Los problemas que tengo con la calefacción de mi apartamento han hecho que conocer y relacionarme con mis vecinos sea más fácil de lo esperado, es decir que casi lo han forzado. El termostato se encuentra en el piso de arriba de la casa donde está mi apartamento, pero que pertenece a otra agencia de alquiler y es otra casa completamente diferente. Eso hizo que durante toda esta semana, tras llamadas contínuas a mi agencia de alquiler para que revisaran la calefacción, haya tenido que entablar relación con mi vecina de arriba. Y ayer de noche, cuando se suponía que el sistema estaba ya funcionando perfectamente salí a la calle para picar en su puerta y hablar.
En el momento que llamé a la puerta 5a (yo vivo en el número 5), aparece en el número 7 mi otro vecino, un músico de 57 años de edad que habla inglés a la perfección y me insiste en que si necesito algo no dude en pedírselo. Éste, cuando nos oye hablar a mi vecina y a mi sobre la calefacción se mete en la conversación, y en menos de cinco minutos estamos sentados en su salón hablando y tomando unas cervezas.
Típica conversación que empieza por de dónde venía yo, que lo iba a pasar mal con el frío,que si me gustaba Holanda... y luego entramos con las comparaciones de países. Y es aquí donde el hombre del número 7 declara que el no encuentra ningún problema con la meteorología de Holanda, y que no tienen mal tiempo, sino que algunos días tienen malas nubes. Fue entonces cuando yo les dije que a pesar de disfrutar de menos días de sol que los españoles, ellos realmente aprovechan esos días, como en Alemania cuando al más mínimo rayo de Sol, la gente se tira a la calle para correr, andar en bici, hacer barbacóas, sentarse en las terrazas, pasear con el perro y los niños por los bosques y rutas que hay alrededor de cualquier pequeña ciudad. Es algo que en España no hacemos, o no hacemos tanto.
Es curioso que tras esa conversación, esta mañana el día amanece con un cielo azul blanquecino y un Sol de otoño que a penas te deja ver según en que dirección camines (o pedalees). Un día perfecto para probar que esto que digo es cierto, en un paseo de una hora por la ciudad me encuentro una familia que decide sacar la mesa a la calle para comer fuera, un hombre leyendo el periódico en una silla a la puerta de su casa, y más de una decena de estudiantes estudiando también en la calle, terrazas abarrotadas aunque haya que ponerse un jersey o abrigo fino. Por supuesto parques y áreas infantiles hasta arriba de niños, pero eso también ocurre en España.
Una vez más se demuestra que las cosas toman valor cuando escaséan.
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