Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de julio de 2011

Un año

Hoy es el último cabo de año de todo lo acontecido en mi etapa alemana. Un día imposible de olvidar. Nos acordaremos de ello toda la vida. No hay mejor droga que el fútbol para olvidarse de los problemas que tenemos en España, pero vamos a sonreír por un día cohoneh.

"Memorable, celestial, divino, eterno, INIESTA!
Al once de juego, llegó diabólico Iniesta para el remate de una vida,
el beso de la gloria, la caricia de la eternidad.
Y a Dios pongo por testigo, al mundo entero,
quiero llorar, quiero gritar, quiero abrazar a España entera
que grande es nacer español,
al fin, al fin, al fin lo conseguiremos...
España 1, serás eterno Iniesta, serás inmortal Iniesta, Holanda 0
viva, viva, viva España"



[Alfredo Martínez, Onda Cero Radio]

El Mundial de Sudáfrica 2010 fue el primero al que le saqué partido - nunca mejor dicho -. El camino hasta la final discurría paralelo al camino que me llevaría a mi final en Alemania. Donde cada partido del equipo nacional se mapeaba con fiestas, viajes y noches de fiesta que cada vez costaba más paladear por su sabor angustioso a despedida. ¡Vaya palo el primer partido! Era un día soleado y salí del trabajo más temprano de lo normal para encontrar a mi gente en la Wagnergasse. Días después vimos como ganamos a Honduras el compadre Lapresta y un servidor, en una terraza mientras decidíamos no planear nada e improvisar la noche berlinesa que nos esperaba tras el partido. De vuelta a Jena por fin recibo la camiseta que Jaime me envió desde Pola - la de Iniesta, después del tira y afloja de mis amigos por las camisetas de todos los "mega cracks" -. Empezaban los partidos de verdad, primero el temor a Portugal. Menos mal que CR no nos indigestó las costillas del Cheers aquella noche. Los nervios del partido ante Paraguay, que se complicó cosa mala. Llegué corriendo para ver la segunda parte entre amigos, Becks Lemon y una terraza llena de gente apoyando al equipo paraguayo y celebrando el fallo del penalti de Villa. Aún me acuerdo del alemán que el día antes me había dicho que nos íbamos para casa en ese partido.

Mención aparte merece el enfrentamiento contra Alemania. ¿Os acordáis del pulpo Paul? Que miedo tenía cuando supimos que nos enfrentábamos a ellos. Pero el día anterior al partido, de paseo por la montaña jenense lo vi claro, estaba confiado y seguro de que ganaríamos, ¿por qué no? ¡Cómo me gustan las sandías! Y por fin llegó la final, para mí no más tensa que el partido jugado cuatro días antes. De nuevo en el Café Rossi. Este último duelo estaba ganado desde el principio, de verdad, solo podíamos perderlo. Holanda no tiene nada aparte de Robben y Sneijder. Había visto otros dos partidos suyos y jugaban lo justo. Supieron crecerse para la ocasión, cierto, pero era cuestión de tiempo, de que surgiese la ocasión. Me sorprendí por lo que tardó en aparecer - minuto 116 -, pero no por el resultado.

Grupo de españoles se reúnen para ver la seminifinal.
Foto de archivo del periódico local de Jena.

Tras diez o quince minutos de suspiros, miradas de complicidad con los amigos sin decir nada, alivio, satisfacción y sentir como un dique aguanta alguna que otra lágrima en los ojos empezaba mi propia final. había el tiempo justo para celebrar y despedir en la terraza de Guille donde nos reunimos para tomar unas cervezas - como ya habíamos hecho para celebrar su cumpleaños y el triunfo contra Alemania -. Mensajes y llamadas a amigos y familiares. ¿Tendría que picar a los holandeses que conozco? No, seamos serios. Somos campeones del mundo y no nos hace falta aguijonear al rival. Me acuerdo en concreto de tres mensajes que recibí. Noé diciendo "En tu vida tuviste más guapu" sabiendo la camiseta que llevaba puesta. Mi primo Chele, tan conciso como claro "Acojonante". Y Pedro describiendo la locura en las calles de Madrid. Subiendo la larga calle Magdelstieg, acompañado, cuatro o cinco personas me paran para felicitarme y darme la mano. En casa ver el gol una y otra y otra y otra vez. Disfruto las narraciones de todas las emisoras de radio. ¡Qué emoción! Si me dejaba llevar podía advertir que la vista se me iba volviendo borrosa de abajo a arriba.

