viernes, 17 de noviembre de 2023

Mujer de rojo sobre fondo de cerezo

En la consulta del doctor Torres, no hay día que el tiempo de espera sea menor de cuarenta minutos (ya va más de una hora en lo que reviso este texto). Las revistas de la mesa poco pueden hacer por curar mi impaciencia, aún menos por la impuntualidad del centro médico. Ante la impaciencia lo mejor es relajarse, mirar alrededor y encontrar el elemento, persona u objeto que nos distraiga y nos haga pensar, recordar o reír.

Mientras esperaba, salía una pareja de los servicios que se encuentran frente a la sala de espera. Ambos mayores, (muy) mayores, pero enteros, respetables, elegantes, ella elegantísima. Durante su primera incursión en la sala pude notar como se detuvo el tiempo. Ciertamente para mi, y pienso que también para otros presentes. En un principio no llegué a entender el por qué ni el cómo, pero detallé varios pares de ojos fijando su mirada en la pareja. En silencio, no solo en silencio, sino que parecía que el silencio se espesaba a cada minuto que pasaba y cada paso que daban alejándose de nosotros que manteníamos ese leve gesto de sorpresa en las cejas, como esperando a ver qué más dicen, a ver qué pasa, a ver dónde van, yo quiero seguir viendo a estas dos personas por lo extraordinario de su presencia.

El alargado bastón blanco y las gafas de alta protección solar que ella llevaba en la mano, rápidamente descubrían cierto grado de ceguera. Sus ojos sin embargo seguían teniendo fuego, viéndose vivos y penetrantes cuando miraban al infinito. El pelo gris corto, gris oscuro, color mercurio, con buen corte, cuidado, arreglado, sus pendientes a juego con la vestimenta, discretos, los zapatos con ligero tacón, falda, medias y una característica chaqueta roja.

Él con su bastón de madera, vestimenta de otoño-invierno, pantalones de pana, jersey de lana y chaleco. Él también tenía gafas, de pasta regulares. Además, más allá de su apariencia, era la manera en la que interactuaban entre ellos y se movían en el espacio común que compartían con nosotros. Era como si estuviesen solos en el mundo, con decisión, diría incluso que con coraje, aún sin haberlo demostrado, un coraje que se siente pero no se ve, con altas dosis de tranquilidad, la tranquilidad de quien tiene la vida resulta con balance positivo. Difícil no imaginárselos totalmente satisfechos en las próximas fiestas de navidad con sus hijos, nietos y demás familia.

Eventualmente se perdieron entre el trajín de la sala de espera, en dirección a otros pasillos de consultas, para más tarde volver a aparecer. En esta segunda ocasión percibí que era ella la voz cantante, cuando le decía a su acompañante "ahora vas tú al baño, yo te espero aquí, llévame a la silla". Ella le indicaba a él que hacer, a dónde iban, quien esperaba a quien y en dónde. No eran grandes planes de viajes y aventuras - supongo que esos ya se han cumplido con nota - simplemente supervivencia diaria octogenaria cumpliendo con las citas y obligaciones de la vida urbana. Un equipo, haciendo lo mejor que puede con lo que tiene.

Fue en este momento, cuando ella lo esperaba a él, sentada tres asientos a mi derecha en la última silla antes de la pared revestida de madera de cerezo donde creo haber detallado un lunar en la mejilla izquierda.

Al tiempo que mis protagonistas se iban del centro, un nuevo paciente se sentó a mi lado comentando la edad de ellos. Lo curioso es que únicamente se los había cruzado a su entrada, y sin embargo llegó a darse cuenta de su presencia en tan breve periodo de tiempo. Confirmando que esa pareja tiene algo que no solo yo noté. Casi de inmediato, mi nuevo compañero de sala de espera me confesó la suya (83).

- ¿Y tú? ¿40? 

- Casi...

- Un chaval.

