jueves, 2 de septiembre de 2010

Camino de Santiago II


Etapa 2 (martes 10 de Agosto de 2010): Cornellana – Pola de Allande, 68 Km.

El que fue nuestro primer día como peregrinos reales salimos del albergue los últimos. A lo largo de los días nos daríamos cuenta de que siempre éramos los últimos en partir por la mañana.Hoy atravesaríamos las localidades de Salas y Tineo para llegar finalmente a Pola de Allande.

Como el día anterior hicimos la colada muy tarde, antes de cenar, no hubo tiempo para que la ropa secase tendida en el tendal del albergue. Así que la alforja de la bicicleta de César tenía la camiseta, calzoncillo y culote del día anterior colgados con imperdibles para que secasen a lo largo del día. Chous optó por guardar la ropa mojada en una bolsa de plástico.

Con los gayumbos de bandera por la mañana.

En esta etapa nos encontramos con algunas cuestas y desniveles relevantes. Esto hizo que Chous y su cansancio deleitasen al grupo con todo tipo de frases y silogismos cada vez que el grupo hacía una parada tras una subida importante para reagruparse.
Buah, voy como una pita sin cabeza, tengo les piernes que me van soles... Como una pita sin cabeza”
La etapa empieza con unos kilómetros por una senda a la salida de Cornellana, que fueron suficientes para que la ropa que César llevaba colgando de la alforja se ensuciara de barro. En esta primera parte hasta llegar a la carretera que nos llevaría a Salas, la dificultad era media-baja, con un piso de tierra húmeda y piedras a veces entre árboles y vegetación.

Antes de llegar a Salas nos encontramos con una pareja de bicigrinos, que iban por la carretera empujando sus bicicletas. Al verlos empujando en un terreno llano y asfaltado nos preguntamos como haría esa pareja cuando el camino se volviese complicado con piedras, barro y cuestas. Ésto nos llevó a deliberar a cerca de lo adecuado o no de hacer el Camino de Santiago en bicicleta con la novia. Lo que no sabíamos es que esa pareja se convertiría en un personaje secundario de nuestro camino hasta el último día.

En Salas hacemos el primer descanso del día, en el que recibimos la visita del padre y el tío de César. Además aprovechamos para comprar frutas en el mercado. La salida de Salas por el Camino Primitivo nos llevaba por un camino de vegetación y gravilla que no presentaba mayor dificulta hasta los últimos 50 metros antes de entrar a la vieja carretera a La Espina. En esa parte, la pendiente era superior al 20% y el terreno había ido cambiando poco a poco a una superficie de tierra húmeda y piedras de un tamaño grande, que hacían imprescindible poner el pie en el suelo y empujar la bici para arriba. Esta fue la primera ocasión en la que desde la cabeza del grupo se oía a Chous detrás (y debajo) decir “esto no ye pa bici eh”. Al mismo tiempo Noé decía “buah, el chaval ese que iba con la moza ya puede quedar a dormir hoy en Salas jajaja”. Terminamos la subida a La Espina por la carretera y es aquí donde volvemos a tomar el Camino Primitivo para ir por el hasta Tineo. Algunas veces el camino iba paralelo a la carretera, quizás un poco más elevado lo que hacía que Chous renegase del camino real y se quejase irónicamente “vaya atajo, como me gusta” cada vez que subíamos una pequeña cuesta para volver a bajar a continuación y volver a subir, en lugar de rodar por la carretera que era llana y más regular.

Noé al terminar la subida de La Espina.

