sábado, 18 de septiembre de 2010

Camino de Santiago VI


Etapa 6 (sábado 13 de Agosto de 2010): Palas de Rei – Santiago de Compostela.


Bueno, ya estamos ante el último día de nuestro camino, solo 60 kilómetros nos separan de Santiago. Hoy por fin, conseguimos levantarnos a una hora prudente y salir antes de las diez de la mañana. La etapa comenzaba justo enfrente de nuestro hostal, por una senda de tierra al lado de la carretera general.


Cuando todavía no habíamos cogido postura en el sillín de las bicicletas, hay que parar porque el saco de dormir que llevaba Chous enganchado a su sillín se caía. Justo cuando terminamos de fijarlo, antes de incorporarnos a la carretera para continuar con el camino aparece a nuestro lado el componente masculino de “la parejina” que llevábamos viendo durante todo el camino. Aunque faltaba su compañera de viaje, Noé y César ponen un ritmo fuerte durante las primeras horas de la mañana con un propósito firme, llegar por una vez antes que ellos, y así sentirse un poco menos estúpidos por las mofas del primer día que los vimos. La respuesta de Jaime a este ritmo fue “oye yo así aguanto, pero todo el día no eh”.

En algo más de una hora ya habíamos pasado Melide y estábamos de camino a Arzúa. En esta última etapa nos encontramos más peregrinos que los vistos hasta ese día. Tampoco nos extrañó porque siendo sábado, creímos que no es del todo extraño que alguna gente decida hacer las últimas dos etapas del Camino de Santiago durante un fin de semana. Entre tanto peregrino unas cuantas veces tuvimos que bajar la velocidad y esperar a tener un hueco para adelantarlos de forma cómoda y segura, daros cuenta de que en algunos tramos íbamos prácticamente rodeados de peregrinos a pie, como si fuésemos en bicicleta por una calle peatonal concurrida de cualquier ciudad. Ante estas situaciones, Chous y Jaime insistieron en que avisásemos con el timbre que hay en la bicicleta de César. Pero César defendía que avisar con el timbre es un poco violento, es como ir pidiendo a distancia que te abran paso, y era algo que no le gustaba.

En cuanto a la dificultad del camino, fue fácil y nada duro a lo largo de todo el día. Rodando por camino de tierra casi siempre, con alguna bajada y alguna subida un poco más intensa de lo esperado. Incluso atravesamos un par de riachuelos de forma gratuita pudiendo pasar por el puente solo por “la emoción”. Justo antes de uno de estos riachuelos adelantamos un grupo grande de adultos con adolescentes, que en cuanto que nos oyeron acercarnos a ellos despejaron el camino utilizando silbatos. El gesto es de agradecer, pero te hace sentir un poco mal; nadie tiene prioridad sobre nadie en el camino, y por esperar unos segundos y aminorar la marchar para pasar no pasa nada, no teníamos prisas. En esta ocasión Noé iba liderando el grupo, seguido de César que oyó como una de las monitoras de ese grupo de gente decía “¡que valor!” cuando Noé se tiraba en bicicleta para atravesar el riachuelo.

Aparte de esto y salvando algunas confusiones en un par de cruces, en los que siempre alguno de nosotros se daba cuenta y corregía la ruta siguiendo la flecha amarilla; llegamos a la hora de comer. Es curioso como en esta última etapa, cuando quedaban unos 30 kilómetros empezábamos a ver máquinas de refrescos en casas particulares, “chiringuitos de playa” prácticamente en cada cruce que tenía el camino y botellas, papeles, bolsas y botes tirados a los lados del camino. Esto hace que el camino pierda el encanto que había tenido hasta ahora, y parezca más bien una playa del levante español.

Debió de ser en el tercer o cuarto chiringuito de estos que comento, cuando Chous dijo que había que parar a comer. En todos los chiringuitos que habíamos visto anunciaban el plato de huevo frito, chorizo y patatas como la estrella del menú, así que cuando pedimos fuimos a tiro fijo: fritangada.

