Por si el resultado del Real Madrid – Barcelona (2-6) nos había sabido a poco, cuatro días después llegaba el partido de vuelta de las semifinales de la Champions. Habíamos visto casi todos los partidos de esa temporada en La Central, un bar conocido en el mundillo de rugby, decorado en consonancia y donde ponían todos los partidos de rugby que se emitiesen por televisión. Allí conocíamos de vista a la gente que iba asiduamente a ver el fútbol, a buena parte con Costales, que ya era conocido por el camarero. Al tener clase por las tardes fuimos a La Central directamente sin pasar por casa. Hacía calorcito y casi todos los bares que podían, tenían los frontales abiertos y los toldos bajados. Unas cervezas para calentar mientras va llegando todo el mundo, Bassi, Costales, Charli, Dani, Tomás, Goyo y otros amigos de Dani. Éramos un grupo bastante grande de gente, casi todos picando a Dani que por aquellos días aún se declaraba seguidor del Villareal.
La semifinal estaba bastante fea, un 0-0 en el partido de ida en Barcelona ponía las cosas difíciles y peor se ponía cuando marcaba Essien al poco de empezar el partido. Desde ese momento el Chelsea cerradísimo y el Barcelona haciendo lo que mejor sabe. Termina la primera parte, comienza la segunda y todo sigue igual. ¡Qué angustia! Llega el minuto 85, empiezan los sudores fríos, cinco minutos más tarde la gente ya estaba recogiendo y mirando alguna de las pantallas del bar casi desde la calle. Solo me acuerdo que ya había desconectado del partido, estaría pensando en ir a casa, hacer la cena, lo que tuviese que hacer al día siguiente. Cuando de repente fijo la vista en la televisión otra vez, vuelvo a prestar atención a lo que estoy viendo, ¿y qué veo? Veo a Andrés Iniesta lanzando un buco desde fuera del área que manda el balón al fondo de la red. No como esos goles que no te atreves a celebrar porque no sabes si es gol o el balón toca la red por fuera. Este fue un gol de verdad, de los que rebotan dentro de la portería y te hacen saltar y gritar sin control sobre ti mismo. Ni siquiera el gol, también de Iniesta, contra Holanda en el Mundial del año 2010 me causó la misma sensación. ¡Qué subidón! Incomparable a cualquier otra cosa. Saltos, abrazos, gente corriendo, tirando butacas, coches pitando, habíamos pasado de un silencio absoluto en la calle, a escuchar voces que salían de cada bar de La Plaza de la Universidad. Al terminar el partido llamada a Marcos para compartir la emoción y llamada a Chous para recordar la Final que vimos en el 2006 contra el Arsenal.
Una semana después llegaba la final de la Copa del Rey en Valencia, contra Ari ari ari Tokero Lehendakari. También ganada aunque este resultado no suponía gran sorpresa. Y dos semanas más tarde (27 de Mayo) la finalísima de Roma, contra el Manchester United. Después del sufrimiento contra el Chelsea este partido me pareció puro trámite amenizado por el golazo de cabeza de Messi a pase de Xavi. Hay que sufrir durante 90 minutos para saborear la satisfacción que da una victoria.
Este sábado última noche de Champions esta temporada, cómo pasa el tiempo. Hasta enero del año que viene no vuelve la Champions de verdad, la de todo o nada en cada partido.




