martes, 12 de abril de 2011

Mamá: "¿Estás comiendo bien?"

Con el día tan estupendo que hizo ayer, me dio por salir a correr aunque sin mucha gana. Aguanté no más de quince minutos, cuando normalmente puedo correr casi una hora. No se que pasó, tuve que parar en seco y volver caminando a casa. ¿Tendrá algo que ver el que solo haya comido un wrap de pollo comprado en una gasolinera? Ya en casa, ducha y cena, ¿cena? Frigorífico con dos cervezas, un Reb Bull, dos limones, mantequilla, queso, mermelada, mostaza y leche. A ver el congelador... ¡Premio! Un tupperware con pasta bolognesa me saca del apuro porque son las ocho, el supermercado está cerrado y aunque estuviese abierto las ganas que tengo de cocinar tienden a cero por la izquierda.

Por fin un día consigo meterme en la cama antes de medianoche, ¿y total para qué? Hasta las tres sin dormir, vueltas en la cama, un ligero dolor de cabeza como un zumbido y malestar general sin saber de que quejarme, sin molestias o dolores concretas en ninguna parte del cuerpo. ¿Qué pasa? ¿Cuánto hace que no como algo "con chicha"? Ah si, ya me acuerdo, fue el jueves. El viernes la comida en el trabajo era especialmente mala y cené en un Pizza Hut, el fin de semana en Bélgica me lo pasé a base de sándwiches, chocolate, galletas y fruta; y ayer lunes el triste wrap de pollo.

Durmiéndome a las tres a ver quien se despierta a las siete... Así que hoy a trabajar con la hora pegada al culo, sin desayunar más que un Pan au Chocolat y un zumito de naranja (pero natural eh). La comida de hoy en el trabajo merecía la pena, algo que no ocurre muy a menudo. ¿Os podéis creer que media hora después de comer una minúscula pechuga de pollo con puré de verduras y patatas desaparece el malestar? Me apetece levantarme, tontear con compañeros, hacer bromas, hablar... Y vengo a casa con una clara convicción: pegarme una cena de esas que te echan para atrás al terminar. ¡Así acaban de caer dos filetes de ternera, al queso (amago de) Cabrales con patatas fritas y me siento de p*** madre!




Reconozco que esta sensación no es nueva y ya ocurrió el año pasado, por estas mismas fechas además. Tropiezo varias veces en la misma piedra, sí. En aquella ocasión Bea ejerció de madre - amiga y me dio el toque para que volviese a mi vida organizada, cocinando, comiendo decentemente y no perdiendo los papeles para aprovechar las horas de luz. Aunque peor fue aquel domingo de barbacoa, también en Alemania, cuando me di cuenta de que llevaba sin beber un vaso de agua desde el jueves.

Pero es que llega la primavera y no quieres parar en casa, necesitas días de 28 horas, el lunes tienes tal cosa, el martes quedas con fulano, el miércoles juegas al fútbol, llegas tarde y compras cualquier basura en la estación, el jueves no tienes tiempo para cocinar y malcenas porque hay que hacer la colada y planchar. 

No es hasta que te vas de casa cuando te das cuenta de la programación completamente organizada y natural que tus padres (generalmente las madres) tienen en casa para que no nos de el bajonazo a todos porque tenemos la semana ocupada. Cuando esteis fuera y vuestro padre o madre os pregunten si estáis comiendo bien, no penséis que es pregunta comodín como las conversaciones del tiempo en el ascensor; es una pregunta de peso.

Pd: a veces hay tantas cosas que hacer que se me olvida mamá :)

No hay comentarios:

Publicar un comentario