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martes, 9 de enero de 2024

¿¡Pero qué cojones hacé un gallego en el Triángulo de Bernal!?

 


Acababa de enterarme de la muerte de David Bowie. Y aquí estoy, otra vez, en la frescura artificial del aire acondicionado, fumando en esta habitación de hotel. ¿Hotel Castelar esta vez? No, no, no... Castelar fue el primero, el del ascensor... No puedo evitar sonreír de la maravillosa nostalgia que me invade al recordar aquel ascensor. No logro recordar el nombre del hotel, pero ahí estaba yo, cuestionándome la dirección de mi vida, mientras esa mujer que se hace llamar mi puta hablaba en serio, ¡y vaya sobre qué cosas!

Qué placer... sentir la moqueta bajo mis pies descalzos tras la ducha, el aroma de la barra de jabón Dove impregnando el aire de la habitación, siempre y cuando el aroma a sexo condensado lo permita. Eso sí que era perder la cabeza follando, papá. Por la ventana, el zumbido constante del aire acondicionado, con una térmica de 35º C. Incluso el agua de la piscina estaba caliente esta mañana.

Buenos Aires, Enero de 2016.


Supongo que seguirá con su vida, sus cuadros y pinturas, su arquitectura, su supuesta experiencia como higienista dental y con el tal Sebas, manteniendo esa extraña relación entre lo apasionado y lo paternal. Le hablará de sus amantes, manipulándolos cordialmente entre los dos. Una vida de check-ins y check-outs en hoteles por todo el país, desde Rafaela (Santa Fe), pasando por hoteles en Avenida de Mayo y Corrientes, el departamento de "la tía de Neuquén" en Calle Armenia, ahora tengo depa en Bartolomé Mitre al toque del Congreso. También el departamento en Triángulo de Bernal... - ¡Triángulo de Bernal! "¿Pero qué cojones hacé un gallego en el Triángulo de Bernal?" decía Fer cuando arrancábamos de cargar nafta al taxi en la YPF dos cuadras más adelante - ¿Cómo será esa vida? ¿Cómo será vivir entrando y saliendo de otras vidas en días alternos de una semana? Vivir de una maleta, ya sea por un viaje de trabajo, esta semana mudanza a la casa de la hermana, tengo dos horas para merendar en London City, nos cruzamos en un encuentro fugaz en Parque Lezama... verso, verso, todo verso, puro verso gallego. Una vida insostenible, ¡pero que buen viaje le dio a la mía!

Valencia, Septiembre de 2018.

domingo, 22 de abril de 2018

Papi (Rivadavia 9252, CABA)


“Yo nunca tuve problema con nadie y eso que la gente dice que Lugano es bravo. Vas caminando por la calle y ves la nube de humo de porro. Yo no me meto con nadie, ´¿hey papi como va?’, la gente te reconoce y si vas con buena plática y eres amable nadie te rompe las bolas. Hay gente que se mete en la vida de otros, que dicen que hacen estos desperdiciando su vida, bueno es su decisión no te metas. Ahí mataron a uno hace un año, un día que estaban de coca le volaron la capea de tres tiros. Un muchachito de 16 años, ¿para qué se mete?”

Papi sigue limpiando por partes el vano motor del Chevrolet Meriva negro. Había sido un día largo y caluroso. Un lindo día para no estar aquí trabajando dijo antes riendo con su sonrisa perfecta.

“Lo que pasa que yo me aburro acá papá. No conozco mucha gente. Antes iba a pescar con un viejo Paraguayo que tenía un Fiat como este. Pero luego el viejo murió. Siempre me llamaba ‘colombiano vamos pa Entre Ríos, vamos a la costa…’. Pero se murió va a hacer un año ya. ¿Tomás mate tú? Allá en Colombia no se toma, yo empecé cuando llegué aquí hace dos años”

Noooo, es muy difícil conocer gente – decía nada más soltar la bombilla con los labios. Ni siquiera en el consulado. Che que somos todos iguales ¿no? A veces tratas de dar una buena conversa pero la gente no se abre. También porque hay tanto crimen. La primera vez que fui a pedir el permiso al consulado argentino allá habían matado a un juez acá unos colombianos. Fui y denegado, ‘vuelve en un tiempo´ me dijeron. Y ya van dos años acá. Desde el año pasado tengo a los míos conmigo. Noooo, mi señora, mis hijitas, todo. La mayor ya está en el último año de secundaria y luego se va a la universidad a hacer derecho. Como estudió para aduanas… Le gustan los números ya ves. Por eso vinimos, en Cali hay una universidad para 3 millones de personas. Hay cupos, ¿entendés vos? Y las plazas van a amigos de políticos, gente de plata. Además que la educación allá no es gratuita. Se piden 30000 pesos por semestre. Te dan crédito y todo. Pero para pagar ese crédito tienes que matar a tu mamá, vender el auto, la casa… Aquí es gratuito, y la obra social y todo.

Una lástima porque es bonito Cali. Muy bonito. Pero es peligroso. Te roban las zapatillas aunque las tengas rotas – termina riéndose mientras fuma. Hacemos el gesto de que me van a robar cuando ves a tipos peligrosos en la calle así – y se rascaba la barba de arriba abajo lentamente con una mano. Dices ‘hey marica que mira esto’ y te haces así para decir que te quieren robar.

