viernes, 3 de junio de 2011

Ya volvió Junio

Esta vez sin ni siquiera atisbar el final de curso y sin plan de vacaciones. Sin largas tardes de domingo llenas de luz en la calle, o en los bares, con un saborcillo dulce y amargo a calimotxo. Sin Mundial ni Eurocopa.

No, este año no habrá examen de repesca de química in extremis (gracias Pepe). Los últimos de la clase, no éramos más de cinco o seis lumbreras repasando, comentando problemas y compatiendo chuletas en una clase vacía del instituto. Viernes 14 de Junio de 2002. No se porque pero tengo la idea de que la mitad de mis amigos no tenían ni siquiera clase ese día. ¿El autobús saldría a las cinco de la tarde? Entonces el exámen debió ser a las diez u once de la mañana. Haz los ejercicios que puedas, sepas y entiendas, cuenta los puntos, descuenta el 20% y a ver si rascas un cinco con unas décimas. Luego a comprar bebida para el viaje, comer en casa, hacer la maleta y destino Italia... ¿Qué tienen los días en los que el esfuerzo contrasta con el descanso y la satisfacción para que se recuerden de una forma tan especial?

Por suerte tampoco hay esta vez matemáticas que nos pongan en apuros a unos cuantos por las derivadas e integrales, temas que siempre se dejaban para el final.

Ambientillo en la calle San Antonio.

No hay ya jornadas de estudio maratonianas en la biblioteca o centro de estudios. No hay tampoco exámenes finales en la universidad, ni prácticas que preparar a última hora. Hablando de estudiar, no había mejor manera de desconectar que saliendo unas horas a la Calle San Antonio. Una fiesta pequeña, para la gente del pueblo - sin el agobio y estrés de fiestas mayores. La noche del segundo sábado de Junio, entre corros de amigos con montoncitos de cáscaras de pipas y cacahuetes y botellas de sidra en el medio, entre charcos de sidra, corchos y algún vaso roto; en doscientos metros te encuentras en la calle a profesores y antiguos compañeros. Si no llueve puedes mirar a la multitud de gente y ver como siempre hay una botella de sidra levantada. También puedes romper los planes iniciales y pasar una de las mejores noches de tu vida combinando momentos de risa y alegría con un sentimiento de culpa por no haber ido a casa temprano para estudiar al día siguiente.

Lo que tampoco hay es calor para ir en chanclas, y lo que si hay es la alergia de todos los años. Pero cuando puedo oler, huele a verano.

domingo, 29 de mayo de 2011

Piragüismo 2.0

Este viernes volví al Kayak Club, sin caída esta vez. Rescato uno de los textos que escribí cuando practicaba piragüismo en Valladolid.



16 de Mayo de 2008

Un día de esos que te vas a la cama con la sensación de haber aprovechado el tiempo y pensando "hago cosas, luego vivo".


Mi día empezó a las 3 am cuando me fui a dormir tras acabar un trabajo de un curso de libre configuración. Cinco horas más tarde la canción de Johnny be Good sonaba en mi teléfono móvil y me sugería que ya era hora de salir de la cama, un par de minutos después el despertador sonaba y la radio despertador lo hacía pocos segundos después. Aquí uno que es de sueño profundo.

A las 9 estaba en la facultad para una sesión de prácticas que según el profesor no nos llevaría más de dos horas, y deberíamos realizar las prácticas de esa maqueta y de otra que había al lado que nos llevaría otras dos horitas (el horario real de prácticas de 10 a 14, para trabajar con dos maquetas).

A las 14:40 salía del laboratorio, tras acabar la primera de las maquetas, con los brazos en alto y cantando la versión libre del Guantamera de Celia Cruz que en mi caso decía "hasta los huevos, estamos hasta los huevos, hasta los hueeeeevos..."Llego a casa, preparo la comidita, recojo todo y son las 15:40 (a las 16 tengo clase). Hoy no habrá tiempo para siesta. No, tampoco para esa mini-siesta de 5 minutos.

Después de algo más de dos horas de clase y media hora de fotocopiadora, salgo de la facultad, paso por casa, hago la mochila y voy a piragüismo.

A eso de las 18:45 salgo de casa comiendo una manzana y me dirijo a la confluencia del Río Esgueva con el Pisuerga dónde se encuentran las instalaciones del Club Universidad de Valladolid (Club Deportivo entiéndase... que nos conocemos Laughing ). Cuando entro en el recinto veo en el embarcadero al monitor saliendo hacia el río, bajo corriendo hasta la orilla y le silbo... 