Según entramos en la terraza vemos tres jóvenes comiendo bocadillos en una de las mesas, en otra estaban dos señoras sentadas con dos tipos, y en una de esas mesas largas había otro señor mayor. Cuando nos acercamos a la barra, uno de los tipos que acompañaban a las dos señoras se levanta a atendernos. El personaje era lo más auténtico que vimos en el camino. Con melenita rizada, pendiente y diversos tatuajes, entre ellos uno de Dartacán en el antebrazo derecho. Además su forma de hablar, las expresiones que utilizaba para tratar a la gente como “rey”, “reina” o “princesa”, y su voz rota; no podían ser más compatibles con la entonación de chico malo de barrio que tenía.

Mientras esperamos a que nos atiendan, podemos ver como en la pared de la barra del bar hay mensajes de otros peregrinos escritos. Esos típicos mensajes de “el grupo de Medicina Granada 2008 estuvo aquí”, “Los halcones de Almendrajelo sobrevivieron al Camino”. Uno de ellos decía “Las sorpresas del Camino: Yo de valenciana a gallega, de maestra a camarera y de soltera a casada. Te quiero Alex”. Este último mensaje no debía habernos llamada más la atención sino fuese porque pocos minutos después descubrimos cuál era el nombre del camarero, y como se las gastaba con las peregrinas que allí paraban.

Camarero (Alejandro): Buenos días chicos, ¿qué queréis?
César: ¿Puedes hacernos unos platos de huevo frito, patatas y chorizo frito?
Alejandro: Si, tenemos de todo, vosotros pedirme lo que queráis.
César: Pues yo con chorizo.
Alejandro: Aquí chorizo ninguno eh, que somos todos muy legales.
Noé: Yo quiero huevo frito, patatas y bacon.
Chous: Yo con chorizo.
Jaime: Yo con chorizo también.
Alejandro: Bueno, entonces tres de chorizo y uno de bacon.
Jaime: No, no, espera, yo con bacon.
Alejandro: A ver tío, aclárate, ¿bacon o chorizo?
Jaime: Bacon.
Alejandro: ¿Pero seguro no?
Jaime: Si, si.
Alejandro: Vale chicos pues ir sentándoos y cuando estén os los llevo a la mesa.

Cuando nos sentamos vemos que Alejandro desaparece a la cocina y se queda su amigo hablando con las dos señoras en la otra mesa.

Al cabo de unos diez o quince minutos, viene Alejandro con nuestros platos, de los que dimos buena cuenta... Mientras comíamos los tres jóvenes que estaban sentados en otra mesa (un chico y dos chicas) se fueron, y al marchar...

Alejandro: Bueno chicos, que tengáis buen camino y suerte.
Jóvenes: Gracias.
Alejandro: Ssschh oye tu, cuidame a las chicas eh...
Alejandro: ¿chicas que es que no os cuida bien?
[Los tres jóvenes se ríen.]
Alejandro: Venir para aquí conmigo que ya os cuido yo, hay...
Alejandro: Venga lo dicho, buen camino chicos.

La cosa iba a mejor por momentos, a estas alturas ya teníamos claro que estábamos ante un Personaje, y que nos iba a amenizar la comida de tal modo que querríamos quedarnos más tiempo con tal de seguir viendo el show. Justo al irse los tres chicos, se sienta un hombre con una niña pequeña.

Tras despedir a los jóvenes, Alejandro y su amigo continúan hablando con las dos señoras. Y fue en este momento fue cuando nos dimos cuenta de que Alejandro y su amigo estaban intentando hacerse a las dos peregrinas, diciéndoles que por qué no se quedaban en el bar con ellos hasta que cerrasen y luego se iban los cuatro de fiesta a Santiago. Una de las señoras dijo que quería terminar el camino, entonces ellos propusieron verse de noche en Santiago para salir. Hay que decir que las dos señoras estaban ya un poco ebrias hablando de temas personales y orbitando alrededor de temas de conversación como “los hombres sois unos cabrones” y “no quiero que me vuelvan a hacer daño...”. Si amigos, en el camino te encuentras peregrinos de todo tipo, gente como nosotros haciéndolo solo por diversión, gente haciéndolo buscando luz en su vida, o gente buscando un cambio, lo que se llama cambiar de aires, extranjeros que se juntan entre ellos y comparten todo el camino... Pero volvamos a lo que nos ocupa. Ante tales declaraciones de las señoras, Alejandro se dirige a nosotros para preguntarnos y autorresponderse a si mismo “¡Chicos! ¿Cómo somos los hombres..? Mmmmm, unos cabrones ¡si señor!”. Esto sin darse cuenta de que detrás nuestro estaba el señor con la niña pequeña, cuando fue consciente de ello intentó arreglarlo “Uy, perdón eh, es que no me había dado cuenta” dirigiéndose a la otra mesa, y luego “A ver niña ven conmigo que te doy un Chupa Chups, a ver coge el que quieras, que ya que no está el jefe y aprovechamos” mientras acercaba el bote de los Chupa Chups a la mesa. “¿Quieres coger otro para tu papá? Bueno tu papá no tiene cara de comer Chupa Chups, así que coge otro para ti”. Al padre de la niña no le pareció mal, se reía tímidamente, a diferencia de nosotros que estábamos ahogados de tanto reírnos.

