sábado, 18 de diciembre de 2010

Postales de Navidad

El primer recuerdo que tengo de las postales de Navidad, cuando era un niño, es el de mi madre escribiendo a sus familiares y amigos más lejanos, con los que no tenía contacto muy a menudo. Ya de aquella me parecía un gesto bonito, pero con lo vago que soy se me hacía pesado pensar en escribir diez o doce postales.

Este año cenando con una amiga, que me hizo pensar un poco más de lo que estoy acostumbrado y ampliar las miras, entre copa y copa de vino tuvimos una conversación sobre los cambios a lo largo de la vida, - me gusta dar vueltas una y otra vez sobre este tema, sí - sobre cómo la gente entre y sale de las vidas de otros, a veces sin tiempo a decirles lo importante que fue su presencia o lo agradecido que estas de haberlos conocido. ¿No es una pena? ¿Por qué para decir algo malo rara vez nos callamos pero sin embargo nos cuesta transmitir sentimientos positivos? ¿Vergüenza? No hay que ser un valiente para mostrar los sentimientos y ya somos mayorcitos para poner la vergüenza como excusa.

Hace unas semanas, cuando en el supermercado encontré postales de Navidad no dude ni un segundo en ponerlas en mi bolsa. Declaro abiertamente que hace dos o tres años cuando estaba en España no se me habría ocurrido escribir nada porque la gente a la que tenia que escribir estaba a tiro de piedra. Y es más, muy probablemente hubiese hecho algún comentario molesto - gracioso hacia cualquier persona que enviase postales de Navidad. Con el tiempo aprendes a no escupir hacia arriba.

Te sientas con tus sellos, tus postales, tus sobres, tu bolígrafo y empiezas a escribir con la intención de hacerle saber a esas personas lo importantes que son, recordar buenos momentos compartidos, dar una palmadita en la espalda en sentido figurado; también aclaras tus ideas sobre esa gente.


Cuando escribes a tus amigos y familiares está claro que escribes cosas que sabes de esa gente, quiero decir que no vas a descubrir una cualidad especial de esa persona mientras escribes. Sin embargo pensar como plasmar lo que piensas en el papel hace que te des cuenta de las cosas que sabes de esa persona sin ser completamente consciente.

Al escribir las ideas toman más fuerza de la que tienen cuando flotan en tu mente mezcladas con otras cien cosas que te tienen ocupado cada día. Reconozco que se han quedado un par de postales por enviar, por uno u otro motivo; no sabes la dirección, se hace tarde para enviarlas...

En el otro extremo hay gente a la que conscientemente quieres escribirle, crees que debes escribirles, pero llegado el momento la mente se queda muda. No hay nada que decir, podría ser que el concepto que tienes de esa gente esta sobre dimensionado, antiguos compañeros de clase, amigos que con el tiempo se quedan en conocidos o amigos de amigos.

Todos pasamos de la centena de "amigos" en Facebook, ¿realmente alguno de nosotros tiene más de cien amigos?

De cualquier modo, Feliz Navidad a todos :)

domingo, 12 de diciembre de 2010

" ¡Un momento que la están peinando! "

Si vais a Valladolid, olvidaros de hacer reserva para comer en ningún restaurante. No lo digo porque sean malos, ni caros, habrá de todo como en cualquier ciudad. Os recomiendo que para comer en Valladolid, simplemente callejeéis alrededor de la Plaza Mayor y entréis en cada uno de los bares de tapas que os encontréis a vuestro paso hasta que estéis llenos.


Croquetas y Mejillones Tigre en El Corcho, Montadito de Solomillo con salsa de queso Roquefort en La Tasquita II y una ración de sepia en La Sepia, era el recorrido gastronómico que seguíamos Pablo, uno de mis compañeros de piso y buen amigo, y yo cuando los domingos salíamos a tapear por el centro. ¡Qué recuerdos! Incluso en época de exámenes tras estudiar unas dos o tres horas por la mañana decidíamos ir a tomar algo, por ejemplo al chiringuito de la playa de Las Moreras. Aquello era vida...

Para mi esa ración de sepia, con la salsa alioli y la cesta del pan con los tenedorcitos de postre, es especial. No solo por la ración de comida, sino también por el ambiente de aquel bar. Con ese camarero auténtico como el solo del que, a pesar de tener un comportamiento mezcla de borde y macarra, guardo un recuerdo entrañable. Recuerdo que una de las veces que fuimos, tras esperar los cinco minutos (a veces ni llega) que tardan en ponerte la ración volvimos a preguntar, pensando que a lo mejor se había perdido la orden entre la barra y la cocina. Un domingo en hora punta ya os podéis imaginar como está la zona de tapas, y este bar no es una excepción, lo que te fuerza a hablar a voces con los camareros, detrás de la primera o segunda fila de gente que hay en la barra. La respuesta del camarero fue tan rápida como seca, con el mismo tono que nosotros preguntamos y sin siquiera mirarnos a la cara: "un momento que la están peinando". Desde ese día, cada vez que había que preguntar algo que se saliese del guión habitual de "dos cervezas y una de sepia" ya contábamos con que su respuesta iba a ser irrebatible, aunque sin salirse nunca de tono como para ser tomadas a mal, simplemente te ríes de ti y de la situación. La Sepia es para mi uno de los sitios para recordar, creo que estuve allí con todas y cada una de las visitas que tuve, con mis padres, con amigos, con amigas, con compañeros de clase. Y es curioso que para ser uno de los locales de mi vida, y considero que tengo buena memoria, no soy capaz de recordar cuando fue la primera vez que fui ni con quién.

Ayer cuando salí al mercado y vi las sepias en los puestos, me acordé del tapeo en Valladolid. Al llegar a casa - ya con mi sepia - busqué recetas hasta que encontré la receta de Sepia a la plancha. El listón estaba muy alto, sabía que no me iba a quedar como las raciones de La Sepia, pero el resultado final fue más brillante de lo que esperaba y no se quedó tan lejos de mi objetivo. Si seguís la receta, me gustaría hacer hincapié en que realmente hay que secar la sepia antes de echarla a la plancha o sartén. Mi sepia tuvo un proceso de cocción por ignorar ese punto. Además puse las gotas de dos gajos de limón, es demasiado, poner solo uno. No se si es que mi sepia había sido congelada antes de venta, pero no tuve ningún problema de textura, que parece ser la principal preocupación del autor de la receta. Eso si, la próxima vez tengo que hacerle una salsa alioli en condiciones y conseguir un pan como Dios manda.



