lunes, 6 de septiembre de 2010

Camino de Santiago IV


Etapa 4 (jueves 12 de Agosto de 2010): Grandas de Salime – Cádavo.

8:55 – Justo a punto de despertar, empiezan a escucharse unos ligeros gemidos que vienen de la habitación de al lado. César y Chous, cada uno sin saber que el otro era consciente de lo que oía, se extrañan hasta que se miran uno a otro con un gesto de cara que pregunta “¿Tu estás oyendo eso?” y al mismo tiempo responde “Si, claro que lo estoy oyendo”. Poco a poco se oyen de manera más fuerte hasta que Chous dice “¡¡Tira el bote guaje!!” (a un nivel adecuado para que solo se oiga en nuestra habitación). Noé todavía estaba dormido y Jaime preguntando que hora era. Nuestros vecinos de habitación estaban haciendo el calentamiento para subir al Puerto del Acebo.

Empezamos nuestro cuarto día de camino con un buen desayuno a base de Cola Cao y pinchos de pollo y lomo en el mismo bar donde habíamos cenado la noche anterior. Tras el desayuno, nos dirigimos a la ferretería de Grandas para reparar los pinchazos en las bicis de Jaime y de César. Jaime tuvo que comprar una cubierta nueva, y cambiar la cámara. Por su parte, César tuvo que comprar una llave hexagonal para poder desmontar la rueda y cambiar la cámara. La dependienta de la ferretería nos ofrecía la posibilidad de utilizar la llave hexagonal para hacer la reparación, sin coste alguno; pero decidimos comprarla por si nos hiciese falta para futuros pinchazos.
Últimos retoques en las bicis antes de salir.

Tras cambiar las ruedas e hincharlas en un taller de coches volvemos al hostal para poner las alforjas a las dos bicicletas averiadas y emprender por fin la etapa que nos llevaría a tierras gallegas.

Con todo este trajín, no salimos de Grandas hasta pasadas las once de la mañana. El tiempo, al contrario que en días anteriores había escondido el Sol tras un espeso manto de nubes grises que se irían convirtiendo en niebla a medida que ganábamos altura al subir el Puerto del Acebo. Y fue precisamente esta etapa la que nos hizo sentirnos profesionales, sentirnos como ciclistas de verdad, con una niebla que no dejaba ver a más de diez metros parecía que estábamos subiendo una de las grandes etapas alpinas del Tour de Francia. A pesar de salir agrupados, a medida que pasaban los kilómetros, cada uno de los integrantes del grupo adoptó el ritmo más cómodo para el. Esta vez no podíamos mirar atrás o adelante para ver dónde estaban los compañeros, cada uno de nosotros estaba solo con su bici pedaleando cuesta arriba rodeado de niebla. Intentábamos adivinar el recorrido de la carretera siguiendo las luces de los coches que nos adelantaban pero era inútil.

La llegada al Puerto del Acebo la recuerdo con niebla, viento y frío. Noé y César esperaron lo justo para reagrupar y hacer la típica fotografía con la señal del puerto y la altitud. Después de diez kilómetros en subida bastante intensos que nos hicieron sudar, pararse en el alto para descansar no apetecía nada a causa del frío.
El Puerto del Acebo nos supo a poco.

Desde el Puerto del Acebo, comienza una pequeña bajada de un par de kilómetros antes de entrar en la provincia de Lugo. Dos kilómetros después de esta encontramos el Alto del Acebo, ya en la provincia gallega. Desde ahí, casi sin darnos cuenta porque la inclinación de la carretera era muy cambiante comenzamos un descenso que nos llevaba hasta la localidad de Fonsagrada. A medida que descendíamos salíamos de la niebla y en algunos momentos soleados incluso teníamos calor con la chaqueta.
Abandonábamos Asturias.

