lunes, 28 de junio de 2010

Berlín

El pasado fin de semana nos acercamos a pasar unos días en la capital alemana. Tras cinco días allí, pegándonos unas caminatas de aúpa tanto de día como de noche (y también disfrutando de la cocina vietnamita, tailandesa, italiana y libanesa entre otras) ya me atrevo a hacer una descripción de Berlín, que puede salirme más o menos acertada.

Solo se me ocurre empezar diciendo que Berlín es raro; bueno no es raro, es Berlín. Es diferente a cualquier otro sitio, es verdad que cada sitio es diferente a los demás, pero en conjunto hay mas cosas similares entre otras ciudades en las que he estado que entre Berlín y cualquiera de ellas. Quizás no sea tan fácil de explicar, pero vamos al lío:

Algo positivo es la tranquilidad que hay en cualquier punto de la ciudad. Nada comparable a las oleadas de gente que hay en Madrid o Amsterdam. Tampoco es normal que la gente de la calle te agobie con sus rollos, como pasa en Madrid o Bruselas. Berlín es grande pero tranquilo, podemos decir que es un pueblo grande. Tampoco debemos tentar a la suerte metiéndonos en el bronx alemán, pero puedes dar un paseo por las calles, generalmente poco iluminadas, de cualquiera de sus barrios periféricos por la noche y sentirte igual que si estuvieses paseando en un pueblo de la meseta española. Esto no quiere decir que no haya vida nocturna, al tratarse de una capital se puede salir cualquiera de los siete días de la semana, pero hay que saber por donde se sale cada día (cosa que nosotros no sabíamos, ni supimos).

De otro modo, no es una ciudad que destaque por ser bonita, de hecho sus calles y edificios están descuidados en su mayor parte. Por supuesto que hay jardines y zonas que estan muy bien cuidadas, como el entorno del Reichstag y el camino que va desde éste hasta Potsdamer Platz, pero la mayor parte de la ciudad dista mucho del concepto de ciudad bonita que tenemos. Sin embargo a mi me gusta más el Berlín descuidado, es mas original. En concreto me acuerdo de las vistas que hay entre entre las estaciones de Alexanderplatz y Friedrichstr si nos subimos a una S-bahn, donde vemos la Isla de los Museos con sus edificios de corte clásico, las terrazas en Hackescher Markt, un canal navegable, la Karl-Liebknecht-Strasse y las vias para nuestro tren. Todos esos elementos forman un escenario sobrecargado, ideal para una película apocalíptica, dando una imagen de dejadez por el agua sucia del canal, las fachadas de los edificios manchadas y desgastadas por el paso del tiempo, otros edificios feos en Karl-Liebknecht-Strasse, la hierba crecida en las vías del metro de esta misma calle, las estaciones del tren elevado en el que nos movemos, etc. Otros puntos interesantes de la ciudad son algunas calles que conservan la apariencia del Berlín oriental, con bloques de edificios repetitivos y los tubos del servicio de calefacción (ahora pintados de colores alegres) serpenteando y elevándose para salvar el paso del trafico.

Y que decir de la variedad de tiendas y comercios; desde las tiendas de ropa y complementos bélicos, de discos (que ya no se ven con tanta facilidad en las ciudades), galerías y exposiciones que también venden "arte", tiendas de moda pop (no confundir con las tiendas que venden ropa multicolor de fabricantes multinacionales). Con tanta variedad es normal que los berliners parezcan seres totalmente distintos a cualquier turista que va a pasar unos días a su ciudad. Desde nuestro punto de vista nos parecen raros, con sus gorras (que pueden ser de los NY o del ejercito ruso), sus camisetas cool-retro-pop-alternativas, sus zapatillas y sus gafas de sol de colores; pero realmente los raros somos nosotros, los que estamos allí solo de paso y nos quedamos boquiabiertos cada vez que nos encontramos con un berliner auténtico. Aunque es algo tan habitual que tras unas horas en la ciudad dejamos de sorprendernos y comentarlo con nuestros compañeros de viaje.

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