación entre lo apasionado y lo paternal. Le hablará de sus amantes, manipulándolos cordialmente entre los dos. Una vida de check-ins y check-outs en hoteles por todo el país, desde Rafaela (Santa Fe), pasando por hoteles en Avenida de Mayo y Corrientes, el departamento de "la tía de Neuquén" en Calle Armenia, ahora tengo depa en Bartolomé Mitre al toque del Congreso. También el departamento en Triángulo de Bernal... - ¡Triángulo de Bernal! "¿Pero qué cojones hacé un gallego en el Triángulo de Bernal?" decía Fer cuando arrancábamos de cargar nafta al taxi en la YPF dos cuadras más adelante - ¿Cómo será esa vida? ¿Cómo será vivir entrando y saliendo de otras vidas en días alternos de una semana? Vivir de una maleta, ya sea por un viaje de trabajo, esta semana mudanza a la casa de la hermana, tengo dos horas para merendar en London City, nos cruzamos en un encuentro fugaz en Parque Lezama... verso, verso, todo verso, puro verso gallego. Una vida insostenible, ¡pero que buen viaje le dio a la mía!

Valencia, Septiembre de 2018.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Cloro y Lomo

 

No sé cuándo comenzó el día de hoy, quizás ayer lunes a las 9AM en Abu Dhabi (5AM España). Me pasé el día con Hansel poniéndonos al día en un mall, comiendo, hablando, comprando le pañuelo árabe ¡y porque no encontré la túnica! de postre un Balaklava y un té, después paseo, café, tienda de Lego... gigante, con zona para dejar a los niños mientras los padres hacen compras. ¡Al llegar Hansel dice “I’m bringing my kid so he can play for a while, although the does Duplo!" y pienso "How cool would be playing here". Cantidad inmensa de modelos, ciudad, Star Wars, Technic, mesas con piezas... el sueño del Legófilo.

A las 22 me despido de mi equipo belga, con el que llegamos a liderar la carrera en las primeras dos horas para terminar las Gulf 12 Hours en 15 posición general y cuartos en la clase AM para pilotos amateur, gentleman drivers. Me alegro de haber conocido a Gerard, el indio que nos ayudó con la logística y me decía que yo era un ciudadano global, que estábamos en contacto para hacer negocios, le había gustado. ¡Qué buen tipo! El taxista que me lleva al aeropuerto de Nepal, y planea quedarse dos o tres años más antes de ir a Europa, no quiere volver a Nepal. Voy al aeropuerto para volar AUH - IST. Que ocasión de pedir un turkish cafe y fumarse un cigarrillo viendo los aviones despegar desde la terraza de la terminal, enjaulado. Luego IST - VLC llegando a casa las 11:30. Voy a trabajar a la oficina, termino el report y me reúno para comer con Jesús (socio nave), llego a casa, dejo el coche mal aparcado a propósito para obligarme a hacer la bolsa de la piscina. Sin ninguna gana de ir en ese momento, pero movido por la satisfacción prevista que tan bien me sienta y me da super poderes.

Hago algo de gimnasio, con la camiseta del CABJ que me hicieron pagar a polvos y dolores de cabeza en Buenos Aires hace 8 y 7 años. Hoy más flojo que otra cosa, pero cumplí, me esforcé, no hice la siesta para poder agarrar el jetlag esta noche. Me voy a la piscina. Todo el esfuerzo se recompensa cuando llego y veo 3 calles vacías y agua plaat, de plato. Solo una mujer en la cuarta calle. Hasta me doy cuenta de que estoy sonriendo, me ducho y por supuesto que me tiro de cabeza, sin ni siquiera bajarme las gafas de la emoción jajaja me doy cuenta cuando estoy debajo del agua, menos mal que no las perdí. Desde la ducha había visto un grupo de niños de 50cm de alto vigilados (enrebañados por los monitores). En principio pensé que me iban a joder el agua, pero difícilmente iban a ser peores que los mayores del aqua-gym de las mañanas 9:30 10:30 11:30 con las más horribles canciones de los 1999-2000-01, La madre de José, Bisbal, creo que hasta Chayanne he oído, disgusting.

Como estoy cansado noto que nado más despacio y no me canso tanto. Es como si tuviese que sacarme toda la fuerza para poder nadar sin perder el ritmo por ir acelerado. Que bien aguantar despierto a pesar del cansancio, hacer gimnasio y ahora estar en la piscina. ¿cuánto aguantaré? Todavía noto el agua fría... Me cuesta empezar el tercer largo… Lo completo y descanso. Cuando estoy por empezar mi cuarto largo, que no he podido completar en un solo outing, oigo un chapuzón - con las googlees no se ve bien a los lados - se tira, o la tiran a una niña con un churro flotador. Bien, hasta que va palmeando y llega al medio de la calle, ¿y si pierde el churro? Poco a poco van entrando al agua todos, al final cuando salía quedaban los flojos agarrados a la escalera lloriqueando y mirando con cara de pena mientras me duchaba.

Los 10 o 20 largos que me eché esta tarde... con la gritería de los nanos, a uno de ellos lo vi usando los flotadores que delimitan las calles como si fuera un ábaco y pensé en si ese nano acabaría siendo ingeniero en la ESA como Pedro.

En medio de todos estos pensamientos, serían las 17:35 porque entré al agua a las 17:32, siempre me fijo en la hora. Acabo de darme cuenta que la niña se tiró al agua a las 17:33 porque fue el minuto en el que terminé mi tercer largo. Planeaba hacer cuatros largos en el 17:33. Me acuerdo, al terminar mi tercer largo y llegar al final, lamentar no poder hacer 4 para cumplir con el 17:33, ¡pero el objetivo no era completar 4 largos en ese minuto! El objetivo era recorrer el camino en sí, intentarlo para al no poder hacerlo sorprenderme por la niña que saltaba al agua con el churro, antes de adentrarse al medio de la piscina recuerdo verla girarse y hacerles el gesto con el dedo a los compañeros que se tirasen.

Cuando termino el largo en el que había visto al niño matemático del ábaco, en medio de todos estos pensamientos como decía, cuando la experiencia ya parecía completa, encienden las luces y el griterío aumenta ¡como en un concierto! Y otro largo más, y otro, y una niña que se queja porque el agua está helada, y le dices que de verdad que no lo está. Y otro largo, y recuerdo que llevo semanas queriendo escribir una entrada de blog titulada “Cloro y lomo” describiendo el recuerdo que me causa el olor del cloro en la piel después de la piscina de cuando iba al curso de natación a la hora de comer en el colegio con Pablito, y pepito y el otro y Abel y aquel... Y recuerdo comer bocadillo de lomo adobado de la carnicería del barrio, que cerró años antes de que nos cambiásemos de barrio cuando falleció el marido de la pareja que lo regentaba. Me doy cuenta de lo afortunado que soy de poder haber ido a la piscina de pequeño, y lo afortunados que son los niños que están en el agua conmigo. Y pienso, ¿qué clase de energía en forma de recuerdo o viaje en el tiempo estoy recibiendo de este chapuzón con 40 bebés? ¿WTF?