En Tineo César se da cuenta de que a su portabultos le falta un tornillo, posiblemente del traqueteo en el tramo desde Salas hasta la carretera de La Espina. Este sería el primer problema con el portabultos. Tras preguntar en la oficina de turismo de Tineo por el camino a seguir desde aquí, fuimos a comer a La Casina. Una pequeña casa de piedra en la zona alta de Tineo con una amplia pradera verde en la que estaba situado el prau para las fiestas locales de San Roque. Nos sentamos en una mesa fuera, para disfrutar de la buena comida y el buen tiempo, a la vez que descansábamos. Para comer, plato del día. De primero cocido de garbanzos con su chorizo, su morcilla, su tocino y sus patatas cocidas. Todos esperábamos mayor cantidad, por lo que cuando la camarera vino a retirar la fuente y los platos César le dijo a la camarera que “los platos estaban rotos, porque se nos escaparon los garbanzos” buscando despertar un sentimiento de gracia en ella que no llegó a ocurrir. De segundo carne guisada con patatas fritas.

Garbanzos y siesta; que poco hace falta para ser feliz.

Después de comer nos echamos una siesta en el prau, momento en el que Chous aprovechó para sacar su ropa húmeda de la bolsa y ponerla a secar al Sol. En cosa de media hora la ropa estaba seca.

Uno de los peores tramos que nos encontramos (la foto no es fingida).

Salimos de Tineo siguiendo el camino, con unas cuantas subidas sobre un terreno de piedras sueltas o incluso escaleras hechas en el suelo utilizando raíces de árboles y la base de piedra a modo de peldaños.

A lo largo de la tarde el camino transcurre por caminos o pistas forestales y carreteras locales. Destaca la bajada final a Pola de Allande por la ladera de las montañas hasta llegar a la parte baja del valle donde se encuentra la localidad que era la meta de nuestra segunda etapa. Al hacer esta bajada a última hora del día, un día que había sido soleado, nos encontrábamos desciendo a un ritmo bastante rápido por caminos con vegetación en el suelo y viendo los últimos brillos del Sol reflejados en las montañas al otro lado del valle o incluso en nuestro mismo camino dependiendo de la dirección que llevásemos. Incluso en esta bajada tuvimos ocasión de atravesar un pequeño riachuelo montados en las bicicletas. Pues fue en esa bajada donde Chous casi se cae a cámara lenta alegando que estaba esquivando unas ortigas. Desde ese momento Chous se convirtió en el protagonista de los descensos por sus derrapes y equilibrios sobre dos ruedas. Alguna vez incluso se le recomendó cambiar la mountain bike por una GMX de bicicross.

También estuvimos tan cerca del cielo que casi podíamos tocarlo con las manos.

Al haber salido los últimos por la mañana, también llegamos los últimos a nuestro destino por lo que nos encontramos con el albergue de Pola de Allande lleno. Buscamos habitación en los dos hostales que había pero estaban también llenos. El hostelero de La Allandesa nos dice que en esas ocasiones la Policía Municipal abre el polideportivo local para los peregrinos. Tras hablar con el policía local, nos dice que el siguiente albergue, que aún pertenece a Pola de Allande y situado 2.5 Km más adelante; está vacío y que vayamos allí. Esto nos supone olvidar el cenar en un bar o restaurante en Pola y pensar en comprar algo de comida y cenar en frío.

Viendo la hora que era, dividimos el grupo para que Jaime y Chous compren comida para el desayuno del día siguiente; mientras Noé y César esperan por unos bocadillos en un bar que nos recomendó la encargada del albergue en el que dormimos. Los bocadillos tardan en salir, así que aprovechando los ultimísimos rayos de luz, Chous y Jaime empiezan a subir hasta el albergue, que no era más que una cabaña de montaña situada en un bajo a la izquierda de la carretera que al día siguiente nos llevaría al Puerto del Palo. Éramos conscientes de que en plena oscuridad no iba a ser fácil encontrar el albergue así que decidimos que Chous y Jaime suban primero para encontrarlo y luego ya iríamos Noé y César con la cena (los bocadillos). Finalmente a eso de las 22:00, cuando Noé y César ascendían el principio del Puerto del Palo en la más absoluta oscuridad, preguntándose si ya se habrían pasado el albergue es cuando vieron una luz intermitente al fondo, al final de una recta que era la luz de Jaime. Por tanto, pasadas las diez de la noche los cuatro bicigrinos están juntos en su albergue. Una casa de montaña con 12 o 16 literas, dos duchas y dos baños, una mesa y un fregadero.