Ahora vivo en el centro, muy tranquilo. Nunca me pasó nada, pero no ves a los vecinos, son bloques ¿entendés? Voy y vengo en bomdi, por fortuna no tengo auto. El auto sale caro che. Solo el parquimento… El auto por ahí te lo rompen. Aunque sea una poronga como este. Otro amigo mío paraguayo que es estilista ¿sí? Vive en la villa y le rajaron el capot de un 504 ¿sabés cuál? Para robarle la batería boludo. Ahora anda con una cadena y un candado así para que no le roben más. Fue lo único que le pasó en la villa igual. Él antes vivía de alquilado en el centro pero le subieron la renta y como tenía propiedad en la villa se fue para allá. Dijo, ¿para qué voy a seguir pagando? En la villa son todos paraguayos. Yo fui a visitarlo una vez y un gendarme me paró a la entrada, me dio el alto ¿viste? ‘¿Usted qué viene a hacer aquí?’ ‘Yo nada papi, a visitar a un amigo’ Me sintió el acento, colombiano y me sacó de allá. Porque pensaba que iba a vender o a comprar drogra. Entendé, colombiano a una villa. Nooo, yo le expliqué pero no me dejó hasta que me tomé el bomdi para volver. Así que nunca fui a su casa.

lunes, 16 de abril de 2018

Calle Armenia

“Pero vos caminá y dejá que la vida te lleve” dijo con seguridad terminando de secarse el pelo, no recuerdo si con una toalla o con el secador. A continuación, el segundero del reloj que compartía pared con varios cuadros en aquel salón se detenía. No pude no verlo y mi cara de asombro debió de extrañarle. “¿Qué te pasa?” dijo al bajar la toalla sobre sus hombros. Ahora si recuerdo que era una toalla, era yo quien había usado el secador antes. A veces la ausencia de respuesta es en sí una respuesta para el interlocutor. Mi respuesta es cerrar los ojos, extraerme del apartamento y sentir el vértigo al tiempo que la ventana en la que me apoyo se va haciendo cada vez más pequeña, alejándose y añadiéndose a su resplandor el de otras ventanas vecinas, y rápidamente las ventanas de los demás bloques, las luces de bares y coches de la calle Armenia, mezclándose unas con otras, haciéndose todas ellas una masa brillante y más tarde difusa al atravesar la tibia capa de nubes que habían descargado una torrencial lluvia de verano.

Unos seis meses después volvía a ser verano. Posiblemente el último viernes de un Agosto no planeado. Con arena en los pies y de forma casual terminamos en primera fila ante un cuarteto flamenco. Al principio agradable, más que agradable después e hipnotizador dos temas más tarde cuando una estrofa, una sucesión de palabras, de las cuales mi propio ego está convencido no tenían ningún significado especial para las personas que nos rodeaban.

lunes, 26 de enero de 2015

Una de taxis en Buenos Aires (y II)

Después de registrarnos, dejar las cosas en nuestras habitaciones y cambiarnos de ropa, nos reencontramos en el vestíbulo del hotel para ir a comer. Justo cuando salíamos hacia un restaurante próximo llegaba el resto del pasaje de nuestro vuelo. Todos juntos en dos autobuses. Un conocido, que viajaba en el mismo vuelo me dice al pasar:

- ¿Y vuestro equipaje?
- Vinimos en taxi. Ya llegamos hace un rato.
- Bien jugado. Yo es la primera carrera de estas a la que vengo. ¡Y si lo se no vengo coño!

La cena en el hotel no era gran cosa. En realidad era bastante malo. Pero con el último medio kilo de carne que había comido en el almuerzo no necesitaba más que la macedonia servida de postre. En la sala que habían habilitado a modo de comedor provisional se podía ver la amargura del pasaje. Nosotros no podíamos quejarnos. Al no tener casi obligaciones en casa, un día más de "vacaciones" a coste cero se agradece. La siesta en la piscina después de comer es algo que recordaré en los próximos tres meses de invierno que me quedan por delante en centro Europa.

Habitación con vistas a la Estación Retiro de Buenos Aires.

Tras la cena, tomando algo en el bar del hotel decidimos repetir la operación taxi para la mañana siguiente.

- Do you want to call your friend and arrange our transportation for tomorrow morning?
- Sure!
- He will make another four hundred pesos and we avoid qeueing for the check in of our luggage.


- Fernando máquina, soy César. El español de esta tarde.
- Sí, dime dime César. Ya pensaba que eras tú por el número de teléfono.
- Mañana por la mañana tenemos que volver al aeropuerto, ¿cómo lo tienes?
- ¿A qué hora?
- Para salir del hotel a las ocho menos cuarto.
- Vale, sin problema. Yo os voy a buscar. Dime el número de tu habitación por si te duermes o pasa algo hago que te llamen.
- 1916.
- Muy bien, pues a las ocho menos cuarto.
- Oye, ¿todavía estás trabajando?
- No que va tío, acabo de llegar a casa.
- Vaya, queríamos salir. Pillaremos otro taxi entonces.
- Si, mejor yo hoy ya he hecho suficiente.
- Vale, gracias.
- Venga hasta mañana.