Ingredientes para preparar Sepia a la Plancha
sepias limpias (mejor congeladas son más tiernas)
1 ramita de perejil
1 diente de ajo
una gotitas de limón

Salsa: falso ali-oli
Mayonesa
1 ajo
3 Hojas de lechuga


Cómo Preparar Sepia a la Plancha

Primero debemos limpiar y lavar las sepias; a continuación las secamos y las cortamos en trozos. Por otra parte, pelamos el ajo y lo machacamos en un mortero junto con el perejil y una pizca de sal. Posteriormente, añadimos un poco de aceite de oliva y unas gotitas de limón, luego, removemos muy bien.
Seguidamente, cogemos una plancha (antiadherente)y la untamos con aceite, dejamos que se caliente bien y, una vez caliente, colocamos los trozos de sepia. Cuando esté cocidos por un lado, lo damos vuelta y vertimos el preparado del mortero por encima. Para finalizar, colocamos la sepia en una fuente y, por otro lado -en esa misma fuente- introducimos unas hojas de lechuga bien lavadas y aliñadas con salsa alioli.
Para realizar la salsa, debemos batir bien la mayonesa con el ajo pelado y descorazonado, hasta que adquiera una salsa homogénea y compacta.

domingo, 28 de noviembre de 2010

San Nicolás (a.k.a. Sinterklaas)

Si, ya pasó un mes desde la última vez que escribí algo, pero aparte de trabajar y cambiarme a una habitación que espero sea definitiva para varios meses o años, no he hecho nada interesante que contaros.

En esta ocasión os voy a hablar de la versión holandesa de Los Reyes Magos de Oriente, aunque seguramente según vayáis leyendo el artículo en Wikipedia os parecerá una copia de Papa Nöel. No se lo digáis a ningún holandés porque no les hace ninguna gracia...

Por lo que me cuentan amigos y compañeros de trabajo, Sinterklaas viene a Holanda desde Madrid en un barco de vapor acompañado de sus ayudantes negros, y está en Holanda durante unas semanas. Se va de Holanda el día 5 de Diciembre hasta el próximo año. Durante las dos semanas previas visita las casas de la gente y deja regalos y dulces a los niños. Aunque los regalos más importantes como los juguetes se reservan para el último día, desde mediados de Noviembre casi cada mañana los niños encuentran dinero o chocolate en sus zapatos. En estas fechas hay también algunas recetas de cocina especiales y villancicos relacionados con Sinterklaas y España. Algunos de ellos dicen que en España hay montañas de caramelos, nubes de azúcar... (¿casi que si eh?) Hace dos semanas Sinterklaas llegó a Leiden, hizo su desfile por la ciudad y luego los niños pudieron ir a verlo al ayuntamiento.

Como éste es el principal evento de Navidad en Holanda, aunque algunas familias también celebran Papa Nöel el día 25 de Diciembre, los centros comerciales y jugueterías están llenas de gente y con los escaparates llenos de regalos desde hace semanas.


Para la gente un poco más mayor que aún no tiene hijos, Sinterklaas se celebra con los amigos intercambiando regalos de manera aleatoria con algunos juegos utilizando dados o cartas que indican quien toma el regalo que ha traído cada persona. También se deja la letra inicial del nombre de tus amigos (de chocolate) en sus buzones, o monedas o alguna otra figura de chocolate que abundan en los supermercados.

Por mi parte, lo más cerca que Sinterklaas ha estado de mí fue la fiesta que hubo ayer en el edificio de Irdeto, en la que los empleados con niños se reunieron ayer sábado para que los niños reciban los regalos que Sinterklaas les había dejado en la oficina de sus padres. Obviamente no fui.

Dependiendo a quien le preguntes te contarán unas cosas u otras, quiero decir que no hay una versión de Sinterklaas única para todo el mundo como creo ocurre con nuestros Reyes Magos. Ayer una amiga me decía que en realidad Papa Nöel es una copia de Sinterklaas que se llevó a América por los colonos Holandeses de Nueva Ámsterdam. Otros dicen que antiguamente Sinterklass además de traer regalos a los niños, también se llevaba a los niños malos a España.

No deja de ser curioso que Sinterklaas venga de España y esta festividad se lleve celebrando desde el siglo XVI, sobre todo si tenemos en cuenta que en esa época España estaba presente en estas tierras con otros propósitos. No logro entender como en aquellos tiempos había un icono "bueno" y de "felicidad" que venía de tierras enemigas. ¿Os imagináis a un personaje mágico proveniente de Irak, repartiendo regalos en Estados Unidos?

Por cierto, hoy día soleado con una máxima de -2ºC. El invierno ya está aquí.

lunes, 25 de octubre de 2010

Cambios

No me considero una persona que se adapte rápido a los cambios, aunque cuando consigo asentarme y tomar confianza me siento como en casa y no extraño casi nada. Todos los cambios que he tenido me han costado mas o menos, el paso del colegio al instituto, del instituto a la universidad, de una universidad a otra, de la universidad al trabajo, de un trabajo a otro... En cada uno de esos cambios estaba convencido de que el siguiente destino no sería tan bueno como el lugar que dejaba atrás, y en cada uno de esos cambios me equivoqué. Aunque ese sentimiento ha ido perdiendo fuerza después de cada cambio, al darte cuenta de que no es cierto.

Ahora que ya has cambiado varias veces, sabes que los principios no son fáciles, y tan solo el ser consciente de que lo que esta por venir será mejor que todo lo que has visto y vivido hasta ese momento te ayuda a seguir adelante. Ya no hay agobios al empezar de cero, no cuesta nada hablar con gente nueva, sabes lo que viene a continuación, solo hay que ser paciente y darle tiempo.

Da pena dejar un entorno que te resulta familiar y cálido y que conoces como la palma de tu mano. Pero hay algo que te empuja a moverte, no tiene sentido demorar la marcha porque ese entorno es cambiante, no solo tu te vas, tus amigos también lo harán antes o después y eso hace que los entornos en los que has vivido cada una de tus etapas no se puedan guardar en una cajita y volver a utilizarlos cuando quieras.

Al ser cada nueva experiencia mejor que la anterior te sientes en cierto modo culpable, como si estuvieses traicionando a la gente con la que has compartido épocas pasadas. Esos amigos y compañeros te han dado muchisimos buenos momentos, de esos que cuentas a gente que no estaba presente y para ellos no tiene gracia ninguna. Ya sean anécdotas de fiesta, en un exámen, en un viaje o simplemente tomando un café. Esos momentos, que se quedan "para siempre grabados en tu retina", que se cuentan una y otra vez en cada uno de los breves reencuentros que tenéis.

Hasta ahora cada cambio ha sido a mejor, pero supongo que llegará un límite, en un momento dado el siguiente cambio te llevara a un estado menos bueno. Seguir cambiando y conociendo gente lo asimilo a una partida de black jack, y estar rozando el 21 (curioso número) me hace pensar en plantarme. ¿Esa decisión depende de nosotros?

martes, 12 de octubre de 2010

Un día en las carreras

No fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando supe que tenía alguna posibilidad de venir a trabajar a Holanda, pero el tener dos circuitos de carreras, Zandvoort y Assen, a una distancia posible para ir y volver en el día era otro de los puntos fuertes de vivir aquí.

