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jueves, 18 de enero de 2024

All at once

Cerramos 2023, hace ya 15 años que terminamos 2008, cuando todo empezaba, y digo todo empezaba porque fue el año de mi primera exposición internacional a raíz del mal culo que me salió en Valladolid en ese segundo cuatrimestre universitario.

Aquel verano, aquel caluroso y largo verano de 2008 que comenzaba con dos días de resaca de exámenes, sin coche no recuerdo por qué, pero sin coche, tuve que buscarme que hacer en Valladolid visitando el museo de la ciencia y el planetario. Recuerdo que había un Williams Renault F1 de 1995 en el museo, y recuerdo la sesión proyectada en el planetario “La Cruz del Sur”. Mostrando los cielos del hemisferio sur, quizás una introducción para las noches que pasaría observando éstos a uno y otro lado de la cordillera andina años más tarde.

Al día siguiente All At Once de Jack Johnson sonaba en mi Nokia smartphone - aún con botones - justo en el momento que el jefe de estación tocaba el silbato para dar salida al AVE en la recién estrenada línea Valladolid-Madrid. Poco después me encontraba con Andrés y Marcos en el coche bar. No nos veíamos desde hacía meses y nos pusimos a comentar y planear los conciertos que veríamos en Rock in Rio Madrid esa misma noche. Funny enough, 10 años después Beth, una inglesa “bien, muy bien” que conocí en la boda de un compañero de trabajo me invitaba a ir con sus amigas al mismo festival. Out of time!

Aquel año 2008 moldeó mi realidad, viajar, creer que existía la posibilidad de trabajar en las carreras, el trato continuo con extranjeros... por azares de la vida y ganas de salir del tiesto participé en una semana de intercambio con otros estudiantes europeos en Rumania durante 2 semanas. Eso fue agosto, creo. Allí fue donde rompí a pensar en inglés, me di cuenta lavándome los dientes el segundo o tercer día en Iasi, ¡que estaba pensando en inglés!

Dos semanas antes, en Lisboa, de nuevo con amigos asistiendo al Optimun Alive (RATM, Neil Young…) había aprovechado la ocasión para visitar el circuito de Estoril y enterarme “como ser ingeniero de competición”. Algunas indicaciones más o menos acertadas apuntaban a, los entonces novedosos programas master de universidades privadas. Con todas las ganas envié mi inscripción al mejor master de todos, y me rechazaron.

Para demostrar otra vez que intenciones ganan galones, diplomas firmados por señores a los que algunos llaman reyes y títulos-académicos-saca-cuartos que no pasan de ser papeles para envolver chorizos. Sin saberlo, e incluso enfadándome en su día por la negativa respuesta, a día de hoy me doy cuenta que el destino salvó a mi familia de quemar los 14000€ que costaba la matrícula, más la manutención en fucking Mondragón durante 2 años. De buena me libré.

A día de hoy, mirando atrás, parece que todo fue All at once desde ese verano 2008. Parece que fue anoche cuando le contaba a Laurien en aquel bar de Brasov mi plan. Parece que fue ayer el Rock in Río Madrid, Estoril, Rumanía AEGEE, finde año en Leiden AEGEE, verano 2009 en Edinburgh donde mi familia de acogida me preguntaba dónde me veía en 5 años, ¿y que sabía yo? Como mucho donde quería estar; Holanda y dónde estaba enclavado; España, la podrida España de la crisis del 2008. 

Seis meses después, me salva el destino con unas prácticas en Alemania. Y empezaba mi carrera laboral un 4 de enero, llegaba a mi nueva ciudad después de 14 horas de tren – gerne mit DB -, tras haber pasado fin de año en Utrecht. Hice varios transbordos en estaciones germanas espolvoreadas de nieve, recuerdo que Gottingen era una de ellas. Sospecho que ese día me aficioné a los pretzel que acompañaba con el cappuccino en cada estación que hacía cambio de tren. Flipaba con el trajín de las estaciones alemanas. Mi nuevo compañero de piso Markus, y su novia con pelo rubio-blanco cosa que nunca había visto antes, me daban la llave del apartamento en la penúltima parada del último trayecto, en Gotha. Juro que llegué a ese apartamento por indicaciones. Google Maps no existía entonces. Lástima que Markus se fuese a mitad de febrero para hacer unas prácticas en Malaysia, un tío muy de p*t* madre, que no he vuelto a ver. 