[Antes de nada debería describiros al monitor, Pío. Si si, se llama Pío como los Papas antíguos. Es un hombrecillo de unos 60 años, 1.60 m de estatura y 70 Kg, si tiene una buena señora barriga. Es un tipo que yo definiría de auténtico, como los profesores de autoescuela, ¿sabéis a lo que me refiero no? De esos que siempre tienen alguna chorrada que contar y que se enfadan a tope de tremedo, como diría Paula, cuando haces algo mal]

César: [silbido]
Pío: ¿qué?¿qué quieres?¿qué horas son estas?
César: es que salí ahora de clase.
Pío: es que me da igual, ya te lo dije el otro día que se empieza a las 18.
César: ya te había dicho que yo tengo clase hasta las 18.
Pío: bueno, es que joder, os lo tomáis todo manga por hombro, me tenéis hasta los cojones  
César: Shocked 
Pío: cada uno llega cuando le sale de los huevos y esto no es así.
César: ¡que tuve clase hasta las 18!
Pío: que me a igual, ¿tu a las demás clases llegas tarde?
César: no, porque las doy todas en el mismo aula...
Pío: pues esto es una asignatura más, es que yo no se que os creéis.
César: bueno, yo prefiero estar aquí que en clase, eso tenlo claro. Pero si no puedo llegar antes, ¿qué quieres que haga?
Pío: ¡PUES NO VENGAS! El próximo día pa venir a estas horas no vengas y ya está.
César: Pues vale.
Pío ya llegaba al embarcadero donde yo estaba, pero tono de voz seguía siendo igual de alto.
Pío: es que ya me he bajao seis veces de la piragua, porque llegan unos, luego llega otro, y ahora llegas tu. Es que joder, sois la hostia. ¡A las 18.30!
César: bueno, ¿voy a cambiarme y cojo una piragua de las azules?
Pío: si venga, no se que haces aquí perdiendo el tiempo en vez de estar ya cambiándote.
Pienso "eso me pregunto yo, ¿vale de algo esta discusión?"
Pío: tira pal vestuario que ya te preparo yo la piragua.

Toda esta conversación ante tres jovencitas que había allí sentadas en un banco y la gente que hubiese de botellón en un parque contiguo a la zona de embarcaderos.

Minutos más tarde estaba subiéndome en la piragua, según me siento veo un poco de agua desplazándose por el interior del casco pero pienso que a lo mejor la última vez que se utilizó no la vaciaron bien. Pasan los minutos y los metros recorridos, cuando veo que hay más agua en el interior de la piragua pero pienso que antes no me habría fijado bien.

Hasta que ya llegado un momento siento que tengo el culete mojado y me digo "ho ho...". Por suerte otro del Club pasaba a mi lado y me pregunta que como lo llevo, si aguanto bien el equilibrio (son piraguas de verdad ya, dónde irse al agua es un segundo) y le comento que tengo agua dentro del casco y el me dice "¿no la meterás tu al remar?". Le contesto que no me parece, que se acerque y le eche un ojo. Las siguientes palabras que dijo fueron "tienes un agujeraco curioso por ahí".

¡Mierda! affraid Mis sospechas se confirman, esta piragua tiene una vía en el casco. Le pregunto si doy la vuelta o sigo hacia arriba y me indica que mejor seguir y ya nos pararemos en una isla a vaciarla para poder volver. Sigo remando y el agua dentro del casco va siendo más y más, hasta el punto de la piragua se vueve muy dificil de manejar. En ese momento aparece Pío, me gruñe algo como "¿qué haces? ¡tira río arriba y a palear!" le comento mi delicada situación y me manda volver al embarcadero.

En el viaje de vuelta me cruzo con otro monitor, Pío le comenta el asunto y me dice el inocente del monitor "yo siempre llevo una esponja para sacar el agua que me entra al remar, ¿la quieres?" y yo la rechazo pensando "¿para secarme el sudor o me vas a dar jabón y champú también?"

El camino se me hizo largo, pero largo largo. El agua cada vez era más, hasta tal punto que al remar fuerte y coger velocidad se undía de morro. La mitad inferior de la planta de mis pies ya estaba completamente a remojo - otras partes nobles también. Finalmente llego al embarcadero, sacar la piragua del agua cuesta horrores, pesa un cojonazo y todo el agua se va hacia el morro, la fibra pega unos crujidos desgarradores. Logramos sacarla entre 3 y cuando ven el agua que llevo dentro dicen "¡pero si estaba llena!". Al sacarla del agua se ve como tenía una fisura de unos 4 dedos en la parte delantera, como un rasguño, por el que salía agua sin parar.

Río Pisuerga en un atardecer de invierno.

