viernes, 3 de septiembre de 2010

Camino de Santiago III


Etapa 3 (miércoles 11 de Agosto de 2010): Pola de Allande – Grandas de Salime.

9:15 – Acabamos de despertar en el albergue y no podemos con los huevos. Al salir de la casa podemos ver un paisaje idílico, dos sierras a cada lado y un riachuelito en el medio que no pudimos ver el día anterior por llegar de noche.

Hicimos el ascenso al Puerto del Palo sin problemas aparentes, aunque creemos que nos pasó factura al final de la etapa. El descenso desde el Puerto del Palo por carretera fue una pasada, carretera de montaña, sin tráfico a penas, unas vistas de primera, tragando mosquitos, un día soleado y una sensación de bienestar, satisfacción, relax y libertad que no se sienten todos los días.

La subida al Puerto del Palo fue el menor de los males del día.

Mucho peor que el Puerto del Palo, o eso parecía fue la subida de La Mesa con un desnivel increíble en apenas 2 Km. Cuando hicimos la parada pertinente para recuperarnos de La Mesa nos encontramos a otro bicigrino que venía detrás de nosotros, por el que discutimos si era andaluz o argentino.

Jaime al final de la subida de La Mesa, Chous venía a más de 3 minutos.

Cuando ya estábamos empezando la parte final de la etapa, al comenzar el descenso al embalse de Salime, cuando creíamos que llegaríamos a nuestro destino a una hora prudente (entre las seis y las siete de la tarde), nos equivocamos en un cruce, muy mal señalizado y hacemos un descenso erróneo de más de 3 Km antes de preguntarle a una lugareña. Así que nos tocó hacer 3 Km extras en subida, aunque por fortuna el piso era de tierra y grava, por el que se podía rodar bien. A estas alturas del camino ya apreciábamos los diferentes tipos de suelos. Gracias a este error pudimos ver el embalse de Salime en dos ocasiones, y al otro lado del embalse la subida que aún nos quedaba hasta llegar a Grandas de Salime.


Tras volver a encontrar el camino, comenzamos un descenso mortal con un suelo de pizarra y otras piedras, pero principalmente trozos de pizarra suelta. Una bajada de 8 Km zigzagueando por la ladera de la montaña, en los que teníamos que hacer paradas para descansar las manos y los brazos que es donde se apoya todo el peso del cuerpo en bajada. En este momento, tras haberse quejado durante todo el día en cada subida que se nos presentaba, Chous declaraba lo siguiente “nunca pensé que iba a decir esto, pero estoy hasta los _______ bajar”.

Si bien la bajada era dura, se prestaba a hacer todo tipo de diabluras.

Durante todo el descenso podíamos ver la subida que nos esperaba a continuación para llegar a Grandas de Salime.

Cuando parece que la bajada se vuelve un poco más negociable; y el camino deja de ser una senda que desciende por la ladera de la montaña sin a penas vegetación, para convertirse en una pista que nos lleva a través de los bosques de esa ladera, Jaime raja la cubierta trasera de la bicicleta y manda parar a Chous y César que iba unos metros más adelante. Es justo al parar cuando César también oye que tiene una fuga de aire en la rueda trasera de su bicicleta, aunque por suerte este es solo un pinchazo y la cubierta no presenta desperfectos.

La cubierta de Jaime.

Parece que hoy tampoco íbamos a poder disfrutar del pueblo en el que pasamos la noche, las cosas se tuercen cada vez más y el parar a reparar los dos pinchazos nos quita casi una hora. Además la llanta de la bicicleta de César no se puede desmontar sin una llave exagonal, por lo que intentamos repararla con un parche sin desmontar la llanta. Cuando estábamos en plena reparación pasa un matrimonio con su hijo y nos dicen que podemos reparar en Grandas en la tienda de Luisin. A pesar de los dos parches en la cámara de César, el pinchazo sigue perdiendo aire poco a poco. Mientras tanto en la bicicleta de Jaime se cambia la cámara del neumático pero con la cubierta rajada no iba a llegar muy lejos antes de volver a pinchar. César y Jaime terminan el descenso de la ladera sin montarse en las bicicletas, uno por ir sin presión en la rueda y otro por miedo a pinchar otra vez. Además, hay que decir que esas dos bicicletas eran las bicicletas con las alforjas.

