sábado, 18 de diciembre de 2010

Postales de Navidad

El primer recuerdo que tengo de las postales de Navidad, cuando era un niño, es el de mi madre escribiendo a sus familiares y amigos más lejanos, con los que no tenía contacto muy a menudo. Ya de aquella me parecía un gesto bonito, pero con lo vago que soy se me hacía pesado pensar en escribir diez o doce postales.

Este año cenando con una amiga, que me hizo pensar un poco más de lo que estoy acostumbrado y ampliar las miras, entre copa y copa de vino tuvimos una conversación sobre los cambios a lo largo de la vida, - me gusta dar vueltas una y otra vez sobre este tema, sí - sobre cómo la gente entre y sale de las vidas de otros, a veces sin tiempo a decirles lo importante que fue su presencia o lo agradecido que estas de haberlos conocido. ¿No es una pena? ¿Por qué para decir algo malo rara vez nos callamos pero sin embargo nos cuesta transmitir sentimientos positivos? ¿Vergüenza? No hay que ser un valiente para mostrar los sentimientos y ya somos mayorcitos para poner la vergüenza como excusa.

Hace unas semanas, cuando en el supermercado encontré postales de Navidad no dude ni un segundo en ponerlas en mi bolsa. Declaro abiertamente que hace dos o tres años cuando estaba en España no se me habría ocurrido escribir nada porque la gente a la que tenia que escribir estaba a tiro de piedra. Y es más, muy probablemente hubiese hecho algún comentario molesto - gracioso hacia cualquier persona que enviase postales de Navidad. Con el tiempo aprendes a no escupir hacia arriba.

Te sientas con tus sellos, tus postales, tus sobres, tu bolígrafo y empiezas a escribir con la intención de hacerle saber a esas personas lo importantes que son, recordar buenos momentos compartidos, dar una palmadita en la espalda en sentido figurado; también aclaras tus ideas sobre esa gente.


Cuando escribes a tus amigos y familiares está claro que escribes cosas que sabes de esa gente, quiero decir que no vas a descubrir una cualidad especial de esa persona mientras escribes. Sin embargo pensar como plasmar lo que piensas en el papel hace que te des cuenta de las cosas que sabes de esa persona sin ser completamente consciente.

Al escribir las ideas toman más fuerza de la que tienen cuando flotan en tu mente mezcladas con otras cien cosas que te tienen ocupado cada día. Reconozco que se han quedado un par de postales por enviar, por uno u otro motivo; no sabes la dirección, se hace tarde para enviarlas...

En el otro extremo hay gente a la que conscientemente quieres escribirle, crees que debes escribirles, pero llegado el momento la mente se queda muda. No hay nada que decir, podría ser que el concepto que tienes de esa gente esta sobre dimensionado, antiguos compañeros de clase, amigos que con el tiempo se quedan en conocidos o amigos de amigos.

Todos pasamos de la centena de "amigos" en Facebook, ¿realmente alguno de nosotros tiene más de cien amigos?

De cualquier modo, Feliz Navidad a todos :)

domingo, 12 de diciembre de 2010

" ¡Un momento que la están peinando! "

Si vais a Valladolid, olvidaros de hacer reserva para comer en ningún restaurante. No lo digo porque sean malos, ni caros, habrá de todo como en cualquier ciudad. Os recomiendo que para comer en Valladolid, simplemente callejeéis alrededor de la Plaza Mayor y entréis en cada uno de los bares de tapas que os encontréis a vuestro paso hasta que estéis llenos.


Croquetas y Mejillones Tigre en El Corcho, Montadito de Solomillo con salsa de queso Roquefort en La Tasquita II y una ración de sepia en La Sepia, era el recorrido gastronómico que seguíamos Pablo, uno de mis compañeros de piso y buen amigo, y yo cuando los domingos salíamos a tapear por el centro. ¡Qué recuerdos! Incluso en época de exámenes tras estudiar unas dos o tres horas por la mañana decidíamos ir a tomar algo, por ejemplo al chiringuito de la playa de Las Moreras. Aquello era vida...