Mientras comemos César comenta que los platos tienen pocas patatas fritas, cosa un tanto rara porque es el ingrediente más barato de los que teníamos delante. Y Noé da la clave “pues no tendría ganas de pelar más patatas...” refiriéndose a Alejandro. Mientras tanto en la mesa de las dos señoras continúa la acción.

Minutos después llega un peregrino y se sienta en otra mesa contigua a la nuestra. Bueno, en el camino se entabla conversación a la mínima así que el hombre empezó preguntándonos si servía comidas, lo que habíamos pedido y terminamos hablando de la etapa que hacíamos hoy, de la etapa que estaba haciendo el y demás. Cuando Alejandro viene a atenderle...

Alejandro: Hola buenas, ¿qué le pongo?
Peregrino: Pues un plato con huevo frito, patatas y chorizo o bacon, como el de estos chicos (apuntando a nosotros).
Alejandro: ¿Patatas?¿Me vas a hacer pelar patatas?
[En este momento nosotros nos reímos]
Peregrino: Bueno, lo que mejor te venga a ti, no se...
Alejandro: No, lo que mejor me venga a mi no, porque si te hago lo que yo quiero va a ser una porquería. Ven para la cocina y miras lo que tengo.
[Van para la cocina y al rato vuelven]
Peregrino: Entonces patatas, huevo y chorizo.
Alejandro: Es que no me quedan huevos rey... Bueno ya te hago yo lo que me de la gana, tu tranquilo.
[Alejandro va para la cocina y sale a los pocos segundos]
Alejandro: Mira, voy a hacerte unos huevos recién puestos, del corral del vecino, espera ahí.
[Sale de la finca del bar y se va camino arriba en dirección a unas casas para volver a los pocos minutos con cuatro o cinco huevos en las manos]
Alejandro: Mira eh, para que veas, que los acabo de coger del corral. Recién puestos, de casa.

Nosotros ya habíamos terminado de comer, cuando sale a servirle el plato al peregrino, que ahora estaba acompañado de dos peregrinas extranjeras, nos comenta:

Alejandro: Oye chicos, perdonad que os he tratado muy mal eh, me acabo de dar cuenta de que las patatas no tienen sal... Las tuyas tampoco que lo sepas (dirigiéndose al peregrino).
Nosotros: No pasa nada, con el hambre que teníamos... Estaba todo perfecto.
Alejandro: Es que si fueseis chicas se os hubiese tratado mejor, perdonar de verdad.
Noé: ¿Cuánto te debemos?
Alejandro: Pues no se, a ver darme.... Lo que queráis, venga tres euros por plato y las cervezas... Pues son 19€.
Noé: Chous, paga. (Chous tenía la cartera con el bote de dinero que habíamos puesto)
Alejandro: ¿Qué paga él?
Nosotros: si, si.
César: es su cumpleaños.
Alejandro: Entonces os traigo a unos chupitos venga, ¿de qué los queréis?
Noé: ¿Hay de café?
Alejandro: Pues claro, como no va a haber.
Nosotros: Pues cuatro de café.

Se va a la barra y nos trae los vasos de chupito y la botella de licor, para luego atender a una de las peregrinas extranjeras tratándola de “reina”. Cuando terminamos el chupito nos levantamos, salimos y ya cuando estamos fuera...

Chous levantando la botella de licor de café con la que celebramos su NO 
cumpleaños. Al fondo se puede ver al mismo Alejandro sirviendo a una 
"reina" en la barra.


Alejandro: Eh eh, chicos, ¡que estos chupitos hay que pagarlos! ¡El del cumpleaños!
Alejandro: Que es broma hombre, venga buen camino chicos y gracias.