¡Qué primavera fue aquella de 2010! Aún recuerdo el olor de los tilos, las noches en bici, el helado de fresa - que fuera de España sí sabe a fresa y no a yogur de fresa -, el sabor de la mostaza en los bratwurst los días de barbacoa y las conversaciones con mi querido grupo de Stammtisch, con los cuales aún mantengo contacto. Pasado el verano nos vamos a Holanda, ¡y a la primera vivo en Leiden! El lugar que me conquistó hacía dos años. De nuevo, una nueva vida, me apunto a un club de kayak para estudiantes y hago vida con mis compañeros del club, cenando y participando en actividades después de entrenar. También visito Zandvoort regularmente para hacer fotos, Amsterdam cada vez que alguien venía a visitarme, los coffeeshops con otros expats… y antes de aprender Dutch, justo cuando estaba en el sweet spot de mi vida social, a punto del suicidio en el aspecto laboral, ¡viene el destino y me salva de nuevo! Cambio de país a UK. En febrero 2012 estoy en la fábrica de Lola Cars Ltd., luego de vacaciones en Sicilia con una novia holandesa de catálogo, poco a poco empiezo a pisar paddock y pit lane en Paul Ricard, Snetterton, Silverstone, Oulton, Spa… ¡y de repente me encuentro trabajando en las 24 Horas de Le Mans! Por un tiempo la M1-Luton fue la ruta habitual de los fines de semana para ir a Amsterdam, hasta que en 2013 me mudo allí.

En 2014 cuando parecía que mi fantasía de carreras terminaba, la misma semana en la cual me entrevistaban para un puesto de oficina trabajando en homologaciones de vehículos, recuerdo al super boss que me entrevistaba - incluso recuerdo su calva brillante, su nariz puntiaguda y su super traje de rayas, similar al uniforme del personal de vuelo de Iberia en aquellos años -, me vieron tan tan tan tan motivado que me dijeron “piensa que es lo que quieres hacer y me escribes en dos semanas”. Pues bien, justo esa semana se me abrían las puertas del cielo cuando el teléfono sonaba para Formula E. Gracias y 1000 gracias Mr. Arnott, siempre tendré una deuda con usted. Beijing en octubre 2014 fue la primera carrera para todos nosotros, el germen de tantas y tantas historias y el germen de mi vida profesional, de forma más o menos continua en el automovilismo. Desde ahí ya es otra historia, la de la cima y el descenso. 

Los primeros acordes de All at once sonaban hoy en el coche, y pensé All at once for the last 15 years. Tengamos cuidado con lo que deseamos.

Asturias, Enero 2024.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Utrecht Centraal

Utrecht Centraal me vio entrar en los Países Bajos hace ya tres años. Un medio día a finales de Diciembre del 2008. Hizo Sol durante las escasas horas que el día duró.

Allí estaba yo, apoyado en una fuente apagada que había junto a unas taquillas que ya no existen. Acababa de llegar de España. Despegué de Madrid a las 6 de la mañana. Había llegado al aeropuerto en un ALSA Valladolid - Barajas, que salía a media noche, escuchando entre otras canciones del maestro Sabina 'Tan joven y tan viejo'. Antes de partir había pasado un par de días en mi piso de estudiantes de Valladolid, - ¡ay mi pisito de estudiantes! Eso da para otra historia... - después de celebrar las Fiestas de Navidad en casa de mis tíos en León. El viaje había sido estudiado y premeditado.

En la estación, en mí estación, medio cansado, medio nervioso, sorprendido por este país, con los trenes amarillos - sí, trenes amarillos -, la apariencia elegante de la gente y cualquier otra cosa que no resultase familiar esperaba a encontrarme con una chica excepcional que había conocido apenas seis meses antes en una locura de viaje estudiantil en Rumanía. De repente esa cara conocida apareció sonriendo entre el tumulto de la estación con mas trafico de pasajeros de Holanda.

Fue como un año más tarde, cuando la misma cara me volvía a encontrar, apoyado en la misma fuente, aunque esta vez no estaba tan radiante. Justo había terminado la universidad y ante mí tenia un oscuro y difícil camino que perseguía el claro objetivo de irme de España. Desde esa misma estación comenzaría el viaje a mi querida Jena, que marcó no se sí mi entrada en la adultez o el inicio de esta inquietud que me persigue desde entones.