El viernes pasado, le eché un vistazo al programa de Zandvoort y vi que había un meeting ese fin de semana así que decidí ir a pasar el domingo al circuito. Llegar a Zandvoort cuesta 12€ (ida y vuelta), un trasbordo y una hora. Luego allí, desde la estación al circuito se puede ir caminando en diez minutos.

Póster en la cafetería del circuito.

Solo había estado en un circuito de verdad en una ocasión, en Estoril. Comparado con éste, Estoril transmite mucho más la sensación de ser, o haber sido, un circuito internacional de primer nivel durante los años 70 y 80. Tampoco puedo asegurarlo del todo porque en Estoril tenía entrada de paddock y este domingo solo compré una entrada de tribuna (12€), pensé que para lo que era no merecía la pena pagar casi el triple y poder meterse al interior del circuito.

El meeting Formido Finale Races agrupaba carreras de la Fórmula Ford, , YTCC (turismos y GTs clásicos), una copa de compactos con motor diesel (Golf, Ibiza, BMW 1 y BMW 3), Copa Suzuki Swift, Copa Clio, una sesión de drifting y la joya del fin de semana, la Dutch GT4. Ya durante el sábado se habían disputado clasificación y carreras creo que de todas las categorías pero estuve liado haciendo "gestiones" y solo pude ir el domingo. Me llamó la atención los pocos participantes en la Fórmula Ford y GT4, no más de diez en la primera y puede que veinte en la segunda. Creo que el Campeonato de España de GT tiene más equipos en cada meeting.

El día no se hace nada largo porque entre una carrera y la siguiente nunca hay más de quince minutos, y aunque algunas carreras se hacen un poco pesadas me dedicaba a practicar con la cámara de fotos que me acaban de regalar mis padres como "premio" por finalizar mis estudios (como si mantener a un estudiante en casa, y fuera de ella no fuese premio suficiente). Gracias papá y mamá. Además el buen tiempo, Solazo espectacular, ayudaba a estar agusto a pesar del viento. Una vez más compruebo que los holandeses llevan camino de ser las personas más amables y abiertas que te puedas encontrar en el mundo, ya que a la mínima entablas una conversación (viene de la entrada anterior) con cualquiera de ellos.


Para alguien al que le gusta el mundo de la competición está bien saber que casi todos los fines de semana hay algún evento cerca para pasar el fin de semana en caso de que no haya planes alternativos.

sábado, 9 de octubre de 2010

Último fin de semana de no invierno

Los problemas que tengo con la calefacción de mi apartamento han hecho que conocer y relacionarme con mis vecinos sea más fácil de lo esperado, es decir que casi lo han forzado. El termostato se encuentra en el piso de arriba de la casa donde está mi apartamento, pero que pertenece a otra agencia de alquiler y es otra casa completamente diferente. Eso hizo que durante toda esta semana, tras llamadas contínuas a mi agencia de alquiler para que revisaran la calefacción, haya tenido que entablar relación con mi vecina de arriba. Y ayer de noche, cuando se suponía que el sistema estaba ya funcionando perfectamente salí a la calle para picar en su puerta y hablar.

En el momento que llamé a la puerta 5a (yo vivo en el número 5), aparece en el número 7 mi otro vecino, un músico de 57 años de edad que habla inglés a la perfección y me insiste en que si necesito algo no dude en pedírselo. Éste, cuando nos oye hablar a mi vecina y a mi sobre la calefacción se mete en la conversación, y en menos de cinco minutos estamos sentados en su salón hablando y tomando unas cervezas.


Típica conversación que empieza por de dónde venía yo, que lo iba a pasar mal con el frío,que si me gustaba Holanda... y luego entramos con las comparaciones de países. Y es aquí donde el hombre del número 7 declara que el no encuentra ningún problema con la meteorología de Holanda, y que no tienen mal tiempo, sino que algunos días tienen malas nubes. Fue entonces cuando yo les dije que a pesar de disfrutar de menos días de sol que los españoles, ellos realmente aprovechan esos días, como en Alemania cuando al más mínimo rayo de Sol, la gente se tira a la calle para correr, andar en bici, hacer barbacóas, sentarse en las terrazas, pasear con el perro y los niños por los bosques y rutas que hay alrededor de cualquier pequeña ciudad. Es algo que en España no hacemos, o no hacemos tanto.


Es curioso que tras esa conversación, esta mañana el día amanece con un cielo azul blanquecino y un Sol de otoño que a penas te deja ver según en que dirección camines (o pedalees). Un día perfecto para probar que esto que digo es cierto, en un paseo de una hora por la ciudad me encuentro una familia que decide sacar la mesa a la calle para comer fuera, un hombre leyendo el periódico en una silla a la puerta de su casa, y más de una decena de estudiantes estudiando también en la calle, terrazas abarrotadas aunque haya que ponerse un jersey o abrigo fino. Por supuesto parques y áreas infantiles hasta arriba de niños, pero eso también ocurre en España.


Una vez más se demuestra que las cosas toman valor cuando escaséan.

sábado, 2 de octubre de 2010

Don Martin

Debe haber algún español o hispano en el vecindario, es lo primero que pensé cuando ayer por la noche vi que una de las redes Wi-Fi que recibía mi portatil se llamaba así.


Había comprado un módem USB de Vodafone, que no terminaba de conectar. Mañana tengo que ir a la tienda a ver si me lo ponen en funcionamiento.


Esta tarde llegué a casa y tenía que conectarme a internet si o si. ¿Qué iba a hacer sino en casa desde la siete de la tarde hasta que me durmiese aparte de mirar el catálogo de IKEA para elegir que comprar mañana?


Al final le eché un par y fui a llamar a mi vecino de enfrente para pedirle compartir su conexión de internet. Mira que hasta me daba vergüenza preguntarlo, y cuando por fin lo suelto, después de preguntar donde estában los contenedores de la basura y dos chorradas más, veo que el vecino se queda como trabado, tartamudea... Le digo que si no quiere, lo entiendo perfectamente. Y me comenta que la red que el utiliza no es suya, sino que el también la tiene re-contratada con otro vecino, que vive en el primer piso del edificio contíguo. Me indica a que botón llamar, solo llamar, porque el interfono no es un interfono, solo suena un timbre en la casa a la que se llama y el dueño o quien viva allí se asoma a la ventana para ver quien es.

Cuando llamo veo que en la etiqueta del timbre el nombre es Maartin. Ya se cuál es la red a la que voy a conectarme. Llamo, y un señor mayor se asoma en el primer piso y me pregunta que quiero. Quería hablar de su conexión de internet. Un momento, ahora bajo.

