jueves, 14 de noviembre de 2013

Receta de Arroz con leche

Me propongo hacer de mi blog mi recetario. Así me obligo a escribir y no me complico teniendo diez documentos diferentes con recetas guardados en el ordenador, Dropbox, un USB y tal y tal...

Y voy a empezar con una estrella de la cocina asturiana: el arroz con leche, siguiendo la receta de mi madre :)


Ingredientes para seis raciones:
  • 2 litros de leche
  • 200 g. de arroz
  • piel de limón o naranja - una tira de 5 cm
  • 200 g. de azúcar
  • 50 g. de mantequilla
  • canela en rama - un trocito de 3 cm
  • agua
  • anís (opcional)
Empezamos poniendo una olla al fuego con un dedo de agua. Esperamos a que el agua hierva para añadir todo el arroz. Lo dejaremos el tiempo suficiente para que el arroz espese y se forme una especie de pasta densa.

A continuación añadimos la leche, que puede estar fría o caliente. Vamos a poner sólo 1.5 litros para empezar, el resto lo añadiremos al final si la mezcla queda demasiado espesa. Tras la leche añadimos la mantequilla.

Cuando hierva añadimos la piel del limón, la canela y bajamos el fuego. A partir de ahora hay que vigilar el fuego continuamente para que hierva suavemente y removemos cada cinco minutos para evitar que se pegue al fondo.

Tras unos veinte o veinticinco minutos el arroz empezará a espesar y el volumen de toda la mezcla habrá disminuido a causa de la evaporación. Ahora ya tenemos que remover constantemente si no queremos llevarnos ningún susto. La textura del arroz con leche tiene que ser cremosa, si está demasiado espeso añadimos más leche, dejamos reposar cinco minutos y probamos. No es necesario utilizar toda la leche, yo he usado 1.7 litros. Tener en cuenta que cuando el arroz se enfría la textura será incluso más sólida, así que caliente debe ser una crema un poco suelta.

Cuando tengamos el arroz en su punto se añade el azúcar y un chorrito de anís si queremos. Después sólo hay que esperar cinco minutos más para que todo se disuelva y mezcle bien. Sacamos la canela y la piel del limón antes de servir.

El arroz con leche se puede comer templado o frío y también se puede congelar.

¡Que aproveche!

Consejo: atar la rama de canela con un hijo para que no se escame y deje incómodos trozos en toda la olla.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Casi como la primera cena

Nuevo trabajo, nuevo país, nuevas sensaciones. Aunque ésta no ha sido esa primera cena que haces la misma noche que llegas a tu nueva ciudad - después de haber pasado todo el día de viaje, con más sueño que hambre, sin estar seguro de conocer el camino de vuelta a casa y aún sacando billetes de tren o tarjetas de embarque de los vaqueros - me he prometido que el Atomic Pizza me verá también despedirme de Oxford cuando llegue el momento.

Tras matar algunas horas en casa haciendo nada después de trabajar, me echo a la calle en busca de una cena robusta. No tenia entre ceja y ceja otra cosa que no fuese un Beef Steak well done con sus patatas, ensalada y pinta de cerveza. Eran las 20:57 pero el pub en el que me entré ya había cerrado la cocina a las 21 horas según me informaban desde la barra. Otra vez la bufanda, los guantes, el paraguas y a la calle. No tuve que caminar mucho. Desde la misma puerta del pub algo me llamó la atención en la otra acera. Una fachada cubierta con hojas de cómics y grandes ventanas por las que se podían ver juguetes, naves espaciales y otros objetos de lo mas friki colgando del techo y decorando paredes.


La familia Simpson sentada en su sofá es lo primero que ves al entrar antes de que un camarero te pregunte que puede hacer por ti y te entregue cordialmente el menú, también con formato cómic. La pizza Popeye - espinacas, tomates secos, cebolla, aceitunas y queso de cabra - que encargué terminó por alegrarme el día. Entre las familias y grupos de amigos cenando en el comedor es imposible no fijarse que el capitán Han Solo nos acompaña esta noche aunque eso si, congelado en carbonita. Justo a su lado, vemos a Mario Bros saltando barriles que Donkey Kong le tira desde arriba. En otra pared un proyector muestra trozos de películas de dibujos animados o de ciencia a ficción continuamente. Enfrente de Gozilla, el Millenium Falcon sobrevuela una de las mesas. Spiderman también está presente, La Masa, Papá Pitufo, figuras de distintas series de televisión, la ambulancia de los Cazafantasmas... La decoración se extiende por todo el restaurante. Hasta los aseos masculinos están empapelados con dibujos de Marilyn Monroe y otras actrices de la época. ¿A quien no se le había ocurrido nunca un bar con este motto? Se han ganado la propina.

Fuente de la fotografía.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Utrecht inundado en niebla

No es lo habitual pero a veces los domingos también se ponen el traje de gala y nos alegran el final de la semana. Sale ese plan tonto, improvisado, que lo mismo te lleva a ti y a cuatro amigos a un concierto a la ciudad de al lado.

Al bajarnos del tren nos reíamos de las macabras historias que se te pueden ocurrir a raíz de la niebla que nos rodea, presente desde hace días, y que no deja ver a más de un puñado de metros. La forma de las calles se atisba siguiendo el halo de luz de las farolas, él es lo único capaz de mantener un pulso con esa humedad que se te pega en el cuerpo al caminar. De camino al concierto más discusiones, más increpadas amigables, más miradas diciendo "te voy a matar", más confusiones, más conversaciones bochornosas, más sinceridad a raudales y más cumplidos para las niñas por traernos ese poquito de gracia que le faltaba al grupo.

Alguien quiere fumar un último cigarrillo antes de entrar al concierto. En la puerta del local le damos otra vuelta de tuerca a lo bonitas que son las calles holandesas, aunque haga frío y nos quejemos, el escenario es de película. Canales, puentes, calles llenas de casas de ladrillo rojo con chimeneas humeantes, bicicletas aparcadas en todas partes, casi no hay coches... A mí me parece un parque temático. Mónica presta atención a una cascada de agua cayendo al canal - probablemente se encuentre tras las vallas que cubren una obra -, y eso le da aún más encanto a la escena. Se ven las luces de las bicicletas pasar fugazmente al otro lado del canal. Unas pisadas se nos aproximan por la derecha, pero la silueta de esa pareja de mediana edad tarda un tiempo en aparecer. En ese momento, con voz de hada consejera, Fani contaba que los momentos especiales hay que guardarlos, escribirlos en un papel y leerlos de vez en cuando para que no se olviden. Porque esos momentos no abundan, tienen que darse tres condiciones, estar en un lugar especial, con las circunstancias especiales y con la gente especial.


Somos unos privilegiados. Unos privilegiados que se han conocido de casualidad. "No cambiaríamos nuestras vidas por las de nadie", habíamos concluido mientras tomábamos unas cervezas en un bar belga al principio de la tarde, al mismo tiempo que intercambiábamos las copas: "¿Habéis probado esta?" "A mi esa me encanta pero hoy no me apetecía..." "Mira prueba esta" "Yo creo que me voy a pedir la misma eh...". Poco antes, mientras nos servían, discutíamos si el camarero le había coqueteado a una de las chicas o no. 

No es fácil no acostumbrarse a lo bueno, para apreciarlo tenemos que pararnos, echar una ojeada alrededor y congelar lo que vemos. Lo familiar, lo que hacemos a diario, los planes en los que empleamos nuestro tiempo, la manera en la que vivimos dejaría boquiabierto a quien se lo contásemos.