Así es que Utrecht Centraal también es la estación de uno de los viajes de mi vida. Creo que fueron 10 horas de trenes, con cambios en Hannover, Gothenburg y otras estaciones que no recuerdo. Mientras hubo luz podía ver las casas nevadas desaparecer de forma fugaz por la ventanilla. Recuerdo esperar emocionado el cambio de frontera, que nos llevo más de dos horas porque la locomotora de la red alemana de trenes estaba averiada. Este retraso rompió todo mi viaje. Desde entonces aseguraba la ruta preguntando en la oficina de información de cada una de las estaciones donde paraba. La actividad en las estaciones de tren de la DB no se puede comparar con el uso del ferrocarril en ningún otro país que yo haya visto. El bullicio de gente subiendo y bajando de unos andenes a otros, cafeterías, librerías, tiendas, panaderías vendiendo bollos y pretzels, todos ellos envueltos en un microclima tropical que te hace olvidar el invierno del centro de Europa que espera de puertas afuera. Una imagen, de esas que se quedan grabadas en la retina como decíamos en Jena, es la ligerísima nube de polvo de nieve que los ICE levantaban al partir.
Antiguo panel de horarios (foto de www.ho0sier.com)

Desde mi regreso a los Países Bajos, Utrecht Centraal me ha visto haciendo transbordos para ir a entrevistas de trabajo, volviendo de un viaje a Copenhague con un pequeño equipo de competición - que fue de algún modo el inicio de mi actual profesión -, haciendo el walk of shame una fría mañana de febrero después de una noche de tonteo con Lisette - una de las becarias de mi trabajo - que comenzó con una cena en Amsterdam y terminó en Utrecht, en la misma estación me reunía meses más tarde con la persona que me puso en el buen camino para llegar a donde hoy me encuentro laboralmente. Como ven, está estación... ¡No! Me corrijo a mi mismo, está fea estación - aunque ahora la están renovando - ha sido un punto de inflexión en varios momentos de mi vida, y me ha regalado otro montón de recuerdos inolvidables.

Como guinda, el fin de semana pasado me despedía de esta ciudad con una doble visita el sábado y el domingo. El primero de los días acompañaba a Bonnie - ¡qué brillo tienen sus clarísimos ojos azules a la luz blanquecina de las farolas de la plaza de la gran torre! - en uno de sus días de descanso entre exámenes. Pasamos el día sin hacer nada especial, que es como mejor se pasan estos días. Dando largos paseos con algunas pausas para entrar en calor en los típicos y marrones cafés holandeses. El domingo volvía a Utrecht con la pandilla de Leiden con plan, de esos que no se ha planeado, pensando únicamente en disfrutar de la compañía con algunas cervezas, un café y un concierto.


Leiden, 22 de Noviembre 2011

lunes, 11 de julio de 2011

Un año

Hoy es el último cabo de año de todo lo acontecido en mi etapa alemana. Un día imposible de olvidar. Nos acordaremos de ello toda la vida. No hay mejor droga que el fútbol para olvidarse de los problemas que tenemos en España, pero vamos a sonreír por un día cohoneh.

"Memorable, celestial, divino, eterno, INIESTA!
Al once de juego, llegó diabólico Iniesta para el remate de una vida,
el beso de la gloria, la caricia de la eternidad.
Y a Dios pongo por testigo, al mundo entero,
quiero llorar, quiero gritar, quiero abrazar a España entera
que grande es nacer español,
al fin, al fin, al fin lo conseguiremos...
España 1, serás eterno Iniesta, serás inmortal Iniesta, Holanda 0
viva, viva, viva España"



[Alfredo Martínez, Onda Cero Radio]

El Mundial de Sudáfrica 2010 fue el primero al que le saqué partido - nunca mejor dicho -. El camino hasta la final discurría paralelo al camino que me llevaría a mi final en Alemania. Donde cada partido del equipo nacional se mapeaba con fiestas, viajes y noches de fiesta que cada vez costaba más paladear por su sabor angustioso a despedida. ¡Vaya palo el primer partido! Era un día soleado y salí del trabajo más temprano de lo normal para encontrar a mi gente en la Wagnergasse. Días después vimos como ganamos a Honduras el compadre Lapresta y un servidor, en una terraza mientras decidíamos no planear nada e improvisar la noche berlinesa que nos esperaba tras el partido. De vuelta a Jena por fin recibo la camiseta que Jaime me envió desde Pola - la de Iniesta, después del tira y afloja de mis amigos por las camisetas de todos los "mega cracks" -. Empezaban los partidos de verdad, primero el temor a Portugal. Menos mal que CR no nos indigestó las costillas del Cheers aquella noche. Los nervios del partido ante Paraguay, que se complicó cosa mala. Llegué corriendo para ver la segunda parte entre amigos, Becks Lemon y una terraza llena de gente apoyando al equipo paraguayo y celebrando el fallo del penalti de Villa. Aún me acuerdo del alemán que el día antes me había dicho que nos íbamos para casa en ese partido.