- Eso me recuerdo cada día.

viernes, 1 de septiembre de 2023

A vueltas con La Vuelta

Alguien habrá notado que en Julio la luz del Sol tiene un marcado tono blanquecino, en algunos días de Junio la blancura es incluso divina. Pues bien, esta luz de verano y el efecto del fenómeno Le Tour, trasladan a uno por toda la geografía francesa desde la costa azul a Normandía pasando por las cumbres de Pirineos y Alpes. 

En alguno de los días de lluvias primaverales en Mayo, éstas y el verdor que causan en la naturaleza, me recuerda en algún momento a ciertas etapas por bosques y montañas etapas del Giro d'Italia.

Y cuando el verano empieza a acaecer y los rayos amarillentos del Sol indican el comienzo de septiembre. Siendo este septiembre, con letra minúscula, un estado mental más que una delimitación temporal, La Vuelta a España vuelve a pantallas, carreteras y montañas. La experiencia de ver el paso de una etapa en ciudad, ni se compara con una etapa de montaña. Y tampoco es por la etapa en sí, sino por el camino a la etapa.

Es hacer el plan, si viene Ivanín o no, preparar la comida, arrancar temprano, el viaje previo en coche o salida en bicicleta desde casa, pasar a recoger gente, el que se durmió, los primeros 33 kilómetros, el bocadillo de lomo, otros 25 por delante, foto, último reto, mazo, gel, agua, y si has llegado hasta ahí, más tarde o más temprano, recibir la satisfacción en diversas formas. Detallando las cumbres que rodean tu ubicación, el refugio de una incesante cortina de lluvia cantábrica bajo los árboles y un plástico, o el plato de fabes con almejes del reufio que hay en la cima.
 
Hoy me quedo con un pelotón extendido en 4 carriles, recortando una fuga de más de un minuto en etapa llana. ¡Qué polvareda se levanta a su paso! Tengo el recuerdo de la imagen compuesta por esa nube de polvo, los botines negros y calcetines de colores blanco, rosa, azul, turquesa (¿Leopard?), a través del visor de la cámara. Estaba con Castaño en aquella ocasión, en alguna avenida paralela al Guadalquivir hace ¿diez? años ¿ya? A la sombra de los plátanos de blancos troncos que ya iban dejando caer a sus más ansiosas hojas al final de otro verano de interesantes acontecimientos.

¡Por otros diez años de ciclismo!




miércoles, 19 de abril de 2023

Farinaccia


 

Como buen costumbrista que es uno, sigo llevándome algo aprendido de los encuentros casuales, inesperados, pero planeados, con amigos y conocidos en lugares no tan habituales. Sólo me falta recuperar pasarlo a papel y dejar registro de ello.

Ciertamente hay gente con mucho jugo, de la cual aprender, no como referentes ni maestros, ni mucho menos que ellos quieran serlo, sino como meros individuos o exploradores, partícipes de la vida, con una mentalidad, situación e ideales similares a los propios.

Maurizio ha sido desde que lo conocí en 2018 una de estas personas. Es de agradecer encontrar estos “bros”, que pasaron por donde tu pasaste, entendimiento pleno ahorrando explicaciones complejas de situaciones cotidianas molestas que a todos nos afectan… Un buen espejo donde mirarse, donde intercambiar notas de experiencias pasadas y presentes, preocupaciones presentes y futuras, y ver como nuestros iguales resolverían tal o cual circunstancia.

Antes de mandar a la mierda las redes sociales, recuerdo ver asiduamente las fotos y videos de los hongos y hierbas culinarias que Maurizio cultiva en su casa, para sacrificarlas en la cocina. La sangre italiana le hace poner ganas y estilo en la cocina, siempre con algo en mente que probar.

Vaya por delante que no tengo desprecio por la gente atrapada en trabajos por cuenta ajena, lamentablemente la vida es así para la gran mayoría, y ya puede uno considerarse con suerte teniendo un trabajo, sea este mejor o peor.

