lunes, 13 de junio de 2011

Jenaers en Münster

Para tener una despedida como es debido, ésta tiene que ser a pie de un andén contrastando la tranquilidad que produce el silencio que deja el tren minutos después de partir con el torrente de actividad de las últimas 48 horas. El cielo estaba gris y lanzaba gotas gordas y frías de cuando en cuando, de esas que al tocar la piel parecen hielo por la sensación de calor del aire. El solazo y el agobio de la mañana dominical ya avisaban que acabaría lloviendo. Digo bien, lloviendo porque esto era lluvia y no las cuatro gotitas sueltas que nos sacaron del lago al medio día.

Siguiendo a Catha, la noche anterior la pasamos en un club en Münster. Bueno, como todo sábado. Una pena que la música se animase cuando nuestras ganas de ir a dormir se disparaban. La ciudad estaba de festival, y nosotros de vacaciones. Eso quiere decir salchichas, carne a la parrilla y cerveza. Volvían las Becks Lemon, aunque las Becks Lime quieren robarles protagonismo este verano. Porque el verano para mí comenzó en el mismo momento en que alquilamos aquellas pedalinas en el lago.


La noche anterior, a la tocata y fuga en re menor del maestro canario le precedían varios intentos de inventar una historia de miedo. Que finalmente acababa siendo de risa cuando Nicu le llama la atención a Emilio con el mismo tono que Robert De Niro en El Cabo del Miedo diciendo "abogadoooo". Es lo bueno que tiene dormir todos juntos, durante dos noches estábamos de campamento - con las esterillas, colchonetas y sacos de dormir -, para alegría de Nicu que es la más campamentosa de todos. Por fin había un poco de cachondeo después de una sobremesa con debate político en alemán entre Guille y Nicu. Sois la monda. El padre de Catha solo había preguntado por el 15M para amenizar la cena, y entre salchicha y salchicha - rellenas de queso y que estaban de requetechupeten - darnos tiempo a respirar.

Unas horas antes, a eso de las ocho de la tarde pasadas, me plantaba en  Greven y salía de su minúscula estación para dar un paseo mientras esperaba a que llegase Guille de Berlín y Catha en coche a recogernos. La alergia me dio un respiro - nunca mejor dicho - para dejarme oler los tilos que traen recuerdos y me persiguen allá donde voy. Hacía calor, mucho calor, camisa arrugada y sudada después de más de doce horas, entre trabajo y viaje. El fin de semana cumplió las expectativas, volver a ver a todos (o casi) los de siempre y alguna gente nueva. Alivio al contar las quejas del trabajo a mis compadres y mentores Bea y Emilio, Nicu y las canciones populares que le alegran el día a cualquiera, Sabrina con su niña y sus planes para el verano, Guille con sus teorías, Katrin presumiendo de novio, Escudero contando como ha sufrido la crisis del pepino español a nivel personal y una Catha excepcional haciendo de anfitriona... ¡Por fin visitamos su pueblecito y vaya si mereció la pena!

Gracias a ti y a tus padres, Catha. Por compartir su casa, jardín y compañía. Ellos sí que son majos. No se con que me quedo; si los pastelitos de Barbara, su madre; su hermano a los mandos de aquel grill el viernes por la noche en el que el carbón parecía de mentira de lo perfectamente bien que ardía con colores gris y naranja; o Helmut explicándonos Münster el sábado. La mesa del desayuno había que verla, con la taza y su platito para café, vasos de zumo, plato de desayuno, cestas de pan - ¡cómo se extraña el pan alemán! -, tabla con mermeladas de jengibre, naranja, fresa, miel, Nutella, mantequilla en mantequillera - tiernita, que no cuesta trabajo cortar -, carnes, salmón ahumado, quesos, café, zumo, yogures... ¡Impresionante! Aquel jardín parecía parte de una película de Disney. Todo ello situado adecuadamente en una mesa, con sus sillas y sus bancos alrededor - por supuesto con cojines - y rodeada por árboles y plantas, sobre un césped húmedo que parecía una alfombra y en el que la perra de los padres de Catha y Emilio ponían las tetillas al fresco, como éste último decía.


PD: ese fin de semana también empecé a leer, después de muchos intentos durante años, el libro que me compré en Barajas el mes pasado. El Asedio de Reverte, me dan ganas de ir a Cádiz.

lunes, 6 de junio de 2011

Piragüismo 2.1

30 de Mayo de 2008


Con las lluvias de los últimos días el río baja crecidito, así que este viernes tuvimos que volver a coger los Eurokayaks - con los que es imposible hundirse ni volcar -, y dejar aparcadas las piraguas de verdad. Pues este viernes cuando nos dijo de coger los Eurokayaks...

César: venga oh, si somos ya profesionales.
Pío: mira, a tí te voy a dar patadas en los cojones desde aquí hasta Oviedo eh, que tu muy profesional pero el domingo pasado todavía me dejaste la piragua roja mal colocada.
César: ¿Yo? No creo.
Pío: Si, si.
César: Mmmm, espera, ¿el timón va
pal fondo no?
Pío: Si, va
pal fondo.
César: Pues la tuve que poner bien porque siempre la meto con el timón hacia atrás así que...
Pío: Bueno y dale, que te digo yo que no.
César: Bueno vale, pues igual me despisté y la coloqué sin darme cuenta, no se.
Pío: Pues lo se yo.
César: Que vale, vale.