Un minuto más tarde el señor Maartin aparece por la puerta. Un hombre altísimo, con el pelo completamente canoso y ojos azules. Le explico mi situación, solo voy a estar en este apartamento dos meses (o eso espero), y mi modem USB no funciona, ¿podría conectarme a su red? Dice, con voz de fumador, que no hay problema siempre y cuando la señal llegue adecuadamente a mi casa. Me dice que antes de las ocho de la tarde se pasa por mi casa porque está esperando una llamada importante.

Entre tanto aprovecho para ir a hacer la compra, y antes de las ocho Maartin golpea mi ventana - no, yo no tengo timbre. Cuando ve mi bicicleta en el pasillo de entrada me dice que le gusta, y yo le respondo que quiero pintarla para cambiarle el color. Ya dentro de casa nos vamos a mi portátil, seleccionamos su red, la señal es alta, metemos el código y ¡ya estoy conectado!

Después, una conversación larga, de esas que parece que no van a durar nada y te quedas de pie. De todos modos tampoco tengo sillas ni nada en lo que sentarse a excepción de mi colchón en el suelo. El señor Maartin había estado trabajando de gerente de una cadena hotelera toda su vida. Es holandés, pero dejó el país cuando tenía 20 años para ir a trabajar a Suiza. Luego volvió a Holanda a trabajar dos años, y después a Portugal (Lisboa, Madeira y Azores). Con la revolución portuguesa se tuvo que marchar "forzado", para aprovechar el portugués que sabía se fue a Brasil. En este momento le ofrezco una cerveza que rechaza porque desde que hacer tres años su médico le dijo que era diabético y no bebe alcohol. Tres años atrás la hubiese aceptado gustosamente, decía.


Después de Brasil, se movió a Aruba hasta que por algún problema que no quiso explicar, fue arrestado, estuvo en prisión y perdió su permiso de trabajo allí. Yo sabía que entre las Antillas Neerlandesas y los Países Bajos no hay problemas de papeleo, porque a efectos es el mismo país, es decir que todos los ciudadanos son iguales y pueden trabajar tanto en las Antillas como en los Países Bajos. El me contaba que la gente que le hizo la puñeta eran white dutch, como él y por tanto con la misma documentación. El caso es que hasta hace cuatro años no pudo volver a las Antillas por este problema. Tras Aruba se fue a Hispanoamérica; Perú, Chile, Paraguay, Guatemala, Panamá. Cada vez que volaba desde Holanda a uno de esos países su vuelo solía tener escala en las Antillas, mientras todo el pasaje salía del avión mientras repostaba, el tenía que quedarse en la terminal del aeropuerto vigilado por guardas de seguridad. El motivo por el cual su red se llamaba Don Martin es que cuando estaba en todos esos países la gente no pronunciaba bien su nombre Maartin, y lo llamaban Don Martín. A su vuelta a los Países Bajos, pensó que sería fácil encontrar trabajo a la edad de 57 años, con toda la experiencia que tenía y hablando seis idiomas. Hizo varias entrevistas, y siempre le dijeron que lo llamarían... Los últimos años había estado trabajando para una organización de voluntariado que le permitía seguir viajando que es lo que le gustaba, aunque no recibía un sueldo real. Hasta que cierto día, ya cumplidos los 70 años la organización tuvo que prescindir de sus servicios porque ya no podía trabajar a esa edad.

Después de este repaso a su vida me pregunta si yo toco algún instrumento musical. Cuando le digo que no, me dice que es una pena porque entre el guitarrista que vive a mi lado, el pianista que vive encima de éste, el vecino de enfrente que toca la batería, y la chica que vive encima suyo que es violinista profesional; podríamos montar una orquesta.

Al final me pide solo 10€ por engancharme a su conexión durante estos dos meses, ya caminando hacia la puerta para salir a la calle se queja de haber estado con la calefacción y el agua caliente estropeados desde hace un año. Justo antes de irse me vuelve a repetir que le gusta mi bicicleta, y que hago bien guardándola dentro de casa.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Desde la ventana...

Tenía muy buenos recuerdos de Leiden, y tras solo un ratito paseando y buscando un sitio para cenar lo que veo me gusta aún más de lo que esperaba. Ahora solo me falta encontrar una habitación para vivir.
Vista a Beestenmarkt desde el hotel.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Camino de Santiago VI


Etapa 6 (sábado 13 de Agosto de 2010): Palas de Rei – Santiago de Compostela.


Bueno, ya estamos ante el último día de nuestro camino, solo 60 kilómetros nos separan de Santiago. Hoy por fin, conseguimos levantarnos a una hora prudente y salir antes de las diez de la mañana. La etapa comenzaba justo enfrente de nuestro hostal, por una senda de tierra al lado de la carretera general.


Cuando todavía no habíamos cogido postura en el sillín de las bicicletas, hay que parar porque el saco de dormir que llevaba Chous enganchado a su sillín se caía. Justo cuando terminamos de fijarlo, antes de incorporarnos a la carretera para continuar con el camino aparece a nuestro lado el componente masculino de “la parejina” que llevábamos viendo durante todo el camino. Aunque faltaba su compañera de viaje, Noé y César ponen un ritmo fuerte durante las primeras horas de la mañana con un propósito firme, llegar por una vez antes que ellos, y así sentirse un poco menos estúpidos por las mofas del primer día que los vimos. La respuesta de Jaime a este ritmo fue “oye yo así aguanto, pero todo el día no eh”.

En algo más de una hora ya habíamos pasado Melide y estábamos de camino a Arzúa. En esta última etapa nos encontramos más peregrinos que los vistos hasta ese día. Tampoco nos extrañó porque siendo sábado, creímos que no es del todo extraño que alguna gente decida hacer las últimas dos etapas del Camino de Santiago durante un fin de semana. Entre tanto peregrino unas cuantas veces tuvimos que bajar la velocidad y esperar a tener un hueco para adelantarlos de forma cómoda y segura, daros cuenta de que en algunos tramos íbamos prácticamente rodeados de peregrinos a pie, como si fuésemos en bicicleta por una calle peatonal concurrida de cualquier ciudad. Ante estas situaciones, Chous y Jaime insistieron en que avisásemos con el timbre que hay en la bicicleta de César. Pero César defendía que avisar con el timbre es un poco violento, es como ir pidiendo a distancia que te abran paso, y era algo que no le gustaba.

