Hace un par de semanas tuve una entrevista en el Reino Unido, en un pueblecito
cerca de Oxford. Fue un día duro de verdad. Para empezar bien la historia, me dormí por la mañana. El embarque del vuelo se cerraba a las 8.10 y me
desperté a las
7.25 a pesar de poner no uno, sino dos despertadores para las 6.30.
No entiendo que pasó la verdad...
La
mañana empezaba
corriendo por la habitación, revoloteando, metiendo
cosas en una maleta - la camisa para la
entrevista la quería llevar en la maleta y cambiarme de ropa justo antes de la entrevista - y diciendo todo el tiempo
"no, no, no, no, hostia, hostia, hostia...". Incluso
me acuerdo que en un momento estaba buscando la
cartera, el móvil, las tarjetas de embarque - que había dejado dentro de la maleta ya preparado
la noche anterior - y me estaba diciendo a mi mismo en
voz alta "¡¡¡¡joder, ¿dónde está todo??!!!". Ni
siquiera me puse reloj, ni cinturón para no perder
tiempo quitándomelo en el control del aeropuerto. Ni me até los zapatos para salir de casa. Imaginaros la
velocidad a la que salí. Después, carrerón en
bici a la estación con la maleta en una mano.
Ni aparqué la bici en el parking ni nada, la dejé al
lao de la puerta aún a riesgo de que los servicios del ayuntamiento la llevasen al depósito por dejarla en su sitio prohibido. Pillé el tren a las 7.45, todavía
quitándome las lagañas y sin comprar billete porque simplemente no tenía tiempo. Llegué a Schiphol a las
8 en punto, al sonido de las puertas del tren se sucedía el de mis zapatos - ya atados - corriendo por el andén en dirección a salidas. Cola en el
control de pasaportes, nervios, sudada de campeón y finalmente esperar
10 minutos
para embarcar porque el vuelo venía retrasado de Londres. Cuando me subí al avión me parecía llevar tres horas despierto. Dato: de la cama al avión en 45 minutos.
Había reservado un coche de alquiler, pero no reservé el GPS suponiendo que se podía pedir sobre la marcha. El hombre de Europcar me dice que
pueden darme un coche con GPS, un Mercedes clase E. Me
pareció demasiado coche teniendo en cuenta que era la
primera vez que conducía por la izquierda y que el
seguro de ese coche iba a ser mucho más caro que el
del coche de tamaño normal que había reservado. Finalmente cogí el Seat León que me habían asignado. Tenía apuntada la dirección a donde debía dirigirme, pero necesitaba un GPS. Decidí echar a andar con la esperanza de encontrar alguna gasolinera o tienda donde poder comprar uno. Después de dar
vueltas durante una hora y media y preguntar unas cuantas veces, sorprendentemente volví a llegar al aeropuerto. Ya que estaba allí de nuevo, aparqué el coche en el parking de corta estancia, tomé el autobús hasta la terminal y fui a buscar la típica tienda de electrónica, iPods y cámaras de fotos que tiene
cualquier aeropuerto que se precie. Pues no, London
Luton solo tiene esa tienda en el área de salidas. El chico de información me
indicó como llegar a un Halfords conduciendo en tres minutos. Me llevó más
de media hora dar con él, y tuve que preguntar tres veces. Las
explicaciones de la gente las entendía, pero la
periferia de las ciudades inglesas, mezclando
polígonos, casas y calles en obras es un laberinto. Por fin, a las 11.15 tenía un GPS pegado en el cristal del coche - la entrevista era a las 11.30. Ya les había dicho que como tenía que volar
desde los Países Bajos podría ser que llegase un poco tarde porque
bueno, con los vuelos y estas cosas nunca se sabe. Así que los
llamé y les dije que estaba ahora en el aeropuerto y mi GPS indicaba 1 hora y 27 minutos. Me dijeron que no había
problema, que me esperaban sobre la una.
Del viaje no se que decir.
Según saqué el coche del parking me dio una sensación
muy rara. Meter tercera con la mano izquierda es muy
raro, y cambiar de marchas en las rotondas rarísimo
porque agarrar el volante solo con la mano derecha no tienes sensación de seguridad en el brazo. Otro detalle de las rotondas es que al
entrar hay que mirar a la derecha y no a la izquierda.
Así fue como casi me afeitan el morro del coche cuatro o cinco veces, de hecho en 3 ocasiones frené porque me
pitaron. Lo mismo al salir de los cruces,
siempre miras a la izquierda a ver si viene alguien y
como no ves a nadie sacas más el morro y en eso oyes
PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII por tu derecha. Perdí la cuenta de los llantazos que pegué con la
rueda izquierda. ¡Otro detalle! Carril
cortado en una vía de doble sentido porque estaban segando el arcén. Me paro yo el primero delante del semáforo mientras vienen los coches en dirección contraria. Se pone el semáforo en verde, agarro la
palanca, la empujo hacia adelante a la izquierda para meter
primera y el coche arranca hacia atrás. Menos mal que el coche que tenía
detrás había dejado espacio. Mantenerse en el lado izquierdo no es difícil siempre que haya otro coche delante de ti, aunque en la salida de algún cruce tuve dudas.
En el viaje
de vuelta casi me duermo en la autopista. Yo iba
en el carril derecho, el de los rápidos, e íbamos en
caravana en una zona con obras a 50 millas por hora
durante 30 Kms. Vas ahí embotellado que solo tienes coches delante, detrás y a los lados, el
calorcito del Sol dentro del coche, la música tranquilita... Y el coche empezó a irse a la
izquierda - cuando ya normalmente uno conduce con una tendencia a irse a la izquierda -, cerrando a quien circulase por ese carril
(el de los lentos) y eso oigo
MUUUUUUUUUUUUUUAAAC
MUUUUUUUUUUAAAC. ¡Pegué un salto! Y ya bajé la
ventanilla y empecé a adelantar cuando había hueco
tanto en el carril derecho como el izquierdo, porque
si seguía así me dormía. Espero que no me llegue
ninguna multa. Al tomar la salida para el aeropuerto el mismo camión me adelantaba y aprovechaba la ocasión para despedirse con otro bocinazo.
Al vuelo de vuelta llegué sin problemas, pero cuando salía de la estación de tren en Leiden descubría que los servicios de ayuntamiento había retirado mi bici de donde la dejé. Terminaba la jornada caminando a casa con la maleta en la mano y pensando en ir al día siguiente al depósito y pagar 27 euros para recuperar la bicicleta.
Cada vez que conduzco o me subo a un coche en otro país y empiezo a enredar con la radio encuentro toda la música y las emisoras de radio muy extrañas. Me pasaba en Alemania, me pasó en los Países Bajos y más de lo mismo en este viaje relámpago de un día en Inglaterra. Me acuerdo de escuchar Someone like you de Adele de camino a la entrevista manejando las rotondas en sentido horario.

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