Comparo la lectura a la comida. No a todos nos gustan los mismos platos, ni nos gusta de adultos lo mismo que cuando éramos niños. Desde hace unos meses quería empezar a leer y fue al regreso del fin de semana que pasé en Madrid con mis polesinos, principios de Mayo, cuando vi en una de las librerías de Barajas la última novela de Arturo Pérez-Reverte, El Asedio. Conozco a Reverte por leer su blog cada lunes al llegar a la oficina desde hace casi un año. Y aunque también vi la película del Capitán Alatriste, no leí ninguna de esas historias (aún), ni de aquella sabía nada sobre el autor.
Me llevó cosa de un mes abrir el libro por primera vez. Y es que si no leo, en parte es por la falta de tiempo. Si quiero leer tengo que reservar tiempo para dedicarlo a la lectura. A primeros de Junio, cuando fui a reunirme con los jenaers en Münster, metí el libro en la maleta por si acaso. Ahora leo en el tren casi todos los días, ya sea libro o periódico, pero aquel primer viaje en tren con el libro en las manos me sentía extraño. A mi ritmo, sin prisas, leía un párrafo, miraba el paisaje y los pueblos alemanes pasar por la ventanilla. El inicio de cualquier novela es la parte “fría”, no sabes de qué va la historia, ni tienes familiaridad con los personajes. Supongo que las primeras páginas de una novela son las más duras para el autor también, es donde tiene que lucirse y darle buen color a la historia para engancharnos cuanto antes.
En las primeras páginas de El Asedio encontramos un plano de la bahía de Cádiz y otro de la propia ciudad de Cádiz con los nombres de los lugares que serán protagonistas de la historia. ¡Qué curioso! Hasta ese momento no sabía que Cádiz se encuentra en un capricho de la naturaleza. Durante cinco semanas los personajes me acompañaron en el tren al trabajo, en algunas tardes en terrazas, en viajes, durante noches sin ganas de dormir, cafés en las mañanas de los fines de semana, tardes lluviosas de domingo en algún bar…
Tengo un recuerdo especial de la mañana del sábado en Münster. Desperté muy temprano, sobre las siete. Hacía calor y parecía que el día iba a ser soleado. Mientras mis amigos dormían a pierna suelta, cogí el libro y estuve leyendo en un banco frente a la iglesia del pueblecito de Catha. Allí, – interrumpido por las campanas de la iglesia cada cierto tiempo, viendo a los vecinos salir de sus casas a comprar, correr, pasear con los niños... – fue donde me enganché a la historia. En el tercer o cuarto capítulo, que describe como sería la mañana de un día cualquiera en el Cádiz de 1811, me vi dentro de la historia – ayudado en gran parte por los recuerdos que tengo de mi visita a Sevilla. Bueno, no me vi dentro de la historia, qué más quisiera yo que verme en esas calles, a la sombra de los balcones, oliendo las flores en las ventanas de las casas, viendo como los comerciantes abren sus tiendas y compartiendo cafés o partidas de ajedrez con alguien que bien podría ser un diputado las Cortes. Tras leer el libro se que tengo pendiente una visita a Cádiz.
Se me hace extraño cuando un personaje encuentra por primera vez a otro de los protagonistas que tú ya conoces. El autor vuelve a describir al protagonista, aunque esta vez desde el punto de vista del nuevo personaje. Eso y el transcurso del tiempo en la novela son los dos detalles que me sorprendieron en esta lectura. Comparado con una película, donde no hay descripciones porque todo lo que haya que describir se muestra en pantalla, cuando lees una novela tienes que congelar la progresión de la historia durante unos minutos mientras se presenta a un personaje, se le describe dando algún matiz de su pasado, hablando de su familia y se cuentan como las demás figuras alrededor del personaje descrito perciben a éste o ésta. En cierto momento les pones caras a los protagonistas, caras de gente que conoces y crees que pegan con sus caracteres. Y poco a poco van convirtiéndose en conocidos, hasta el punto de que al final de la novela no quieres que termine porque no encontrarás otros iguales o tan especiales.
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| El Cádiz de las Cortes. |
El Asedio tiene infinitas referencias al mar, la navegación y terminología bélica. De hecho la Guerra de Independencia le da cuerpo a la trama. Personalmente echo en falta tener más conocimientos de esos elementos para aprovechar la novela al máximo. Me sorprendió la modernidad con la que se muestra el principio del siglo XIX, no tan diferente a nuestro días como me cabía esperar. De acuerdo que es una novela y no un libro de Historia; pero aún así me sorprenden los trajes de diseño de algunas protagonistas traídos de París o Londres, todo el comercio internacional con América y Europa que se movía en Cádiz y otras ciudades costeras. No menos curiosa es la cantidad de personajes de origen extranjero que llegaron a España como emigrantes o esclavos – ingleses, irlandeses, italianos, sudamericanos –, algo que no debería ser sorprendente pero nunca me había parado a pensar. Que el inspector de policía sea capaz de hablar francés y otros personajes también se defiendan y estudien francés e inglés, da a entender que Cádiz era uno de los puntos calientes del mundo. No esperaba una España tan avanzada hace doscientos años, lástima que en algún punto perdiésemos esa progresión.
Difícil no sentirse identificado parcialmente con el siguiente extracto:
El capitán Desfosseux reflexiona una vez más sobre los dos rasgos que considera propios de los españoles: desorden y crueldad. Los españoles le siguen pareciendo un misterio hecho de paradojas: coraje contradictorio, cobardía resignada, tenacidad inconstante. Como si estuvieran atávicamente acostumbrados al desastre y a la desconfianza en quienes los mandan, flaquean al primer choque y se derrumban como ejército organizado desde el principio de cada batalla. Mostrando después de cada derrota una extraordinaria perseverancia y facilidad para reorganizarse y volver a pelear, siempre resignados y vengativos, sin manifestar nunca humillación ni desánimo. Como si combatir, ser destrozados, huir y reagruparse para combatir y ser destrozados de nuevo, fuese lo más natural del mundo.
El Asedio, A.P-R.