Mención aparte merece el enfrentamiento contra Alemania. ¿Os acordáis del pulpo Paul? Que miedo tenía cuando supimos que nos enfrentábamos a ellos. Pero el día anterior al partido, de paseo por la montaña jenense lo vi claro, estaba confiado y seguro de que ganaríamos, ¿por qué no? ¡Cómo me gustan las sandías! Y por fin llegó la final, para mí no más tensa que el partido jugado cuatro días antes. De nuevo en el Café Rossi. Este último duelo estaba ganado desde el principio, de verdad, solo podíamos perderlo. Holanda no tiene nada aparte de Robben y Sneijder. Había visto otros dos partidos suyos y jugaban lo justo. Supieron crecerse para la ocasión, cierto, pero era cuestión de tiempo, de que surgiese la ocasión. Me sorprendí por lo que tardó en aparecer - minuto 116 -, pero no por el resultado.

Grupo de españoles se reúnen para ver la seminifinal.
Foto de archivo del periódico local de Jena.

Tras diez o quince minutos de suspiros, miradas de complicidad con los amigos sin decir nada, alivio, satisfacción y sentir como un dique aguanta alguna que otra lágrima en los ojos empezaba mi propia final. había el tiempo justo para celebrar y despedir en la terraza de Guille donde nos reunimos para tomar unas cervezas - como ya habíamos hecho para celebrar su cumpleaños y el triunfo contra Alemania -. Mensajes y llamadas a amigos y familiares. ¿Tendría que picar a los holandeses que conozco? No, seamos serios. Somos campeones del mundo y no nos hace falta aguijonear al rival. Me acuerdo en concreto de tres mensajes que recibí. Noé diciendo "En tu vida tuviste más guapu" sabiendo la camiseta que llevaba puesta. Mi primo Chele, tan conciso como claro "Acojonante". Y Pedro describiendo la locura en las calles de Madrid. Subiendo la larga calle Magdelstieg, acompañado, cuatro o cinco personas me paran para felicitarme y darme la mano. En casa ver el gol una y otra y otra y otra vez. Disfruto las narraciones de todas las emisoras de radio. ¡Qué emoción! Si me dejaba llevar podía advertir que la vista se me iba volviendo borrosa de abajo a arriba.

Las aspiraciones infinitas que me llenaban los pulmones y producían un cosquilleo en el estómago desaparecieron la mañana siguiente haciendo la maleta para dejar la ciudad que había sido mi casa durante seis meses. Ese día el dique se rompió tras el último transbordo en Dresden, por un motivo diferente. Cuando llegaba al hostal de Praga lo primero que me dijeron al hacer el registro fue Congratulations y después de pensar un par de segundos solo pude dibujar una minúscula sonrisa forzada sin separar los labios y dar las gracias.

lunes, 13 de junio de 2011

Jenaers en Münster

Para tener una despedida como es debido, ésta tiene que ser a pie de un andén contrastando la tranquilidad que produce el silencio que deja el tren minutos después de partir con el torrente de actividad de las últimas 48 horas. El cielo estaba gris y lanzaba gotas gordas y frías de cuando en cuando, de esas que al tocar la piel parecen hielo por la sensación de calor del aire. El solazo y el agobio de la mañana dominical ya avisaban que acabaría lloviendo. Digo bien, lloviendo porque esto era lluvia y no las cuatro gotitas sueltas que nos sacaron del lago al medio día.

Siguiendo a Catha, la noche anterior la pasamos en un club en Münster. Bueno, como todo sábado. Una pena que la música se animase cuando nuestras ganas de ir a dormir se disparaban. La ciudad estaba de festival, y nosotros de vacaciones. Eso quiere decir salchichas, carne a la parrilla y cerveza. Volvían las Becks Lemon, aunque las Becks Lime quieren robarles protagonismo este verano. Porque el verano para mí comenzó en el mismo momento en que alquilamos aquellas pedalinas en el lago.