En cuanto a la dificultad del camino, fue fácil y nada duro a lo largo de todo el día. Rodando por camino de tierra casi siempre, con alguna bajada y alguna subida un poco más intensa de lo esperado. Incluso atravesamos un par de riachuelos de forma gratuita pudiendo pasar por el puente solo por “la emoción”. Justo antes de uno de estos riachuelos adelantamos un grupo grande de adultos con adolescentes, que en cuanto que nos oyeron acercarnos a ellos despejaron el camino utilizando silbatos. El gesto es de agradecer, pero te hace sentir un poco mal; nadie tiene prioridad sobre nadie en el camino, y por esperar unos segundos y aminorar la marchar para pasar no pasa nada, no teníamos prisas. En esta ocasión Noé iba liderando el grupo, seguido de César que oyó como una de las monitoras de ese grupo de gente decía “¡que valor!” cuando Noé se tiraba en bicicleta para atravesar el riachuelo.

Aparte de esto y salvando algunas confusiones en un par de cruces, en los que siempre alguno de nosotros se daba cuenta y corregía la ruta siguiendo la flecha amarilla; llegamos a la hora de comer. Es curioso como en esta última etapa, cuando quedaban unos 30 kilómetros empezábamos a ver máquinas de refrescos en casas particulares, “chiringuitos de playa” prácticamente en cada cruce que tenía el camino y botellas, papeles, bolsas y botes tirados a los lados del camino. Esto hace que el camino pierda el encanto que había tenido hasta ahora, y parezca más bien una playa del levante español.

Debió de ser en el tercer o cuarto chiringuito de estos que comento, cuando Chous dijo que había que parar a comer. En todos los chiringuitos que habíamos visto anunciaban el plato de huevo frito, chorizo y patatas como la estrella del menú, así que cuando pedimos fuimos a tiro fijo: fritangada.

Según entramos en la terraza vemos tres jóvenes comiendo bocadillos en una de las mesas, en otra estaban dos señoras sentadas con dos tipos, y en una de esas mesas largas había otro señor mayor. Cuando nos acercamos a la barra, uno de los tipos que acompañaban a las dos señoras se levanta a atendernos. El personaje era lo más auténtico que vimos en el camino. Con melenita rizada, pendiente y diversos tatuajes, entre ellos uno de Dartacán en el antebrazo derecho. Además su forma de hablar, las expresiones que utilizaba para tratar a la gente como “rey”, “reina” o “princesa”, y su voz rota; no podían ser más compatibles con la entonación de chico malo de barrio que tenía.

Mientras esperamos a que nos atiendan, podemos ver como en la pared de la barra del bar hay mensajes de otros peregrinos escritos. Esos típicos mensajes de “el grupo de Medicina Granada 2008 estuvo aquí”, “Los halcones de Almendrajelo sobrevivieron al Camino”. Uno de ellos decía “Las sorpresas del Camino: Yo de valenciana a gallega, de maestra a camarera y de soltera a casada. Te quiero Alex”. Este último mensaje no debía habernos llamada más la atención sino fuese porque pocos minutos después descubrimos cuál era el nombre del camarero, y como se las gastaba con las peregrinas que allí paraban.

Camarero (Alejandro): Buenos días chicos, ¿qué queréis?
César: ¿Puedes hacernos unos platos de huevo frito, patatas y chorizo frito?
Alejandro: Si, tenemos de todo, vosotros pedirme lo que queráis.
César: Pues yo con chorizo.
Alejandro: Aquí chorizo ninguno eh, que somos todos muy legales.
Noé: Yo quiero huevo frito, patatas y bacon.
Chous: Yo con chorizo.
Jaime: Yo con chorizo también.
Alejandro: Bueno, entonces tres de chorizo y uno de bacon.
Jaime: No, no, espera, yo con bacon.
Alejandro: A ver tío, aclárate, ¿bacon o chorizo?
Jaime: Bacon.
Alejandro: ¿Pero seguro no?
Jaime: Si, si.
Alejandro: Vale chicos pues ir sentándoos y cuando estén os los llevo a la mesa.

Cuando nos sentamos vemos que Alejandro desaparece a la cocina y se queda su amigo hablando con las dos señoras en la otra mesa.

Al cabo de unos diez o quince minutos, viene Alejandro con nuestros platos, de los que dimos buena cuenta... Mientras comíamos los tres jóvenes que estaban sentados en otra mesa (un chico y dos chicas) se fueron, y al marchar...

Alejandro: Bueno chicos, que tengáis buen camino y suerte.
Jóvenes: Gracias.
Alejandro: Ssschh oye tu, cuidame a las chicas eh...
Alejandro: ¿chicas que es que no os cuida bien?
[Los tres jóvenes se ríen.]
Alejandro: Venir para aquí conmigo que ya os cuido yo, hay...
Alejandro: Venga lo dicho, buen camino chicos.

La cosa iba a mejor por momentos, a estas alturas ya teníamos claro que estábamos ante un Personaje, y que nos iba a amenizar la comida de tal modo que querríamos quedarnos más tiempo con tal de seguir viendo el show. Justo al irse los tres chicos, se sienta un hombre con una niña pequeña.

Tras despedir a los jóvenes, Alejandro y su amigo continúan hablando con las dos señoras. Y fue en este momento fue cuando nos dimos cuenta de que Alejandro y su amigo estaban intentando hacerse a las dos peregrinas, diciéndoles que por qué no se quedaban en el bar con ellos hasta que cerrasen y luego se iban los cuatro de fiesta a Santiago. Una de las señoras dijo que quería terminar el camino, entonces ellos propusieron verse de noche en Santiago para salir. Hay que decir que las dos señoras estaban ya un poco ebrias hablando de temas personales y orbitando alrededor de temas de conversación como “los hombres sois unos cabrones” y “no quiero que me vuelvan a hacer daño...”. Si amigos, en el camino te encuentras peregrinos de todo tipo, gente como nosotros haciéndolo solo por diversión, gente haciéndolo buscando luz en su vida, o gente buscando un cambio, lo que se llama cambiar de aires, extranjeros que se juntan entre ellos y comparten todo el camino... Pero volvamos a lo que nos ocupa. Ante tales declaraciones de las señoras, Alejandro se dirige a nosotros para preguntarnos y autorresponderse a si mismo “¡Chicos! ¿Cómo somos los hombres..? Mmmmm, unos cabrones ¡si señor!”. Esto sin darse cuenta de que detrás nuestro estaba el señor con la niña pequeña, cuando fue consciente de ello intentó arreglarlo “Uy, perdón eh, es que no me había dado cuenta” dirigiéndose a la otra mesa, y luego “A ver niña ven conmigo que te doy un Chupa Chups, a ver coge el que quieras, que ya que no está el jefe y aprovechamos” mientras acercaba el bote de los Chupa Chups a la mesa. “¿Quieres coger otro para tu papá? Bueno tu papá no tiene cara de comer Chupa Chups, así que coge otro para ti”. Al padre de la niña no le pareció mal, se reía tímidamente, a diferencia de nosotros que estábamos ahogados de tanto reírnos.