Vuelvo a sentirme como en la cola de seguridad del aeropuerto de Abu Dhabi cuando al ver una mochila abandonada en la cola pienso si sería una bomba, y si de repente todos los que estábamos allí, el indio raro con cara y pestañas de Jack Sparrow con su madre en silla de ruedas, el paki con el sombrero de ensaimada, el negro y el indio senior consultores o ingenieros, la rusa de rosa con oros y uñas a la que solo Dios puede juzgar, las familias europeas, la pareja de estudiantes franceses, los grupos de chinos, más pakis… ¡Qué mezcla que somos carajo! Mira como la señora china vieja le da la risa al verse en la cámara de la barrera del pasaporte como a mi, y al negro gigante de al lado también ¡Qué mezcla somos! Y la música sigue y me siento como en el Rey León con todos los animales caminando hacia la salida del sol… con la música de fondo es como si… ¿y si ya estuviésemos en la cola hacia el cielo? ¿Espera, espera, y si ya estuviésemos en el cielo? ¿Hace cuanto que no pienso así? ¿He podido pensar así alguna vez? ¿Alguna vez antes llegué a alcanzar este estado de paz interior y satisfacción? Sin estrés, sin prisas, sin tener que estar, ni ser, todo bien, en su sitio, resolviendo, ajustando las velas.

Y que mejor plan puedes tener para un martes 12 de diciembre, teniendo la nevera llena y algo en la cuenta, que ir a la piscina con un amigo de 50cm, con el que poder jugar a los Lego también.

 

2023-12-12

Abu Dhabi - Istanbul - València

miércoles, 19 de abril de 2023

Farinaccia


 

Como buen costumbrista que es uno, sigo llevándome algo aprendido de los encuentros casuales, inesperados, pero planeados, con amigos y conocidos en lugares no tan habituales. Sólo me falta recuperar pasarlo a papel y dejar registro de ello.

Ciertamente hay gente con mucho jugo, de la cual aprender, no como referentes ni maestros, ni mucho menos que ellos quieran serlo, sino como meros individuos o exploradores, partícipes de la vida, con una mentalidad, situación e ideales similares a los propios.

Maurizio ha sido desde que lo conocí en 2018 una de estas personas. Es de agradecer encontrar estos “bros”, que pasaron por donde tu pasaste, entendimiento pleno ahorrando explicaciones complejas de situaciones cotidianas molestas que a todos nos afectan… Un buen espejo donde mirarse, donde intercambiar notas de experiencias pasadas y presentes, preocupaciones presentes y futuras, y ver como nuestros iguales resolverían tal o cual circunstancia.

Antes de mandar a la mierda las redes sociales, recuerdo ver asiduamente las fotos y videos de los hongos y hierbas culinarias que Maurizio cultiva en su casa, para sacrificarlas en la cocina. La sangre italiana le hace poner ganas y estilo en la cocina, siempre con algo en mente que probar.

Vaya por delante que no tengo desprecio por la gente atrapada en trabajos por cuenta ajena, lamentablemente la vida es así para la gran mayoría, y ya puede uno considerarse con suerte teniendo un trabajo, sea este mejor o peor.

Confieso, eso sí, que tampoco tengo demasiado aprecio por la gente que no llega a contemplar y planificar el modo de complementar ese trabajo por cuenta ajena en un proyecto personal, así sea un ansiado y lejano sueño de meterse en un negocio propio, por muy difícil de materializar que sea de primeras. Y no hay que cegarse con resultados, pero si hay que ser constante con los esfuerzos y premiar las actitudes para avanzar a pasitos, de poco a poco, ya sea en planificación o ejecución, cada cosa a su debido tiempo, no hay prisa. Se puede cambiar de proyecto las veces que haga falta, lo que hace falta tener, y no tantos tienen, es la motivación, las ganas, la inquietud y la esperanza por progresar y acercarse a ser un individuo sin dependencias directas, ni presiones, ni coacciones de nadie por un cuenco de arroz al que unos llaman nómina y otro sueldo.

Nos pusimos al día, aunque la falta de sueño al final de la semana me dejó el cerebro frito, conduciendo por la ruta de la costa desde Sonoma a San Francisco. Después de cenar con Ale, su mujer, en su apartamento, Maurizio me mostró una de sus ocupaciones, hobbies, proyectos: la farinaccia. Un polvo que elabora el mismo a partir de distintas clases de setas y hongos deshidratados, perfecto para condimentar y saborizar comidas.

-        ¡Epa, que guay! – Dice el subconsciente del que ha tratado de cultivar albahaca, perejil y cilantro, los tres con igual suerte y seco destino.

Me gustó la idea, yo había utilizado setas deshidratadas hace años para una pasta penne con berenjena y queso feta (nos vamos a Marzo 2013 UK). Alguna vez me tiro unas setitas de esas porque el sabor que le dan al plato es otra historia completamente diferente a las setas de plástico del supermercado.

Pero sin quedarnos en la farinaccia, durante el confinamiento Maurizio se hizo su propia mesa de cocina, con tablas de 6 cm de grosor, ruedas, cajón(es?), ranuras para los cuchillos… “y si man, algo tenía que hacer, aprovechando que la dueña del apartamento nos comparte su tallercito donde tiene herramientas”.

Al día siguiente, brunchando en una terraza volvimos a hablar sobre la farinaccia, no en detalle del producto en sí, sino de la función que el proyecto farinaccia tiene para él:

-        Por ahora se lo doy a amigos, como la muestra que te llevas tú, para que me vayan diciendo que les parece y como usan. Lo suyo sería ponerme un carrito los fines de semana en ferias o en zonas con afluencia de público y vender ahí.

Las leyes que en USA regulan la venta ambulante y la ocupación de espacios públicos o privados para puestos de venta callejeros y foodtrucks es infinitamente más amigable, liberal y menos restrictiva que lo que estila en la vieja Europa. No puedo dejar de hacer un comentario a la apestosa España donde el estado te mete mano al bolso antes de prestar ni la primera ayuda en tu emprendimiento. Luego políticos, economistas y tertulianos se rascan la cabeza “España no crece, España no crece”. El puto estado comería a Dios por una pata, y aún se quedaría con hambre. Hasta aquí el comentario anarco-liberal de la entrada.

-        De hecho, el próximo finde quizás vaya a pasar el día con Ale a la playa que visitamos ayer, y allí montemos una mesita o un puestito de algún modo para vender varias mezclas, creo que sería un buen spot, y ya pensábamos ir a pasar el sábado a esa zona de todos modos. Así que hago lo que puedo con lo que tengo.

Tras oírle, sabía que esa frase se quedaría conmigo un tiempo, para reforzar con ella esa actitud con la que uno ha nacido, o le ha crecido en algún momento sin saber muy bien cómo, la actitud de maximizar las oportunidades que tenemos, mirando siempre adelante.

