Alguien habrá notado que en Julio la luz del Sol tiene un marcado tono blanquecino, en algunos días de Junio la blancura es incluso divina. Pues bien, esta luz de verano y el efecto del fenómeno Le Tour, trasladan a uno por toda la geografía francesa desde la costa azul a Normandía pasando por las cumbres de Pirineos y Alpes.
En alguno de los días de lluvias primaverales en Mayo, éstas y el verdor que causan en la naturaleza, me recuerda en algún momento a ciertas etapas por bosques y montañas etapas del Giro d'Italia.
Y cuando el verano empieza a acaecer y los rayos amarillentos del Sol indican el comienzo de septiembre. Siendo este septiembre, con letra minúscula, un estado mental más que una delimitación temporal, La Vuelta a España vuelve a pantallas, carreteras y montañas. La experiencia de ver el paso de una etapa en ciudad, ni se compara con una etapa de montaña. Y tampoco es por la etapa en sí, sino por el camino a la etapa.
Es hacer el plan, si viene Ivanín o no, preparar la comida, arrancar temprano, el viaje previo en coche o salida en bicicleta desde casa, pasar a recoger gente, el que se durmió, los primeros 33 kilómetros, el bocadillo de lomo, otros 25 por delante, foto, último reto, mazo, gel, agua, y si has llegado hasta ahí, más tarde o más temprano, recibir la satisfacción en diversas formas. Detallando las cumbres que rodean tu ubicación, el refugio de una incesante cortina de lluvia cantábrica bajo los árboles y un plástico, o el plato de fabes con almejes del reufio que hay en la cima.
Hoy me quedo con un pelotón extendido en 4 carriles, recortando una fuga de más de un minuto en etapa llana. ¡Qué polvareda se levanta a su paso! Tengo el recuerdo de la imagen compuesta por esa nube de polvo, los botines negros y calcetines de colores blanco, rosa, azul, turquesa (¿Leopard?), a través del visor de la cámara. Estaba con Castaño en aquella ocasión, en alguna avenida paralela al Guadalquivir hace ¿diez? años ¿ya? A la sombra de los plátanos de blancos troncos que ya iban dejando caer a sus más ansiosas hojas al final de otro verano de interesantes acontecimientos.
¡Por otros diez años de ciclismo!




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