Confieso, eso sí, que tampoco tengo demasiado aprecio por la gente que no llega a contemplar y planificar el modo de complementar ese trabajo por cuenta ajena en un proyecto personal, así sea un ansiado y lejano sueño de meterse en un negocio propio, por muy difícil de materializar que sea de primeras. Y no hay que cegarse con resultados, pero si hay que ser constante con los esfuerzos y premiar las actitudes para avanzar a pasitos, de poco a poco, ya sea en planificación o ejecución, cada cosa a su debido tiempo, no hay prisa. Se puede cambiar de proyecto las veces que haga falta, lo que hace falta tener, y no tantos tienen, es la motivación, las ganas, la inquietud y la esperanza por progresar y acercarse a ser un individuo sin dependencias directas, ni presiones, ni coacciones de nadie por un cuenco de arroz al que unos llaman nómina y otro sueldo.

Nos pusimos al día, aunque la falta de sueño al final de la semana me dejó el cerebro frito, conduciendo por la ruta de la costa desde Sonoma a San Francisco. Después de cenar con Ale, su mujer, en su apartamento, Maurizio me mostró una de sus ocupaciones, hobbies, proyectos: la farinaccia. Un polvo que elabora el mismo a partir de distintas clases de setas y hongos deshidratados, perfecto para condimentar y saborizar comidas.

-        ¡Epa, que guay! – Dice el subconsciente del que ha tratado de cultivar albahaca, perejil y cilantro, los tres con igual suerte y seco destino.

Me gustó la idea, yo había utilizado setas deshidratadas hace años para una pasta penne con berenjena y queso feta (nos vamos a Marzo 2013 UK). Alguna vez me tiro unas setitas de esas porque el sabor que le dan al plato es otra historia completamente diferente a las setas de plástico del supermercado.

Pero sin quedarnos en la farinaccia, durante el confinamiento Maurizio se hizo su propia mesa de cocina, con tablas de 6 cm de grosor, ruedas, cajón(es?), ranuras para los cuchillos… “y si man, algo tenía que hacer, aprovechando que la dueña del apartamento nos comparte su tallercito donde tiene herramientas”.

Al día siguiente, brunchando en una terraza volvimos a hablar sobre la farinaccia, no en detalle del producto en sí, sino de la función que el proyecto farinaccia tiene para él:

-        Por ahora se lo doy a amigos, como la muestra que te llevas tú, para que me vayan diciendo que les parece y como usan. Lo suyo sería ponerme un carrito los fines de semana en ferias o en zonas con afluencia de público y vender ahí.

Las leyes que en USA regulan la venta ambulante y la ocupación de espacios públicos o privados para puestos de venta callejeros y foodtrucks es infinitamente más amigable, liberal y menos restrictiva que lo que estila en la vieja Europa. No puedo dejar de hacer un comentario a la apestosa España donde el estado te mete mano al bolso antes de prestar ni la primera ayuda en tu emprendimiento. Luego políticos, economistas y tertulianos se rascan la cabeza “España no crece, España no crece”. El puto estado comería a Dios por una pata, y aún se quedaría con hambre. Hasta aquí el comentario anarco-liberal de la entrada.

-        De hecho, el próximo finde quizás vaya a pasar el día con Ale a la playa que visitamos ayer, y allí montemos una mesita o un puestito de algún modo para vender varias mezclas, creo que sería un buen spot, y ya pensábamos ir a pasar el sábado a esa zona de todos modos. Así que hago lo que puedo con lo que tengo.

Tras oírle, sabía que esa frase se quedaría conmigo un tiempo, para reforzar con ella esa actitud con la que uno ha nacido, o le ha crecido en algún momento sin saber muy bien cómo, la actitud de maximizar las oportunidades que tenemos, mirando siempre adelante.

Otro referente, como los mellis y Poche tuneando motos en Buenos Aires, o Facu escribiendo sus libros, Alberto el italiano con su start-up de asistencia psicológica online, Edu con lo que sea que haga con blockchain, Luca con su pizzería en Ghana, Mel con sus casos de oficio en los juzgados, Jose el argentino con su tallercito de soldadura para hacer parrillas, Jesús con sus maderas, armarios, cocinas y proyectos a la carta. 

¡Que guapo ver que sí se puede! ¡Si se pueden tener hobbies productivos que terminen convirtiéndose en una actividad!