El ritmo hasta Fonsagrada lo marcaron Noé y César, fugados desde poco después del Alto del Acebo y haciendo relevos, llegaron a Fonsagrada a eso de las dos de la tarde. Minutos después llegaron Jaime y Chous. Mientras los primeros esperaban tuvieron tiempo de encontrar un restaurante para comer y un taller de coches en el que también reparaban bicicletas.
Lo primero que vemos al entrar al restaurante es a la parejina que habíamos visto ya en Salas y el día anterior entrando en Grandas de Salime al atardecer. Toda una sorpresa, que no debiera serlo porque habíamos salido muy tarde por la mañana. Tras comer dejamos las bicicletas en el taller de reparación, para ajustar o cambiar la llanta trasera a la bicicleta de Chous, ajustar el cambio a la de César y el freno trasero a la de Jaime. El encargado nos pidió una hora y media, en la que dimos un paseo por Fonsagrada y tomamos un café.
El taller de Luis.

Cuando volvimos al taller solo estaba lista la bicicleta de César, y el jefe del taller insistió el ajustar la dirección de Jaime; que hasta el momento se movía de forma brusca en 3 posiciones de forma que era imposible hacer pequeñas variaciones de dirección, lo cual es peligroso cuando se rueda por caminos de piedras. Mientras tanto otro empleado del taller se encargaba de la llanta de Chous, a la que nosotros ya habíamos diagnosticado como insalvable desde primera hora del día. Tras mirar la llanta girar en vacío severos minutos, y decirle a Chous “pues va a haber que cambiarla eh”, escuchar a Chous decir “si si, pues a cambiarla...” dos o tres veces; finalmente cambiaron la llanta a la bicicleta. Mientras el empleado cambiaba la llanta, nosotros hablábamos con el dueño del taller (Luis) sobre el camino, los tramos que se podía hacer el bicicleta y los que eran convenientes hacer por carretera. Ante la cordialidad de éste, y después del buen trato que habíamos tenido por la mañana en la ferretería de Grandas de Salime; César calcula que la factura estará entorno a 20€ o 25€, y sugiere que si el importe es menor que ésta última cantidad paguemos 25€ por el buen trato que Luis nos había dado. Noé y Chous se quedan sin palabras ante esta sugerencia, se muestran cautos, con cara de tener una idea en mente pero sin decirla. Al final Chous le da la cartera a César y le dice que pague él. En la oficina del taller...

César: bueno, ¿me dices cuánto te debemos?
Luis: si, a ver...
Luis: 62€
Luis: ¿Quieres una notina?
[César piensa: ¿Qué? El precio de la llanta esta mañana en la ferretería de Grandas eran 10€. ¿Cómo puede cobrarnos 62€? Y pensar que yo estaba dispuesto a dejarle una propina...]
César: ehm, ¿62€ eh? (realmente esperando que fuese la típica broma que se hace cuando alguien presta un servicio de forma gratuita antes de decir “no hombre no, deja...”)
César: a ver un momento que igual tengo que ir a pedirles dinero a mis compañeros... (había poco más de 30€ en la cartera que utilizábamos para pagar los gastos comunes)
Luis: si, vale vale.
[Finalmente César paga con dinero que tenía en su cartera]
César: ¿me puedes dar una nota? (para justificar tal gasto ante Noé, Jaime y Chous)
Luis: si, si claro
[Luis coge un papel y escribe en el...]
Luis: ¡Toma!
[Luis entrega un trozo de papel en el que se ve escrito llanta, ajuste rueda, ajuste cambio, una llave agrupando las tres líneas y 62€ a la derecha de la llave]
César: vale, venga hasta luego.
Luis: Y acordaros, podéis coger el camino hasta la tercera vez que se cruza con la carretera, luego ya seguid por ella porque el camino está muy malo para ir en bicicleta.
César: si, gracias.
Al salir de la oficina del taller y verle la cara a César los demás preguntan que había pasado, y el los invita a adivinar la factura mientras pedalean poniéndose ya en la ruta. Tras las bromas correspondientes, y las caras de sorpresa nos ponemos de nuevo en ruta siguiendo las instrucciones de Luis (desde ese momento Luisín),

Con todos los retrasos acarreados, no teníamos claro cual era el final de nuestra etapa así que simplemente pedaleamos por la carretera buscando llegar a alguna población en un momento del día que no nos invitase a seguir el viaje.