Reparación en la misma ruta.

Cuando tomamos la carretera que nos llevaría finalmente a Grandes pensamos en hacer unos cambios que nos permitan subir los últimos 5 Km de la etapa de la manera más cómoda posible. Así justo en la pared de la presa de Salime, mientras Chous hacía la merienda (bocadillos de jamón y queso), Jaime, Noé y César reorganizaban el convoy. La bicicleta de César podía rodar durante un tiempo sin mayores problemas porque el pinchazo reparado no perdía aire de forma severa. Así que pensamos en mover las alforjas de la bici de César a la bici de Chous, y que Chous y César subiesen cada uno en su bici o se cambiasen las bicis para que Chous no llevase más peso del que había llevado hasta ahora.

César: Chous, que prefieres, ¿alforjas o bici pinchada?
Chous: buf vaya pregunta tío...

Al final decidimos que Noé subiese con la bicicleta de César sin alforja, y con una bomba de hinchar en la mano por si necesitaba hinchar la rueda a medio camino. César subiría con la alforja que tenía su bicicleta, montada en la bicicleta de Chous. Esto permite a Chous subir sin un peso extra utilizando la bicicleta de Noé. Y Jaime subiría con su bici, con cuidado para no pinchar la cámara con nada.

Jaime es el primero que sale, a continuación salé Noé y detrás César y Chous. El ascenso a Grandas se hace mucho más largo de lo que pensábamos (y muy duro según Chous), aquí fue donde notamos el Puerto del Palo, y el palo que nos llevamos al pinchar las dos bicicletas bajando al embalse. A media subida César se va de Chous y poco más arriba se encuentra a Jaime pinchado. Noé llega al pueblo de Pepe el Ferreiro el primero, habiendo hinchado la rueda de la bici de César una vez durante la subida. A continuación llega César y ambos van a buscar alojamiento. Hoy directamente pasamos del albergue de peregrinos y vamos a buscar hostales porque nos merecemos dormir como Dios manda, sin ronquidos y sin oler los pies de nadie más que los nuestros. Preguntamos en un primer hostal en el que solo había una habitación doble.

Cuando César está reservando la habitación en el segundo (y último) hostal de Grandas, hablando con el polaco que atendía el hostal llega Chous. Al menos hoy teníamos habitación (conseguida después de preguntar en 2 sitios), para dormir los 4 en una misma habitación por 45€. En ese momento llama Jaime por teléfono y Noé va en su ayuda. Mientras tanto Chous pregunta a gente de Grandas si había tienda de bicicletas, pensando en repararlas al día siguiente por la mañana y los lugareños nos aconsejan la ferretería o el relojero. Entre tanto, César había visto entrar en Grandas de Salime a la pareja que el grupo se había encontrado a la entrada de Salas. Si, si, la pareja que todos pensamos que no llegarían lejos; o que en caso de llegar tardarían una vida entera.

Cosa de media hora más tarde, Noé vuelve a llamar diciendo que estaban a la entrada de Grandas con la bici de Jaime “parada” y que si podíamos ir Chous y yo a echarles una mano. El problema es que la rueda de atrás de Jaime estaba tan tan baja que ni siquiera podía rodar empujando. Noé y Jaime tuvieron que subir los últimos dos Km uno agarrando el manillar de la bici y el otro levantando la rueda de atrás- Además, como Noé había bajado en su bici, tenían que hacerlo y cada 10 o 20 metros echar una carrera para mover la bici de Noé. Así que César y Chous llevaron la bici de Jaime los últimos metros antes de llegar al hostal. Lo primero que dice Noé después de explicar lo que había pasado y como había que sujetar la bicicleta para que llevarla fuese lo más cómodo posible, fue “¿A qué no sabéis a quien acabo de ver pasar por aquí?” (la parejina).

Entrada triunfal de Jaime en Grandas de Salime.

