martes, 17 de mayo de 2011

Otro día en las carreras

Cuando me doy cuenta ya casi ha pasado un mes desde la última entrada, con final de la Copa del Rey, viaje a Copenhague, Queensday y a Madrid de por medio. No he vuelto a club de piragüismo mas que a cenar el viernes pasado, lo reconozco.

¿Quién me iba a decir la última vez que estuve en Zandvoort que volvería a hacer fotografías para un medio? Ahí va la historia:

Después de una semana bastante mala en el trabajo, el pasado fin de semana por fin conseguí meterme de lleno en el mundo de la competición. ¡Cómo alivia tener alguna actividad en el tiempo libre que no sea salir, beber y el rollo de siempre para desconectar del trabajo! Pero bueno, a lo que vamos: no, no ha podido ser como piloto ni ingeniero (aún...) sino como fotógrafo, gracias a un acuerdo con el editor de Sportmotores.

La idea surgió cuando hace unas semanas en Zolder lo pasé bastante mal para hacer alguna fotografía decente por las barreras y vallas de seguridad del circuito. Entonce pensé: estoy viviendo aquí arriba, me gusta el mundo del motor, me muevo de vez en cuando para asistir a rallyes o carreras y puedo aprovechar los leves contactos que tengo en España... ¡Pues vamos a aprovecharlo! Lo primero que hice al llegar a casa aquel domingo fue enviar un e-mail a la redacción de Sportmotores, proponiendo suministrarles fotografías de los eventos a los que me desplace en Holanda, Bélgica y alrededores.

Parrilla  antes de la carrera de DTM.

Un mes después estaba acreditado como fotógrafo para el meeting de la DTM. Con acceso a la sala de prensa donde se hacían las entrevistas pos-carrera y había una mesa con catering. Tampoco tenía que caminar porque los vehículos de la organización te llevaban desde la sala de prensa alrededor del circuito para dejarte en el punto que quieras hacer fotos. Las vallas tampoco fuero un problema esta vez, yo estaba por delante de ellas - en un par de sitios pensé que si hay un accidente mejor estaría detrás. Y lo mejor de todo, meterse en la parrilla de salida justo antes de cada carrera, entre los coches, pilotos, ingenieros, mecánicos, fotógrafos y pit babes, codo con codo.

Así es como ya tengo mi primera fotografía publicada en el interné en la crónica de la carrera y también algunas fotos en la galería.. Las fotografías no fueron mal del todo, aunque me falta mucha, pero que mucha práctica. Las fotos con gracia son los barridos porque dan sensación de velocidad. De otro modo disparando a una velocidad superior a 1/1000 la instantánea queda congelad; pero esos barridos salen una vez de cada cien.


Además la semana pasada había empezado a jugar con Photoshop para darles algunos efectos a las fotos y me parece que a día de hoy hay muy pocas fotografías publicadas en páginas web o revistas que no hayan sido retocadas.

Moraleja: no voy a decir que hay que echarle morro a las cosas, pero nunca pensar que no hay nada interesante que puedas ofrecerle a los demás. Evalúa las posibilidades que tienes en tu entorno y pierde el miedo que puedas tener a dar ese pasito para preguntar y proponer a terceras personas.

martes, 19 de abril de 2011

Piragüismo 3.0

El piragüismo apareció en mi vida en la primavera de 1996 o 1997, cuando algunos compañeros del colegio propusieron ir al Club Kayak Siero. Confieso que aquella vez no lo practiqué por más de tres semanas, creo que me puse enfermo o tuve algún problema de alergia que me "apartó" del deporte, sin mucho pesar por mi parte.

Años más tarde, en 2008 me quité el óxido de encima y el remo volvió a sacarme el callo en el dedo pulgar de la mano izquierda. Esa vez en la Universidad de Valladolid, el río era un poco más grande que el Nora en el que había practicado más de 10 años antes, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid... ¡Cómo olvidar al monitor! Ya llegará un texto que tengo escrito de aquellos días a las órdenes del gran Pío en las próximas entradas.

Hasta en Holanda se conoce el descenso del Sella

Ahora, tres años después llega mi tercera experiencia en el mundo del piragüismo. Una de las cosas que tenía en mente cuando llegué aquí fue volver a coger el remo. Con un 18% de la superficie del país cubierta por agua, es un buen lugar. Además lo abiertos y activos que son los holandeses hace que haya clubs o asociaciones de todo tipo entre los que están los de piragüismo y remo.

Esta vez también practico con un instructor amateur, un más bien mayor, más que amable y más que paciente, cordial, amigable, que le gusta contarte las cosas que vas viendo y hablar de diques, molinos, lagos, canales y barcos. Bob no te apura, no te mete prisas, gasta bromas y siempre tiene una sonrisa en la cara. Supongo que Manu y yo le caímos en gracia el primer día después de cenar en el club, mientras nos contaba su viaje de 1 año y una semana desde Holanda hasta Ciudad el Cabo en bicicleta.

La primera sesión fue fácil, empezamos en una piragua de kayak polo que es imposible de inestabilizar. Por cierto, la primera vez que vi el kayak polo fue en Sevilla hace un mes, no sabía ni que existía y aquí es más que popular. Bueno, estuvo bien como toma de contacto, y también para conocer a los compañeros de la asociación Levitas, compartiendo la cena con ellos después de entrenar. Desde el primer día te hacen sentir tan en casa que hasta se te hace extraño.