Al final Jules y yo cogimos un taxi que otros dos huéspedes del hotel habían acabado de dejar. Le dimos nuestro destino: Mandarine Terrazas en Punta Carrasco.

Después de diez minutos hablando de cosas varias del trabajo en el asiento de atrás, nos damos cuenta de que estamos abandonando la zona más cortés de la ciudad. La distancia entre farolas cada vez es más grande. Las aceras de las calles pasan a ser pedruscos y arenales, empiezan a verse coches desguazados aparcados, grupos de gente rebuscando en la basura y el taxi gira a la derecha en una oscura calle desierta.

- Perdona, ¿a dónde vamos?
- Where the fuck are we going?
- Aquí a Punta Carrasco, dónde me han dicho. - responde el taxista con más miedo que nosotros.
- Sí, pero te habíamos dicho a las Terrazas del Mandarine o algo así.
- Mira, esta calle lleva a Punta Carrasco y yo aquí he traído gente a recitales.

El taxi parado en medio de la nada, Jules mirando hacia atrás por la luna trasera mientras el taxista me daba su teléfono móvil para buscar el destino. El lugar era el perfecto para volver al hotel hasta sin calzoncillos. Asumimos que el Mandarine Terrazas estaba cerrado, algo bastante probable en un lunes de verano, así que pedimos que nos llevase a la Plaza Serrano, que ya conocíamos de la noche anterior.

Al esperar en un semáforo para incorporarnos a la venida vi a la derecha la típica casa fantasma de El Cabo del Miedo. El taxista explicó que era un refugio de pescadores, y que en esa zona se había estrellado un avión hace unos diez años cuando se quedó sin pista para aterrizar. Ya en la avenida, dejando Punta Carrasco a nuestras espaldas un avión de LAN pasa a no más de treinta metros de altura sobre nosotros.

Plaza Serrano

Plaza Serrano presenta el mismo ambiente que la noche anterior, aunque quizás haya algo menos de gente. Varios bares y restaurantes situados alrededor de la plaza, cada uno con su terraza. Todas llenas. Buscamos una mesa y la encontramos al lado de otra donde dos chicas hablaban medio inglés y medio español. La primera hora seguimos hablando del trabajo, principalmente de lo caótico del fin de semana. Después les preguntamos a nuestras vecinas si sabían donde ir un lunes de noche. Ellas también estaban de visita. Eran mexicanas, aunque estudiaban en Texas y cruzaban todos los días la frontera para ir a clase. Su pueblo, Laredo, dividido por el Río Bravo era un pueblo fronterizo. Ellas se consideraban mexicanas, pero tenían pasaporte americano porque sus padres las habían nacido al otro lado de la frontera. Por lo que contaban la gente cruzaba libremente de un lado a otro cada día. Una imagen bastante diferente de las imágenes con la que la televisión nos ceba casi a diario. Llevaban cuatro días en Argentina, y antes habían estado en Chile. Decían que Buenos Aires les gustaba, pero Santiago es donde se quedarían si pudiesen. Estaban haciendo un estudio de las diferencias culturales en países de Sur América. Antes de acercarse a Plaza Serrano se habían encontrado inmersas en un espectáculo de percusión que se llama La Bomba del Tiempo. Demasiados melenudos, cerveza y marihuana las hicieron salirse del grupo horrorizadas decían.

Rematamos la noche en otro bar de la plaza. No recuerdo el nombre, pero creo que es el único que tiene una terraza en la azotea y está decorado con cosas dispares, como un retrete, una silla de barbero antigua, una bicicleta y otros. ¡Mojito aquí!

Se me hacía extraño que de todos los trayectos en taxi que teníamos hechos hasta el momento, en las radios de los taxis siempre sonaba música comercial. No esperaba que todos los taxistas estuviesen sintonizados a Radio Tango, pero si escuchar algo de música nacional. Y fue entonces, cuando a las cuatro de la mañana, surcando los badenes de la Avenida Santa Fe comencé a escuchar los primeros acordes de Flaca, de Calamaro. Sin dudarlo pedí que la subiese. Ventanilla abierta, brazo colgando y cantando mano a mano con "el chofer" una de las más grandes canciones del rock latino. ¡Qué despedida me brindaba Buenos Aires!

Imagen de archivo de la Avenida Santa Fe. Fuente: La Nación.

- La verdad es que tiene una voz particular. - decía el taxista cuando la canción terminaba.
- Sí... Que grande es Calamaro.

La mañana siguiente se despertó lluviosa, con gotas frías y plomizas. Todavía se podía sentir algo de bochorno, aunque no tanto como el día anterior. En frente de la puerta del hotel estaba Fernando esperándonos.

- Buenos días César. ¿Saliste ayer?
- Si, salimos.. - me interrumpe.
- ¿Follaste o no follaste?
- No, no follamos pero estuvo bien la noche. Volvimos a Plaza Serrano porque Terrazas estaba cerrado.
- ¿Ah sí? No, pues no me lo esperaba, no - respondía sorprendido.