Si durante todo el día teníamos la sensación de estar rozando ya el final, ahora tras esta última parada para comer esa sensación se acrecentaba mucho más. Sabíamos que la próxima vez que nos parásemos estaríamos en Santiago de Compostela.

Por la tarde el camino seguía siendo cómodo y estando abarrotado de peregrinos y el día era soleado y cálido. Cuando pensábamos que alcanzaríamos Santiago incluso antes de las cinco de la tarde, César empieza a notar extraños en la bicicleta, se aquejaba de notar las piedras y los cambios de superficie, Noé y Jaime que iban detrás miraron la rueda y... pinchazo.

Bueno, esta vez la cosa iba a ser rápida. Teníamos la llave para sacar la rueda, teníamos cámaras, y sobre todo, teníamos práctica. Pero no, no fue tan fácil; y es que algún problema con las bombas de Jaime y de Noé nos impidió poder hinchar la cámara nueva. Probamos un montón de veces, en distintas posiciones y éramos incapaces de hincharla, ¿estaríamos bajo los efectos de un meigallo en esos bosques gallegos? Por suerte, el camino iba paralelo a la carretera general, cruzándola cada pocos kilómetros en ese tramo así que Jaime y Noé llevaron la rueda deshinchada a una gasolinera y volvieron con ella lista para montar en unos minutos.

Último pinchazo del viaje.
A ver si ahora éramos capaces de terminar el viaje sin más pinchazos. El final estaba cerca, aún recuerdo las pistas de tierra en los alrededores del aeropuerto de Santiago de Compostela, kilómetros en los cuales dejamos a Chous tirar del grupo durante un rato. El tiempo este último día había pasado volando, el estar cerca del final es lo que tiene.

Casi sin darnos cuenta, estábamos entrando ya en el Monte Do Gozo. Para no variar una parte de la etapa que temíamos y subimos sin la más mínima complicación, y es que los cinco días anteriores en bicicleta nos habían puesto en forma. Realmente no sabíamos donde terminaba la etapa, en el mapa que teníamos aparecían unas antenas o unos estudios de la Televisión Galega y de TVE, esa era toda la referencia que teníamos. En la parte baja del Monte Do Gozo Noé y César se escapan para jugarse el final de etapa un día más y por última vez.


Con algo menos de cinco minutos de adelanto sobre Jaime, y casi diez sobre Chous, llegan al monumento a Juan Pablo II. Al lado de éste, había un mirador hecho con una estructura metálica de tres pisos de altura con cientos de botes de colores colgando. Todavía recuperando la respiración una chica se dirige a Noé y César para hablarles de la organización 1 Botella, 1 Mensaje; que busca gente en España para apadrinar a niños en países hispanoamericanos. La gracia estaba en comprar uno de esos botes, como los que colgaban del mirador, que tenía un mensaje escrito por un niño diciendo lo que querían ser de mayores. Cuando Jaime y Chous ya estaban allí fuimos a buscar a nuestros niños. Jaime quería un futbolista y César quería un ingeniero. Al final Jaime consiguió su futbolista pero César se quedó con un mensaje de Rebeca de tres añitos, natural de Guatemala que de mayor quería ser Rebeca. Tras comprar nuestros botes subimos al mirador, para comprobar que las vistas eran bastante malas por cierto. Y al bajar la misma chica que nos atendió nos explica como ir al albergue del Monte Do Gozo, que estaba solo 200 metros más adelante.

Nuestro plan era llegar al albergue, dejar los equipajes y bicicletear hasta Santiago para informarnos de como enviar nuestras bicicletas de vuelta a Asturias. Así lo hicimos, y tras salir del albergue lo primero que buscamos fue la estación de autobuses. Allí decidimos que Noé, sin mucha gana de estar en Santiago, se iría al día siguiente en un Alsa a las ocho y media de la mañana. Los demás esperarían hasta el Alsa Supra de las seis de la tarde. Coincidió que Noé no tenía interés en quedarse a pasar el domingo en Santiago, pero si hubiera querido tampoco habría podido porque cada autobús solo puede llevar cuatro bicicletas y ya había una plaza de bicicleta cubierta en el Supra de las seis.

