El piragüismo apareció en mi vida en la primavera de 1996 o 1997, cuando algunos compañeros del colegio propusieron ir al Club Kayak Siero. Confieso que aquella vez no lo practiqué por más de tres semanas, creo que me puse enfermo o tuve algún problema de alergia que me "apartó" del deporte, sin mucho pesar por mi parte.
Años más tarde, en 2008 me quité el óxido de encima y el remo volvió a sacarme el callo en el dedo pulgar de la mano izquierda. Esa vez en la Universidad de Valladolid, el río era un poco más grande que el Nora en el que había practicado más de 10 años antes, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid... ¡Cómo olvidar al monitor! Ya llegará un texto que tengo escrito de aquellos días a las órdenes del gran Pío en las próximas entradas.
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| Hasta en Holanda se conoce el descenso del Sella |
Ahora, tres años después llega mi tercera experiencia en el mundo del piragüismo. Una de las cosas que tenía en mente cuando llegué aquí fue volver a coger el remo. Con un 18% de la superficie del país cubierta por agua, es un buen lugar. Además lo abiertos y activos que son los holandeses hace que haya clubs o asociaciones de todo tipo entre los que están los de piragüismo y remo.
Esta vez también practico con un instructor amateur, un más bien mayor, más que amable y más que paciente, cordial, amigable, que le gusta contarte las cosas que vas viendo y hablar de diques, molinos, lagos, canales y barcos. Bob no te apura, no te mete prisas, gasta bromas y siempre tiene una sonrisa en la cara. Supongo que Manu y yo le caímos en gracia el primer día después de cenar en el club, mientras nos contaba su viaje de 1 año y una semana desde Holanda hasta Ciudad el Cabo en bicicleta.
La primera sesión fue fácil, empezamos en una piragua de kayak polo que es imposible de inestabilizar. Por cierto, la primera vez que vi el kayak polo fue en Sevilla hace un mes, no sabía ni que existía y aquí es más que popular. Bueno, estuvo bien como toma de contacto, y también para conocer a los compañeros de la asociación Levitas, compartiendo la cena con ellos después de entrenar. Desde el primer día te hacen sentir tan en casa que hasta se te hace extraño.
El segundo y tercer día ya remamos en una piragua de verdad (touring), tras sentarme en una K1 y bajarme inmediatamente al tener claro que no iba a dar más de dos paladas sin probar el agua. Aún así, con la touring me fui al agua ambas veces. El agua está un pelín fría sí, pero entrar de golpe ayuda y da más miedo la suciedad y pisar en el fondo que la temperatura. No se que me pasa, no encuentro el ritmo, en Valladolid solo me caía cuando iba sobre mi límite y por lo general me sentía cómodo en la piragua. Será que con la edad se le coge miedo al agua porque voy agarrotadísimo. Al más mínimo estímulo que me altere lo que es mirar al frente y remar me hace perder el equilibrio y noto literalmente como se me ponen los huevos de corbata. Que vergüenza para el piragüismo asturiano, ¿verdad?
Visto lo visto, hoy directamente me compré un bañador que quieras que no, cuando se moja siempre es más cómodo que los boxer y el pantalón corto. Con esto queda claro la confianza que tenía para este cuarto día, ¿no? Pues finalmente hoy, a pesar de cruzarnos con cuatro o cinco barcos que dejan el agua rizada durante un par de minutos - suficiente para poner los pelos de punta -, en nuestro camino de vuelta a las instalaciones encontré mi ritmo, el equilibrio o a mi mismo en el agua, no lo se pero por fin me sentí cómodo.
Y mañana volvemos, porque "todo buen asturiano no sabe de rendición...".