Nada más llegar, una ducha y a cenar de restaurante. Para Noé cabritu con patates, para Chous y César escalopines al cabrales y para Jaime chuleta de ternera. Nos pusimos como deficientes, la verdad sea dicha; mientras pensábamos que al día siguiente había que cambiar la cámara de la bici de César y cambiar la cubierta y la cámara a la bici de Jaime. Después de cenar tomamos algo en el bar del hostal y Jaime y Noé incluso jugaron al futbolín con la chavalería local.

La cena nos alegró un amargo día.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Camino de Santiago II


Etapa 2 (martes 10 de Agosto de 2010): Cornellana – Pola de Allande, 68 Km.

El que fue nuestro primer día como peregrinos reales salimos del albergue los últimos. A lo largo de los días nos daríamos cuenta de que siempre éramos los últimos en partir por la mañana.Hoy atravesaríamos las localidades de Salas y Tineo para llegar finalmente a Pola de Allande.

Como el día anterior hicimos la colada muy tarde, antes de cenar, no hubo tiempo para que la ropa secase tendida en el tendal del albergue. Así que la alforja de la bicicleta de César tenía la camiseta, calzoncillo y culote del día anterior colgados con imperdibles para que secasen a lo largo del día. Chous optó por guardar la ropa mojada en una bolsa de plástico.

Con los gayumbos de bandera por la mañana.

En esta etapa nos encontramos con algunas cuestas y desniveles relevantes. Esto hizo que Chous y su cansancio deleitasen al grupo con todo tipo de frases y silogismos cada vez que el grupo hacía una parada tras una subida importante para reagruparse.
Buah, voy como una pita sin cabeza, tengo les piernes que me van soles... Como una pita sin cabeza”
La etapa empieza con unos kilómetros por una senda a la salida de Cornellana, que fueron suficientes para que la ropa que César llevaba colgando de la alforja se ensuciara de barro. En esta primera parte hasta llegar a la carretera que nos llevaría a Salas, la dificultad era media-baja, con un piso de tierra húmeda y piedras a veces entre árboles y vegetación.

Antes de llegar a Salas nos encontramos con una pareja de bicigrinos, que iban por la carretera empujando sus bicicletas. Al verlos empujando en un terreno llano y asfaltado nos preguntamos como haría esa pareja cuando el camino se volviese complicado con piedras, barro y cuestas. Ésto nos llevó a deliberar a cerca de lo adecuado o no de hacer el Camino de Santiago en bicicleta con la novia. Lo que no sabíamos es que esa pareja se convertiría en un personaje secundario de nuestro camino hasta el último día.

En Salas hacemos el primer descanso del día, en el que recibimos la visita del padre y el tío de César. Además aprovechamos para comprar frutas en el mercado. La salida de Salas por el Camino Primitivo nos llevaba por un camino de vegetación y gravilla que no presentaba mayor dificulta hasta los últimos 50 metros antes de entrar a la vieja carretera a La Espina. En esa parte, la pendiente era superior al 20% y el terreno había ido cambiando poco a poco a una superficie de tierra húmeda y piedras de un tamaño grande, que hacían imprescindible poner el pie en el suelo y empujar la bici para arriba. Esta fue la primera ocasión en la que desde la cabeza del grupo se oía a Chous detrás (y debajo) decir “esto no ye pa bici eh”. Al mismo tiempo Noé decía “buah, el chaval ese que iba con la moza ya puede quedar a dormir hoy en Salas jajaja”. Terminamos la subida a La Espina por la carretera y es aquí donde volvemos a tomar el Camino Primitivo para ir por el hasta Tineo. Algunas veces el camino iba paralelo a la carretera, quizás un poco más elevado lo que hacía que Chous renegase del camino real y se quejase irónicamente “vaya atajo, como me gusta” cada vez que subíamos una pequeña cuesta para volver a bajar a continuación y volver a subir, en lugar de rodar por la carretera que era llana y más regular.

Noé al terminar la subida de La Espina.

