Queridos reyes magos,
Este año os escribo yo a
vosotros. Y es que como ya habréis visto los últimos días de reyes distan de
ser los más felices o ilusionantes por mi parte. No es una sorpresa, ¿Quién
pretende mantener la ilusión que se malvende en Navidad pasada la veintena? Por
eso antes de nada quiero tranquilizaros haciendo os saber que no tengo mayor
pesar que el que da la edad al darse cuenta de la limitaciones de una persona
en una sociedad que no se ciñe a los regímenes habituales de ésta.
Comienzo, ya que es la primera
vez que me dirijo a vosotros (os tuteo si no os importa), agradeciendo todos
los regalos de todos estos años, todos apreciados de igual manera, pero
recordados con mucho mayor peso cuando son regalos “de niño”, de niño de época
de niño, no de niño que me hagan ahora… , El Scalextric, la PlayStation, el
otro Scalextric, Legos, más legos, algún juego educativo ignorado, Playmobils
para parar un tren… todos los regalos no pedidos y mal recibidos con mala cara
– no recuerdo ninguno en concreto pero tengo el firme presentimiento de ello.
Hace poco llegué a ver un catálogo de 1991, y me di cuenta de que tenía muchas
de las “estrellas del catálogo”. ¡Qué niño tan afortunado! 😊
Por otro lado, uno cada vez
aprecia más el (poco) tiempo que pasa con sus amigos, familia y seres queridos.
Ver que todo un año de vida se resume en unas pocas decenas de horas
compartidas por los más cercanos, y solo un puñado de horas con otros familiares
y amigos.
A la vez que triste, te ayuda a
apreciar más una conversación con tus padres, con tu tía, con un amigo… las
conversaciones que de verdad se aprecian rara vez superan en dos el número de
participantes (pienso).
Y así vamos años tras año, sin
rumbo, extrañando en la distancia, aborreciendo y aburriciendo in-situ ya sea
aquí o allá, el caso es quejarse. En lo laboral no hay queja, se lo que me
gusta, creo saber cómo vivir de ello, ojo que no es un mar de aguas calmas, siempre
conscientes de las circunstancias positivas poco habituales del año pasado para
trabajar más días de lo normal en un año, y las negativas como las facturas
impagadas. C´est la vie! Tampoco duele especialmente, se veía venir. Como todo.
Aprovechando la confidencialidad
que me brindan tantos años de correo real, primero en papel, luego incluso por
email en la distancia… Si lo pienso recuerdo estas cartas desde 1993-4, cuando pienso
los años 90 hasta lo recuerdo con filtro de colores VHS, ¡cómo pasa el tiempo! ¡Cuántos
mal-lloros por niñerías! ¡Cuánto consentimiento! ¡Y al mismo tiempo cuanta
severidad! Todo junto no lo cambio, solo puedo agradecer y pedir disculpas por
comentarios y cagadas varias en varias épocas.
A lo que iba, que aprovechando la
amistad que nos une, os confieso mi lamento al no saber expresar muy bien o en mucha
medida el aprecio y/o amor por la gente, el carácter de mármol no sé de dónde
me viene (?), cada vez lo moldeo más, pero sigue habiendo una carencia de
muestra de afecto, que no afecto. ¿Qué decía el principito? Jajajaja
Entenderéis reyes magos que es
frustrante llegar a ver como tras años de trabajo, experiencias y esfuerzos por
no querer o por no ser querido no es fácil encajar en el mercado laboral. Uno
se acaba metiendo en lo menos malo a conveniencia de gustos y aficiones que
alivian el pesar del trabajo. Pero fuera de ese nicho, a pesar de mucho título,
mucha experiencia internacional, mucho bla bla bla, hasta el hijo de Antonio
Linares está poniendo paneles como loco y yo no. ¿Qué falla? Yo. Temo
ennicharme en mis carreras y terminar en un callejón laboral sin otra salida,
con limitados clientes. ¿Cómo reciclarse? He oído que los masters de Big Data
“tienen mucha salida” jajaja
Es un gusto tener presentes
tantos y tan felices recuerdos del pasado, no tienen por qué ser días
especiales eh, sino cualquier día de aquella rutina agobiante y aburrida de
clases de colegios e institutos, por ejemplo, aquellos lunes de lluvia de
invierno de 2000-2001 viendo una serie en el salón de la casa nueva después de
cenar, las cenas de tortilla con ensalada de lechuga tomate y cebolla un
miércoles de junio al volver de piragüismo. Cuando tocaba madrugar para ir a
ver rallyes… (aquí realmente no puedo llegar a mostrar todo mi agradecimiento a
mis padres, ya que ahora de mayor pienso que muy dudosamente haría yo mismo tal
esfuerzo por nadie si no me gustasen los rallyes). Los viajes de Matanza a
Valencia de Don Juan, el olor de aquella librería de los cochecitos Majorette
que tenía en una lista ordenados por orden de futura compra. Y así pasan los
años sin darse cuenta que lo guay no son los cochecitos, que de mayor no sirven
para nada, sino el viaje en coche a Valencia de Don Juan haciendo preguntas
sobre coches, cosechadoras y cualquier cosa que hubiese por el camino. Es una
pena que mi hermana no se preste demasiado a lo que he terminado llamando “el
puteo mutuo” o “tocarse los huevos”, siempre la hago llorar ☹ Tampoco se como
decirle que la quiero ☹
Me voy despidiendo con unas notas
sobre mis pensamientos y valoraciones tras 37 Navidades, que se tratan de disfrutar
el tiempo presente con los presentes y recordar y agradecer el tiempo pasado.
Olvidaros de regalos y sacacuartos, no reprocho nada a nadie siendo el primer beneficiado,
pero los últimos 30 años vivimos un consumismo irreal.
Solo os pido encontraros de nuevo el año que viene y que estemos todos los que estamos al menos igual de bien.
Saludos cordiales.
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