Otro referente, como los mellis y Poche tuneando motos en Buenos Aires, o Facu escribiendo sus libros, Alberto el italiano con su start-up de asistencia psicológica online, Edu con lo que sea que haga con blockchain, Luca con su pizzería en Ghana, Mel con sus casos de oficio en los juzgados, Jose el argentino con su tallercito de soldadura para hacer parrillas, Jesús con sus maderas, armarios, cocinas y proyectos a la carta. 

¡Que guapo ver que sí se puede! ¡Si se pueden tener hobbies productivos que terminen convirtiéndose en una actividad!


viernes, 7 de abril de 2023

Spoor 5b

 Spoor 5b
 
Aquí estoy a pie de andén, otra vez. Otro testigo de nuestro paso por la vida. Despedidas de amigos, viajes al aeropuerto para recoger familiares, carreras para no llegar tarde al trabajo, encontrar al compañero del curso de Holandés que no había vuelto a ver, esperar por los amigos para irnos de fiesta a Amsterdam mientras sujeto la bolsa del McDonals. Esperas eternas en las frías mañanas de invierno descifrando los titulares del periodico, o esperas eternas en las tardes eternas en verano sin viento, esperas acompañadas al amanecer, sin desayuno, retornos solitarios en la madrugada y entradas triunfantes al medio día. Principios de noches de  cena con velitas, finales de viajes tras dejar el coche de alquiler en el aeropuerto. 
 
Ahí se queda Leiden Centraal, con sus luces de Navidad, igual que el primer día que la vi, llegando desde Groningen tras dos transbordos en pueblos que ni siquiera trataré de recordar. Yo he visto como sus vetustos carteles mecánicos eran sustituidos por las modernas pantallas electrónicas, como aparecían y desaparecían comercios de su hall. Igual que yo he visto cambiar Leiden Centraal, la estación también me ha visto cambiar a lo largo de estos meses. Me ha visto partir en distintos viajes, noches de museo, sábados de compras, me ha visto hacer la declaración de la renta en su Starbucks, me ha dado paciencia esperando citas... Me ha visto reunirme con viejos amigos, me ha visto seco, mojado, nevado, triste, alegre, radiante, seguro e inseguro. Y como a mi, a los otros miles de viajeros que pasan cada mañana mirando los relojes de camino a su andén.

Leiden,
Diciembre 2012

miércoles, 7 de octubre de 2015

Cuarto de baño

Una vez me contó cómo la mañana en que utilizó mi ducha por primera vez, pensó como sería si pudiese utilizar esa misma ducha durante todos los días de su vida. Rodeado de un pequeño cáos de botes de champús, geles, cremas exfoliantes y aceites hidratantes, algunos de ellos vacíos desde hacía tiempo. Hubiera dejado su vida confinada en ese metro cuadrado de pequeños azulejitos, circulares, azules y encharcados. Antes de terminar su primera ducha en mi ducha, con gel y champú ajenos, de esos que te extrañan durante todo el día al olerte a ti misma, ya añoraba no poder poseer un trocito de mi espacio vital, de mi apartamento, de mi vida. 

Era un soleado día de finales de Septiembre, en el que le despedí a la puerta de casa, ataviada todavía con mi albornoz y bebiendo a pequeños sorbitos mi taza de té. Él se dirigía al trabajo con una sonrisa de estúpido atontado, no sé si por tener que seguir una, para él, anormal ruta en el transporte público, o por los millones de pensamientos que orbitaban en su cabeza. Aún con una mal disimulada cara de sueño y la misma camisa con la que me encontró el día anterior, aunque hoy más arrugada, seguía estando para comérselo; pensé al verle desaparecer por las escaleras.

Ese invierno empezamos a quedar, y el cuarto de baño se convirtió en lugar de paso obligado al llegar a casa para entrar en calor. A veces el calor era tal que terminábamos sobre la lavadora los polvos que se empezaban en la ducha enjabonándonos inocentemente, como aquella vez justo antes de que mi compañera de piso llegase a casa. Aún recordábamos aquella vez.

Sin lugar a dudas los mejores recuerdos que guardo de mi cuarto de baño son nuestras duchas juntos. Cuando él me enjabonaba y me lavaba el pelo, antes de que yo hiciese lo propio con su cuerpo. Guerras de agua, fría y caliente, tupés y bigotes de espuma, apretones contra las frías paredes azulejadas, besos húmedos en la nuca, masajes de pelo, piel de carne de gallina, abrazos escurridizos, miradas infinitas dentro de otra mirada, y orgasmos que nublaban la mente por segundos. Poco después mi cuarto de baño se convirtió en nuestro cuarto de baño. Y una vez me contó que su primera semana en su nuevo cuarto de baño, al verano siguiente, fue feliz como nunca antes lo había sido. Ninguno de los dos tenía trabajo, pero fuimos felices desayunando en nuestro pequeño balcón las mañanas soleadas.

Todo eso fue antes de que la luz y el calor se fuesen del cuarto de baño, dejando paso a grises y tristes días de invierno en los que una no quiere salir de la ducha. Fue antes de que el frío de la noche se colase por el hueco que siempre había estado en el viejo y apolillado marco de la ventana, pero que él había obviado. En las peores noches el frío se colaba hasta el dormitorio, a través de la frágil puerta del cuarto de baño. Lo sé porque al despertarme por las noches le decía "cariño estás frío" tapándole el brazo que le solía gustar dejar por fuera de la cama. 

Nunca me lo dijo, pero fue entonces cuando comenzó a añorar otros cuartos de baño, con más luz, más cálidos y alegres, que ni siquiera había llegado a conocer, pero se podía imaginar. Cada mañana al cerrar los ojos bajo la ducha y oír llover se preguntaba qué había cambiado en estos pocos años para atreverse a dejar atrás nuestro cuarto de baño, el mismo del que nunca habría querido salir aquella mañana. Quizás fue la cesta de la ropa que ahora parecía estar siempre llena, recordando periódicamente las obligaciones de las tareas diarias. O a lo mejor la toalla que yacía en el polvoriento suelo. Siempre se caía del mismo gancho de la pared de donde también colgaba, sin haberse movido desde hacía más de un año, mi albornoz. Para él el brillo brillaba por su ausencia. Pelos de su barba contaminaban el lavabo y manchas de pasta de dientes hacían difícil distinguir el reflejo de una misma en el cromado del grifo.

Espero que ahora, cada vez que abra el grifo de una ducha de hotel, ajena e impersonal, apelando más a las mañanas soleadas que a los días grises, recuerde cuánto le gustaba nuestro cuarto de baño.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Le Mans, La France

La pequeña población de Le Mans, a dos horas de París, es de sobra conocida para cualquier aficionado al automovilismo.

Desde un café francés que hace esquina, frente a la Gare du Mans, espero la salida del tren a Nantes después de mi tercera visita a Le Mans. Hoy es un lunes que sabe a viernes después de haber estado trabajando los últimos cinco días. Hace sol, calorcito, el cielo está azul, no hay ni una nube y el desayuno a base de zumo de naranja, un pain au chocolate y un cortado confirman que los pequeños placeres son los que hacen de la vida algo maravilloso.