En Tineo César se da cuenta de que a su portabultos le falta un tornillo, posiblemente del traqueteo en el tramo desde Salas hasta la carretera de La Espina. Este sería el primer problema con el portabultos. Tras preguntar en la oficina de turismo de Tineo por el camino a seguir desde aquí, fuimos a comer a La Casina. Una pequeña casa de piedra en la zona alta de Tineo con una amplia pradera verde en la que estaba situado el prau para las fiestas locales de San Roque. Nos sentamos en una mesa fuera, para disfrutar de la buena comida y el buen tiempo, a la vez que descansábamos. Para comer, plato del día. De primero cocido de garbanzos con su chorizo, su morcilla, su tocino y sus patatas cocidas. Todos esperábamos mayor cantidad, por lo que cuando la camarera vino a retirar la fuente y los platos César le dijo a la camarera que “los platos estaban rotos, porque se nos escaparon los garbanzos” buscando despertar un sentimiento de gracia en ella que no llegó a ocurrir. De segundo carne guisada con patatas fritas.

Garbanzos y siesta; que poco hace falta para ser feliz.

Después de comer nos echamos una siesta en el prau, momento en el que Chous aprovechó para sacar su ropa húmeda de la bolsa y ponerla a secar al Sol. En cosa de media hora la ropa estaba seca.

Uno de los peores tramos que nos encontramos (la foto no es fingida).

Salimos de Tineo siguiendo el camino, con unas cuantas subidas sobre un terreno de piedras sueltas o incluso escaleras hechas en el suelo utilizando raíces de árboles y la base de piedra a modo de peldaños.

A lo largo de la tarde el camino transcurre por caminos o pistas forestales y carreteras locales. Destaca la bajada final a Pola de Allande por la ladera de las montañas hasta llegar a la parte baja del valle donde se encuentra la localidad que era la meta de nuestra segunda etapa. Al hacer esta bajada a última hora del día, un día que había sido soleado, nos encontrábamos desciendo a un ritmo bastante rápido por caminos con vegetación en el suelo y viendo los últimos brillos del Sol reflejados en las montañas al otro lado del valle o incluso en nuestro mismo camino dependiendo de la dirección que llevásemos. Incluso en esta bajada tuvimos ocasión de atravesar un pequeño riachuelo montados en las bicicletas. Pues fue en esa bajada donde Chous casi se cae a cámara lenta alegando que estaba esquivando unas ortigas. Desde ese momento Chous se convirtió en el protagonista de los descensos por sus derrapes y equilibrios sobre dos ruedas. Alguna vez incluso se le recomendó cambiar la mountain bike por una GMX de bicicross.

También estuvimos tan cerca del cielo que casi podíamos tocarlo con las manos.

Al haber salido los últimos por la mañana, también llegamos los últimos a nuestro destino por lo que nos encontramos con el albergue de Pola de Allande lleno. Buscamos habitación en los dos hostales que había pero estaban también llenos. El hostelero de La Allandesa nos dice que en esas ocasiones la Policía Municipal abre el polideportivo local para los peregrinos. Tras hablar con el policía local, nos dice que el siguiente albergue, que aún pertenece a Pola de Allande y situado 2.5 Km más adelante; está vacío y que vayamos allí. Esto nos supone olvidar el cenar en un bar o restaurante en Pola y pensar en comprar algo de comida y cenar en frío.

Viendo la hora que era, dividimos el grupo para que Jaime y Chous compren comida para el desayuno del día siguiente; mientras Noé y César esperan por unos bocadillos en un bar que nos recomendó la encargada del albergue en el que dormimos. Los bocadillos tardan en salir, así que aprovechando los ultimísimos rayos de luz, Chous y Jaime empiezan a subir hasta el albergue, que no era más que una cabaña de montaña situada en un bajo a la izquierda de la carretera que al día siguiente nos llevaría al Puerto del Palo. Éramos conscientes de que en plena oscuridad no iba a ser fácil encontrar el albergue así que decidimos que Chous y Jaime suban primero para encontrarlo y luego ya iríamos Noé y César con la cena (los bocadillos). Finalmente a eso de las 22:00, cuando Noé y César ascendían el principio del Puerto del Palo en la más absoluta oscuridad, preguntándose si ya se habrían pasado el albergue es cuando vieron una luz intermitente al fondo, al final de una recta que era la luz de Jaime. Por tanto, pasadas las diez de la noche los cuatro bicigrinos están juntos en su albergue. Una casa de montaña con 12 o 16 literas, dos duchas y dos baños, una mesa y un fregadero.