Las subidas y las bajadas se sucedían en aquella carretera con buen firme y arcenes anchos. En una de las bajadas nos adelantaron dos motocicletas de alta cilindrada, en la siguiente subida una de ellas estaba metida debajo del guarda raíl del carril contrario y afortunadamente el conductor estaba llamando al seguro sin lesiones aparentes. Noé les pregunta si están bien, los moteros afirman y dan las gracias por preguntar, y pocos metros más adelante Chous se burla diciendo “¿tais bien? Por que sino sacamos de aquí el maletín de primeros auxilios y llevamos al herido al hospital en bicicleta...”.

En la tercera o cuarta subida, que tenía carril para vehículos lentos la pájara que César llevaba sufriendo durante toda la tarde se acentúa y se viene abajo. Posiblemente estaba pagando el esfuerzo de los kilómetros de fuga hechos por la mañana. Y es en este contexto cuando se produce la conversación estúpida de la jornada:

César: Oye, ¿habrá que parar donde termina el carril de vehículos lentos ho?
Chous: No se, ¿quies parar?
César: Buf, si si tío.
[Llegando ya al final del carril de vehículos lentos, donde la pendiente de la carretera era menor]
Chous: ¿Entos paramos no? A mi me va a venir bien también.
César: Na, tira, tira que recupero.
[Unos metros más arriba]
Chous: ¿Entonces paro o no paro?
César: Como quieras Chous.
[En el final del carril]
Chous: ¿No paramos entonces?
[César con la lengua fuera]
César: Na, si, para, para.
Chous: [risas]

Entorno a las ocho de la tarde entramos en la localidad de Cádavo y todo apunta a que ese sería nuestro punto final por hoy. Cabe destacar que la llegada a Cádavo la hicimos al sprint, no había fuerzas para subir las últimas tres colinas pero si para pegar una sprintada de muerte de camino al albergue con los consecuentes comentarios de Chous “ya se ve lo cansao que estás, en la subida de antes no pedaleabas así...”

Cuando llegamos al albergue, una peregrina que estaba allí nos dice que estaba lleno y en estos casos los peregrinos son acogidos en el polideportivo municipal. De camino al polideportivo, vemos en el centro del pueblo diversos tenderetes, juegos hinchables, puestos de tiro, coches de choque, feriantes, dos escenarios de orquestas y una caravana churrería; ¡por fin habíamos encontrado un pueblo en fiestas! En el gimnasio vemos que no hay ninguna colchoneta ni nada para hacer el suelo menos incómodo, con las mismas volvemos al albergue a buscar cartones o cualquier cosa que ablande el suelo para poder dormir. A estas alturas, los ánimos estaban por los suelos después del día que habíamos tenido; y pensar en dormir en el suelo no ayudaba precisamente.

De camino al albergue Noé recuerda que hay otro hostal, en el que preguntamos por habitaciones y nos ofertan la última, una doble por 35€. Noé le pregunta a la hostelera si es una habitación doble dónde puedan entrar cuatro personas haciendo un esfuerzo, recibiendo como respuesta “no, no, y no; ya se lo que quieres intentar pero no”. Ante la desesperación de César por intentar no dormir en el suelo, propone sortear la habitación de este modo al menos dos de nosotros dormiríamos “bien”. Al final, Jaime y Noé declinan la oferta y dejan a Chous y a César el placer de dormir en una cama.

Al entrar al hostal, nos damos cuenta de que llevamos ropa húmeda en las alforjas. Hoy no habíamos podido secarla al Sol como el día anterior. La hostelera no se mostraba tan amable como la gente que habíamos encontrado hasta ahora (incluso Luisín fue amable).

César: ¿Hay una lavadora que podamos usar?
Hostelera: No.
César: ¿Secadora?
Hostelera: No.
César: ¿No puedes poner un programa de secado en la lavadora y dejar nuestra ropa secando esta noche?
Hostelera: No, ando muy liada y no tengo tiempo para ocuparme de más cosas.
César: Bueno, solo es meter la ropa y poner el programa de secado...
Hostelera: No.
De camino a la habitación se ve un radiador en el pasillo del hostal...
César: una pregunta, si por la noche tenemos frío, ¿podemos coger ese radiador?
Hostelera: ¿de verdad crees que vais a tener frío por la noche?
César: bueno, hizo mal día...
La hostelera lo interrumpe.
Hostelera: ¿O lo que quieres es secar la ropa en el radiador?
César entiende esa pregunta como una pregunta retórica con una respuesta positiva.
César: Bueno, eso también jeje
Hostelera: Pues no, no lo podéis coger. La instalación eléctrica no aguanta tantas cosas enchufadas.
César: Vale.