Ya en el río, con lo crecido que baja estos días - se nota bastante al remar -, y llevando los
Eurokayaks (tienen más resistencia al avance) costaba un cojón tirar río arriba. Si te paras y miras a la orilla verás como en diez segundos retrocedes cinco metros. Me coloco a remolque de Pío, un poco ladeado, para que así me costase menos remar porque el ya me iba abriendo camino digamos. Tras un tiempo veo que Pío rema y se para, mira hacia atrás y vuelve a remar. Al cabo de unos metros se para, mira hacia atrás y vuelve a remar. La tercera vez le pregunto si ocurre algo. Me contesta que no me quiere tan cerca de el, porque de una palada le meto un viaje a la piragua, le pego a la suya y como lo tire no me quiere volver a ver por aquí en la vida, así que me vaya a remar a la otra orilla.

Cuando volvíamos hacia el embarcadero para salir del agua, vemos que en el embarcadero de al lado hay un corrillo de chicas haciendo botellón. Llegamos el Rodri y yo, las chicas buscando pelea – saludando y preguntando nuestros nombres. Pues bien, llega
el pive y ni corto ni perezoso se para primero en el embarcadero donde ellas estaban y le da un trago a una litrona de kalimotxo.

Por último llega Pío y le preguntan por otro monitor del Club (que debe ser el que está superbueno supongo) porque le preguntaron que a que hora entrenaba ahora, que ya no va por las tardes. Pío les contesta cuando pasa por delante de ellas y cuando llega a nuestro embarcadero le digo:
- Ahí Pío, como te dejas querer...
- Como decís vosotros - los asturianos-,
les muyeres y les pesetes.
- ¿Qué?
- Es un dicho, ¿no lo habías oído nunca?
- Pues no.
- Vaya asturiano de mis cojones, ojo que yo conozco muchos asturianos y tengo muchas amistades asturianas eh.
-
Ahá.
- César, soy íntimo amigo de
Fulanito Hernández.
Mi cara tal que así
- ¿No sabes quien es?
- No.
- ¡Vaya asturiano de mis cojones que estás hecho tu! Pues
Fulanito Hernández fue el numero uno prácticamente hasta que llegó Indurain, fue medalla olímpica en 1974, casi gana el mundial de K1 en 1978 en París...
Estos datos no son correctos, pero algo así era.
- ¿Y de dónde es?
- Pues de Candás.
- Pues no tenía ni idea de él.
- Y ojo, que yo baje el sella 14 o 15 veces eh, y ojo que habré estado en Asturias unas cincuenta veces.
- ¿Cuantas? - aunque lo había oído a la primera.
- Si, unas cincuenta.
- Pues son pocas...
Pío responde esbozando la mayor sonrisa que le vi a lo largo del curso y dice:
- ¿Son pocas verdad? jejejeje, hay que ir más...

viernes, 3 de junio de 2011

Ya volvió Junio

Esta vez sin ni siquiera atisbar el final de curso y sin plan de vacaciones. Sin largas tardes de domingo llenas de luz en la calle, o en los bares, con un saborcillo dulce y amargo a calimotxo. Sin Mundial ni Eurocopa.

No, este año no habrá examen de repesca de química in extremis (gracias Pepe). Los últimos de la clase, no éramos más de cinco o seis lumbreras repasando, comentando problemas y compatiendo chuletas en una clase vacía del instituto. Viernes 14 de Junio de 2002. No se porque pero tengo la idea de que la mitad de mis amigos no tenían ni siquiera clase ese día. ¿El autobús saldría a las cinco de la tarde? Entonces el exámen debió ser a las diez u once de la mañana. Haz los ejercicios que puedas, sepas y entiendas, cuenta los puntos, descuenta el 20% y a ver si rascas un cinco con unas décimas. Luego a comprar bebida para el viaje, comer en casa, hacer la maleta y destino Italia... ¿Qué tienen los días en los que el esfuerzo contrasta con el descanso y la satisfacción para que se recuerden de una forma tan especial?

Por suerte tampoco hay esta vez matemáticas que nos pongan en apuros a unos cuantos por las derivadas e integrales, temas que siempre se dejaban para el final.

Ambientillo en la calle San Antonio.

No hay ya jornadas de estudio maratonianas en la biblioteca o centro de estudios. No hay tampoco exámenes finales en la universidad, ni prácticas que preparar a última hora. Hablando de estudiar, no había mejor manera de desconectar que saliendo unas horas a la Calle San Antonio. Una fiesta pequeña, para la gente del pueblo - sin el agobio y estrés de fiestas mayores. La noche del segundo sábado de Junio, entre corros de amigos con montoncitos de cáscaras de pipas y cacahuetes y botellas de sidra en el medio, entre charcos de sidra, corchos y algún vaso roto; en doscientos metros te encuentras en la calle a profesores y antiguos compañeros. Si no llueve puedes mirar a la multitud de gente y ver como siempre hay una botella de sidra levantada. También puedes romper los planes iniciales y pasar una de las mejores noches de tu vida combinando momentos de risa y alegría con un sentimiento de culpa por no haber ido a casa temprano para estudiar al día siguiente.

Lo que tampoco hay es calor para ir en chanclas, y lo que si hay es la alergia de todos los años. Pero cuando puedo oler, huele a verano.