Saliendo de la ciudad pensaba que de verdad quería aprovechar los últimos minutos con un auténtico personaje local. Salir de fiesta con este tío tiene que ser como visitar una ciudad distinta.

- ¡Ey!, conocimos ayer por la noche a dos chavalas que habían estado en algo que se llama La Bomba del Tiempo, ¿te suena?
- ¡Ay sí hombre! Claro, como no se me ocurrió decírtelo. Perdona.
- No pasa nada, si con tal de salir, nos vale todo. Dijeron que era un espectáculo de percusión o algo así.
- Sí, se celebra en una sala multiusos del gobierno que cada día se llena con una actividad. Música, teatro, conferencias. Los lunes es la Bomba del Tiempo que está buenísimo. De los mejores espectáculos de la ciudad. Pero empieza temprano eh, a las siete u ocho, una cosa así.

- ¿Cuánto tiempo llevas con el taxi?
- Ahora cuatro años. Antes trabajaba en un supermercado y tenía un chofer para el taxi. Hasta que llegó el momento en que ganaba más el chofer que yo.
- Estoy pensando en vender el departamento que tengo ahí al lado de Plaza Serrano y comprar cuatro o cinco coches con el dinero que saque. Ahí si que puedo hacer dinero.

- Oye vi en tu tarjeta que tu nombre de usuario de Skype es Mrloboo. Como el de Pulp Fiction, ¿o qué?
- Sí, me lo hice ya hace un tiempo... Bueno.

Si el viaje del día anterior les había puesto los pelos de punta a mis compañeros ingleses, esta mañana les oíamos suspirar en el asiento de atrás cuando nos incorporábamos a la autopista cruzando dos carriles y con no más de medio metro al coche de delante. La autopista estaba encharcada. El cabrón de Fernando me miraba mientras se reían.

- ¿Qué son? ¿Americanos?
- No, ingleses. Pero tu dale dale, que les gusta - le dije con un guiño.
- Vale bien.
- The worst thing is that most of them are running almost on slick tyres, you know? - oí decir a Rob en el asiento de atrás abrazado a su mochila.

- ¿Y cómo dices que se llama el pueblo ese donde se come tan bien?
- Illas.
- Ese, ese. Me estaba acordando yo ahora de aquella comida.

Choca que mientras uno piensa en cuánto le gustaría quedarse más tiempo en Buenos Aires, alguien de allí se acuerde en una calurosa y húmeda mañana de verano de sus vacaciones en mi tierra.

Al llegar a uno de los peajes que hay en la autopista que conduce al aeropuerto nos situamos detrás de una furgoneta Mercedes Benz blanca. Destartalada. Con cortinas, o cristales tintados no se, pero opaca a cualquier mirón del exterior.

- Este se va a saltar el peaje ahora ya verás.
- ¿Cómo?
- Estos son transportes ilegales. Llevan gente desde la ciudad a las regiones.
- ¿En plan pirata?
- Sí, claro. Piensa que este tío igual hace diez viajes de ida y diez de vuelta en el día de hoy. Si no paga los cuarenta o cuarenta y dos pesos a la ida y a la vuelta, mira tú lo que se ahora.

Al momento la furgoneta sale pegada al coche que la precedía. La barrera tiene algún tipo de mecanismo elástico de tal forma que vence la fuerza del vehículo y se abre en posición horizontal. Lo ví bien cuando nosotros hicimos lo mismo detrás de la furgoneta. Las caras de Rob, Lofty y Jules eran un poema.

- ¿Se ha saltado el peaje? Esto es increíble - decían entre carcajada y carcajada.
- ¿Se piensan que yo me lo salté también?
- Sí - contesté entre risas.
- No, no. Yo no me lo salté. A mi me cobran por la placa. - explicaba mirándolos por el retrovisor - Díselo tú anda.

Igualmente, ver la barrera golpear la luna del taxi y pensar que nos habíamos saltado el peaje era mejor que la verdadera historia.

- Claro que estas furgonetas no tienen seguro ni nada. Si les pasa algo los ocupantes no están cubiertos.
- También hay furgonetas así en Europa llevando gente de los países del este al centro. Y en España, me acuerdo de ver este tipo de furgoneta blanca con cortinas en la frontera con Francia, en Irún. ¿Pero no les para la policía por saltarse el peaje?
- ¿La policía? La policía aquí está comprada. Mira, esta otra sí es una furgoneta que se dedica a lo mismo pero es legal - me señalaba otra furgoneta más moderna, bien cuidad y rotulada con el nombre de una compañía de transportes.
- ¿Y por qué el dueño de esta compañía de transportes no paga a alguien para extorsionar a la furgoneta pirata?
- No lo dudes. Pero si no lo hace es porque el de esta otra furgoneta conoce a alguien más artero todavía.

Como toda historia, mi visita a Buenos Aires también tiene su final. Y termina el la misma puerta de la terminal donde el día anterior cargábamos nuestro equipaje al taxi.