Nuestra cena. Era más grande de lo que parece.

El cansancio hizo mella en nosotros ese día, y a la hora de cenar César decía que no tenía ni gana de cenar por no tener fuerzas para masticar el bocadillo de lomo. Además estando tan cansados, al tener tanto sueño las conversaciones se volvían pesadas y absurdas cada cuatro palabras. Para muestra, un ejemplo:

César: ¿Dónde está mi camiseta blanca?
Chous: ¿No es esa blanca encima de la mesa?
César: No, la mía es de Btwin.
Noé: La tuya ye Kalenji.
César: Btwin.
Noé: Kalenji.
César: ¿Qué apuestes?
Noé: Vamos a por la camiseta.
César: Esa no ye mi camiseta, la mía es de Btwin, vamos a mirar las fotos de la cámara.
[Había fotos de ese mismo día, en las que César aparecía con la camiseta de Kalenji]
César: Marcho pa la cama.

Chous aún guardaba optimismo para el siguiente día.

Después de cenar habíamos estado hablando de la etapa del día siguiente, que incluía el temido Puerto del Palo. Al salir Noé desnudo de la ducha Chous le dice: “Noé sécate el palo jaja”

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Camino de Santiago I


Etapa 1 (lunes 9 de Agosto de 2010): Pola de Siero – Cornellana, 58 Km.

Salida prevista 13:00
Salida real 14:00 (para que conste Noé llegó a las 13:00)
Llegada 19:45

Salimos con una hora de retraso por un cúmulo de circunstancias, Jaime tuvo que cambiar un pinchazo antes de salir y Chous y César simplemente llegaron tarde.
El camino desde Pola de Siero hasta Oviedo es llano y discurre por caminos asfaltados a través de pueblecitos y aldeas. Podríamos decir que el camino va paralelo a la carretera nacional hasta Colloto, donde se una a ésta. Entramos en Oviedo a las 15:00, tras solo una hora de viaje.

Primera meta psicológica en la Catedral de Oviedo.

Desde Oviedo se empieza con una subida moderada para luego llanear durante unos kilómetros antes de empezar a subir El Escamplero. La bajada desde El Escamplero a Grado guarda un par de descensos preciosos, en los que solo se ve la carretera del camino en medio de un valle. En los últimos kilómetros previos a la villa moscona, el camino se convierte en una senda sin asfaltar en la que Noé casi forra por intentar hacer un salto con la bici. Finalmente y paralelos al río se llega a Grado.

Por suerte esté fue el mayor de los accidentes que tuvimos.

La peor parte de esta etapa es sin duda la subida a Cabruñana. Al ser la primera subida real a la que nos enfrentábamos nos pareció mucho más dura de lo esperado, pero en los siguientes días, y en los siguientes puertos nos dimos cuenta de que Cabruñana era un aviso.

Chous de camino al albergue con la compra hecha.

En Cornellana Noé y Jaime se pegaron un baño en el Río Narcea, mientras Chous y César compraban el avituallamiento para el día siguiente y para la cena. En el albergue, mientras César se encargaba de preparar la pasta con salsa bolognesa (de bote), Chous hacía la colada a mano y Noé y Jaime se duchaban.

Albergue de Cornellana.

Este fue el único albergue en el que todos nosotros estuvimos en contacto con otros peregrinos, ya que en los siguientes días o nuestro albergue estaba vacío, o dormíamos en hostal o bien, nos separamos como ocurrió en Cádavo. El albergue está situado en un viejo convento al lado del rio, cuenta con unas 14 o 16 camas, cocina y lavadora y secadora; aunque estaban averiadas el día que pasamos por allí.

lunes, 28 de junio de 2010

Berlín

El pasado fin de semana nos acercamos a pasar unos días en la capital alemana. Tras cinco días allí, pegándonos unas caminatas de aúpa tanto de día como de noche (y también disfrutando de la cocina vietnamita, tailandesa, italiana y libanesa entre otras) ya me atrevo a hacer una descripción de Berlín, que puede salirme más o menos acertada.

