domingo, 12 de diciembre de 2010

" ¡Un momento que la están peinando! "

Si vais a Valladolid, olvidaros de hacer reserva para comer en ningún restaurante. No lo digo porque sean malos, ni caros, habrá de todo como en cualquier ciudad. Os recomiendo que para comer en Valladolid, simplemente callejeéis alrededor de la Plaza Mayor y entréis en cada uno de los bares de tapas que os encontréis a vuestro paso hasta que estéis llenos.


Croquetas y Mejillones Tigre en El Corcho, Montadito de Solomillo con salsa de queso Roquefort en La Tasquita II y una ración de sepia en La Sepia, era el recorrido gastronómico que seguíamos Pablo, uno de mis compañeros de piso y buen amigo, y yo cuando los domingos salíamos a tapear por el centro. ¡Qué recuerdos! Incluso en época de exámenes tras estudiar unas dos o tres horas por la mañana decidíamos ir a tomar algo, por ejemplo al chiringuito de la playa de Las Moreras. Aquello era vida...

Para mi esa ración de sepia, con la salsa alioli y la cesta del pan con los tenedorcitos de postre, es especial. No solo por la ración de comida, sino también por el ambiente de aquel bar. Con ese camarero auténtico como el solo del que, a pesar de tener un comportamiento mezcla de borde y macarra, guardo un recuerdo entrañable. Recuerdo que una de las veces que fuimos, tras esperar los cinco minutos (a veces ni llega) que tardan en ponerte la ración volvimos a preguntar, pensando que a lo mejor se había perdido la orden entre la barra y la cocina. Un domingo en hora punta ya os podéis imaginar como está la zona de tapas, y este bar no es una excepción, lo que te fuerza a hablar a voces con los camareros, detrás de la primera o segunda fila de gente que hay en la barra. La respuesta del camarero fue tan rápida como seca, con el mismo tono que nosotros preguntamos y sin siquiera mirarnos a la cara: "un momento que la están peinando". Desde ese día, cada vez que había que preguntar algo que se saliese del guión habitual de "dos cervezas y una de sepia" ya contábamos con que su respuesta iba a ser irrebatible, aunque sin salirse nunca de tono como para ser tomadas a mal, simplemente te ríes de ti y de la situación. La Sepia es para mi uno de los sitios para recordar, creo que estuve allí con todas y cada una de las visitas que tuve, con mis padres, con amigos, con amigas, con compañeros de clase. Y es curioso que para ser uno de los locales de mi vida, y considero que tengo buena memoria, no soy capaz de recordar cuando fue la primera vez que fui ni con quién.

Ayer cuando salí al mercado y vi las sepias en los puestos, me acordé del tapeo en Valladolid. Al llegar a casa - ya con mi sepia - busqué recetas hasta que encontré la receta de Sepia a la plancha. El listón estaba muy alto, sabía que no me iba a quedar como las raciones de La Sepia, pero el resultado final fue más brillante de lo que esperaba y no se quedó tan lejos de mi objetivo. Si seguís la receta, me gustaría hacer hincapié en que realmente hay que secar la sepia antes de echarla a la plancha o sartén. Mi sepia tuvo un proceso de cocción por ignorar ese punto. Además puse las gotas de dos gajos de limón, es demasiado, poner solo uno. No se si es que mi sepia había sido congelada antes de venta, pero no tuve ningún problema de textura, que parece ser la principal preocupación del autor de la receta. Eso si, la próxima vez tengo que hacerle una salsa alioli en condiciones y conseguir un pan como Dios manda.



Ingredientes para preparar Sepia a la Plancha
sepias limpias (mejor congeladas son más tiernas)
1 ramita de perejil
1 diente de ajo
una gotitas de limón

Salsa: falso ali-oli
Mayonesa
1 ajo
3 Hojas de lechuga


Cómo Preparar Sepia a la Plancha

Primero debemos limpiar y lavar las sepias; a continuación las secamos y las cortamos en trozos. Por otra parte, pelamos el ajo y lo machacamos en un mortero junto con el perejil y una pizca de sal. Posteriormente, añadimos un poco de aceite de oliva y unas gotitas de limón, luego, removemos muy bien.
Seguidamente, cogemos una plancha (antiadherente)y la untamos con aceite, dejamos que se caliente bien y, una vez caliente, colocamos los trozos de sepia. Cuando esté cocidos por un lado, lo damos vuelta y vertimos el preparado del mortero por encima. Para finalizar, colocamos la sepia en una fuente y, por otro lado -en esa misma fuente- introducimos unas hojas de lechuga bien lavadas y aliñadas con salsa alioli.
Para realizar la salsa, debemos batir bien la mayonesa con el ajo pelado y descorazonado, hasta que adquiera una salsa homogénea y compacta.

domingo, 28 de noviembre de 2010

San Nicolás (a.k.a. Sinterklaas)

Si, ya pasó un mes desde la última vez que escribí algo, pero aparte de trabajar y cambiarme a una habitación que espero sea definitiva para varios meses o años, no he hecho nada interesante que contaros.

En esta ocasión os voy a hablar de la versión holandesa de Los Reyes Magos de Oriente, aunque seguramente según vayáis leyendo el artículo en Wikipedia os parecerá una copia de Papa Nöel. No se lo digáis a ningún holandés porque no les hace ninguna gracia...