Las aspiraciones infinitas que me llenaban los pulmones y producían un cosquilleo en el estómago desaparecieron la mañana siguiente haciendo la maleta para dejar la ciudad que había sido mi casa durante seis meses. Ese día el dique se rompió tras el último transbordo en Dresden, por un motivo diferente. Cuando llegaba al hostal de Praga lo primero que me dijeron al hacer el registro fue Congratulations y después de pensar un par de segundos solo pude dibujar una minúscula sonrisa forzada sin separar los labios y dar las gracias.

viernes, 27 de mayo de 2011

Final de la Champions 2009

Por si el resultado del Real Madrid – Barcelona (2-6) nos había sabido a poco, cuatro días después llegaba el partido de vuelta de las semifinales de la Champions. Habíamos visto casi todos los partidos de esa temporada en La Central, un bar conocido en el mundillo de rugby, decorado en consonancia y donde ponían todos los partidos de rugby que se emitiesen por televisión. Allí conocíamos de vista a la gente que iba asiduamente a ver el fútbol, a buena parte con Costales, que ya era conocido por el camarero. Al tener clase por las tardes fuimos a La Central directamente sin pasar por casa. Hacía calorcito y casi todos los bares que podían, tenían los frontales abiertos y los toldos bajados. Unas cervezas para calentar mientras va llegando todo el mundo, Bassi, Costales, Charli, Dani, Tomás, Goyo y otros amigos de Dani. Éramos un grupo bastante grande de gente, casi todos picando a Dani que por aquellos días aún se declaraba seguidor del Villareal.

La semifinal estaba bastante fea, un 0-0 en el partido de ida en Barcelona ponía las cosas difíciles y peor se ponía cuando marcaba Essien al poco de empezar el partido. Desde ese momento el Chelsea cerradísimo y el Barcelona haciendo lo que mejor sabe. Termina la primera parte, comienza la segunda y todo sigue igual. ¡Qué angustia! Llega el minuto 85, empiezan los sudores fríos, cinco minutos más tarde la gente ya estaba recogiendo y mirando alguna de las pantallas del bar casi desde la calle. Solo me acuerdo que ya había desconectado del partido, estaría pensando en ir a casa, hacer la cena, lo que tuviese que hacer al día siguiente. Cuando de repente fijo la vista en la televisión otra vez, vuelvo a prestar atención a lo que estoy viendo, ¿y qué veo? Veo a Andrés Iniesta lanzando un buco desde fuera del área que manda el balón al fondo de la red. No como esos goles que no te atreves a celebrar porque no sabes si es gol o el balón toca la red por fuera. Este fue un gol de verdad, de los que rebotan dentro de la portería y te hacen saltar y gritar sin control sobre ti mismo. Ni siquiera el gol, también de Iniesta, contra Holanda en el Mundial del año 2010 me causó la misma sensación. ¡Qué subidón! Incomparable a cualquier otra cosa. Saltos, abrazos, gente corriendo, tirando butacas, coches pitando, habíamos pasado de un silencio absoluto en la calle, a escuchar voces que salían de cada bar de La Plaza de la Universidad. Al terminar el partido llamada a Marcos para compartir la emoción y llamada a Chous para recordar la Final que vimos en el 2006 contra el Arsenal.


Una semana después llegaba la final de la Copa del Rey en Valencia, contra Ari ari ari Tokero Lehendakari. También ganada aunque este resultado no suponía gran sorpresa. Y dos semanas más tarde (27 de Mayo) la finalísima de Roma, contra el Manchester United. Después del sufrimiento contra el Chelsea este partido me pareció puro trámite amenizado por el golazo de cabeza de Messi a pase de Xavi. Hay que sufrir durante 90 minutos para saborear la satisfacción que da una victoria.

Este sábado última noche de Champions esta temporada, cómo pasa el tiempo. Hasta enero del año que viene no vuelve la Champions de verdad, la de todo o nada en cada partido.