Spoor 5b
Aquí estoy a pie de andén, otra vez. Otro testigo de nuestro
paso por la vida. Despedidas de amigos, viajes al aeropuerto para recoger
familiares, carreras para no llegar tarde al trabajo, encontrar al compañero
del curso de Holandés que no había vuelto a ver, esperar por los amigos para
irnos de fiesta a Amsterdam mientras sujeto la bolsa del McDonals. Esperas
eternas en las frías mañanas de invierno descifrando los titulares del
periodico, o esperas eternas en las tardes eternas en verano sin viento,
esperas acompañadas al amanecer, sin desayuno, retornos solitarios en la
madrugada y entradas triunfantes al medio día. Principios de noches de
cena con velitas, finales de viajes tras dejar el coche de alquiler en el
aeropuerto.
Ahí se queda Leiden Centraal, con sus luces de Navidad,
igual que el primer día que la vi, llegando desde Groningen tras dos
transbordos en pueblos que ni siquiera trataré de recordar. Yo he visto como
sus vetustos carteles mecánicos eran sustituidos por las modernas pantallas
electrónicas, como aparecían y desaparecían comercios de su hall. Igual que yo
he visto cambiar Leiden Centraal, la estación también me ha visto cambiar a lo
largo de estos meses. Me ha visto partir en distintos viajes, noches de museo,
sábados de compras, me ha visto hacer la declaración de la renta en su
Starbucks, me ha dado paciencia esperando citas... Me ha visto reunirme con
viejos amigos, me ha visto seco, mojado, nevado, triste, alegre, radiante,
seguro e inseguro. Y como a mi, a los otros miles de viajeros que pasan cada
mañana mirando los relojes de camino a su andén.
Leiden,
Diciembre 2012
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