Por lo que me cuentan amigos y compañeros de trabajo, Sinterklaas viene a Holanda desde Madrid en un barco de vapor acompañado de sus ayudantes negros, y está en Holanda durante unas semanas. Se va de Holanda el día 5 de Diciembre hasta el próximo año. Durante las dos semanas previas visita las casas de la gente y deja regalos y dulces a los niños. Aunque los regalos más importantes como los juguetes se reservan para el último día, desde mediados de Noviembre casi cada mañana los niños encuentran dinero o chocolate en sus zapatos. En estas fechas hay también algunas recetas de cocina especiales y villancicos relacionados con Sinterklaas y España. Algunos de ellos dicen que en España hay montañas de caramelos, nubes de azúcar... (¿casi que si eh?) Hace dos semanas Sinterklaas llegó a Leiden, hizo su desfile por la ciudad y luego los niños pudieron ir a verlo al ayuntamiento.

Como éste es el principal evento de Navidad en Holanda, aunque algunas familias también celebran Papa Nöel el día 25 de Diciembre, los centros comerciales y jugueterías están llenas de gente y con los escaparates llenos de regalos desde hace semanas.


Para la gente un poco más mayor que aún no tiene hijos, Sinterklaas se celebra con los amigos intercambiando regalos de manera aleatoria con algunos juegos utilizando dados o cartas que indican quien toma el regalo que ha traído cada persona. También se deja la letra inicial del nombre de tus amigos (de chocolate) en sus buzones, o monedas o alguna otra figura de chocolate que abundan en los supermercados.

Por mi parte, lo más cerca que Sinterklaas ha estado de mí fue la fiesta que hubo ayer en el edificio de Irdeto, en la que los empleados con niños se reunieron ayer sábado para que los niños reciban los regalos que Sinterklaas les había dejado en la oficina de sus padres. Obviamente no fui.

Dependiendo a quien le preguntes te contarán unas cosas u otras, quiero decir que no hay una versión de Sinterklaas única para todo el mundo como creo ocurre con nuestros Reyes Magos. Ayer una amiga me decía que en realidad Papa Nöel es una copia de Sinterklaas que se llevó a América por los colonos Holandeses de Nueva Ámsterdam. Otros dicen que antiguamente Sinterklass además de traer regalos a los niños, también se llevaba a los niños malos a España.

No deja de ser curioso que Sinterklaas venga de España y esta festividad se lleve celebrando desde el siglo XVI, sobre todo si tenemos en cuenta que en esa época España estaba presente en estas tierras con otros propósitos. No logro entender como en aquellos tiempos había un icono "bueno" y de "felicidad" que venía de tierras enemigas. ¿Os imagináis a un personaje mágico proveniente de Irak, repartiendo regalos en Estados Unidos?

Por cierto, hoy día soleado con una máxima de -2ºC. El invierno ya está aquí.

lunes, 25 de octubre de 2010

Cambios

No me considero una persona que se adapte rápido a los cambios, aunque cuando consigo asentarme y tomar confianza me siento como en casa y no extraño casi nada. Todos los cambios que he tenido me han costado mas o menos, el paso del colegio al instituto, del instituto a la universidad, de una universidad a otra, de la universidad al trabajo, de un trabajo a otro... En cada uno de esos cambios estaba convencido de que el siguiente destino no sería tan bueno como el lugar que dejaba atrás, y en cada uno de esos cambios me equivoqué. Aunque ese sentimiento ha ido perdiendo fuerza después de cada cambio, al darte cuenta de que no es cierto.

Ahora que ya has cambiado varias veces, sabes que los principios no son fáciles, y tan solo el ser consciente de que lo que esta por venir será mejor que todo lo que has visto y vivido hasta ese momento te ayuda a seguir adelante. Ya no hay agobios al empezar de cero, no cuesta nada hablar con gente nueva, sabes lo que viene a continuación, solo hay que ser paciente y darle tiempo.

Da pena dejar un entorno que te resulta familiar y cálido y que conoces como la palma de tu mano. Pero hay algo que te empuja a moverte, no tiene sentido demorar la marcha porque ese entorno es cambiante, no solo tu te vas, tus amigos también lo harán antes o después y eso hace que los entornos en los que has vivido cada una de tus etapas no se puedan guardar en una cajita y volver a utilizarlos cuando quieras.

Al ser cada nueva experiencia mejor que la anterior te sientes en cierto modo culpable, como si estuvieses traicionando a la gente con la que has compartido épocas pasadas. Esos amigos y compañeros te han dado muchisimos buenos momentos, de esos que cuentas a gente que no estaba presente y para ellos no tiene gracia ninguna. Ya sean anécdotas de fiesta, en un exámen, en un viaje o simplemente tomando un café. Esos momentos, que se quedan "para siempre grabados en tu retina", que se cuentan una y otra vez en cada uno de los breves reencuentros que tenéis.

Hasta ahora cada cambio ha sido a mejor, pero supongo que llegará un límite, en un momento dado el siguiente cambio te llevara a un estado menos bueno. Seguir cambiando y conociendo gente lo asimilo a una partida de black jack, y estar rozando el 21 (curioso número) me hace pensar en plantarme. ¿Esa decisión depende de nosotros?