El segundo y tercer día ya remamos en una piragua de verdad (touring), tras sentarme en una K1 y bajarme inmediatamente al tener claro que no iba a dar más de dos paladas sin probar el agua. Aún así, con la touring me fui al agua ambas veces. El agua está un pelín fría sí, pero entrar de golpe ayuda y da más miedo la suciedad y pisar en el fondo que la temperatura. No se que me pasa, no encuentro el ritmo, en Valladolid solo me caía cuando iba sobre mi límite y por lo general me sentía cómodo en la piragua. Será que con la edad se le coge miedo al agua porque voy agarrotadísimo. Al más mínimo estímulo que me altere lo que es mirar al frente y remar me hace perder el equilibrio y noto literalmente como se me ponen los huevos de corbata. Que vergüenza para el piragüismo asturiano, ¿verdad?


Visto lo visto, hoy directamente me compré un bañador que quieras que no, cuando se moja siempre es más cómodo que los boxer y el pantalón corto. Con esto queda claro la confianza que tenía para este cuarto día, ¿no? Pues finalmente hoy, a pesar de cruzarnos con cuatro o cinco barcos que dejan el agua rizada durante un par de minutos - suficiente para poner los pelos de punta -, en nuestro camino de vuelta a las instalaciones encontré mi ritmo, el equilibrio o a mi mismo en el agua, no lo se pero por fin me sentí cómodo.

Y mañana volvemos, porque "todo buen asturiano no sabe de rendición...".

martes, 12 de abril de 2011

Mamá: "¿Estás comiendo bien?"

Con el día tan estupendo que hizo ayer, me dio por salir a correr aunque sin mucha gana. Aguanté no más de quince minutos, cuando normalmente puedo correr casi una hora. No se que pasó, tuve que parar en seco y volver caminando a casa. ¿Tendrá algo que ver el que solo haya comido un wrap de pollo comprado en una gasolinera? Ya en casa, ducha y cena, ¿cena? Frigorífico con dos cervezas, un Reb Bull, dos limones, mantequilla, queso, mermelada, mostaza y leche. A ver el congelador... ¡Premio! Un tupperware con pasta bolognesa me saca del apuro porque son las ocho, el supermercado está cerrado y aunque estuviese abierto las ganas que tengo de cocinar tienden a cero por la izquierda.

Por fin un día consigo meterme en la cama antes de medianoche, ¿y total para qué? Hasta las tres sin dormir, vueltas en la cama, un ligero dolor de cabeza como un zumbido y malestar general sin saber de que quejarme, sin molestias o dolores concretas en ninguna parte del cuerpo. ¿Qué pasa? ¿Cuánto hace que no como algo "con chicha"? Ah si, ya me acuerdo, fue el jueves. El viernes la comida en el trabajo era especialmente mala y cené en un Pizza Hut, el fin de semana en Bélgica me lo pasé a base de sándwiches, chocolate, galletas y fruta; y ayer lunes el triste wrap de pollo.

Durmiéndome a las tres a ver quien se despierta a las siete... Así que hoy a trabajar con la hora pegada al culo, sin desayunar más que un Pan au Chocolat y un zumito de naranja (pero natural eh). La comida de hoy en el trabajo merecía la pena, algo que no ocurre muy a menudo. ¿Os podéis creer que media hora después de comer una minúscula pechuga de pollo con puré de verduras y patatas desaparece el malestar? Me apetece levantarme, tontear con compañeros, hacer bromas, hablar... Y vengo a casa con una clara convicción: pegarme una cena de esas que te echan para atrás al terminar. ¡Así acaban de caer dos filetes de ternera, al queso (amago de) Cabrales con patatas fritas y me siento de p*** madre!




Reconozco que esta sensación no es nueva y ya ocurrió el año pasado, por estas mismas fechas además. Tropiezo varias veces en la misma piedra, sí. En aquella ocasión Bea ejerció de madre - amiga y me dio el toque para que volviese a mi vida organizada, cocinando, comiendo decentemente y no perdiendo los papeles para aprovechar las horas de luz. Aunque peor fue aquel domingo de barbacoa, también en Alemania, cuando me di cuenta de que llevaba sin beber un vaso de agua desde el jueves.

Pero es que llega la primavera y no quieres parar en casa, necesitas días de 28 horas, el lunes tienes tal cosa, el martes quedas con fulano, el miércoles juegas al fútbol, llegas tarde y compras cualquier basura en la estación, el jueves no tienes tiempo para cocinar y malcenas porque hay que hacer la colada y planchar. 

No es hasta que te vas de casa cuando te das cuenta de la programación completamente organizada y natural que tus padres (generalmente las madres) tienen en casa para que no nos de el bajonazo a todos porque tenemos la semana ocupada. Cuando esteis fuera y vuestro padre o madre os pregunten si estáis comiendo bien, no penséis que es pregunta comodín como las conversaciones del tiempo en el ascensor; es una pregunta de peso.

Pd: a veces hay tantas cosas que hacer que se me olvida mamá :)