El automovilismo es parte de la cultura alemana. No hay más que ver es el ambiente en cada evento del motor. Especialmente el circuito de Nordschleife es un elemento cultural para miles de personas y alcanza su punto de ebullición con motivo de las 24 horas. Para esta carrera además del circuito que vemos durante el Gran Premio de Fórmula 1, se utiliza también el antiguo trazado de Nordschleife. El llamado infierno verde son 21 kilómetros de pista entre valles y bosques, de monte en monte, subiendo y bajando constantemente de forma mucho más pronunciada de lo que esperas tras haber visto vídeos y jugado en videoconsolas.
Miles de asentamientos de tiendas de campaña, carpas, furgonetas, con sus sillas de jardín o mesas de camping, barbacoas, hogueras, luces de verbena, música, cajas y más cajas de cerveza. No muy lejos de los andamios, casetas, chiringuitos o estructuras hechas con tablas de madera - decorados con banderas de Porsche, Opel, Audi, Volkswagen, BMW o Mercedes Benz - apoyados en el vallado. Sin alterarse por la lluvia, el barro y el frío del sábado, ni el calor agobiante del domingo.
Para los que no están familiarizados con el automovilismo, el evento no tiene la popularidad de las 24 horas de Le Mans, por la ausencia de grandes marcas con equipos oficiales año tras año y la nula repercusión que tiene en la prensa fuera de Alemania. Pero a los aficionados nos seduce por su estilo amateur, la peculiaridad del trazado, su historia y la diversidad de participantes que toman la salida. Turismos y GT, nuevos o con unos cuantos años, kilómetros y a buen seguro que golpes encima. Esta carrera es distinta a cualquier otra, tiene un sabor añejo, como era el automovilismo cuarenta o cincuenta años atrás.
La prueba comienza veinte minutos antes de las cuatro de la tarde del sábado. Veinte minutos que necesita el safety car para dar una vuelta completa delante de los más de 200 coches que se agrupan en tres pelotones a su primer paso por la salida. A eso de las cinco, las tribunas de la recta principal han perdido la mitad de su aforo. La afición vuelve al que es el hábitat natural de esta carrera, los toboganes y las curvas de la parte antigua, con nombres, dibujos y banderas pintadas en el asfalto limitado por pianos blancos y rojos en cada giro. En el circuito es difícil saber quien lidera la carrera, que pasa en cada vuelta, quien ha abandonado o quien está en boxes reparando. La radio y la megafonía informa en alemán. Los coches de seguridad, grúas y servicios de limpieza circulan por la pista con frecuencia al mismo tiempo que los participantes, advertidos por las banderas que ondean en cada puesto de control. Los coches 'de primera división' doblan a los más discretos en cada curva tanto si éstos tienen tiempo para apartarse como si no. Hemos visto doblajes imposibles.
Personalmente no fue hasta la noche cuando me dí cuenta de dónde estaba, de lo que lo que veía, oía y olía iba más allá de coches con luces dando vueltas. Grupos de gente cenando y bebiendo cervezas y bradwurst alrededor a los bares remolque, o tras las vallas de seguridad con la radio, grabando vídeos y haciendo fotografías, una caravana con antena parabólica en la que una pareja está viendo la carrera en televisión, charlas alrededor de una hoguera casi a pie de pista, grupos de amigos en sus casetas con su música y sus luces de colores como si fuese una romería. El bar de cada pueblo cercano - o dentro - al circuito tiene fotografías, cuadros o trofeos en paredes y estanterías. Es una lástima que la barrera idiomática nos impidiera llegar al fondo de esta atmósfera.
Es importante conocer las zonas en las que los caminos adyacentes siguen discurren al lado del circuito durante kilómetros parándonos a ver diferentes curvas y pasos. El desplazamiento se puede hacer con el servicio de autobuses - llenos de gente que lleva de 'acampada' tres días o más - que te lleva de punto en punto y pasan aproximadamente cada cuarto de hora. O si usamos nuestro coche, hay áreas habilitadas de aparcamiento desde las que al caminar como mucho un par de kilómetros por carreteras de monte llegas a un poblado de caravanas que aprovechan todo el espacio posible entre los árboles y el vallado del circuito.
La victoria para el Porsche 997 GT3 RSR del equipo Manthey Racing compartido por Marc Lieb, Timo Bernhard, Romain Dumas y Lucas Luhr.
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