lunes, 21 de noviembre de 2011

Utrecht inundado en niebla

No es lo habitual pero a veces los domingos también se ponen el traje de gala y nos alegran el final de la semana. Sale ese plan tonto, improvisado, que lo mismo te lleva a ti y a cuatro amigos a un concierto a la ciudad de al lado.

Al bajarnos del tren nos reíamos de las macabras historias que se te pueden ocurrir a raíz de la niebla que nos rodea, presente desde hace días, y que no deja ver a más de un puñado de metros. La forma de las calles se atisba siguiendo el halo de luz de las farolas, él es lo único capaz de mantener un pulso con esa humedad que se te pega en el cuerpo al caminar. De camino al concierto más discusiones, más increpadas amigables, más miradas diciendo "te voy a matar", más confusiones, más conversaciones bochornosas, más sinceridad a raudales y más cumplidos para las niñas por traernos ese poquito de gracia que le faltaba al grupo.

Alguien quiere fumar un último cigarrillo antes de entrar al concierto. En la puerta del local le damos otra vuelta de tuerca a lo bonitas que son las calles holandesas, aunque haga frío y nos quejemos, el escenario es de película. Canales, puentes, calles llenas de casas de ladrillo rojo con chimeneas humeantes, bicicletas aparcadas en todas partes, casi no hay coches... A mí me parece un parque temático. Mónica presta atención a una cascada de agua cayendo al canal - probablemente se encuentre tras las vallas que cubren una obra -, y eso le da aún más encanto a la escena. Se ven las luces de las bicicletas pasar fugazmente al otro lado del canal. Unas pisadas se nos aproximan por la derecha, pero la silueta de esa pareja de mediana edad tarda un tiempo en aparecer. En ese momento, con voz de hada consejera, Fani contaba que los momentos especiales hay que guardarlos, escribirlos en un papel y leerlos de vez en cuando para que no se olviden. Porque esos momentos no abundan, tienen que darse tres condiciones, estar en un lugar especial, con las circunstancias especiales y con la gente especial.


Somos unos privilegiados. Unos privilegiados que se han conocido de casualidad. "No cambiaríamos nuestras vidas por las de nadie", habíamos concluido mientras tomábamos unas cervezas en un bar belga al principio de la tarde, al mismo tiempo que intercambiábamos las copas: "¿Habéis probado esta?" "A mi esa me encanta pero hoy no me apetecía..." "Mira prueba esta" "Yo creo que me voy a pedir la misma eh...". Poco antes, mientras nos servían, discutíamos si el camarero le había coqueteado a una de las chicas o no. 

No es fácil no acostumbrarse a lo bueno, para apreciarlo tenemos que pararnos, echar una ojeada alrededor y congelar lo que vemos. Lo familiar, lo que hacemos a diario, los planes en los que empleamos nuestro tiempo, la manera en la que vivimos dejaría boquiabierto a quien se lo contásemos.

sábado, 8 de octubre de 2011

Una escapada de la rutina

Hace un par de semanas tuve una entrevista en el Reino Unido, en un pueblecito cerca de Oxford. Fue un día duro de verdad. Para empezar bien la historia, me dormí por la mañana. El embarque del vuelo se cerraba a las 8.10 y me desperté a las 7.25 a pesar de poner no uno, sino dos despertadores para las 6.30. No entiendo que pasó la verdad...

La mañana empezaba corriendo por la habitación, revoloteando, metiendo cosas en una maleta - la camisa para la entrevista la quería llevar en la maleta y cambiarme de ropa justo antes de la entrevista - y diciendo todo el tiempo "no, no, no, no, hostia, hostia, hostia...". Incluso me acuerdo que en un momento estaba buscando la cartera, el móvil, las tarjetas de embarque - que había dejado dentro de la maleta ya preparado la noche anterior - y me estaba diciendo a mi mismo en voz alta "¡¡¡¡joder, ¿dónde está todo??!!!". Ni siquiera me puse reloj, ni cinturón para no perder tiempo quitándomelo en el control del aeropuerto. Ni me até los zapatos para salir de casa. Imaginaros la velocidad a la que salí. Después, carrerón en bici a la estación con la maleta en una mano. Ni aparqué la bici en el parking ni nada, la dejé al lao de la puerta aún a riesgo de que los servicios del ayuntamiento la llevasen al depósito por dejarla en su sitio prohibido. Pillé el tren a las 7.45, todavía quitándome las lagañas y sin comprar billete porque simplemente no tenía tiempo. Llegué a Schiphol a las 8 en punto,  al sonido de las puertas del tren se sucedía el de mis zapatos - ya atados - corriendo por el andén en dirección a salidas. Cola en el control de pasaportes, nervios, sudada de campeón y finalmente esperar 10 minutos para embarcar porque el vuelo venía retrasado de Londres. Cuando me subí al avión me parecía llevar tres horas despierto. Dato: de la cama al avión en 45 minutos.