Una vez en la habitación César y Chous buscan la manera de colgar la ropa húmeda, y buscando perchas en el armario encuentran un abrigo de invierno (también conocido como el abrigo de la tía Antonia) y un montón de maletas que sirven para hacer el tonto mientras se instalaban.

Antes de salir Noé llama por teléfono y pide algo de ropa de abrigo, la noche estaba nublada y bastante desagradable. No había duda alguna de que prenda debía vestir Noé esa noche. Y no lo olvidemos, eran las fiestas del pueblo.

Esta noche hicimos la primera gran cena de nuestro camino, con pulpo, calamares, lacón, croquetas, vino, chupitos de licor de café y pan mojado en Cola Cao de postre. ¿La cuenta? Menos de 40€, ¡sorprendente!

Después de cenar hacemos una vuelta de reconocimiento por la verbena. A la mínima le preguntamos a unas cadavesas por un bar o un pub para tomar algo, y nos llevan al pub del pueblo. Cuando nos dimos cuenta, estábamos en “el pub” de Cádavo, vestidos con ropa deportiva (algunas de ellas sudadas), calzando zapatillas, camiseta del Oviedo y del Sporting de Gijón y el abrigo de la tía Antonia, tomando unas cervezas entre la chavalería local que hacía gala de sus mejores prendas para la ocasión. Dicho de otra manera, había un postureo en Cádavo esa noche equiparable al que se puede encontrar en cualquier ciudad un sábado noche. A estas alturas el abrigo de la tía Antonia sobraba y ante la negativa de César, el grupo (principalmente Noé y Chous) deciden abandonar el abrigo a su suerte sobre un muro. Al terminar la cerveza fuimos directos a saldar la siguiente deuda que había en la verbena; los coches de choque. Y después a la orquesta Pays de Noia, de la que vimos el primer pase completo. En general todos nos animamos, tomamos unas copas y movimos el culucu en la primera fila de gente; pero en particular fueron, como no, Jaime y Noé los que disfrutaron de la orquesta. A las dos de la madrugada termina el primer pase de de Paris de Noia y ponemos punto final a este cuarto y agotador día.
De fiesta por Cádavo.

Solo un último apunte, la ventana de la habitación de Chous y César daba a un patio interno, típico sitio que se utiliza a modo de desagüe por la gente que está disfrutando de la fiesta local. Al dejar la ventana abierta (ciertamente la hostelera sabía que no tendríamos frío) pudieron escuchar a dos parejas de chicas ir a hacer sus necesidades a un par de metros de su ventana antes de caer dormidos. Por supuesto que se les pasó por la cabeza darles un susto, pero faltaron huevos y sobraron ganas de meterse en problemas, después de todo al día siguiente teníamos que madrugar.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Camino de Santiago III


Etapa 3 (miércoles 11 de Agosto de 2010): Pola de Allande – Grandas de Salime.

9:15 – Acabamos de despertar en el albergue y no podemos con los huevos. Al salir de la casa podemos ver un paisaje idílico, dos sierras a cada lado y un riachuelito en el medio que no pudimos ver el día anterior por llegar de noche.

Hicimos el ascenso al Puerto del Palo sin problemas aparentes, aunque creemos que nos pasó factura al final de la etapa. El descenso desde el Puerto del Palo por carretera fue una pasada, carretera de montaña, sin tráfico a penas, unas vistas de primera, tragando mosquitos, un día soleado y una sensación de bienestar, satisfacción, relax y libertad que no se sienten todos los días.

La subida al Puerto del Palo fue el menor de los males del día.

Mucho peor que el Puerto del Palo, o eso parecía fue la subida de La Mesa con un desnivel increíble en apenas 2 Km. Cuando hicimos la parada pertinente para recuperarnos de La Mesa nos encontramos a otro bicigrino que venía detrás de nosotros, por el que discutimos si era andaluz o argentino.