Place du 8 Mai 1945 desde la Gare du Mans.

Mi primer Le Mans, mi primera carrera de 24 horas, era también la primera carrera en la que tenía la oportunidad de trabajar con un equipo de competición profesional. Era Junio de 2012, hace solo tres años aunque parezca una eternidad.

Si un mes antes el Lola LMP2 del equipo no hubiese acabado contra las barreras de protección de Raidillon durante los entrenamientos libres de las 6 horas de Spa, no habría perdido mi virginidad profesional en la carrera de resistencia más dura del mundo.

La semana anterior a la carrera Le Mans se llena de gente. Personal de equipos, prensa, turistas... Todas las tiendas y comercios de la ciudad se engalanan para celebrar el principal evento de la localidad. No hablo sólo de los puestos y tiendas con fotos antiguas, pósters, banderas, memorabiblia varia, gorras y camisetas. También hablo de la charcutería o la óptica que decoran su estantería o escaparate con banderas de cuadros negros y blancos, y figuras de coches de competición. 

Siempre hay demasiadas cosas que preparar de cara al fin de semana, que ya comienza con los entrenamientos diurnos y nocturnos en la jornada del miércoles, como para disfrutar del ambiente local. Pero el jueves, después de las verificaciones técnicas y administrativas en la Place de la Republique, es el único momento de toda la estancia en el que uno puede recoger un saborcito del entorno que lo rodea. Las terrazas abarrotan las calles, los bares se llenan por las noches, pilotos, personal y mecánicos de distintos equipos se encuentran cenando en los restaurantes locales, uno descubre el pastis, las calles se llenan de deportivos de lujo, hace sol, calor, y parece que todo el mundo sonríe.


Legión de aficionados holandeses clamando por Yelmer Buurman.

Las 24 horas de carrera, se convierten en un día de más de 36 horas para los equipos. Sobre las nueve de la mañana comienza la sesión de Warm Up, lo que supone salir de la cama antes de las siete. Recuerdo que aquel año había llovido a cántaros la noche anterior, la pista estaba empapada y lo único que queríamos era mantener el coche en una pieza, como los mecánicos suelen decir "que vuelva con las cuatro ruedas".

A las dos y media de la tarde los coches salen de boxes para colocarse en la parrilla. La salida de la carrera es a las cuatro de la tarde, la ceremonia de salida con las banderas y los himnos de los países de los equipos participantes llenan una hora y media de tensión y emoción. Es un verdadero espectáculo estar en la recta de salida en ese momento, poder ver las gradas llenas, los helicópteros de TV sobrevolando la zona, cámaras y periodistas caminando de un lado a otro para captar declaraciones de pilotos, jefes de equipo y gente relevante, guiños a conocidos deseándoles buena suerte y unos nervios que se intentan calmar bromeando con los compañeros.


Ceremonia de salida.

La noche llega enseguida, y resulta incluso aburrida una vez que tenemos claro que podemos hacer trece vueltas con un tanque de gasolina. A diferencia de los coches de calle, nuestro coche no tenía un sensor de nivel en el depósito, sino en el colector. El colector es un acumulador que se llena continuamente desde el depósito con unas bombas de baja presión, y desde aquí con unas bombas de alta presión se alimentan los inyectores del motor. Con el sensor de nivel del colector sabemos que el depósito está seco porque el nivel del colector disminuye. La capacidad del colector es de unos cinco o seis litros, más que suficiente para cubrir una vuelta en cualquier circuito. El circuito de las 24 horas tiene catorce kilómetros de longitud, y se consumen alrededor de siete litros por vuelta. Por lo tanto, en cualquier circuito es seguro conducir hasta que la alarma del nivel del colector dispara las luces del volante, The Christmas Tree como mi ingeniero solía referirse a ella. Pero en Le Mans se puede dar el caso de que el árbol de Navidad se encienda según has pasado la entrada a boxes, y en ese caso la gasolina restante en el colector no será suficiente para traerte de vuelta.

Estimamos el consumo por vuelta a partir de los pulsos de inyección de la centralita del coche y calculamos la diferencia con respecto al volumen indicado desde el surtidor que se utiliza para repostar. Comenzamos la carrera haciendo stints de doce vueltas, algo que no había sido posible por un motivo u otro durante los entrenamientos y clasificación esa semana, pero que las matemáticas daban como algo seguro. Después de ver que en repetidas ocasiones el volumen de gasolina cargado en cada parada era menor que la capacidad total del depósito, y que la diferencia entre ambos volúmenes era mayor que los siete litros necesarios para completar una vuelta, decidimos probar suerte con las trece vueltas.

Nuestro plan de emergencia, si la alarma se disparaba antes del punto de no retorno - la segunda chicane de la recta Mulsanne -, era decirle al piloto por radio que volviese a boxes conduciendo lo más despacio posible. Fue en la curva de Arnage cuando el colector empezó a vaciarse. Por suerte ahí comenzaba la sección del circuito desde donde recibíamos telemetría, antes de perder la comunicación al entrar en Mulsanne. El minuto y medio, o quizás dos minutos que el coche tardó en llegar a boxes, a pesar de tenerlo todo comprobado una y mil veces, tuvimos que aguantar la respiración. 

Así va pasando la carrera, hasta que el coche se va fuera de pista sobre las cuatro de la mañana. El piloto consigue traerlo a boxes sin el frontal, conduciendo a oscuras - parte del circuito de las 24 horas son normalmente carreteras públicas, con poca iluminación, que se cierran al tráfico para la carrera. Tuvo que bajarse del coche, arrancar las partes rotas de fibra de carbono que colgaban y hacer una inspección visual en el punto donde se salió antes de volver a pista. Cuando el coche entra en el pit lane, la realización de televisión lo muestra en pantalla. Se hacia raro verlo sin frontal, parecía un Batmobile. En cuanto que entra en el garaje, todos los mecánicos se tiran de cabeza a él. Cada uno sabe lo que tiene que hacer y que tiene que comprobar. Suspensiones, líneas de fluido de freno, cableado eléctrico, conductos de refrigeración, sensores de velocidad... Los mensajes por radio se suceden uno tras otro, el piloto sigue dentro del cockpit disculpándose y lamentando lo ocurrido. En menos de quince minutos, que recuerdo como horas, el coche vuelve a pista para engancharse a la cola del tren que lidera el Safety Car mientras los comisarios de pista limpian el aceite de otro accidente.


Mapa del circuito permanente y la extensión para las 24 horas.