Había reservado un coche de alquiler, pero no reservé el GPS suponiendo que se podía pedir sobre la marcha. El hombre de Europcar me dice que pueden darme un coche con GPS, un Mercedes clase E. Me pareció demasiado coche teniendo en cuenta que era la primera vez que conducía por la izquierda y que el seguro de ese coche iba a ser mucho más caro que el del coche de tamaño normal que había reservado. Finalmente cogí el Seat León que me habían asignado. Tenía apuntada la dirección a donde debía dirigirme, pero necesitaba un GPS. Decidí echar a andar con la esperanza de encontrar alguna gasolinera o tienda donde poder comprar uno. Después de dar vueltas durante una hora y media y preguntar unas cuantas veces, sorprendentemente volví a llegar al aeropuerto. Ya que estaba allí de nuevo, aparqué el coche en el parking de corta estancia, tomé el autobús hasta la terminal y fui a buscar la típica tienda de electrónica, iPods y cámaras de fotos que tiene cualquier aeropuerto que se precie. Pues no, London Luton solo tiene esa tienda en el área de salidas. El chico de información me indicó como llegar a un Halfords conduciendo en tres minutos. Me llevó más de media hora dar con él, y tuve que preguntar tres veces. Las explicaciones de la gente las entendía, pero la periferia de las ciudades inglesas, mezclando polígonos, casas y calles en obras es un laberinto. Por fin, a las 11.15 tenía un GPS pegado en el cristal del coche - la entrevista era a las 11.30. Ya les había dicho que como tenía que volar desde los Países Bajos podría ser que llegase un poco tarde porque bueno, con los vuelos y estas cosas nunca se sabe. Así que los llamé y les dije que estaba ahora en el aeropuerto y mi GPS indicaba 1 hora y 27 minutos. Me dijeron que no había problema, que me esperaban sobre la una.

Del viaje no se que decir. Según saqué el coche del parking me dio una sensación muy rara. Meter tercera con la mano izquierda es muy raro, y cambiar de marchas en las rotondas rarísimo porque agarrar el volante solo con la mano derecha no tienes sensación de seguridad en el brazo. Otro detalle de las rotondas es que al entrar hay que mirar a la derecha y no a la izquierda. Así fue como casi me afeitan el morro del coche cuatro o cinco veces, de hecho en 3 ocasiones frené porque me pitaron. Lo mismo al salir de los cruces, siempre miras a la izquierda a ver si viene alguien y como no ves a nadie sacas más el morro y en eso oyes PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII por tu derecha. Perdí la cuenta de los llantazos que pegué con la rueda izquierda. ¡Otro detalle! Carril cortado en una vía de doble sentido porque estaban segando el arcén. Me paro yo el primero delante del semáforo mientras vienen los coches en dirección contraria. Se pone el semáforo en verde, agarro la palanca, la empujo hacia adelante a la izquierda para meter primera y el coche arranca hacia atrás. Menos mal que el coche que tenía detrás había dejado espacio. Mantenerse en el lado izquierdo no es difícil siempre que haya otro coche delante de ti, aunque en la salida de algún cruce tuve dudas.

En el viaje de vuelta casi me duermo en la autopista. Yo iba en el carril derecho, el de los rápidos, e íbamos en caravana en una zona con obras a 50 millas por hora durante 30 Kms. Vas ahí embotellado que solo tienes coches delante, detrás y a los lados, el calorcito del Sol dentro del coche, la música tranquilita... Y el coche empezó a irse a la izquierda - cuando ya normalmente uno conduce con una tendencia a irse a la izquierda -, cerrando a quien circulase por ese carril (el de los lentos) y eso oigo MUUUUUUUUUUUUUUAAAC MUUUUUUUUUUAAAC. ¡Pegué un salto! Y ya bajé la ventanilla y empecé a adelantar cuando había hueco tanto en el carril derecho como el izquierdo, porque si seguía así me dormía. Espero que no me llegue ninguna multa. Al tomar la salida para el aeropuerto el  mismo camión me adelantaba y aprovechaba la ocasión para despedirse con otro bocinazo.

Al vuelo de vuelta llegué sin problemas, pero cuando salía de la estación de tren en Leiden descubría que los servicios de ayuntamiento había retirado mi bici de donde la dejé. Terminaba la jornada caminando a casa con la maleta en la mano y pensando en ir al día siguiente al depósito y pagar 27 euros para recuperar la bicicleta.