La noche anterior, a la tocata y fuga en re menor del maestro canario le precedían varios intentos de inventar una historia de miedo. Que finalmente acababa siendo de risa cuando Nicu le llama la atención a Emilio con el mismo tono que Robert De Niro en El Cabo del Miedo diciendo "abogadoooo". Es lo bueno que tiene dormir todos juntos, durante dos noches estábamos de campamento - con las esterillas, colchonetas y sacos de dormir -, para alegría de Nicu que es la más campamentosa de todos. Por fin había un poco de cachondeo después de una sobremesa con debate político en alemán entre Guille y Nicu. Sois la monda. El padre de Catha solo había preguntado por el 15M para amenizar la cena, y entre salchicha y salchicha - rellenas de queso y que estaban de requetechupeten - darnos tiempo a respirar.

Unas horas antes, a eso de las ocho de la tarde pasadas, me plantaba en  Greven y salía de su minúscula estación para dar un paseo mientras esperaba a que llegase Guille de Berlín y Catha en coche a recogernos. La alergia me dio un respiro - nunca mejor dicho - para dejarme oler los tilos que traen recuerdos y me persiguen allá donde voy. Hacía calor, mucho calor, camisa arrugada y sudada después de más de doce horas, entre trabajo y viaje. El fin de semana cumplió las expectativas, volver a ver a todos (o casi) los de siempre y alguna gente nueva. Alivio al contar las quejas del trabajo a mis compadres y mentores Bea y Emilio, Nicu y las canciones populares que le alegran el día a cualquiera, Sabrina con su niña y sus planes para el verano, Guille con sus teorías, Katrin presumiendo de novio, Escudero contando como ha sufrido la crisis del pepino español a nivel personal y una Catha excepcional haciendo de anfitriona... ¡Por fin visitamos su pueblecito y vaya si mereció la pena!

Gracias a ti y a tus padres, Catha. Por compartir su casa, jardín y compañía. Ellos sí que son majos. No se con que me quedo; si los pastelitos de Barbara, su madre; su hermano a los mandos de aquel grill el viernes por la noche en el que el carbón parecía de mentira de lo perfectamente bien que ardía con colores gris y naranja; o Helmut explicándonos Münster el sábado. La mesa del desayuno había que verla, con la taza y su platito para café, vasos de zumo, plato de desayuno, cestas de pan - ¡cómo se extraña el pan alemán! -, tabla con mermeladas de jengibre, naranja, fresa, miel, Nutella, mantequilla en mantequillera - tiernita, que no cuesta trabajo cortar -, carnes, salmón ahumado, quesos, café, zumo, yogures... ¡Impresionante! Aquel jardín parecía parte de una película de Disney. Todo ello situado adecuadamente en una mesa, con sus sillas y sus bancos alrededor - por supuesto con cojines - y rodeada por árboles y plantas, sobre un césped húmedo que parecía una alfombra y en el que la perra de los padres de Catha y Emilio ponían las tetillas al fresco, como éste último decía.


PD: ese fin de semana también empecé a leer, después de muchos intentos durante años, el libro que me compré en Barajas el mes pasado. El Asedio de Reverte, me dan ganas de ir a Cádiz.

viernes, 29 de enero de 2010

Cuarta Semana en Jena

Por fin me animo a escribir una entrada "real" en el blog que creé hace más de un año con intención de actualizarlo desde Valladolid, y finalmente se quedó con unos párrafos de una práctica que estaba escribiendo en aquel momento.

Volviendo a la actualidad, hasta esta semana no tenía demasiadas cosas que contar, más allá de los choques y problemas con el personal de la oficina de correos y cuasi accidentes con la bicicleta. Por otra partes, las primeras semanas en el trabajo estaba simplemente "observando", acompañando a otros compañeros mientras ellos trabajaban y preguntándoles todas las dudas que se me ocurrían en el momento. 


Pero esta semana, por fin me asignaron algunas tareas, que realmente no son nada; pero es satisfactorio sentirse útil y tener algo que hacer. Por eso esta semana ha pasado volando, cuando recuerdo la tarde del lunes me parece que fue ayer. 