Cuando el cielo comienza a clarear por el horizonte, y vas a hacerse un café con una excusa inventada "porque ya se va haciendo de día, y todos los otros cafés que habías tomado antes eran cafés de noche", por un breve lapso de tiempo a uno le invade la sensación de que ya va quedando menos. Pero basta una rápida mirada al reloj para recordar que acabamos de pasar la mitad de la carrera. Unas horas más tarde los familiares de los pilotos, sponsors, periodistas y otros conocidos vuelven a aparecer por el garaje. No los habíamos visto desde el principio de la noche, y su vuelta, con ropa limpia sí nos indica que ya hemos entrado de lleno en la mañana. Poco tiempo después Yelmer, que pilotaba en ese momento, comunica por radio que el coche ha muerto. La carcasa del alternador se rompió al golpear algo, posiblemente un piano, llevándose por delante uno de los cables que alimentaba la batería.


Mural en la estación de tren de Le Mans.

Así terminaron mis primeras 24 horas y termino esta pequeña memoria cuando el tren se aleja de la ciudad en este soleado lunes de finales de septiembre.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Utrecht Centraal

Utrecht Centraal me vio entrar en los Países Bajos hace ya tres años. Un medio día a finales de Diciembre del 2008. Hizo Sol durante las escasas horas que el día duró.

Allí estaba yo, apoyado en una fuente apagada que había junto a unas taquillas que ya no existen. Acababa de llegar de España. Despegué de Madrid a las 6 de la mañana. Había llegado al aeropuerto en un ALSA Valladolid - Barajas, que salía a media noche, escuchando entre otras canciones del maestro Sabina 'Tan joven y tan viejo'. Antes de partir había pasado un par de días en mi piso de estudiantes de Valladolid, - ¡ay mi pisito de estudiantes! Eso da para otra historia... - después de celebrar las Fiestas de Navidad en casa de mis tíos en León. El viaje había sido estudiado y premeditado.

En la estación, en mí estación, medio cansado, medio nervioso, sorprendido por este país, con los trenes amarillos - sí, trenes amarillos -, la apariencia elegante de la gente y cualquier otra cosa que no resultase familiar esperaba a encontrarme con una chica excepcional que había conocido apenas seis meses antes en una locura de viaje estudiantil en Rumanía. De repente esa cara conocida apareció sonriendo entre el tumulto de la estación con mas trafico de pasajeros de Holanda.

Fue como un año más tarde, cuando la misma cara me volvía a encontrar, apoyado en la misma fuente, aunque esta vez no estaba tan radiante. Justo había terminado la universidad y ante mí tenia un oscuro y difícil camino que perseguía el claro objetivo de irme de España. Desde esa misma estación comenzaría el viaje a mi querida Jena, que marcó no se sí mi entrada en la adultez o el inicio de esta inquietud que me persigue desde entones.

Así es que Utrecht Centraal también es la estación de uno de los viajes de mi vida. Creo que fueron 10 horas de trenes, con cambios en Hannover, Gothenburg y otras estaciones que no recuerdo. Mientras hubo luz podía ver las casas nevadas desaparecer de forma fugaz por la ventanilla. Recuerdo esperar emocionado el cambio de frontera, que nos llevo más de dos horas porque la locomotora de la red alemana de trenes estaba averiada. Este retraso rompió todo mi viaje. Desde entonces aseguraba la ruta preguntando en la oficina de información de cada una de las estaciones donde paraba. La actividad en las estaciones de tren de la DB no se puede comparar con el uso del ferrocarril en ningún otro país que yo haya visto. El bullicio de gente subiendo y bajando de unos andenes a otros, cafeterías, librerías, tiendas, panaderías vendiendo bollos y pretzels, todos ellos envueltos en un microclima tropical que te hace olvidar el invierno del centro de Europa que espera de puertas afuera. Una imagen, de esas que se quedan grabadas en la retina como decíamos en Jena, es la ligerísima nube de polvo de nieve que los ICE levantaban al partir.
Antiguo panel de horarios (foto de www.ho0sier.com)

Desde mi regreso a los Países Bajos, Utrecht Centraal me ha visto haciendo transbordos para ir a entrevistas de trabajo, volviendo de un viaje a Copenhague con un pequeño equipo de competición - que fue de algún modo el inicio de mi actual profesión -, haciendo el walk of shame una fría mañana de febrero después de una noche de tonteo con Lisette - una de las becarias de mi trabajo - que comenzó con una cena en Amsterdam y terminó en Utrecht, en la misma estación me reunía meses más tarde con la persona que me puso en el buen camino para llegar a donde hoy me encuentro laboralmente. Como ven, está estación... ¡No! Me corrijo a mi mismo, está fea estación - aunque ahora la están renovando - ha sido un punto de inflexión en varios momentos de mi vida, y me ha regalado otro montón de recuerdos inolvidables.

Como guinda, el fin de semana pasado me despedía de esta ciudad con una doble visita el sábado y el domingo. El primero de los días acompañaba a Bonnie - ¡qué brillo tienen sus clarísimos ojos azules a la luz blanquecina de las farolas de la plaza de la gran torre! - en uno de sus días de descanso entre exámenes. Pasamos el día sin hacer nada especial, que es como mejor se pasan estos días. Dando largos paseos con algunas pausas para entrar en calor en los típicos y marrones cafés holandeses. El domingo volvía a Utrecht con la pandilla de Leiden con plan, de esos que no se ha planeado, pensando únicamente en disfrutar de la compañía con algunas cervezas, un café y un concierto.


Leiden, 22 de Noviembre 2011

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Casi como la primera cena

Nuevo trabajo, nuevo país, nuevas sensaciones. Aunque ésta no ha sido esa primera cena que haces la misma noche que llegas a tu nueva ciudad - después de haber pasado todo el día de viaje, con más sueño que hambre, sin estar seguro de conocer el camino de vuelta a casa y aún sacando billetes de tren o tarjetas de embarque de los vaqueros - me he prometido que el Atomic Pizza me verá también despedirme de Oxford cuando llegue el momento.

Tras matar algunas horas en casa haciendo nada después de trabajar, me echo a la calle en busca de una cena robusta. No tenia entre ceja y ceja otra cosa que no fuese un Beef Steak well done con sus patatas, ensalada y pinta de cerveza. Eran las 20:57 pero el pub en el que me entré ya había cerrado la cocina a las 21 horas según me informaban desde la barra. Otra vez la bufanda, los guantes, el paraguas y a la calle. No tuve que caminar mucho. Desde la misma puerta del pub algo me llamó la atención en la otra acera. Una fachada cubierta con hojas de cómics y grandes ventanas por las que se podían ver juguetes, naves espaciales y otros objetos de lo mas friki colgando del techo y decorando paredes.