Jaime al final de la subida de La Mesa, Chous venía a más de 3 minutos.

Cuando ya estábamos empezando la parte final de la etapa, al comenzar el descenso al embalse de Salime, cuando creíamos que llegaríamos a nuestro destino a una hora prudente (entre las seis y las siete de la tarde), nos equivocamos en un cruce, muy mal señalizado y hacemos un descenso erróneo de más de 3 Km antes de preguntarle a una lugareña. Así que nos tocó hacer 3 Km extras en subida, aunque por fortuna el piso era de tierra y grava, por el que se podía rodar bien. A estas alturas del camino ya apreciábamos los diferentes tipos de suelos. Gracias a este error pudimos ver el embalse de Salime en dos ocasiones, y al otro lado del embalse la subida que aún nos quedaba hasta llegar a Grandas de Salime.


Tras volver a encontrar el camino, comenzamos un descenso mortal con un suelo de pizarra y otras piedras, pero principalmente trozos de pizarra suelta. Una bajada de 8 Km zigzagueando por la ladera de la montaña, en los que teníamos que hacer paradas para descansar las manos y los brazos que es donde se apoya todo el peso del cuerpo en bajada. En este momento, tras haberse quejado durante todo el día en cada subida que se nos presentaba, Chous declaraba lo siguiente “nunca pensé que iba a decir esto, pero estoy hasta los _______ bajar”.

Si bien la bajada era dura, se prestaba a hacer todo tipo de diabluras.

Durante todo el descenso podíamos ver la subida que nos esperaba a continuación para llegar a Grandas de Salime.

Cuando parece que la bajada se vuelve un poco más negociable; y el camino deja de ser una senda que desciende por la ladera de la montaña sin a penas vegetación, para convertirse en una pista que nos lleva a través de los bosques de esa ladera, Jaime raja la cubierta trasera de la bicicleta y manda parar a Chous y César que iba unos metros más adelante. Es justo al parar cuando César también oye que tiene una fuga de aire en la rueda trasera de su bicicleta, aunque por suerte este es solo un pinchazo y la cubierta no presenta desperfectos.

La cubierta de Jaime.

Parece que hoy tampoco íbamos a poder disfrutar del pueblo en el que pasamos la noche, las cosas se tuercen cada vez más y el parar a reparar los dos pinchazos nos quita casi una hora. Además la llanta de la bicicleta de César no se puede desmontar sin una llave exagonal, por lo que intentamos repararla con un parche sin desmontar la llanta. Cuando estábamos en plena reparación pasa un matrimonio con su hijo y nos dicen que podemos reparar en Grandas en la tienda de Luisin. A pesar de los dos parches en la cámara de César, el pinchazo sigue perdiendo aire poco a poco. Mientras tanto en la bicicleta de Jaime se cambia la cámara del neumático pero con la cubierta rajada no iba a llegar muy lejos antes de volver a pinchar. César y Jaime terminan el descenso de la ladera sin montarse en las bicicletas, uno por ir sin presión en la rueda y otro por miedo a pinchar otra vez. Además, hay que decir que esas dos bicicletas eran las bicicletas con las alforjas.

Reparación en la misma ruta.

Cuando tomamos la carretera que nos llevaría finalmente a Grandes pensamos en hacer unos cambios que nos permitan subir los últimos 5 Km de la etapa de la manera más cómoda posible. Así justo en la pared de la presa de Salime, mientras Chous hacía la merienda (bocadillos de jamón y queso), Jaime, Noé y César reorganizaban el convoy. La bicicleta de César podía rodar durante un tiempo sin mayores problemas porque el pinchazo reparado no perdía aire de forma severa. Así que pensamos en mover las alforjas de la bici de César a la bici de Chous, y que Chous y César subiesen cada uno en su bici o se cambiasen las bicis para que Chous no llevase más peso del que había llevado hasta ahora.

César: Chous, que prefieres, ¿alforjas o bici pinchada?
Chous: buf vaya pregunta tío...