Para mi esa ración de sepia, con la salsa alioli y la cesta del pan con los tenedorcitos de postre, es especial. No solo por la ración de comida, sino también por el ambiente de aquel bar. Con ese camarero auténtico como el solo del que, a pesar de tener un comportamiento mezcla de borde y macarra, guardo un recuerdo entrañable. Recuerdo que una de las veces que fuimos, tras esperar los cinco minutos (a veces ni llega) que tardan en ponerte la ración volvimos a preguntar, pensando que a lo mejor se había perdido la orden entre la barra y la cocina. Un domingo en hora punta ya os podéis imaginar como está la zona de tapas, y este bar no es una excepción, lo que te fuerza a hablar a voces con los camareros, detrás de la primera o segunda fila de gente que hay en la barra. La respuesta del camarero fue tan rápida como seca, con el mismo tono que nosotros preguntamos y sin siquiera mirarnos a la cara: "un momento que la están peinando". Desde ese día, cada vez que había que preguntar algo que se saliese del guión habitual de "dos cervezas y una de sepia" ya contábamos con que su respuesta iba a ser irrebatible, aunque sin salirse nunca de tono como para ser tomadas a mal, simplemente te ríes de ti y de la situación. La Sepia es para mi uno de los sitios para recordar, creo que estuve allí con todas y cada una de las visitas que tuve, con mis padres, con amigos, con amigas, con compañeros de clase. Y es curioso que para ser uno de los locales de mi vida, y considero que tengo buena memoria, no soy capaz de recordar cuando fue la primera vez que fui ni con quién.

Ayer cuando salí al mercado y vi las sepias en los puestos, me acordé del tapeo en Valladolid. Al llegar a casa - ya con mi sepia - busqué recetas hasta que encontré la receta de Sepia a la plancha. El listón estaba muy alto, sabía que no me iba a quedar como las raciones de La Sepia, pero el resultado final fue más brillante de lo que esperaba y no se quedó tan lejos de mi objetivo. Si seguís la receta, me gustaría hacer hincapié en que realmente hay que secar la sepia antes de echarla a la plancha o sartén. Mi sepia tuvo un proceso de cocción por ignorar ese punto. Además puse las gotas de dos gajos de limón, es demasiado, poner solo uno. No se si es que mi sepia había sido congelada antes de venta, pero no tuve ningún problema de textura, que parece ser la principal preocupación del autor de la receta. Eso si, la próxima vez tengo que hacerle una salsa alioli en condiciones y conseguir un pan como Dios manda.



Ingredientes para preparar Sepia a la Plancha
sepias limpias (mejor congeladas son más tiernas)
1 ramita de perejil
1 diente de ajo
una gotitas de limón

Salsa: falso ali-oli
Mayonesa
1 ajo
3 Hojas de lechuga


Cómo Preparar Sepia a la Plancha

Primero debemos limpiar y lavar las sepias; a continuación las secamos y las cortamos en trozos. Por otra parte, pelamos el ajo y lo machacamos en un mortero junto con el perejil y una pizca de sal. Posteriormente, añadimos un poco de aceite de oliva y unas gotitas de limón, luego, removemos muy bien.
Seguidamente, cogemos una plancha (antiadherente)y la untamos con aceite, dejamos que se caliente bien y, una vez caliente, colocamos los trozos de sepia. Cuando esté cocidos por un lado, lo damos vuelta y vertimos el preparado del mortero por encima. Para finalizar, colocamos la sepia en una fuente y, por otro lado -en esa misma fuente- introducimos unas hojas de lechuga bien lavadas y aliñadas con salsa alioli.
Para realizar la salsa, debemos batir bien la mayonesa con el ajo pelado y descorazonado, hasta que adquiera una salsa homogénea y compacta.