Harto de chistes, prejuicios y comentarios desdeñosos hacia cualquier grupo o individuo, sobre todo cuando se trata de bromas de calidad intelectual cuestionable. Pongamos que hablo de los españoles que visitan México, quienes se creen más astutos que nadie cuando visitan Latinoamérica y se quejan de la lentitud, la suciedad, la forma de conducir, lo peludas que son las mujeres, el feo acento, etc. ¿Suena familiar? Son los mismos españoles que, con resignación y, lamentablemente, a veces con razón, deben soportar comentarios similares de sus vecinos del norte: "ah, maniana, maniana, now mehor sista, ¿si mu-y bien? trancuilo, trancuilo".
Quisiéramos pensar que la gente aprende, que cuando un mexicano viaja a un país árabe recuerda las críticas que ha recibido de los españoles, ¿no es así? Trata a los demás como quieres ser tratado, recuerda cómo te has sentido maltratado y evita repetir comportamientos que tú mismo has sufrido. Sin embargo, la condición humana, con la que nos pintamos la cara, ya sea españoles, norteuropeos o sudamericanos, cuando podemos "dar por culo", no desaprovechamos la oportunidad. Escuchamos los mismos comentarios rancio-despectivos sobre la población árabe: "cuidado, aquí tiran del cordón y explotan", "no mames que las viejas todas tapadas va a ser que aquí si se casan por amor wey", sin molestarnos en cruzar una palabra con nadie, sin dar oportunidad de descubrir y aprender lecciones de estas culturas que nos han sido ocultadas y de las que nos han prevenido con propaganda occidental basura durante años.
Como firme defensor de la libertad de expresión, cualquier juego de palabras puede utilizarse en beneficio de la comedia y la crítica, sí. El caso es que los comentarios son siempre los mismos 3 o 4 - las mentes dan para lo que dan - repetidos una y otra vez, día tras día, para ganarse el favor del jefe, del amigo, del otro viajero extranjero que te acompaña, de otro viajero extranjero que ayer se perdió el chiste, de otro viajero extranjero que ya escuchó el chiste pero que el locutor no recuerda habérselo dicho, y el otro se vuelve a reir igualmente.
Las relaciones entre extranjeros en terceros países también merecen ser analizadas, lo que me lleva al siguiente punto: el vínculo de los perdedores; perdón, de los putos perdedores, los inseguros, los flojos, los que solo saben sentirse fuertes en grupo criticando a otros. Si un inglés o alemán menosprecia a un mexicano en México, oh sorpresa, en Oriente Medio son los mejores amigos porque "no hay donde tomar una maldita birra, me quiero morir, ya no más". Y ya tienen su punto de unión, su nexo, basado en carencias y sentimientos negativos. Sin ni siquiera rozar la superficie a su paso cuando caminan, tan lejos de un nivel de consciencia mínimo donde agradecer la oportunidad de ver cosas que tus semejantes en casa nunca verán, buscar, descubrir y encontrar lo positivo, lo que acerca tu cultura a la cultura del destino, como es el caso de los mexicanos y su amor por la comida picante, por ejemplo, o las palabras españolas latinoamericanas que derivan de palabras árabes.
Llegué tarde a entender que el camino hacia adelante se basa en los pilares de paz, amor y unidad, pero llegué. Gracias a tod@s aquell@s que me han ayudado a abrir los ojos, gracias al hip hop, a los viajes, a las compañías que frecuento. Tengo banderas que quemar, algunas con barras y estrellas, otras rojigualdas, no por lo que representan para sus incondicionalistas fans, que nadie se ofenda, sino por lo que representaban para mí. Intento corregir mis malos hábitos del pasado en cada oportunidad que tengo y redimirme; yo no soy uno de ellos.
Arderéis en el infierno.
Jeddah, Febrero 2024.
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