De la estación de autobuses directos a la Praza do Obradoiro, bajando por la Praza Cervantes. Por fin habíamos llegado al destino, cuando entramos en la plaza el Sol estaba ya muy bajo, y brillando con tonos anaranjados y daba la sombra en gran parte de la plaza por culpa del edificio del Ayuntamiento. En lo que a mi respecta, la sensación de haber alcanzado la plaza no fue ninguna. Es extraño porque durante todo el camino estuve pensando que sentiría al llegar al final, y no sentí nada especial aparte de pensar “ya lo he hecho una vez, y no tengo ganas de repetirlo”. En ese momento tampoco sentía una gran satisfacción, como la que sentí los días de Grandas de Salime o Pola de Allande. La experiencia fue divertida, gratificante, en definitiva me lo pasé muy bien, pero no tenía, ni aún tengo, ninguna gana de repetirlo. Así que antes de hacernos la fotografía delante de la catedral, les agradecí a mis tres compañeros el viaje diciéndoles que estaba orgulloso de ellos.

Sin embargo, alrededor nuestro cientos de peregrinos llegaban a la plaza cantando, saltando o besándose, para sentarse o tumbarse luego en el suelo y quedarse con la mente en blanco sin pensar en nada. He de reconocer que sentí algo de envidia al verlo, porque mi estado mental era el mismo que si estuviese delante del ayuntamiento de mi pueblo. Por supuesto tengo en cuenta que hacer el camino con un grupo de amigos desde el principio, no es tan interesante como irse de casa en solitario e ir conociendo gente a lo largo de los días. En todos los sentidos nuestro camino, fue un camino descafeinado en cuanto a experiencia personal.


Después de la fotografía, nos dividimos para enterarnos de dónde debíamos sellar la Credencial por última vez para solicitar la Compostela, Chous quería comprar unas zapatillas Victoria para salir por la noche y César necesitaba comprar una camiseta en una tienda de souvenirs para ponérsela por la noche. La Compostela quedaría para el día siguiente, lo que significa que Noé al no estar presente no podría recogerla; y Chous encontró todos los comercios ya cerrados a excepción de bares, restaurantes, tiendas de recuerdos y el Coronel Tapioca donde el calzado se le salía del presupuesto.

Cuando nos volvemos a reunir, decidimos ir al albergue para ducharnos, cambiarnos de ropa antes de salir a cenar. Noé, al marcharse al día siguiente a las ocho y media de la mañana sube con su bicicleta hasta el albergue del Monte Do Gozo, Jaime, Chous y César dejan las suyas en la consigna de la estación de autobuses para recogerlas allí al día siguiente antes de subirse al autobús.

Atardecer desde el albergue del Monte Do Gozo.

Cuando volvimos al albergue para prepararnos para salir, tuve más sensación de satisfacción por haber terminado el camino, que la que había tenido en la Praza Do Obradoiro, no se porque. El albergue estaba lleno de gente, pero había un ambiente familiar, muchos niños, muchos padres corriendo detrás de sus niños, gente cocinando su propia cena en las cocinas de cada uno de los edificios, otra gente bebiendo cervezas en salas de reuniones o en la calle, jugando a juegos de mesa... Cuando llegamos a la habitación duchita rápida, llamada a un taxi y vuelta a la ciudad. Y es que el Monte Do Gozo está a unos cinco minutos en coche del centro de Santiago. En los tiempos muertos entre ducha y ducha aprovechamos para hacer una foto de la que llevábamos hablando días, y era utilizar la bolsa de agua de la mochila de César a modo de gotero. Le decimos al taxista que nos lleve directamente a un buen restaurante para cenar, pero que tampoco sea prohibitivo. El taxista después de dudar entre dos opciones nos deja finalmente a la puerta del restaurante Rey, en la zona antigua de Santiago tras circular unos metros por las calles de la zona peatonal.


Nuestra última cena iba a ser de órdago, mientras veíamos como el FC Barcelona caía en el Sánchez Pizjuán ante el Sevilla FC en el partido de ida de la Supercopa de España, para regocijo de Jaime. De primero, pote galego, luego raciones de lacón con chorizo y patatas, croquetas, racho, calamares y pulpo antes de terminar con un flan de la casa y una infusión. Después de cenar buscamos algún pub donde tomar algo, y aunque cuando salimos del albergue estábamos muy convencidos de que aprovecharíamos la noche en Santiago, ahora con la panza llena y el cansancio acumulado la idea de ir a dormir iba ganando peso. Aún así tomamos unas cerveza en un pub irlandés, eso si sentados, antes de coger un taxi de vuelta al albergue.