- Buenos espero que se puedan ir hoy.
- La verdad que preferiríamos quedarnos. ¿Son trescientos cincuenta otra vez?
- Sí.
- Alright mate. One, two, three and four. It´s fine. - Rob contaba los billetes de cien pesos según los entregaba.
- Thank you. Gracias. Bueno César, cuídense. Que les vaya bien.
- Igualmente Fernando. Si vuelves por Asturias avisas. - Le dije dándole mi tarjeta.
- Mirar que no os dejéis nada en el auto.
- Cuando vuelva a Buenos Aires ya tengo taxi, ¿no?
- Si claro, no lo "dudés".

- Guys have a good trip! - gritaba a Jules y Lofty levantando la mano mientras se subía al taxi.

Volvieron a retrasar el vuelo ese día, aunque solo por unas horas durante las cuales Jules y yo mantuvimos la esperanza de tener otra noche en Buenos Aires. Y esta vez sí habríamos llamado a Mr Lobo para salir.


sábado, 17 de enero de 2015

Una de taxis en Buenos Aires (I)

La reciente visita a Buenos Aires, por motivos de trabajo, no me podría haber dejado mejor sabor de boca. Se que volveré. Volveré por la gente, por encontrarte inmerso en pleno verano tras unas horas de avión, por la comida, por descubrir una ciudad inmensa que en sus tiempos hacía sombra a cualquier otra capital del mundo. No he tenido ocasión de caminar por el centro, pero lo que he visto desde los taxis son cantidad de avenidas de seis y ocho carriles. Edificios enormes, que te hacen sentir igual de insignificante que los del centro de Londres.



Cuando en los mostradores de facturación nos avisaron de que nuestro vuelo podría retrasarse debido a un fallo técnico, mis compañeros y yo debimos de ser los únicos de todo el pasaje en alegrarnos por tener unas horas extra en la ciudad. Después de un par de horas de espera nos confirman que efectivamente el vuelo se cancela hasta el día siguiente. Nos alojaremos en un hotel del centro a gastos pagados. 

Para evitar la espera por el autobús que trasladaría a todo el pasaje hasta el hotel, decidimos coger un taxi. Así seríamos los primeros en llegar al hotel y evitando la interminable cola mientras todos los pasajeros se registran.

Como yo era el único que podía hablar con la gente local, al salir de la terminal con los mismos bultos que habíamos entrado horas antes, me encomiendan la misión de encontrar un taxi que nos lleve al hotel.

En la melé de coches, pasajeros, maletas y carritos encontré un monovolumen Volkswagen, que estoy seguro no se vende en Europa, perfecto para llevar todo nuestro equipaje al centro de Buenos Aires.

- ¿Está libre?
- Si, un momento - me responde el taxista al tiempo que acaba de hablar con otra persona que se bajaba de una camioneta blanca. Una de estas mastodónticas Ford o Dodge que ahora están de moda entre raperos y narcotraficantes. - súbete, súbete.

Me acomodo en el asiento de acompañante, retirando antes las RayBan que se allí se encontraban. Al momento el taxista se sube al coche. Mientras le explico que mis compañeros esperan en la última puerta de la terminal para ser recogidos y dirigirnos al Hotel Sheraton Retiro, un hombre golpea la ventanilla del conductor con violencia. Ventanilla que estaba apuntalada con pinzas de la ropa para que no se caiga, igual que la de la puerta del acompañante.

- ¿Pero que coño te pasa? ¿Estás mal de la cabeza boludo?

Sinceramente yo no recuerdo que el otro hombre respondiese a ninguna de las preguntas con palabras, solo golpeaba el taxi.

- ¿Qué me estás diciendo de como manejo yo? A ver si me bajo y te parto la cabeza.

Hicimos un par de intentos de arrancar e incorporarnos al carril que recorre el frente de la terminal para dejar y recoger pasajeros. Pero los coches no paraban de pasar uno tras otro, y el tipo de fuera volvía a dar golpes en el taxi. La última vez el taxista se bajó, y si recuerdo haber oído al hombre de fuera decir algo.

- Mira mejor vete de aquí por tu familia.
-¿Pero me estás amenazando tarado? Flaco estás muy mal eh. - gritó el taxista al tiempo que abría la puerta y le pegaba un manotazo al hombre de fuera.

Yo solo pensaba que era una pena que yo fuese el único de mis compañeros que estaba viendo lo bien que empezaba nuestro día extra en Buenos Aires. Después de unos cuantos mano-puñetazos entre ambos una señora mayor, que yo entendí ser la madre del otro hombre, intervino entre los dos diciendole al taxista "marchate, marchate ya" (no, no lleva tilde).

Taxi porteño VW.

Cuando el taxista vuelve a subirse al coche y finalmente rodamos metidos en el tráfico, todavía duda si volver a pararse cuando el hombre de fuera grita algo. Yo le digo "venga déjalo hombre, si tiene cara de deficiente mental".

