Esta vez sin ni siquiera atisbar el final de curso y sin plan de vacaciones. Sin largas tardes de domingo llenas de luz en la calle, o en los bares, con un saborcillo dulce y amargo a calimotxo. Sin Mundial ni Eurocopa.
No, este año no habrá examen de repesca de química in extremis (gracias Pepe). Los últimos de la clase, no éramos más de cinco o seis lumbreras repasando, comentando problemas y compatiendo chuletas en una clase vacía del instituto. Viernes 14 de Junio de 2002. No se porque pero tengo la idea de que la mitad de mis amigos no tenían ni siquiera clase ese día. ¿El autobús saldría a las cinco de la tarde? Entonces el exámen debió ser a las diez u once de la mañana. Haz los ejercicios que puedas, sepas y entiendas, cuenta los puntos, descuenta el 20% y a ver si rascas un cinco con unas décimas. Luego a comprar bebida para el viaje, comer en casa, hacer la maleta y destino Italia... ¿Qué tienen los días en los que el esfuerzo contrasta con el descanso y la satisfacción para que se recuerden de una forma tan especial?
Por suerte tampoco hay esta vez matemáticas que nos pongan en apuros a unos cuantos por las derivadas e integrales, temas que siempre se dejaban para el final.
| Ambientillo en la calle San Antonio. |
No hay ya jornadas de estudio maratonianas en la biblioteca o centro de estudios. No hay tampoco exámenes finales en la universidad, ni prácticas que preparar a última hora. Hablando de estudiar, no había mejor manera de desconectar que saliendo unas horas a la Calle San Antonio. Una fiesta pequeña, para la gente del pueblo - sin el agobio y estrés de fiestas mayores. La noche del segundo sábado de Junio, entre corros de amigos con montoncitos de cáscaras de pipas y cacahuetes y botellas de sidra en el medio, entre charcos de sidra, corchos y algún vaso roto; en doscientos metros te encuentras en la calle a profesores y antiguos compañeros. Si no llueve puedes mirar a la multitud de gente y ver como siempre hay una botella de sidra levantada. También puedes romper los planes iniciales y pasar una de las mejores noches de tu vida combinando momentos de risa y alegría con un sentimiento de culpa por no haber ido a casa temprano para estudiar al día siguiente.
Lo que tampoco hay es calor para ir en chanclas, y lo que si hay es la alergia de todos los años. Pero cuando puedo oler, huele a verano.
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