La familia Simpson sentada en su sofá es lo primero que ves al entrar antes de que un camarero te pregunte que puede hacer por ti y te entregue cordialmente el menú, también con formato cómic. La pizza Popeye - espinacas, tomates secos, cebolla, aceitunas y queso de cabra - que encargué terminó por alegrarme el día. Entre las familias y grupos de amigos cenando en el comedor es imposible no fijarse que el capitán Han Solo nos acompaña esta noche aunque eso si, congelado en carbonita. Justo a su lado, vemos a Mario Bros saltando barriles que Donkey Kong le tira desde arriba. En otra pared un proyector muestra trozos de películas de dibujos animados o de ciencia a ficción continuamente. Enfrente de Gozilla, el Millenium Falcon sobrevuela una de las mesas. Spiderman también está presente, La Masa, Papá Pitufo, figuras de distintas series de televisión, la ambulancia de los Cazafantasmas... La decoración se extiende por todo el restaurante. Hasta los aseos masculinos están empapelados con dibujos de Marilyn Monroe y otras actrices de la época. ¿A quien no se le había ocurrido nunca un bar con este motto? Se han ganado la propina.

Fuente de la fotografía.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Utrecht inundado en niebla

No es lo habitual pero a veces los domingos también se ponen el traje de gala y nos alegran el final de la semana. Sale ese plan tonto, improvisado, que lo mismo te lleva a ti y a cuatro amigos a un concierto a la ciudad de al lado.

Al bajarnos del tren nos reíamos de las macabras historias que se te pueden ocurrir a raíz de la niebla que nos rodea, presente desde hace días, y que no deja ver a más de un puñado de metros. La forma de las calles se atisba siguiendo el halo de luz de las farolas, él es lo único capaz de mantener un pulso con esa humedad que se te pega en el cuerpo al caminar. De camino al concierto más discusiones, más increpadas amigables, más miradas diciendo "te voy a matar", más confusiones, más conversaciones bochornosas, más sinceridad a raudales y más cumplidos para las niñas por traernos ese poquito de gracia que le faltaba al grupo.

Alguien quiere fumar un último cigarrillo antes de entrar al concierto. En la puerta del local le damos otra vuelta de tuerca a lo bonitas que son las calles holandesas, aunque haga frío y nos quejemos, el escenario es de película. Canales, puentes, calles llenas de casas de ladrillo rojo con chimeneas humeantes, bicicletas aparcadas en todas partes, casi no hay coches... A mí me parece un parque temático. Mónica presta atención a una cascada de agua cayendo al canal - probablemente se encuentre tras las vallas que cubren una obra -, y eso le da aún más encanto a la escena. Se ven las luces de las bicicletas pasar fugazmente al otro lado del canal. Unas pisadas se nos aproximan por la derecha, pero la silueta de esa pareja de mediana edad tarda un tiempo en aparecer. En ese momento, con voz de hada consejera, Fani contaba que los momentos especiales hay que guardarlos, escribirlos en un papel y leerlos de vez en cuando para que no se olviden. Porque esos momentos no abundan, tienen que darse tres condiciones, estar en un lugar especial, con las circunstancias especiales y con la gente especial.


Somos unos privilegiados. Unos privilegiados que se han conocido de casualidad. "No cambiaríamos nuestras vidas por las de nadie", habíamos concluido mientras tomábamos unas cervezas en un bar belga al principio de la tarde, al mismo tiempo que intercambiábamos las copas: "¿Habéis probado esta?" "A mi esa me encanta pero hoy no me apetecía..." "Mira prueba esta" "Yo creo que me voy a pedir la misma eh...". Poco antes, mientras nos servían, discutíamos si el camarero le había coqueteado a una de las chicas o no. 

No es fácil no acostumbrarse a lo bueno, para apreciarlo tenemos que pararnos, echar una ojeada alrededor y congelar lo que vemos. Lo familiar, lo que hacemos a diario, los planes en los que empleamos nuestro tiempo, la manera en la que vivimos dejaría boquiabierto a quien se lo contásemos.

lunes, 11 de julio de 2011

Un año

Hoy es el último cabo de año de todo lo acontecido en mi etapa alemana. Un día imposible de olvidar. Nos acordaremos de ello toda la vida. No hay mejor droga que el fútbol para olvidarse de los problemas que tenemos en España, pero vamos a sonreír por un día cohoneh.

"Memorable, celestial, divino, eterno, INIESTA!
Al once de juego, llegó diabólico Iniesta para el remate de una vida,
el beso de la gloria, la caricia de la eternidad.
Y a Dios pongo por testigo, al mundo entero,
quiero llorar, quiero gritar, quiero abrazar a España entera
que grande es nacer español,
al fin, al fin, al fin lo conseguiremos...
España 1, serás eterno Iniesta, serás inmortal Iniesta, Holanda 0
viva, viva, viva España"



[Alfredo Martínez, Onda Cero Radio]

El Mundial de Sudáfrica 2010 fue el primero al que le saqué partido - nunca mejor dicho -. El camino hasta la final discurría paralelo al camino que me llevaría a mi final en Alemania. Donde cada partido del equipo nacional se mapeaba con fiestas, viajes y noches de fiesta que cada vez costaba más paladear por su sabor angustioso a despedida. ¡Vaya palo el primer partido! Era un día soleado y salí del trabajo más temprano de lo normal para encontrar a mi gente en la Wagnergasse. Días después vimos como ganamos a Honduras el compadre Lapresta y un servidor, en una terraza mientras decidíamos no planear nada e improvisar la noche berlinesa que nos esperaba tras el partido. De vuelta a Jena por fin recibo la camiseta que Jaime me envió desde Pola - la de Iniesta, después del tira y afloja de mis amigos por las camisetas de todos los "mega cracks" -. Empezaban los partidos de verdad, primero el temor a Portugal. Menos mal que CR no nos indigestó las costillas del Cheers aquella noche. Los nervios del partido ante Paraguay, que se complicó cosa mala. Llegué corriendo para ver la segunda parte entre amigos, Becks Lemon y una terraza llena de gente apoyando al equipo paraguayo y celebrando el fallo del penalti de Villa. Aún me acuerdo del alemán que el día antes me había dicho que nos íbamos para casa en ese partido.

Mención aparte merece el enfrentamiento contra Alemania. ¿Os acordáis del pulpo Paul? Que miedo tenía cuando supimos que nos enfrentábamos a ellos. Pero el día anterior al partido, de paseo por la montaña jenense lo vi claro, estaba confiado y seguro de que ganaríamos, ¿por qué no? ¡Cómo me gustan las sandías! Y por fin llegó la final, para mí no más tensa que el partido jugado cuatro días antes. De nuevo en el Café Rossi. Este último duelo estaba ganado desde el principio, de verdad, solo podíamos perderlo. Holanda no tiene nada aparte de Robben y Sneijder. Había visto otros dos partidos suyos y jugaban lo justo. Supieron crecerse para la ocasión, cierto, pero era cuestión de tiempo, de que surgiese la ocasión. Me sorprendí por lo que tardó en aparecer - minuto 116 -, pero no por el resultado.

Grupo de españoles se reúnen para ver la seminifinal.
Foto de archivo del periódico local de Jena.