Pío me dice que suba al garaje a por otra piragua y vuelva para seguir un poco más. En este momento dos franceses de Erasmus que hay apuntados aparecen en mi día y decidimos bajar hasta la playa Pío, los franceses y yo. En el camino de ida Pío dice "venga ahora fuerte hasta las boyas y dáis la vuelta". Yo que veo que me tengo bastante bien, tengo cogidos los movimientos en la piragua y veo que cojo velocidad me embalo aún más, llego a las boyas y doy la vuelta río abajo.

El camino de vuelta, que no debería haber durado más de 5 minutos, nos llevó cosa de media hora o tres cuartos. Según doy la vuelta, me motivo remando, en una palada con el lado izquierdo pierdo el equilibrio y... Justo cuando el eje vertical de mi cuerpo formaba 45º con la superficie del agua empiezo a recordarlo todo a cámara lenta y oigo una voz rasgada que dice "¡QUIETOOO!", yo giro la cabeza hacia atrás buscando el emisor del mensaje pero el agua me nubla la vista y por unos segundos veo un fondo verdoso oscuro...  

Cuando vuelvo a superficie, ya está Pío dándome voces (¿cómo no?)
Pío: ¡DALE LA VUELTA A LA PIRAGUA!
César: voy, voy.
Pío: ¡DALE LA VUELTA A LA PIRAGUA!
César: primero tendré que llegar a ella, que con chanclas no se nada demasiado bien...
Pío: Vale, ahora agárrate a ella, tranquilo, ¡TRANQUILO!
César: no, no, si yo tranquilo estoy, se nadar así que...
Pío: ¡TRANQUILO!
Pienso "¿pero este hombre escucha?"


Llamamos a los dos estudiantes franceses que iban por delante de nosotros ya que habían dado la vuelta primero, para que nos echen una mano en la operación de rescate. Hay que decir que yo me caí por un exceso de confianza pero los franceses son torpes torpes torpes. Cuando llegan a mi me manda ir a la orilla del río mientras le dan la vuelta a la piragua. François viene conmigo montado en su piragua y se oye de fondo a Pío "joder, es que ves, ahora vamos a estar media hora aquí porque a ti se te puso en los cojones remar fuerte sin saber..." y yo "bueno, no pasa na" (riéndome no, partiéndome el culo de risa) 

Decir que al lado del río hay un sendero, camino o como lo queráis llamar para caminar, y los que pasaban se encontraban con una escena épica: hombre al agua, franceses yendo al rescate y monitor berreando...

Al final se va Pío con mi piragua río abajo y yo termino subido en la piragua de François (y eso que era un K1) delante de él mirando hacia atrás, y el otro francés a nuestro lado, así nos quedamos los tres a la deriva como diez minutos hasta que la corriente nos deja ver a Pío a lo lejos dandonos voces, con los brazos en alto a lo lejos, parado en una semi-playa.

Cuando llegamos Pío aún sigue gruñendo, los franceses y yo bajamos hasta dónde él estaba de risas, hablando de fiestas universitarias, espichas y demás, y también riendonos por el puchazo que nos echó (digo bien, a ellos también los riñó porque no tenemos ni puta idea). Me bajo de la piragua de François y le digo "¡te voy a llamar el gondolero!", Pío me coje del brazo y:
- ven pa'ca tu, gondolero bueno estás tu hecho, súbete y ahora ya sabes te pones cachondo otra vez remando a ver si vuelves a caer, que ya ves la que nos has preparao aquí en un momento.
- no, no, ya voy a ir más tranquilo...
- si porque sino otros 45 minutos aquí perdiendo el tiempo...

Total que me subo a la piragua y empiezo a remar de vuelta al embarcadera (por tercera vez en el día de hoy), cuando derrepente oigo unas expresiones de lucha, miro hacia atrás y veo a Pío yendose al agua nada más subir a su piragua, en ese momento me asaltan las dudas. ¿Qué hago?
a) sigo remando y me río por lo bajini.
b) vuelvo a echarle una mano por si necesita ayuda aún a riesgo de reirme delante de él...

Torre Duque de Lerma.
El me ve y me dice que tire, que ya nos cojerá. Esta vez si llegué sano y salvo - a estas alturas ya estaba hasta seco - al embarcadero dónde unas adolescentes me preguntan según me bajo "¿eres tu al que riñó tanto antes?" y yo les digo "mm, supongo que si aunque riñe a discreción..."