Merecida cena para los cuatro peregrinos polesos.

La habitación tenía cinco literas, como era habitual en los albergues del camino con lo más básico y necesario, literas, colchones, almohada, papelera y unos casilleros. Ya por la tarde habíamos visto que había un peregrino de origen asiático en nuestra habitación, cuando llegamos por la noche las demás camas estaban libres a excepción de la suya. Intentamos ser lo menos ruidosos posible, aunque César tiene que decirles a Noé y a Jaime que hablen bajo o no hablen, antes de repetírselo a Chous. Cuando ya estamos cada uno en su cama, a César le llega un mensaje de Chous al móvil “Ta 'xinau' ya cudeiro”, estallido de risa y reenviando a Noé que también se ríe cuando lo lee.

Al día siguiente cuando el servicio de la limpieza despierta a Chous, Jaime y César (por segunda vez), Noé ya no está en la habitación. De hecho prácticamente estaban ellos solos en todo el albergue, que debía desalojarse a las nueve de la mañana y eran más de las diez.


Tras desayunar en la estación de autobuses unos churros con chocolate se dirigen al centro de la ciudad para hacer lo propio, pedir la Compostela, entrar a la Catedral y abrazar al Santo. Noé les había dejado su Credencial para que pidiesen su Compostela, pero éstas se entregan de forma personal. La cola para pedir la Compostela no fue demasiado larga, poco más de media hora, dónde si hubo que esperar casi dos horas fue para entrar a la Catedral a abrazar al Santo.

En esa espera, la señora que estaba delante de nosotros nos pregunta desde dónde veníamos, buscando conversación y para pasar el tiempo más que otra cosa. Ella venía desde Nueva York, o New York como ella dijo con un acento hispanoamericano. Era la segunda vez que venía a Santiago, y esta vez lo hacía acompañada de su hermana, que al estar ya mayor la esperaba sentada en uno de los bancos de la plaza mientras ella hacía cola. Por eso, esta señora venía y se iba de la fila contantemente para hablar con su hermana y hacer fotografías. Llegado un momento determinado, con la señora delante nuestro...

Chous: ¿Qué? Vaya palique que le disteis a la paisana de New York eh.

La señora estaba solo cuarenta centímetros delante de Chous, por lo que pudo oirlo sin ningún problema y se giró al oir a Chous decir New York. En ese momento, César mira a Chous fijamente tratando de decirle por telepatía “¿Qué haces tío?”. A lo que...

Chous: ¿Qué? Si si, menos mal que se puso Jaime a hablar con ella jaja

César y Jaime se miran uno a otro, siendo conscientes de que la señora “de New York” estaba delante de nosotros. Cuando Chous va a decir una nueva frase referente a la señora, César le pisa el pie para ver si éste se entera de una vez por todas de que la señora “de New York” estaba delante nuestro y oyéndolo todo. En ese momento Chous baja la mirada y ve el pelo canoso blanquecino de la señora justo delante de el y su cara refleja un claro sentimiento de metepatas.

Pero bueno, la señora no se lo tomó a mal, de hecho cuando la cola seguía avanzando volvió a hablar con nosotros para explicarnos que al pasar por la Puerta Santa en año Xacobeo y rezar una oración todos los pecados quedan perdonados. Sinceramente me quedé con ganas de preguntarle más a la señora sobre su procedencia, quizás hija de emigrantes españoles a américa y ahora ciudadana estadounidense. Y es que la emigración de los españoles a América me llama la atención, como las historias de los tantos Indianos que se iban a hacer dinero durante unos años al otro lado del charco y luego volvían a España, o no.

Expositor de uno de los restaurantes de Santiago.

Después del abrazo al Santo, vamos a buscar algo que comprar en las tiendas de souvenirs. Y tras entrar, yo creo, en todas y cada una de las tiendas de recuerdos de Santiago de Compostela, decidimos ir a comer a un buffet libre que César había visto mientras Chous y Jaime hacían cola para entrar a la Catedral. Se ofrecía comida y un postre o café por ocho euros. Nada más entrar vemos un mostrador con helados, y una tarta de chocolate negro. Nos atiende una camarera muy simpática, y nos sienta al lado de dos expositores con ocho o diez tartas diferentes, no podía faltar la tarta Santiago por supuesto, pero también había Selva Negra y esa tarta hecha con capas de galletas y chocolate, entre otras.