Tras diez o quince minutos de suspiros, miradas de complicidad con los amigos sin decir nada, alivio, satisfacción y sentir como un dique aguanta alguna que otra lágrima en los ojos empezaba mi propia final. había el tiempo justo para celebrar y despedir en la terraza de Guille donde nos reunimos para tomar unas cervezas - como ya habíamos hecho para celebrar su cumpleaños y el triunfo contra Alemania -. Mensajes y llamadas a amigos y familiares. ¿Tendría que picar a los holandeses que conozco? No, seamos serios. Somos campeones del mundo y no nos hace falta aguijonear al rival. Me acuerdo en concreto de tres mensajes que recibí. Noé diciendo "En tu vida tuviste más guapu" sabiendo la camiseta que llevaba puesta. Mi primo Chele, tan conciso como claro "Acojonante". Y Pedro describiendo la locura en las calles de Madrid. Subiendo la larga calle Magdelstieg, acompañado, cuatro o cinco personas me paran para felicitarme y darme la mano. En casa ver el gol una y otra y otra y otra vez. Disfruto las narraciones de todas las emisoras de radio. ¡Qué emoción! Si me dejaba llevar podía advertir que la vista se me iba volviendo borrosa de abajo a arriba.

Las aspiraciones infinitas que me llenaban los pulmones y producían un cosquilleo en el estómago desaparecieron la mañana siguiente haciendo la maleta para dejar la ciudad que había sido mi casa durante seis meses. Ese día el dique se rompió tras el último transbordo en Dresden, por un motivo diferente. Cuando llegaba al hostal de Praga lo primero que me dijeron al hacer el registro fue Congratulations y después de pensar un par de segundos solo pude dibujar una minúscula sonrisa forzada sin separar los labios y dar las gracias.

domingo, 10 de julio de 2011

El Tour de Francia

El forastero de la programación de sobremesa. Y por ello motivo de discusiones a lo largo de tres semanas ya está aquí de nuevo. ¡Qué bonito volver a ver las auto caravanas a los lados de la carrera, las pintadas en el suelo y las banderas francesas, holandesas, vascas o españolas en manos de aficionados! Hace unos días trataba de explicar a algunos compañeros de trabajo el placer que me produce ir al sofá después de comer, encender la televisión y escuchar las voces de Perico Delgado y Carlos de Andrés comentando las etapas. Las bromas, la información de los pueblos que atraviesa la carrera, de los paisajes y los castillos a su paso, las anécdotas de Perico, mezcladas con el silbido de los helicópteros, las bocinas de los coches, los gritos y el aplaudir de la gente en cada curva. Todos esos elementos forman una dulce y cálida melodía de la que es difícil escapar. Junto con el sopor de las temperaturas del verano, mantener los ojos abiertos se te hace imposible. Poco a poco todos esos sonidos se alejan. Cada vez más lejos, cada vez se escuchan menos, poco a poco, cada vez más lejos. Con un poco de suerte si nadie cambia el canal de la televisión – cosa rara –, minutos más tarde se acercan otra vez, esta vez un poco más aprisa pero también de forma gradual. Así sales del sueño justo a tiempo para los kilómetros finales, los ataques, las neutralizaciones de las fugas y los sprints desde la cámara de meta.

Ambiente el puerto de Coto bello en la Vuelta a España 2010.


Expresiones como “parece que se está cortando el grupo en la bajada...”, “...el viento de costado ahora puede ayudar...”, “...se está guardando para el final...”, “...le ha cogido el hombre del mazo...”, “en estos momentos es cuando sientes como se te rajan los muslos...”, “...sacando fuerzas de cualquier parte...”, “...hay ser paciente y esperar el mejor momento...”, “¡Vamos! ¡Qué valiente! ¡Qué valiente Carlos ahora en solitario...!”, “...tremendo el esfuerzo de estos cuatro hombres en fuga durante tantos kilómetros...” son tan familiares que me vienen solas a la mente cuando practico cualquier deporte que requiera esfuerzo. Inconscientemente me las repito una y otra vez corriendo o pedaleando. No puedo evitar acordarme del Camino de Santiago.

El ciclismo me llegó tarde. Más tarde que el fútbol incluso. No hace ni diez años que me declaro un entusiasta del deporte de la bicicleta. Ahora pienso que me habría gustado ver los últimos Tours de Indurain con mi abuelo, que cada verano se sentaba delante del televisor de la cocina por las tardes en la casa del pueblo – también era de los de toursiesta –, pero de aquella me parecía una cosa aburrida. En estos años he pasado del más amplio desconocimiento, como era enterarme del paso de la Vuelta a Asturias por mi pueblo solo unas horas antes, a hacerme un espectador fijo cada tarde siempre que no tuviese otras obligaciones. Desplazarme para ver las etapas de montaña en la Vuelta a España y pasar el día entero con amigos esperando en la Cobertoria o San Isidro. Subir los Lagos de Covadonga horas antes de la Vuelta. E incluso ver una etapa final en los Campos Elíseos – de casualidad aprovechando unas vacaciones en París con mis padres y mi hermana.

Jaime, Noé Chous y yo en la meta de los Lagos de Covadonga.


Para mí el Tour no es solo un compañero de siesta. Es parte del verano, de mis veranos pasados. Sonido de fondo mientras estudiaba la teoría del carnet de conducir – me acuerdo de la caída de Joseba Beloki aquel año. Tema de conversación en el coche de camino a la playa o a la compra para preparar fiestes de prau o viajes. Una tarde con Charli y Costales en un bar del muro de Gijón mientras Sastre escalaba el Alpe d'Huez en solitario en 2008, tras un día de playa. Presente también en el chiringuito de Rodiles en otra ocasión, creo que con Chous, Jaime y Pedro. Aquel día ninguno de los cuatro tenía coche y a pesar del Sol en el interior cuando llegamos a la costa descubrimos el cielo con un manto gris. Pasamos el día esperando el autobús de vuelta a La Pola en el chiringuito rodeados de gente de una excursión de Valladolid que no dejaban de hablar del miedo que le tenían a las medusas.

Este es el primer año que no puedo sentarme a verlo cada tarde, aunque en la página de RTVE se puede escuchar el sonido de la retransmisión. Eso si, corro el riesgo de quedarme traspuesto en el trabajo. Así que aprovecharé los fines de semana, como ayer que fue mi primera etapa de Tour con la imagen de la televisión holandesa y las voces de Perico y Carlos a través de internet. Es también el primer año que no puedo compartir alguna de sus etapas con nadie – a ser posible con algo de arena entre los dedos de los pies –, y para eso de momento no tengo ningún apaño. 

Sirva esta entrada para mostrar la admiración por los profesionales del ciclismo. Muy a pesar de lo turbio que se está volviendo su deporte en los últimos años, cada día que se pasan en la bicicleta en la Vuelta a Mallorca, Suiza, España, Giro o Tour se merecen un aplauso tan grande como su esfuerzo porque tiene mucho mérito lo que hacen. ¡Qué grande es el ciclismo!

viernes, 1 de julio de 2011

Piragüismo 2.2

2 de Julio de 2008

Lo que me queda por contar de Pío no son hechos relacionados que puedan contar resumiendo un día. Se trata de conversaciones sueltas, frases, expresiones y anécdotas que en no forman un texto coherente. Intentaré organizarlas un poco haciendo un listado de los compañeros y los momentos que recuerdo de cada uno de ellos. Ya había hablado de los dos franceses - uno de ellos no ha vuelto - y un argentino, ¿verdad?