Ya en el vestuario llega el gran Pío:
- por que menuda tarde me habéis dao, sobre todo tu (indicando hacia mi).
- primero llegas tarde, luego con el cambio de la piragua y por último esto...
- es que claro, te pones a tirar como un burro, es el segundo día que coges esta piragua y no tenéis ni puta idea, ¡si esto lleva tiempo!
- que además me he caído yo y le he dao un trago al agua que me ha dejado sin habla joder, ¡que asco!


Los dos franceses y yo escojonaos de la risa, mientras el bueno de Pío estaba en la ducha y le oíamos maldecir, berrar, protestar...

Cuando salimos fuera me encuentro a otro piragüista del curso, un argentino - también Erasmus - que me pregunta por lo sucedido y me dice "eh que sha ehtaba enfadado cuando salimoh río arriba al prinsipio porque nosotroh llegamoh tarde" y yo le digo "pues después que vosotros todavía llegué yo así que imagínate".


Dónde estoy: en Valladolid, con la espalda supercansada de remar (y nadar) y esperando a que termine la lavadora para tender.


Dónde quiero estar: en el Gasoline, cantando Sergio Dalma, dandole consejos a una amiga con problemas, pidiendole disculpas a otra por ser tan bocachancla como siempre fui y animando a un amigo que lo acaba de dejar con la novia (riendonos de los personajes malignos).


En 1 mes y 3 días, bajo el cielo gris y sobre el suelo verde.

viernes, 27 de mayo de 2011

Final de la Champions 2009

Por si el resultado del Real Madrid – Barcelona (2-6) nos había sabido a poco, cuatro días después llegaba el partido de vuelta de las semifinales de la Champions. Habíamos visto casi todos los partidos de esa temporada en La Central, un bar conocido en el mundillo de rugby, decorado en consonancia y donde ponían todos los partidos de rugby que se emitiesen por televisión. Allí conocíamos de vista a la gente que iba asiduamente a ver el fútbol, a buena parte con Costales, que ya era conocido por el camarero. Al tener clase por las tardes fuimos a La Central directamente sin pasar por casa. Hacía calorcito y casi todos los bares que podían, tenían los frontales abiertos y los toldos bajados. Unas cervezas para calentar mientras va llegando todo el mundo, Bassi, Costales, Charli, Dani, Tomás, Goyo y otros amigos de Dani. Éramos un grupo bastante grande de gente, casi todos picando a Dani que por aquellos días aún se declaraba seguidor del Villareal.

La semifinal estaba bastante fea, un 0-0 en el partido de ida en Barcelona ponía las cosas difíciles y peor se ponía cuando marcaba Essien al poco de empezar el partido. Desde ese momento el Chelsea cerradísimo y el Barcelona haciendo lo que mejor sabe. Termina la primera parte, comienza la segunda y todo sigue igual. ¡Qué angustia! Llega el minuto 85, empiezan los sudores fríos, cinco minutos más tarde la gente ya estaba recogiendo y mirando alguna de las pantallas del bar casi desde la calle. Solo me acuerdo que ya había desconectado del partido, estaría pensando en ir a casa, hacer la cena, lo que tuviese que hacer al día siguiente. Cuando de repente fijo la vista en la televisión otra vez, vuelvo a prestar atención a lo que estoy viendo, ¿y qué veo? Veo a Andrés Iniesta lanzando un buco desde fuera del área que manda el balón al fondo de la red. No como esos goles que no te atreves a celebrar porque no sabes si es gol o el balón toca la red por fuera. Este fue un gol de verdad, de los que rebotan dentro de la portería y te hacen saltar y gritar sin control sobre ti mismo. Ni siquiera el gol, también de Iniesta, contra Holanda en el Mundial del año 2010 me causó la misma sensación. ¡Qué subidón! Incomparable a cualquier otra cosa. Saltos, abrazos, gente corriendo, tirando butacas, coches pitando, habíamos pasado de un silencio absoluto en la calle, a escuchar voces que salían de cada bar de La Plaza de la Universidad. Al terminar el partido llamada a Marcos para compartir la emoción y llamada a Chous para recordar la Final que vimos en el 2006 contra el Arsenal.


Una semana después llegaba la final de la Copa del Rey en Valencia, contra Ari ari ari Tokero Lehendakari. También ganada aunque este resultado no suponía gran sorpresa. Y dos semanas más tarde (27 de Mayo) la finalísima de Roma, contra el Manchester United. Después del sufrimiento contra el Chelsea este partido me pareció puro trámite amenizado por el golazo de cabeza de Messi a pase de Xavi. Hay que sufrir durante 90 minutos para saborear la satisfacción que da una victoria.

Este sábado última noche de Champions esta temporada, cómo pasa el tiempo. Hasta enero del año que viene no vuelve la Champions de verdad, la de todo o nada en cada partido.