- Sí, sí que la tiene. Es verdad. - me dice golpeándome con el codo de su brazo tatuado después de meter segunda. - Nada, un loco que aparcó su camioneta al lado del taxi y le dije "oye tío, mueve el auto que no puedo salir".
- Toma - le paso las gafas de sol que había encontrado en el asiento -, no merece la pena ni pararse...
- Gracias.
- Mira tenemos que recoger a mis compañeros en la última puerta y luego nos vamos al Sheraton del centro.
- ¿Qué Sheraton? Hay dos. Está el de Retiro y el de Libertador.
- Pues no se, ahora lo miramos con mi jefe. Párate aquí que voy a buscarlos.

Cuando llego a mis compañeros, les digo que ya antes de salir he visto una medio pelea entre el taxista y otro conductor. ¡La cosa promete!

Jules, el mecánico jefe del equipo, me pregunta si éste es nuestro taxista cuando él viene a recoger su maleta. Al decirle que sí empieza a reírse y responde "he doesn´t care, you can tell just by the way he walks".

El taxista carga las maletas y nos pide la dirección del hotel, que resulta ser el de Retiro, como bien tenía apuntado Rob. Cuando estamos saliendo de la terminal, el sol vuelve a darle de lleno al coche y oigo a Rob, el jefe del equipo, decir que éste iba a ser un viaje entretenido. Jules y Lofty, primer mecánico de uno de nuestros coches, sonríen y asienten con la cabeza. A los británicos siempre les llama la atención el poco respeto al volante de españoles, portugueses e italianos. Los argentinos todavía van más allá.

Antes de abandonar el aeropuerto ya habíamos adelantado un coche por el interior, en una curva a derechas, de la que nos acercábamos a la fila para pagar el tránsito por el parking del aeropuerto.

El precio del trayecto, de una media hora, estaba apalabrado en 350 pesos argentinos. Después de ver el calibre de taxista que nos había tocado no podía menos que empezar a tirarle de la lengua como hago cada vez que me encuentro un taxista hablador.

- Pues nos cancelaron el vuelo y no nos vamos hasta mañana.
- ¡Vaya!
- La verdad es que estamos encantados porque veníamos a trabajar y así podemos aprovechar otro día por aquí. Yo de lo poco que he visto, me encanta. ¿Oye algún sitio para salir esta noche? ¿Un boliche como decís vosotros?
- Sí, a ver... Está el Terrazas, que se llena de gente. El Faena, que se pone buenísimo también. Es la discoteca de un hotel y se llena todos los días. Y luego tienes el Tequila pero creo que no abre el lunes, tienes que preguntar. Es que en esta época del año, la gente está de vacaciones en la playa. Es como si tú en Agosto vas en España a Granada, ¿quién hay? Nadie, están todos en Marbella.
- Bueno ayer salimos en la zona de Plaza Serrano, en Palermo y acabamos en una discoteca llena de gente. El Kika se llamaba, que de hecho el taxista que nos llevó al hotel nos dijo que los domingos ese sitio está lleno de putas.
- No tío, no. Qué va. ¿El Kika? ¡Si yo vivo a cuatro calles de allí! A ver el Kika es un bolichón, con minas muy putas pero no son putas.
- Bueno, no se. Eso es lo que nos dijeron ayer al volver al hotel.
- No hombre, es que las argentinas son muy putas pero en el Kika no hay putas. A lo mejor alguna... ¡Pero es que la gente tiene que comer tío! Cada uno se gana la vida como puede.

- ¿Cuánto tiempo habéis pasado aquí?
- Nada, llegamos el jueves y nos íbamos hoy.
- ¿De dónde eres tú?
- Español.
- Si, ¿pero dónde en España?
- De Asturias.
- ¿Asturias? ¡Que bueno! Conozco Asturias, he estado allí. ¿De dónde?
- De un pueblo cerca de Oviedo.
- ¿Cuál? ¿Cómo se llama?
- ¿Pola de Siero?
- Si, ¡he estado en tu pueblo tío! Con el bar ese gasolinera. - se reía. A estas alturas ya habíamos cambiado de carrir unas ocho o nueve veces aprovechando los huecos que van quedando en los carriles de la derecha y de la izquierda.
- ¿No jodas?
- Sí, sí. Y he estado en Candás, en Luanco, en Oviedo claro, en Avilés, en Gijón... ¡Hostia! ¡Las pibas de Gijón! ¡Son unas putas tío! ¡Pero es que son putísimas! - grita echandose una mano a la cabeza. - Solo les falta el lazo y el papel de regalo. Me acuerdo que las noches que salimos acabamos follando todos. Como se sale siempre por los mismos bares, la misma zona, vas cruzándolas y viéndolas a todas varias veces en la misma noche. Y al final de la noche siempre hay alguna que cae.
- ¿Tú sabes que en España decimos que los argentinos nos quitan a las tías?
- No, pero viste que solo con decirlas dos tonterías ya son tuyas.
- Un argentino que va a España a pillar lo tiene fácil.
- Yo la verdad es que les robaba besos a todas.
- ¿Y qué hacías en Asturias?
- De visita. Estuve tres o cuatro meses viajando por España. Tengo un amigo que labura en Pajares de instructor. También fuimos a otro pueblo que está entre Gijón y Avilés.
- ¿Candás?
- No, no es Candás.
-¿Luanco? - pensé que se estaba liando con la costa asturiana, pero no.
- No, no. Por el interior. Se va por una carretera por la montaña. Para comer...
- ¿Tazones?¿Lastres?
- No, ¡que va! Lastres está allá del lado de la playa esa. Yo te digo un pueblo que vas a comer. Llegas al bar y dice "Hoy para comer: lo de todos los días."
- ¡Hostia! Ya se dónde es. No me digas que has estado ahí jajajajaja que buena colega. ¡No me lo puedo creer! Que de primero hay pote, luego cordero, luego fabada, luego filetes empanados... - habíamos llegado a tal punto de excitación en la conversación que Rob, Jules y Lofty miraban como en la fila de delante hablábamos cada vez más alto con alguna carcajada y aplausos. Me doy cuenta de oír a Rob decir algo sobre como suenan el Español y el Portugués a Jules y Lofty.
- ¡Si tío! Que te ponen siete platos o una monstruosidad así. Lo lleva un hombre mayor además, ¿no? Y su señora creo. Que me dijo que si lo terminaba todo no tenía que pagar. Y total para nada porque me cogí un panzón y no pude acabarlo, ¿viste?
- Illas, ese sitio se llama Illas. Yo fui una vez con mis padres y mis tíos. Pero ni siquiera lo conoce mucha gente de Asturias.
- ¿Pues ves cómo estuve en Asturias? Joder, ahora que me acuerdo de la comida esa. Pues sí, ahí era.  - me confesaba mientras apurábamos una frenada para meter el coche en uno de los huecos de las colas del peaje.