Solo se me ocurre empezar diciendo que Berlín es raro; bueno no es raro, es Berlín. Es diferente a cualquier otro sitio, es verdad que cada sitio es diferente a los demás, pero en conjunto hay mas cosas similares entre otras ciudades en las que he estado que entre Berlín y cualquiera de ellas. Quizás no sea tan fácil de explicar, pero vamos al lío:

Algo positivo es la tranquilidad que hay en cualquier punto de la ciudad. Nada comparable a las oleadas de gente que hay en Madrid o Amsterdam. Tampoco es normal que la gente de la calle te agobie con sus rollos, como pasa en Madrid o Bruselas. Berlín es grande pero tranquilo, podemos decir que es un pueblo grande. Tampoco debemos tentar a la suerte metiéndonos en el bronx alemán, pero puedes dar un paseo por las calles, generalmente poco iluminadas, de cualquiera de sus barrios periféricos por la noche y sentirte igual que si estuvieses paseando en un pueblo de la meseta española. Esto no quiere decir que no haya vida nocturna, al tratarse de una capital se puede salir cualquiera de los siete días de la semana, pero hay que saber por donde se sale cada día (cosa que nosotros no sabíamos, ni supimos).

De otro modo, no es una ciudad que destaque por ser bonita, de hecho sus calles y edificios están descuidados en su mayor parte. Por supuesto que hay jardines y zonas que estan muy bien cuidadas, como el entorno del Reichstag y el camino que va desde éste hasta Potsdamer Platz, pero la mayor parte de la ciudad dista mucho del concepto de ciudad bonita que tenemos. Sin embargo a mi me gusta más el Berlín descuidado, es mas original. En concreto me acuerdo de las vistas que hay entre entre las estaciones de Alexanderplatz y Friedrichstr si nos subimos a una S-bahn, donde vemos la Isla de los Museos con sus edificios de corte clásico, las terrazas en Hackescher Markt, un canal navegable, la Karl-Liebknecht-Strasse y las vias para nuestro tren. Todos esos elementos forman un escenario sobrecargado, ideal para una película apocalíptica, dando una imagen de dejadez por el agua sucia del canal, las fachadas de los edificios manchadas y desgastadas por el paso del tiempo, otros edificios feos en Karl-Liebknecht-Strasse, la hierba crecida en las vías del metro de esta misma calle, las estaciones del tren elevado en el que nos movemos, etc. Otros puntos interesantes de la ciudad son algunas calles que conservan la apariencia del Berlín oriental, con bloques de edificios repetitivos y los tubos del servicio de calefacción (ahora pintados de colores alegres) serpenteando y elevándose para salvar el paso del trafico.

Y que decir de la variedad de tiendas y comercios; desde las tiendas de ropa y complementos bélicos, de discos (que ya no se ven con tanta facilidad en las ciudades), galerías y exposiciones que también venden "arte", tiendas de moda pop (no confundir con las tiendas que venden ropa multicolor de fabricantes multinacionales). Con tanta variedad es normal que los berliners parezcan seres totalmente distintos a cualquier turista que va a pasar unos días a su ciudad. Desde nuestro punto de vista nos parecen raros, con sus gorras (que pueden ser de los NY o del ejercito ruso), sus camisetas cool-retro-pop-alternativas, sus zapatillas y sus gafas de sol de colores; pero realmente los raros somos nosotros, los que estamos allí solo de paso y nos quedamos boquiabiertos cada vez que nos encontramos con un berliner auténtico. Aunque es algo tan habitual que tras unas horas en la ciudad dejamos de sorprendernos y comentarlo con nuestros compañeros de viaje.