Vamos por partes: 
  • Mi tarea principal en eZono AG fue pensar como mejorar el proceso de medidas de seguridad de los equipos. Para ello, se me ocurrió añadir algunas características a la GUI programada en MatLab que se utiliza para mover un brazo robótico de tres ejes, y tomar medidas de un osciloscopio. La verdad es algo bastante sencillo y que cualquier otro empleado podría hacer en incluso menos tiempo, y las características que he añadido tampoco son una gran revolución; pero me sirve para empezar a quitarme la "burrez" que tengo en cuanto a programación (de cualquier tipo).
  • Como el laboratorio se utiliza contínuamente para hacer medidas, y llega un momento en el que es necesario probar in situ las modificaciones que haces; el miércoles me encontré sin nada que hacer, simplemente esperando a coger sitio en el laboratorio en algún momento para probar la nueva GUI. Entonces me asignaron una segunda tarea; hacer un test de prueba de software. ¿En que consiste? Muy facil, solamente hay que seguir un guión que te indica los pasos que tienes que hacer con el equipo y el resultado esperado. Por ejemplo: pulsa la tecla de Zoom, fotografía la imagen y vete a Stand-by; cuando el equipo vuelva de Stand-by la imagen fotografiada debe estar almacenada y debe mostrarse el menú principal de selección de modo con la opción de Zoom desactivada. Hay unos 150 o 160 pasos de este tipo, cuando el comportamiento obtenido no se corresponde con el esperado en el guión, nos encontramos ante un error, y debemos reportar un bug a una base de datos que utilizamos para que todos los empleados estén informados de cualquier error, fallo y actualización de cualquier componente de la empresa. Como realmente yo estaba haciendo esta tarea de forma no totalmente oficial, no llegué a reportar ningún bug; simplemente le iba comentando al encargado de hacer los test de software (Huang, de China) los problemas que me encontré.
  • El ambiente en eZono es envidiable, no digo que la gente vaya a trabajar como quien se va a un bar a tomar cañas; pero no se me ocurre un ambiente de trabajo más confortable y relajado. Por ejemplo, el día antes del cumpleaños de algún empleado, nuestra secretaria Ina envía un email a todos los demás para "recordar" que mañana será el cumpleaños de fulanito. Y el día del cumpleaños se tiene por costumbre que fulanito lleve un par de tartas para invitar a todos los compañeros y hacer un descanso extra a eso de las 10 o 10 y media. Otro detalle, uno de los compañeros se fue a Bélgica la semana pasada para buscar distribuidores en ese país, y trajo 12 o 15 botellas de cerveza Leffe, que nos tomamos el miércoles a media tarde en un descanso extra con patatitas, saladitos y otros snacks. Y no solo eso, sino que cuando la Leffe se estaba acabando, dos de los fundadores de la empresa fueron al supermercado a comprar más saladitos y otra botella de cerveza de más de 4 o 5 litros (si, en una misma botella) que no se terminó y está guardada en la nevera de la cocina. Por detalles y momentos como éstos, el compañerismo y las buenas palabras que tiene en general todo el mundo, cada día me despierto quejándome solamente del sueño que tengo, sin acordarme ni maldecir porque tengo que ir a "trabajar".
  • En cuanto a las clases de Deutsch, ésta ha sido la segunda semana y ya empezamos a dar algunos verbos y adverbios; que cuesta "tragarlos" pero dan más juego a la hora de estudiar, en la medida de lo posible, ya que puedes escribir frases y situaciones reales.
  • ¿Del aspecto social qué puedo decir? Pues que este miércoles, algunos compañeros del trabajo me invitaron a ir a jugar al fútbol con ellos a un polideportivo, de forma no profesional; y a pesar de acabar pidiendo la hora y fatigado desde el minuto 5, disfruté de la hora que estuvimos jugándo como pocas veces lo había hecho en España. Mi nivel aquí es "medio", osea que no estoy tan perdido en el campo. Por cierto, el miércoles la mañana había -15ºC, cuando llevaba 2 minutos en la bicicleta de camino al trabajo me iban llorando los ojos, y ni os cuento como llegaron los pantalones vaqueros a la oficina, ¡COMO UNA TABLA! Y así fue que por la tarde-noche, la temperatura era de solo -3ºC y mientras esperaba en la calle para ir a jugar al fútbol, tenía la misma sensación que tengo esos días que en España hay viento soplando desde el Sur y hasta se me pasó por la cabeza pensar "uy, que bien se está ahora en la calle".


Y para los que os preguntéis que hago un viernes por la noche en casa, la razón está más que justificada. Primero, estoy cansado; además tengo intención de pasarme el día de mañana tecleando y trabajando en la documentacion del proyecto final de carrera. Y por último, quedé con algunos de los compañeros de la clase de alemán, para salir y cenar en la ciudad mañana por la tarde-noche. 

Este es mi edificio, la ventana del primer piso en la esquina es mi habitación. 
Debajo del balcón está la entrada al parking de bicicletas. El portal está en la 
calle principal.