Después del peaje cambiamos de continente y toca hablar de Argentina.

- ¿Y cómo se vive aquí?
- Jodido. Muy jodido. La inflación nos amarga la vida. Esto - apuntando a su cajetilla de tabaco - un día te cuesta ocho, al día siguiente trece, al siguiente veintiuno y luego vuelve a costar ocho, Además no nos dejan cambiar más de cuatrocientos pesos a dólares.
- ¿Los precios en dólares no cambian?
- No claro, lo bueno sería tener siempre dólares porque entonces los precios serían constantes.
- ¿Cuánto son cuatrocientos dólares en pesos?
- Pues son unos cuatro mil pesos, que viene a ser un sueldo normalito. La gasolina está al doble que cuando yo estuve en España y los sueldos son más pequeños. Cuatro mil pesos, cuatrocientos dólares o trescientos y poco euros, como quieras.
- Nos han dicho que tengamos cuidado al salir a la calle por la inseguridad y todo eso...
- Con la necesidad que hay la gente hace de todo para vivir. Está el taxi que tiene el metro trucado para cobrar de más, el que te roba cuando sales del banco, los que roban a los turistas, las putas...
- Yo no he visto nada fuera de lo normal. Alguna gente durmiendo en la calle, pero igual que se ve en Madrid o Londres. Y sí que he visto gente tomando algo en las terrazas por la noche. En ese sentido me parece todo más tranquilo de lo que nos habían advertido.
- Si, pero no te confíes. Allá a la zona donde van ustedes por la noche les va a salir caro porque necesitan taxi.
- ¿Qué está en zona mala?
- A la parte de atrás de la estación está la villa. Llena de drogadictos. Yonkis. Pero no yonkis como los yonkis de España que dan risa. Yonkis agresivos, que están del crack. Porque en España son yonkis de heroína y eso los atonta. Pero aquí los yonkis están de fumar crack y eso los pone agresivos, ¿sabés?

Se lo traduzco a mis compañeros que van en el asiento de atrás, hasta ahora cuchicheando y suspirando cada vez que cambiábamos de carril o tomábamos un desvío. El taxista se lo cuenta con una traducción más que aceptable, usando expresiones literales, mirándolos por el retrovisor.

- What´s the WIFI password? - pregunta Jules desde el asiento de atrás.
- ¿Tienes WIFI en el taxi?
- Sí, ¿viste? Si total es una tontería porque el propio aparatito lo tiene incorporado. Tú con que tengas tarifa de datos ya está.
- ¡Qué guay! Eso no lo he visto en ningún otro taxi.
- Pues ya ves, aquí cuidamos al cliente.