Al final decidimos que Noé subiese con la bicicleta de César sin alforja, y con una bomba de hinchar en la mano por si necesitaba hinchar la rueda a medio camino. César subiría con la alforja que tenía su bicicleta, montada en la bicicleta de Chous. Esto permite a Chous subir sin un peso extra utilizando la bicicleta de Noé. Y Jaime subiría con su bici, con cuidado para no pinchar la cámara con nada.

Jaime es el primero que sale, a continuación salé Noé y detrás César y Chous. El ascenso a Grandas se hace mucho más largo de lo que pensábamos (y muy duro según Chous), aquí fue donde notamos el Puerto del Palo, y el palo que nos llevamos al pinchar las dos bicicletas bajando al embalse. A media subida César se va de Chous y poco más arriba se encuentra a Jaime pinchado. Noé llega al pueblo de Pepe el Ferreiro el primero, habiendo hinchado la rueda de la bici de César una vez durante la subida. A continuación llega César y ambos van a buscar alojamiento. Hoy directamente pasamos del albergue de peregrinos y vamos a buscar hostales porque nos merecemos dormir como Dios manda, sin ronquidos y sin oler los pies de nadie más que los nuestros. Preguntamos en un primer hostal en el que solo había una habitación doble.

Cuando César está reservando la habitación en el segundo (y último) hostal de Grandas, hablando con el polaco que atendía el hostal llega Chous. Al menos hoy teníamos habitación (conseguida después de preguntar en 2 sitios), para dormir los 4 en una misma habitación por 45€. En ese momento llama Jaime por teléfono y Noé va en su ayuda. Mientras tanto Chous pregunta a gente de Grandas si había tienda de bicicletas, pensando en repararlas al día siguiente por la mañana y los lugareños nos aconsejan la ferretería o el relojero. Entre tanto, César había visto entrar en Grandas de Salime a la pareja que el grupo se había encontrado a la entrada de Salas. Si, si, la pareja que todos pensamos que no llegarían lejos; o que en caso de llegar tardarían una vida entera.

Cosa de media hora más tarde, Noé vuelve a llamar diciendo que estaban a la entrada de Grandas con la bici de Jaime “parada” y que si podíamos ir Chous y yo a echarles una mano. El problema es que la rueda de atrás de Jaime estaba tan tan baja que ni siquiera podía rodar empujando. Noé y Jaime tuvieron que subir los últimos dos Km uno agarrando el manillar de la bici y el otro levantando la rueda de atrás- Además, como Noé había bajado en su bici, tenían que hacerlo y cada 10 o 20 metros echar una carrera para mover la bici de Noé. Así que César y Chous llevaron la bici de Jaime los últimos metros antes de llegar al hostal. Lo primero que dice Noé después de explicar lo que había pasado y como había que sujetar la bicicleta para que llevarla fuese lo más cómodo posible, fue “¿A qué no sabéis a quien acabo de ver pasar por aquí?” (la parejina).

Entrada triunfal de Jaime en Grandas de Salime.

Nada más llegar, una ducha y a cenar de restaurante. Para Noé cabritu con patates, para Chous y César escalopines al cabrales y para Jaime chuleta de ternera. Nos pusimos como deficientes, la verdad sea dicha; mientras pensábamos que al día siguiente había que cambiar la cámara de la bici de César y cambiar la cubierta y la cámara a la bici de Jaime. Después de cenar tomamos algo en el bar del hostal y Jaime y Noé incluso jugaron al futbolín con la chavalería local.

La cena nos alegró un amargo día.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Camino de Santiago II


Etapa 2 (martes 10 de Agosto de 2010): Cornellana – Pola de Allande, 68 Km.

El que fue nuestro primer día como peregrinos reales salimos del albergue los últimos. A lo largo de los días nos daríamos cuenta de que siempre éramos los últimos en partir por la mañana.Hoy atravesaríamos las localidades de Salas y Tineo para llegar finalmente a Pola de Allande.

Como el día anterior hicimos la colada muy tarde, antes de cenar, no hubo tiempo para que la ropa secase tendida en el tendal del albergue. Así que la alforja de la bicicleta de César tenía la camiseta, calzoncillo y culote del día anterior colgados con imperdibles para que secasen a lo largo del día. Chous optó por guardar la ropa mojada en una bolsa de plástico.

Con los gayumbos de bandera por la mañana.