François
Pío lo llama Mitterrand y al mismo tiempo aclara que para él, el único presidente francés bueno ha sido Charles de Gaulle. Claro, al francés le está hablando de un presidente de hace cosa de 30 o 40 años y se queda con cara de ¿y a mi que me cuentas?
François es un tipo muy calmado, hasta el punto que desde que se sube a la piragua, se sienta y sale del embarcadero pueden pasar 2 o 3 minutos tranquilamente. Esto nos lleva a otra gran frase de Pío: "venga François, que los he visto más vivos en el cementerio eh". Frase que le tuvimos que explicar más tarde.

Felix alias "pive", alias "felixín", alias "el gato felix".
Es un descojone de persona, y con el que más me río porque puedo hacer bromas con él a diferencia de François que algunas veces se pierde en las conversaciones. El pive solía ir los viernes y algún sábado, pero no los domingos por la mañana porque los sábados de noche sale de fiesta y el madrugar no es lo suyo. Cierto día le preguntó Pío "¿tu los domingos qué pasa? Sales a camelarte a las españolas el sábado por la noche y el domingo remar ni pa Dios ¿no? Me parece a mí que tú eres un pive cojonudo, claro sales pivitas, a beber, a la fiesta..."

En otra ocasión ibamos en grupo subiendo el río cuando derrepente dejó de remar y se echó la mano al gemelo. Pío, que va siempre el último haciendo de coche escoba, le dio alancance y nos mandó parar a los demás.
Pío: ¿Qué haces ahí parao?
El pive: Eh que me agarró un calambre acá en la pantorrisha.
Pío: Anda déjate de tonterías y rema, coge la pala con las dos manos.
El pive: Ah ah, no que no puedo.
Pío: ¿Tu haces algo de deporte?
El pive: No.
Pío: ¡Es que os hace falta como el comer joder! Os lo tengo dicho. ¡Qué estáis amariconaos! ¡Qué el piragüismo es piragua, piragua, piragua, correr, correr, correr, gimnasio, gimnasio, gimnasio! Y no venir aquí a dar cuatro paladas mal dadas al agua los fines de semana.
El pive: Si ya, ya...
Pío: ¡¿Y VOSOTROS QUE HACÉIS AHÍ PARAOS?!
¡VENGA P'ARRIBA!
Minutos más tarde el grupo de escapados nos paramos en el punto donde solemos dar la vuelta para volver río abajo. Vemos que a cierta distancia viene Pío diciendo "venga felixín" al pive que todavía venía detrás de él. 

Otra semana, cuando llegamos al Puente Mayor, dónde hacemos el giro para volver río arriba, el pive y yo terminamos chocando, muy poco, pero hicimos contacto al fin y al cabo. Podría decirse que yo me lo llevé por delante mientras el giraba. A ver, que yo ya lo veía venir, así que dejé de remar y le dije a él que le diese al remo para evitar tocarnos. Le di de lado con el morro de mi piragua sobre la parte trasera de la suya.
Pío: A ver vosotros dos. ¿Qué? Esto no son los autos de choque eh.
Pío: Y tu asturiano, cabrón, tú no des marcha atrás eh, no te preocupes...
Yo: Como pa dar p'atrás estaba yo, bastante tenía con no caer, ¿además a él no le dices nada?
Pío: No, no es que os debéis de pensar que las piraguas no se rompen. Y luego el que las tiene que arreglar es aquí el mendas. Y mientras tanto tú, mendas, estarás tocándote los cojones en casa.
Ese día antes de salir le había dicho que tenía intención de seguir piraguando, y me gustaría meterme en el Club de la Universidad para el año que viene, por lo que él todavía remató la discusión.
Pío: Y luego querrás seguir piraguando encima, vale vale, ¡tomo nota!


El Rodri
Este tío no se exactamente a que se dedica, porque no es estudiante de la universidad, se apuntó al curso por libre y se pasa las clases hablando, siempre hablando. Así es que Pío dice con razón "joder el Rodri lo que raja... joder, es que es un no parar...". Un domingo el Rodri apareció tarde y reventao. El siguiente viernes Pío le pasó la factura.
Pío: ¿El domingo tú qué? ¿Qué me vienes aquí borracho? ¿De empalmada?
Rodri: No, si salí solo hasta las 3.
Pío: ¡Pero como eres tan mentiroso!
Rodri: Que sí, que sí, yo pa venir de doblete, como este - apuntando al pive - no vengo.
Pío: Pero como eres tan mentiroso, si me dijiste el sábado que ibas a despedir a "tu primita" - pronunciado con recochineo - que se iba a Nueva York. Sí, sí a Niu Yor me dijiste.
Rodri: Ah - entre risas -, si hombre pero a las tres estaba en casa.
El colega del Rodri: Ah - aún más risas - que bueno, fue a despedirla en condiciones...
Pío: Si, ya ya, si ya lo se yo. Si éste habla tabla tanto que ni se acuerda de lo que dice.

Más tarde, cuando bajamos al río, Rodri tira la pala al suelo, antes de dejar la piragua en el agua, para tener ambas manos libres. Cuando Pío vio que tiró la pala con un gesto tan sobrado le dice "¡Eh eh tú! La pala no se tira eh, se apoya en el suelo. Como te vuelva a ver tirar así la pala te la quito y remas con las manos".


El colega del Rodri
Estudia empresariales, es un tipo así grande, fuerte, dirías que está gordo pero lo que está es fuertote. Siempre se queda atrás y este viernes cuando llegamos al punto donde damos la vuelta le dice Pío a Rodri "tu colega yo no se pa que viene. ¿No decías que quería adelgazar? Si se queda por ahí tirao cada dos por tres, rema dos minutos y descansa cuatro el cabrón de él".


Cesar: alias "asturiano", alias "asturiano cabrón", alias "fabes". 
A éste ya lo conocéis.




Con esta tercera entrada se terminan las historias de la corta, pero intensa, etapa de piragüismo en Valladolid. Me alegro de haber escrito hace ahora tres años y poder conservar los recuerdos con detalle. 


Solo volví a ver a Pío en otras dos ocasiones. Una de ellas para remar un sábado en septiembre de 2008, justo al principio de curso. Íbamos a ir de cañas después de entrenar pero finalmente no pudo ser, no recuerdo por qué. Una pena, porque este hombre tiene miga que contar en la barra de un bar.


La segunda fue un encontronazo en la calle, poco antes de mi último examen en junio de 2009. Me dijo que ese año no hubo curso en la universidad pero si hubiese hablado con él podría haber ido a remar de extranjis. El final de la conversación sonó a despedida "bueno pues a ver si apruebas ese último examen, y que te vaya bien. Buena suerte". Grande Pío.