Mientras comemos César comenta que los platos tienen pocas patatas fritas, cosa un tanto rara porque es el ingrediente más barato de los que teníamos delante. Y Noé da la clave “pues no tendría ganas de pelar más patatas...” refiriéndose a Alejandro. Mientras tanto en la mesa de las dos señoras continúa la acción.

Minutos después llega un peregrino y se sienta en otra mesa contigua a la nuestra. Bueno, en el camino se entabla conversación a la mínima así que el hombre empezó preguntándonos si servía comidas, lo que habíamos pedido y terminamos hablando de la etapa que hacíamos hoy, de la etapa que estaba haciendo el y demás. Cuando Alejandro viene a atenderle...

Alejandro: Hola buenas, ¿qué le pongo?
Peregrino: Pues un plato con huevo frito, patatas y chorizo o bacon, como el de estos chicos (apuntando a nosotros).
Alejandro: ¿Patatas?¿Me vas a hacer pelar patatas?
[En este momento nosotros nos reímos]
Peregrino: Bueno, lo que mejor te venga a ti, no se...
Alejandro: No, lo que mejor me venga a mi no, porque si te hago lo que yo quiero va a ser una porquería. Ven para la cocina y miras lo que tengo.
[Van para la cocina y al rato vuelven]
Peregrino: Entonces patatas, huevo y chorizo.
Alejandro: Es que no me quedan huevos rey... Bueno ya te hago yo lo que me de la gana, tu tranquilo.
[Alejandro va para la cocina y sale a los pocos segundos]
Alejandro: Mira, voy a hacerte unos huevos recién puestos, del corral del vecino, espera ahí.
[Sale de la finca del bar y se va camino arriba en dirección a unas casas para volver a los pocos minutos con cuatro o cinco huevos en las manos]
Alejandro: Mira eh, para que veas, que los acabo de coger del corral. Recién puestos, de casa.

Nosotros ya habíamos terminado de comer, cuando sale a servirle el plato al peregrino, que ahora estaba acompañado de dos peregrinas extranjeras, nos comenta:

Alejandro: Oye chicos, perdonad que os he tratado muy mal eh, me acabo de dar cuenta de que las patatas no tienen sal... Las tuyas tampoco que lo sepas (dirigiéndose al peregrino).
Nosotros: No pasa nada, con el hambre que teníamos... Estaba todo perfecto.
Alejandro: Es que si fueseis chicas se os hubiese tratado mejor, perdonar de verdad.
Noé: ¿Cuánto te debemos?
Alejandro: Pues no se, a ver darme.... Lo que queráis, venga tres euros por plato y las cervezas... Pues son 19€.
Noé: Chous, paga. (Chous tenía la cartera con el bote de dinero que habíamos puesto)
Alejandro: ¿Qué paga él?
Nosotros: si, si.
César: es su cumpleaños.
Alejandro: Entonces os traigo a unos chupitos venga, ¿de qué los queréis?
Noé: ¿Hay de café?
Alejandro: Pues claro, como no va a haber.
Nosotros: Pues cuatro de café.

Se va a la barra y nos trae los vasos de chupito y la botella de licor, para luego atender a una de las peregrinas extranjeras tratándola de “reina”. Cuando terminamos el chupito nos levantamos, salimos y ya cuando estamos fuera...

Chous levantando la botella de licor de café con la que celebramos su NO 
cumpleaños. Al fondo se puede ver al mismo Alejandro sirviendo a una 
"reina" en la barra.


Alejandro: Eh eh, chicos, ¡que estos chupitos hay que pagarlos! ¡El del cumpleaños!
Alejandro: Que es broma hombre, venga buen camino chicos y gracias.

Si durante todo el día teníamos la sensación de estar rozando ya el final, ahora tras esta última parada para comer esa sensación se acrecentaba mucho más. Sabíamos que la próxima vez que nos parásemos estaríamos en Santiago de Compostela.

Por la tarde el camino seguía siendo cómodo y estando abarrotado de peregrinos y el día era soleado y cálido. Cuando pensábamos que alcanzaríamos Santiago incluso antes de las cinco de la tarde, César empieza a notar extraños en la bicicleta, se aquejaba de notar las piedras y los cambios de superficie, Noé y Jaime que iban detrás miraron la rueda y... pinchazo.

Bueno, esta vez la cosa iba a ser rápida. Teníamos la llave para sacar la rueda, teníamos cámaras, y sobre todo, teníamos práctica. Pero no, no fue tan fácil; y es que algún problema con las bombas de Jaime y de Noé nos impidió poder hinchar la cámara nueva. Probamos un montón de veces, en distintas posiciones y éramos incapaces de hincharla, ¿estaríamos bajo los efectos de un meigallo en esos bosques gallegos? Por suerte, el camino iba paralelo a la carretera general, cruzándola cada pocos kilómetros en ese tramo así que Jaime y Noé llevaron la rueda deshinchada a una gasolinera y volvieron con ella lista para montar en unos minutos.

Último pinchazo del viaje.
A ver si ahora éramos capaces de terminar el viaje sin más pinchazos. El final estaba cerca, aún recuerdo las pistas de tierra en los alrededores del aeropuerto de Santiago de Compostela, kilómetros en los cuales dejamos a Chous tirar del grupo durante un rato. El tiempo este último día había pasado volando, el estar cerca del final es lo que tiene.

Casi sin darnos cuenta, estábamos entrando ya en el Monte Do Gozo. Para no variar una parte de la etapa que temíamos y subimos sin la más mínima complicación, y es que los cinco días anteriores en bicicleta nos habían puesto en forma. Realmente no sabíamos donde terminaba la etapa, en el mapa que teníamos aparecían unas antenas o unos estudios de la Televisión Galega y de TVE, esa era toda la referencia que teníamos. En la parte baja del Monte Do Gozo Noé y César se escapan para jugarse el final de etapa un día más y por última vez.


Con algo menos de cinco minutos de adelanto sobre Jaime, y casi diez sobre Chous, llegan al monumento a Juan Pablo II. Al lado de éste, había un mirador hecho con una estructura metálica de tres pisos de altura con cientos de botes de colores colgando. Todavía recuperando la respiración una chica se dirige a Noé y César para hablarles de la organización 1 Botella, 1 Mensaje; que busca gente en España para apadrinar a niños en países hispanoamericanos. La gracia estaba en comprar uno de esos botes, como los que colgaban del mirador, que tenía un mensaje escrito por un niño diciendo lo que querían ser de mayores. Cuando Jaime y Chous ya estaban allí fuimos a buscar a nuestros niños. Jaime quería un futbolista y César quería un ingeniero. Al final Jaime consiguió su futbolista pero César se quedó con un mensaje de Rebeca de tres añitos, natural de Guatemala que de mayor quería ser Rebeca. Tras comprar nuestros botes subimos al mirador, para comprobar que las vistas eran bastante malas por cierto. Y al bajar la misma chica que nos atendió nos explica como ir al albergue del Monte Do Gozo, que estaba solo 200 metros más adelante.