En esta etapa nos encontramos con algunas cuestas y desniveles relevantes. Esto hizo que Chous y su cansancio deleitasen al grupo con todo tipo de frases y silogismos cada vez que el grupo hacía una parada tras una subida importante para reagruparse.
Buah, voy como una pita sin cabeza, tengo les piernes que me van soles... Como una pita sin cabeza”
La etapa empieza con unos kilómetros por una senda a la salida de Cornellana, que fueron suficientes para que la ropa que César llevaba colgando de la alforja se ensuciara de barro. En esta primera parte hasta llegar a la carretera que nos llevaría a Salas, la dificultad era media-baja, con un piso de tierra húmeda y piedras a veces entre árboles y vegetación.

Antes de llegar a Salas nos encontramos con una pareja de bicigrinos, que iban por la carretera empujando sus bicicletas. Al verlos empujando en un terreno llano y asfaltado nos preguntamos como haría esa pareja cuando el camino se volviese complicado con piedras, barro y cuestas. Ésto nos llevó a deliberar a cerca de lo adecuado o no de hacer el Camino de Santiago en bicicleta con la novia. Lo que no sabíamos es que esa pareja se convertiría en un personaje secundario de nuestro camino hasta el último día.

En Salas hacemos el primer descanso del día, en el que recibimos la visita del padre y el tío de César. Además aprovechamos para comprar frutas en el mercado. La salida de Salas por el Camino Primitivo nos llevaba por un camino de vegetación y gravilla que no presentaba mayor dificulta hasta los últimos 50 metros antes de entrar a la vieja carretera a La Espina. En esa parte, la pendiente era superior al 20% y el terreno había ido cambiando poco a poco a una superficie de tierra húmeda y piedras de un tamaño grande, que hacían imprescindible poner el pie en el suelo y empujar la bici para arriba. Esta fue la primera ocasión en la que desde la cabeza del grupo se oía a Chous detrás (y debajo) decir “esto no ye pa bici eh”. Al mismo tiempo Noé decía “buah, el chaval ese que iba con la moza ya puede quedar a dormir hoy en Salas jajaja”. Terminamos la subida a La Espina por la carretera y es aquí donde volvemos a tomar el Camino Primitivo para ir por el hasta Tineo. Algunas veces el camino iba paralelo a la carretera, quizás un poco más elevado lo que hacía que Chous renegase del camino real y se quejase irónicamente “vaya atajo, como me gusta” cada vez que subíamos una pequeña cuesta para volver a bajar a continuación y volver a subir, en lugar de rodar por la carretera que era llana y más regular.

Noé al terminar la subida de La Espina.

En Tineo César se da cuenta de que a su portabultos le falta un tornillo, posiblemente del traqueteo en el tramo desde Salas hasta la carretera de La Espina. Este sería el primer problema con el portabultos. Tras preguntar en la oficina de turismo de Tineo por el camino a seguir desde aquí, fuimos a comer a La Casina. Una pequeña casa de piedra en la zona alta de Tineo con una amplia pradera verde en la que estaba situado el prau para las fiestas locales de San Roque. Nos sentamos en una mesa fuera, para disfrutar de la buena comida y el buen tiempo, a la vez que descansábamos. Para comer, plato del día. De primero cocido de garbanzos con su chorizo, su morcilla, su tocino y sus patatas cocidas. Todos esperábamos mayor cantidad, por lo que cuando la camarera vino a retirar la fuente y los platos César le dijo a la camarera que “los platos estaban rotos, porque se nos escaparon los garbanzos” buscando despertar un sentimiento de gracia en ella que no llegó a ocurrir. De segundo carne guisada con patatas fritas.

Garbanzos y siesta; que poco hace falta para ser feliz.

Después de comer nos echamos una siesta en el prau, momento en el que Chous aprovechó para sacar su ropa húmeda de la bolsa y ponerla a secar al Sol. En cosa de media hora la ropa estaba seca.

Uno de los peores tramos que nos encontramos (la foto no es fingida).

Salimos de Tineo siguiendo el camino, con unas cuantas subidas sobre un terreno de piedras sueltas o incluso escaleras hechas en el suelo utilizando raíces de árboles y la base de piedra a modo de peldaños.