Cada vez que conduzco o me subo a un coche en otro país y empiezo a enredar con la radio encuentro toda la música y las emisoras de radio muy extrañas. Me pasaba en Alemania, me pasó en los Países Bajos y más de lo mismo en este viaje relámpago de un día en Inglaterra. Me acuerdo de escuchar Someone like you de Adele de camino a la entrevista manejando las rotondas en sentido horario.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Copenhagen Historic Grand Prix

Escribo estas líneas desde la cabina del Mack II una vez que los dos camiones del equipo Tachyon Motorsport dejan el centro de la capital danesa a golpe de bocina después de asistir al Gran Premio Histórico de este año.

Ésta ha sido la segunda vez que formo parte del equipo - después de una prueba en Zandvoort semanas atrás -, y el primer viaje para un evento. El fin de semana comenzó el pasado jueves cargando el material, las herramientas y los coches - Corvette Grand Sport, Ford Mustang, Corvette Sting Ray y Ford Falcon - a los camiones. No llegamos a Copenhague hasta el viernes por la tarde, tras hacer noche en un área de servicio alrededor de Hamburgo. Descargar e instalar el campamento - coches, nevera llena de Heineken, mesas, sillas, carpa, scooters, cajones de herramientas... - nos llevo menos de lo que creía, en dos horas estaba todo hecho. En ese momento aparece Maarten - mánager del equipo - con unas pizzas. Cenamos todos juntos a la vez que se habla de lo nuestro, el mundo del motor. Hay también gente de otros equipos, conocidos de otros años, que se acera a presentarse o saludar e historias de pilotos y amigos de estos - casi todo en holandés, eso sí. Por la noche copas en Copenhague pero piano piano que el sábado hay que trabajar.

Chevrolet Corvette Grand Sport de Michiel Campaigne.

A las explicaciones recibidas en Zandvoort por Thiemo, trabajando en un Marcos 3 litros ya puedo añadir algunas tareas más de las que me he hecho cargo o he ayudado este fin de semana. Mike y yo revisamos y pusimos a punto el Ford Falcon de Frits Campaigne. No  hay que hacer gran cosa porque la reglamentación FIA para estos coches históricos da pocas o ninguna opción de modificarlos o cambiar settings. Aun así, solo quitar y poner las ruedas, revisar el nivel de líquido de la caja de cambios y del diferencial, purgar el circuito de los frenos, limpiar y revisar los discos y los tambores de éstos, comprobar el nivel de aceite, ver que ningún tornillo, tuerca o brida este suelto en suspensión, dirección o chasis y cambiar la gasolina del depósito nos lleva casi todo el tiempo entre una manga y otra. Cualquiera que sepa algo de mecánica verá que estas operaciones son de lo mas básico.

Al final del día ves aficionados que se acercan a la carpa a felicitar a los pilotos y simplemente decirles "eres el mejor" o "gracias por el espectáculo", para hacer preguntas a los mecánicos, explicar sus propios proyectos personales, contarte que recuerdan haber visto tal o cual coche corriendo hace décadas... El mundo de de "la competi" es inigualable.


Ahora que puedo decir que tengo algo de experiencia en un equipo de carreras, lo que más me sorprende es lo mucho que cansa un fin de semana. Sarna con gusto no pica, ya saben. No se que tiene pero me siento vivo metido en ello, a pesar de que hay muchas más cosas para hacer que lo que hecho hasta ahora. A diferencia del trabajo diario en la oficina todos los días de la semana, nunca es muy temprano ni estoy demasiado cansado para levantarme de la cama y ponerme a hacer cosas, preguntas o pedir tareas.

Termino de escribir la entrada justo a tiempo para darle la tarjeta de crédito del equipo al Mack I que ya esta parado en el peaje del puente Storebaeltsforbindelsen.

Domingo 7 de Agosto de 2011, 23:14 horas.



Me siento plenamente feliz cuando veo que tenemos la oportunidad de dirigir nuestras vidas por el camino que queramos, para intentar llegar al destino deseado y que además le sacamos todo el jugo al recorrido. ¡La vida es un juego!


Notas al margen:
  • Cómo presta subir y bajar de la cabina cada vez que paramos a comer o repostar. Ver a la gente sacando fotos a los camiones, apuntándonos con el dedo o pidiendo que usemos la bocina.
  • Qué incómodo y largo se hizo el viaje por el calor en la cabina, el ruido del motor y el aire y la música techno que llevaba el conductor.
  • El sentimiento de libertad cuando salimos de la base de Soest (Países Bajos). Las gafas de sol y las chanclas ayudan siempre a tener la sensación de vacaciones, viaje y aventura.
  • Salir con los compañeros del equipo por la noche y pasar tiempo con ellos me recuerda en algunos momentos a los días en el instituto diez años.
  • No cambio la impresión que me dejó Copenhague después de la visita en Semana Santa. Sucio y feo, no te sientes en casa en ningún momento. Por otra parte allí parece que el verano es verano de verdad, ni hace frío ni hay viento aunque llueva.