Nuestro plan era llegar al albergue, dejar los equipajes y bicicletear hasta Santiago para informarnos de como enviar nuestras bicicletas de vuelta a Asturias. Así lo hicimos, y tras salir del albergue lo primero que buscamos fue la estación de autobuses. Allí decidimos que Noé, sin mucha gana de estar en Santiago, se iría al día siguiente en un Alsa a las ocho y media de la mañana. Los demás esperarían hasta el Alsa Supra de las seis de la tarde. Coincidió que Noé no tenía interés en quedarse a pasar el domingo en Santiago, pero si hubiera querido tampoco habría podido porque cada autobús solo puede llevar cuatro bicicletas y ya había una plaza de bicicleta cubierta en el Supra de las seis.

De la estación de autobuses directos a la Praza do Obradoiro, bajando por la Praza Cervantes. Por fin habíamos llegado al destino, cuando entramos en la plaza el Sol estaba ya muy bajo, y brillando con tonos anaranjados y daba la sombra en gran parte de la plaza por culpa del edificio del Ayuntamiento. En lo que a mi respecta, la sensación de haber alcanzado la plaza no fue ninguna. Es extraño porque durante todo el camino estuve pensando que sentiría al llegar al final, y no sentí nada especial aparte de pensar “ya lo he hecho una vez, y no tengo ganas de repetirlo”. En ese momento tampoco sentía una gran satisfacción, como la que sentí los días de Grandas de Salime o Pola de Allande. La experiencia fue divertida, gratificante, en definitiva me lo pasé muy bien, pero no tenía, ni aún tengo, ninguna gana de repetirlo. Así que antes de hacernos la fotografía delante de la catedral, les agradecí a mis tres compañeros el viaje diciéndoles que estaba orgulloso de ellos.

Sin embargo, alrededor nuestro cientos de peregrinos llegaban a la plaza cantando, saltando o besándose, para sentarse o tumbarse luego en el suelo y quedarse con la mente en blanco sin pensar en nada. He de reconocer que sentí algo de envidia al verlo, porque mi estado mental era el mismo que si estuviese delante del ayuntamiento de mi pueblo. Por supuesto tengo en cuenta que hacer el camino con un grupo de amigos desde el principio, no es tan interesante como irse de casa en solitario e ir conociendo gente a lo largo de los días. En todos los sentidos nuestro camino, fue un camino descafeinado en cuanto a experiencia personal.


Después de la fotografía, nos dividimos para enterarnos de dónde debíamos sellar la Credencial por última vez para solicitar la Compostela, Chous quería comprar unas zapatillas Victoria para salir por la noche y César necesitaba comprar una camiseta en una tienda de souvenirs para ponérsela por la noche. La Compostela quedaría para el día siguiente, lo que significa que Noé al no estar presente no podría recogerla; y Chous encontró todos los comercios ya cerrados a excepción de bares, restaurantes, tiendas de recuerdos y el Coronel Tapioca donde el calzado se le salía del presupuesto.

Cuando nos volvemos a reunir, decidimos ir al albergue para ducharnos, cambiarnos de ropa antes de salir a cenar. Noé, al marcharse al día siguiente a las ocho y media de la mañana sube con su bicicleta hasta el albergue del Monte Do Gozo, Jaime, Chous y César dejan las suyas en la consigna de la estación de autobuses para recogerlas allí al día siguiente antes de subirse al autobús.

Atardecer desde el albergue del Monte Do Gozo.

Cuando volvimos al albergue para prepararnos para salir, tuve más sensación de satisfacción por haber terminado el camino, que la que había tenido en la Praza Do Obradoiro, no se porque. El albergue estaba lleno de gente, pero había un ambiente familiar, muchos niños, muchos padres corriendo detrás de sus niños, gente cocinando su propia cena en las cocinas de cada uno de los edificios, otra gente bebiendo cervezas en salas de reuniones o en la calle, jugando a juegos de mesa... Cuando llegamos a la habitación duchita rápida, llamada a un taxi y vuelta a la ciudad. Y es que el Monte Do Gozo está a unos cinco minutos en coche del centro de Santiago. En los tiempos muertos entre ducha y ducha aprovechamos para hacer una foto de la que llevábamos hablando días, y era utilizar la bolsa de agua de la mochila de César a modo de gotero. Le decimos al taxista que nos lleve directamente a un buen restaurante para cenar, pero que tampoco sea prohibitivo. El taxista después de dudar entre dos opciones nos deja finalmente a la puerta del restaurante Rey, en la zona antigua de Santiago tras circular unos metros por las calles de la zona peatonal.


Nuestra última cena iba a ser de órdago, mientras veíamos como el FC Barcelona caía en el Sánchez Pizjuán ante el Sevilla FC en el partido de ida de la Supercopa de España, para regocijo de Jaime. De primero, pote galego, luego raciones de lacón con chorizo y patatas, croquetas, racho, calamares y pulpo antes de terminar con un flan de la casa y una infusión. Después de cenar buscamos algún pub donde tomar algo, y aunque cuando salimos del albergue estábamos muy convencidos de que aprovecharíamos la noche en Santiago, ahora con la panza llena y el cansancio acumulado la idea de ir a dormir iba ganando peso. Aún así tomamos unas cerveza en un pub irlandés, eso si sentados, antes de coger un taxi de vuelta al albergue.

Merecida cena para los cuatro peregrinos polesos.

La habitación tenía cinco literas, como era habitual en los albergues del camino con lo más básico y necesario, literas, colchones, almohada, papelera y unos casilleros. Ya por la tarde habíamos visto que había un peregrino de origen asiático en nuestra habitación, cuando llegamos por la noche las demás camas estaban libres a excepción de la suya. Intentamos ser lo menos ruidosos posible, aunque César tiene que decirles a Noé y a Jaime que hablen bajo o no hablen, antes de repetírselo a Chous. Cuando ya estamos cada uno en su cama, a César le llega un mensaje de Chous al móvil “Ta 'xinau' ya cudeiro”, estallido de risa y reenviando a Noé que también se ríe cuando lo lee.

Al día siguiente cuando el servicio de la limpieza despierta a Chous, Jaime y César (por segunda vez), Noé ya no está en la habitación. De hecho prácticamente estaban ellos solos en todo el albergue, que debía desalojarse a las nueve de la mañana y eran más de las diez.