A lo largo de la tarde el camino transcurre por caminos o pistas forestales y carreteras locales. Destaca la bajada final a Pola de Allande por la ladera de las montañas hasta llegar a la parte baja del valle donde se encuentra la localidad que era la meta de nuestra segunda etapa. Al hacer esta bajada a última hora del día, un día que había sido soleado, nos encontrábamos desciendo a un ritmo bastante rápido por caminos con vegetación en el suelo y viendo los últimos brillos del Sol reflejados en las montañas al otro lado del valle o incluso en nuestro mismo camino dependiendo de la dirección que llevásemos. Incluso en esta bajada tuvimos ocasión de atravesar un pequeño riachuelo montados en las bicicletas. Pues fue en esa bajada donde Chous casi se cae a cámara lenta alegando que estaba esquivando unas ortigas. Desde ese momento Chous se convirtió en el protagonista de los descensos por sus derrapes y equilibrios sobre dos ruedas. Alguna vez incluso se le recomendó cambiar la mountain bike por una GMX de bicicross.

También estuvimos tan cerca del cielo que casi podíamos tocarlo con las manos.

Al haber salido los últimos por la mañana, también llegamos los últimos a nuestro destino por lo que nos encontramos con el albergue de Pola de Allande lleno. Buscamos habitación en los dos hostales que había pero estaban también llenos. El hostelero de La Allandesa nos dice que en esas ocasiones la Policía Municipal abre el polideportivo local para los peregrinos. Tras hablar con el policía local, nos dice que el siguiente albergue, que aún pertenece a Pola de Allande y situado 2.5 Km más adelante; está vacío y que vayamos allí. Esto nos supone olvidar el cenar en un bar o restaurante en Pola y pensar en comprar algo de comida y cenar en frío.

Viendo la hora que era, dividimos el grupo para que Jaime y Chous compren comida para el desayuno del día siguiente; mientras Noé y César esperan por unos bocadillos en un bar que nos recomendó la encargada del albergue en el que dormimos. Los bocadillos tardan en salir, así que aprovechando los ultimísimos rayos de luz, Chous y Jaime empiezan a subir hasta el albergue, que no era más que una cabaña de montaña situada en un bajo a la izquierda de la carretera que al día siguiente nos llevaría al Puerto del Palo. Éramos conscientes de que en plena oscuridad no iba a ser fácil encontrar el albergue así que decidimos que Chous y Jaime suban primero para encontrarlo y luego ya iríamos Noé y César con la cena (los bocadillos). Finalmente a eso de las 22:00, cuando Noé y César ascendían el principio del Puerto del Palo en la más absoluta oscuridad, preguntándose si ya se habrían pasado el albergue es cuando vieron una luz intermitente al fondo, al final de una recta que era la luz de Jaime. Por tanto, pasadas las diez de la noche los cuatro bicigrinos están juntos en su albergue. Una casa de montaña con 12 o 16 literas, dos duchas y dos baños, una mesa y un fregadero.

Nuestra cena. Era más grande de lo que parece.

El cansancio hizo mella en nosotros ese día, y a la hora de cenar César decía que no tenía ni gana de cenar por no tener fuerzas para masticar el bocadillo de lomo. Además estando tan cansados, al tener tanto sueño las conversaciones se volvían pesadas y absurdas cada cuatro palabras. Para muestra, un ejemplo:

César: ¿Dónde está mi camiseta blanca?
Chous: ¿No es esa blanca encima de la mesa?
César: No, la mía es de Btwin.
Noé: La tuya ye Kalenji.
César: Btwin.
Noé: Kalenji.
César: ¿Qué apuestes?
Noé: Vamos a por la camiseta.
César: Esa no ye mi camiseta, la mía es de Btwin, vamos a mirar las fotos de la cámara.
[Había fotos de ese mismo día, en las que César aparecía con la camiseta de Kalenji]
César: Marcho pa la cama.

Chous aún guardaba optimismo para el siguiente día.

Después de cenar habíamos estado hablando de la etapa del día siguiente, que incluía el temido Puerto del Palo. Al salir Noé desnudo de la ducha Chous le dice: “Noé sécate el palo jaja”