Nuestra cena. Era más grande de lo que parece.

El cansancio hizo mella en nosotros ese día, y a la hora de cenar César decía que no tenía ni gana de cenar por no tener fuerzas para masticar el bocadillo de lomo. Además estando tan cansados, al tener tanto sueño las conversaciones se volvían pesadas y absurdas cada cuatro palabras. Para muestra, un ejemplo:

César: ¿Dónde está mi camiseta blanca?
Chous: ¿No es esa blanca encima de la mesa?
César: No, la mía es de Btwin.
Noé: La tuya ye Kalenji.
César: Btwin.
Noé: Kalenji.
César: ¿Qué apuestes?
Noé: Vamos a por la camiseta.
César: Esa no ye mi camiseta, la mía es de Btwin, vamos a mirar las fotos de la cámara.
[Había fotos de ese mismo día, en las que César aparecía con la camiseta de Kalenji]
César: Marcho pa la cama.

Chous aún guardaba optimismo para el siguiente día.

Después de cenar habíamos estado hablando de la etapa del día siguiente, que incluía el temido Puerto del Palo. Al salir Noé desnudo de la ducha Chous le dice: “Noé sécate el palo jaja”

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Camino de Santiago I


Etapa 1 (lunes 9 de Agosto de 2010): Pola de Siero – Cornellana, 58 Km.

Salida prevista 13:00
Salida real 14:00 (para que conste Noé llegó a las 13:00)
Llegada 19:45

Salimos con una hora de retraso por un cúmulo de circunstancias, Jaime tuvo que cambiar un pinchazo antes de salir y Chous y César simplemente llegaron tarde.
El camino desde Pola de Siero hasta Oviedo es llano y discurre por caminos asfaltados a través de pueblecitos y aldeas. Podríamos decir que el camino va paralelo a la carretera nacional hasta Colloto, donde se una a ésta. Entramos en Oviedo a las 15:00, tras solo una hora de viaje.

Primera meta psicológica en la Catedral de Oviedo.

Desde Oviedo se empieza con una subida moderada para luego llanear durante unos kilómetros antes de empezar a subir El Escamplero. La bajada desde El Escamplero a Grado guarda un par de descensos preciosos, en los que solo se ve la carretera del camino en medio de un valle. En los últimos kilómetros previos a la villa moscona, el camino se convierte en una senda sin asfaltar en la que Noé casi forra por intentar hacer un salto con la bici. Finalmente y paralelos al río se llega a Grado.

Por suerte esté fue el mayor de los accidentes que tuvimos.

La peor parte de esta etapa es sin duda la subida a Cabruñana. Al ser la primera subida real a la que nos enfrentábamos nos pareció mucho más dura de lo esperado, pero en los siguientes días, y en los siguientes puertos nos dimos cuenta de que Cabruñana era un aviso.

Chous de camino al albergue con la compra hecha.

En Cornellana Noé y Jaime se pegaron un baño en el Río Narcea, mientras Chous y César compraban el avituallamiento para el día siguiente y para la cena. En el albergue, mientras César se encargaba de preparar la pasta con salsa bolognesa (de bote), Chous hacía la colada a mano y Noé y Jaime se duchaban.

Albergue de Cornellana.

Este fue el único albergue en el que todos nosotros estuvimos en contacto con otros peregrinos, ya que en los siguientes días o nuestro albergue estaba vacío, o dormíamos en hostal o bien, nos separamos como ocurrió en Cádavo. El albergue está situado en un viejo convento al lado del rio, cuenta con unas 14 o 16 camas, cocina y lavadora y secadora; aunque estaban averiadas el día que pasamos por allí.