Tras desayunar en la estación de autobuses unos churros con chocolate se dirigen al centro de la ciudad para hacer lo propio, pedir la Compostela, entrar a la Catedral y abrazar al Santo. Noé les había dejado su Credencial para que pidiesen su Compostela, pero éstas se entregan de forma personal. La cola para pedir la Compostela no fue demasiado larga, poco más de media hora, dónde si hubo que esperar casi dos horas fue para entrar a la Catedral a abrazar al Santo.

En esa espera, la señora que estaba delante de nosotros nos pregunta desde dónde veníamos, buscando conversación y para pasar el tiempo más que otra cosa. Ella venía desde Nueva York, o New York como ella dijo con un acento hispanoamericano. Era la segunda vez que venía a Santiago, y esta vez lo hacía acompañada de su hermana, que al estar ya mayor la esperaba sentada en uno de los bancos de la plaza mientras ella hacía cola. Por eso, esta señora venía y se iba de la fila contantemente para hablar con su hermana y hacer fotografías. Llegado un momento determinado, con la señora delante nuestro...

Chous: ¿Qué? Vaya palique que le disteis a la paisana de New York eh.

La señora estaba solo cuarenta centímetros delante de Chous, por lo que pudo oirlo sin ningún problema y se giró al oir a Chous decir New York. En ese momento, César mira a Chous fijamente tratando de decirle por telepatía “¿Qué haces tío?”. A lo que...

Chous: ¿Qué? Si si, menos mal que se puso Jaime a hablar con ella jaja

César y Jaime se miran uno a otro, siendo conscientes de que la señora “de New York” estaba delante de nosotros. Cuando Chous va a decir una nueva frase referente a la señora, César le pisa el pie para ver si éste se entera de una vez por todas de que la señora “de New York” estaba delante nuestro y oyéndolo todo. En ese momento Chous baja la mirada y ve el pelo canoso blanquecino de la señora justo delante de el y su cara refleja un claro sentimiento de metepatas.

Pero bueno, la señora no se lo tomó a mal, de hecho cuando la cola seguía avanzando volvió a hablar con nosotros para explicarnos que al pasar por la Puerta Santa en año Xacobeo y rezar una oración todos los pecados quedan perdonados. Sinceramente me quedé con ganas de preguntarle más a la señora sobre su procedencia, quizás hija de emigrantes españoles a américa y ahora ciudadana estadounidense. Y es que la emigración de los españoles a América me llama la atención, como las historias de los tantos Indianos que se iban a hacer dinero durante unos años al otro lado del charco y luego volvían a España, o no.

Expositor de uno de los restaurantes de Santiago.

Después del abrazo al Santo, vamos a buscar algo que comprar en las tiendas de souvenirs. Y tras entrar, yo creo, en todas y cada una de las tiendas de recuerdos de Santiago de Compostela, decidimos ir a comer a un buffet libre que César había visto mientras Chous y Jaime hacían cola para entrar a la Catedral. Se ofrecía comida y un postre o café por ocho euros. Nada más entrar vemos un mostrador con helados, y una tarta de chocolate negro. Nos atiende una camarera muy simpática, y nos sienta al lado de dos expositores con ocho o diez tartas diferentes, no podía faltar la tarta Santiago por supuesto, pero también había Selva Negra y esa tarta hecha con capas de galletas y chocolate, entre otras.

La comida estaba más que bien, había varios platos a elegir, ternera guisada con patatas, cordero con patatas, coliflor con queso gratinado, ensalada de garbanzos, salmón frito y además un mostrador para hacer ensaladas con todo tipo de ingredientes.

Mientras comíamos, ya íbamos comentando lo que íbamos a pedir de postre.

César: Para los postres tengo que levantarme a mirar el otro expositor con más tartas.
Chous: Yo creo que voy a pedir la de chocolate negro que hay a la entrada.
César: Ah, si, en esa me fijé yo también, tiene buena pinta.
Jaime: Yo creo que pediré un café.

Cuando terminamos de comer la ternera guisada y el cordero con patatines, viene otro camarero distinto a retirarnos los platos.

Camarero: Bueno chicos, ¿vais a comer más?
Nosotros: No, no.
Camarero: ¿Seguro?¿Os plantáis?
Nosotros: Si, vamos a los postres ahora.
Camarero: Vale, pues os recojo esto y ahora vengo.
(…)
Camarero: De postre tenemos piña en almíbar y melocotón en almíbar.
[César pensaba que el camarero estaba de broma, osea que estamos rodeados de tartas, ¿y de postre nos ofrece piña y melocotón? Tiene que estar de coña]
César: jajaja, ¿pero...?
Chous interrumpe: ¿Y las tartas estas?
Camarero: Son a cuatro euros la ración.
[César y Jaime se parten la caja de risa, mientras Chous mantiene la cara de sorpresa.]
Chous: Venga pues yo melocotón...
César: Y yo, anda...
Jaime: Yo un café con leche con hielo.

Mientras el camarero nos sirve los postres comentamos que la jugada del buffet es bastante sucia. La verdad es que nadie nos dijo que los postres eran o piña o melocotón, pero nos engañaron de forma subconsciente al ver tartas por todas partes. El camarero se acerca con los dos platos de postre y los posa en la mesa diciendo...

Camarero: Tarta de chocolate por aquí. (Dejando las dos mitades de melocotón en almíbar delante de Chous)
Camarero: Tarta de queso por allá. (Haciendo lo propio con el plato de César)
Camarero: Y un chocolate. (dejando la taza de café delante de Jaime)
Camarero: Bien fresquito. (al posar el vaso con los cubitos de hielo)

En esta situación lo mejor que puedes hacer es reírte de ti mismo y de la tomadura de pelo que te acaban de hacer, además con recochineo.

Tras pagar, de camino a la salida vemos a una pareja preguntándole al camarero graciosete por una mesa para comer. Intentando evitar que les pasase a ellos lo mismo que a nosotros, César pasar por delante del camarero diciendo “muy bueno el melocotón en almíbar de postre eh”, sin contar con que delante de el hay una lámpara colgando del techo bastante baja que se lleva por delante. Y el camarero todavía es capaz de rematar la faena diciendo “Gracias, y cuidado con la lámpara eh”

Siendo honestos, la comida estaba más que bien por ocho euros, a pesar de que el tamaño de los melocotones en almíbar era minúsculo. Si el menú hubiese incluido también las tartas en el postre sería un regalo.


Terminamos de comer hacia las cuatro y media pasadas, y nuestro autobús salía a las seis, pero había que ir hasta la estación y empaquetar las bicis (envolverlas con cinta adhesiva). Así que poco tiempo nos sobró para volver a la Praza Do Obradoiro, pedir que nos hicieran otra fotografía y tomar un refresco en la cafetería de la estación de autobuses antes de embarcar en el Supra que nos traería de vuelta a Oviedo, dónde nuestros padres iban a recogernos con los coches para llevar las bicicletas finalmente hasta el que fue nuestro punto de partida, Pola de Siero.