- ¿Y cómo se llegó a esta situación? Porque hace cincuenta años Argentina era uno de los países punteros del mundo.
- Pues se llegó con ladrones. Cada gobierno que hemos tenido aquí ha robado más que el anterior. Éstos que están ahora han sido los que más han robado de todos. La mina esta, Cristina, y su marido antes han saqueado el país con contratos para sus amigos y sus empresas. Además tiene comprados varios medios de televisión, periódicos, radios, ¿viste? Para tener a la gente controlada en lo que saben, y entretenida, y contarles mentiras porque son gobiernos de estos como Fidel Castro, Hugo Chávez y todos estos.
- Sí, populistas. Qué pena, con lo que ha tenido que ser Argentina hace cien años, con gente llegando de España, Alemania, Italia...
- Mi madre es de ascendencia polaca y mi papá era de Granada.
- ¿La gente no se da cuenta?
- ¿La gente? El sesenta por ciento de la población de Argentina es analfabeta tío. Tú al campesino le das un subsidio y tienes su voto. Tú al negro le das una ayuda mensual y tienes su voto. Y así estamos, que el cuarenta por ciento de la gente nunca podemos ganar al sesenta por ciento al que le compran los votos.
- Joder. Yo tengo familiares aquí en Argentina y mis tíos han venido a visitarlos en los años sesenta y setenta. Me contaba mi tío que la primera vez que vinieron se vivía mejor que en España, y que a nuestros familiares les iba bien aquí con negocios y eso. Pero que la segunda vez que vinieron, solo algunos años después, estaban arruinados y el país había perdido todo el esplendor que tenía.
- Así es, la historia de tantos y tantos.
- ¿Pero y todos los coches de lujo que se ven?
- ¿Cuáles?
- Mira ahí va un Audi, ahí va un Mercedes nuevo, otro todo terreno... No hay tantos como en España, pero aún así.
- ¿Esos? La mayoría traficantes de droga. Bueno no, narcotraficantes. Los vas a ver cuando vayas al boliche esta noche porque ahora en verano la gente de dinero de bien se van a la playa. A Punta del Este o a Brasil. Buenos Aires al tener puerto, como todas las ciudades con puerto, tiene el negocio de la droga dentro, muy dentro. Tu piensa que aquí un kilo de coca te cuesta dos mil euros y allá en Europa lo "comprás" por cincuenta mil. Así están las cárceles argentinas llenas de italianos y españoles que intentaron hacerse ricos.

Teníamos que sacar dinero en un cajero para pagar la carrera, así que empezamos la búsqueda desde el taxi para ver donde parar. Esto me recordó lo difícil que había sido encontrar un cajero con dinero la noche anterior.

- Oye ahora que vamos al cajero. ¿Qué pasa aquí con los cajeros? ¿Por qué no tienen dinero? Ayer tuve que probar hasta cuatro.
- Sí, es que era fin de semana y la gente no lleva dinero encima por seguridad. Sacan el dinero que necesitan cada día, cuando lo necesitan y ya está.
- Joder, otra vez con la seguridad. ¿A ti te han atracado alguna vez? Como viandante, no en el taxi.
- No, aunque lo han intentado unas cuantas pero siempre tuve suerte.
- ¿Y en el taxi?
- Si, una. - Tras un silencio continúa la frase casi susurrando mientras se escapa de un semáforo antes de que cambie de rojo a verde - Me dejaron la cara rota... vaya hostias me dieron.
- Entonces si te van a robar, ¿ es mejor dárselo todo por delante?
- Claro, porque aquí todos los robos son con violencia y la mayoría con pistola. Y total para robar nada porque la gente no tiene dinero ni para que la roben.
- Ya.
- Seguro que tú te acuerdas de que hace tres o cuatro años, vinieron una pareja de españoles a viajar por el país. Como si vienes tú y tu novia. Alquilaron un auto, viajaron por el país y ya venían a Buenos Aires a pasar aquí los últimos días antes de irse. Cuando llegaban a Buenos Aires, se equivocaron de salir. En vez de tomar la salida para Puerto Madero - zona en que se encontraba el hotel donde habíamos pasado las últimas noches -, tomaron la salida primera. Cuando el coche se detuvo en un semáforo los tirotearon. ¡Imagínate eh! Aquí como estamos tu y yo ahora con los cinturones puestos. ¡Pum pum pum pum! - apuntaba hacia delante con la mano en forma de pistola - A él no le pasó nada, pero a la novia se la mataron. Y así lo dijo "es que han matado a mi novia, me la mataron...". Imagínate tío.

Por fin encontramos un banco. Cuando nos bajamos todos los "guiris" del coche pienso que somos presa fácil mientras sigo pensando en la historia que acabo de oír. Me tranquilizó ver al taxista echando un cigarro sentado en el capó del coche al terminar de sacar el dinero.

Desde aquí estábamos a cinco minutos del hotel. En la siguiente avenida - Avenida del Libertador - me explica que detrás de la estación inmensa que se ve a la izquierda es donde se encuentra la villa. Y que de salir por la noche, lo hagamos en taxi y en dirección contraria a donde nos encontramos ahora.

Plaza Canadá y Estación del Retiro detrás. A la derecha se puede ver "la villa".

En el hotel descargamos las maletas y Rob me pide que pregunte por un recibo para declarar el viaje en taxi como un gasto de trabajo.

- No te lo voy a rellenar, te voy a dar dos recibos en blanco para que los rellenéis con lo que queráis.
- ¡Ah! Gracias.

Rob me pregunta si le dejaremos una propina y le entrega cuatrocientos pesos.

- ¿Fernando es tu nombre? - como indica en la tarjeta que nos acaba de dar el taxista para que lo llamemos si algún día volvemos a Buenos Aires y necesitamos algo.
- Sí señor, ¿y tú?
- César.
- Pues encantado César. Muchas gracias.
- A ti.
- Buena suerte y cuídense.


Mientras esperábamos para hacer el registro en el hotel, mis compañeros no dejaban de repetir una y otra vez "no hemos estado a más de un palmo de distancia del coche de al lado en todo el viaje".