La comida estaba más que bien, había varios platos a elegir, ternera guisada con patatas, cordero con patatas, coliflor con queso gratinado, ensalada de garbanzos, salmón frito y además un mostrador para hacer ensaladas con todo tipo de ingredientes.

Mientras comíamos, ya íbamos comentando lo que íbamos a pedir de postre.

César: Para los postres tengo que levantarme a mirar el otro expositor con más tartas.
Chous: Yo creo que voy a pedir la de chocolate negro que hay a la entrada.
César: Ah, si, en esa me fijé yo también, tiene buena pinta.
Jaime: Yo creo que pediré un café.

Cuando terminamos de comer la ternera guisada y el cordero con patatines, viene otro camarero distinto a retirarnos los platos.

Camarero: Bueno chicos, ¿vais a comer más?
Nosotros: No, no.
Camarero: ¿Seguro?¿Os plantáis?
Nosotros: Si, vamos a los postres ahora.
Camarero: Vale, pues os recojo esto y ahora vengo.
(…)
Camarero: De postre tenemos piña en almíbar y melocotón en almíbar.
[César pensaba que el camarero estaba de broma, osea que estamos rodeados de tartas, ¿y de postre nos ofrece piña y melocotón? Tiene que estar de coña]
César: jajaja, ¿pero...?
Chous interrumpe: ¿Y las tartas estas?
Camarero: Son a cuatro euros la ración.
[César y Jaime se parten la caja de risa, mientras Chous mantiene la cara de sorpresa.]
Chous: Venga pues yo melocotón...
César: Y yo, anda...
Jaime: Yo un café con leche con hielo.

Mientras el camarero nos sirve los postres comentamos que la jugada del buffet es bastante sucia. La verdad es que nadie nos dijo que los postres eran o piña o melocotón, pero nos engañaron de forma subconsciente al ver tartas por todas partes. El camarero se acerca con los dos platos de postre y los posa en la mesa diciendo...

Camarero: Tarta de chocolate por aquí. (Dejando las dos mitades de melocotón en almíbar delante de Chous)
Camarero: Tarta de queso por allá. (Haciendo lo propio con el plato de César)
Camarero: Y un chocolate. (dejando la taza de café delante de Jaime)
Camarero: Bien fresquito. (al posar el vaso con los cubitos de hielo)

En esta situación lo mejor que puedes hacer es reírte de ti mismo y de la tomadura de pelo que te acaban de hacer, además con recochineo.

Tras pagar, de camino a la salida vemos a una pareja preguntándole al camarero graciosete por una mesa para comer. Intentando evitar que les pasase a ellos lo mismo que a nosotros, César pasar por delante del camarero diciendo “muy bueno el melocotón en almíbar de postre eh”, sin contar con que delante de el hay una lámpara colgando del techo bastante baja que se lleva por delante. Y el camarero todavía es capaz de rematar la faena diciendo “Gracias, y cuidado con la lámpara eh”

Siendo honestos, la comida estaba más que bien por ocho euros, a pesar de que el tamaño de los melocotones en almíbar era minúsculo. Si el menú hubiese incluido también las tartas en el postre sería un regalo.


Terminamos de comer hacia las cuatro y media pasadas, y nuestro autobús salía a las seis, pero había que ir hasta la estación y empaquetar las bicis (envolverlas con cinta adhesiva). Así que poco tiempo nos sobró para volver a la Praza Do Obradoiro, pedir que nos hicieran otra fotografía y tomar un refresco en la cafetería de la estación de autobuses antes de embarcar en el Supra que nos traería de vuelta a Oviedo, dónde nuestros padres iban a recogernos con los coches para llevar las bicicletas finalmente hasta el que fue nuestro punto de partida, Pola de Siero.

2 comentarios:

  1. Un excelente trabajo César!! Gracias por currarte este pedazo de historia...

    ResponderEliminar
  2. No hay de qué Jaime, gracias a vosotros por imprimirla ;)

    ResponderEliminar